Calcula el Costo
Ronald Ayala

Hebreos 12:15
“Asegúrense de que nadie quede fuera de la gracia de Dios, de que ninguna raíz amarga brote y cause dificultades y corrompa a muchos..."
Lucas 14:25-27
“Grandes multitudes seguían a Jesús, y él se volvió y les dijo: «Si alguno viene a mí y no sacrifica el amor a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, y aun a su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue no puede ser mi discípulo.”
Romanos 14:7-8
“Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo ni tampoco muere para sí. Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos.”
Mateo 16:24-25
“ Luego Jesús dijo a sus discípulos:
—Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la encontrará.”
Dios les bendiga a todos. La casa del Señor, su presencia, es un refugio para nosotros, amén. Entre tantas cosas que pasan allá afuera, el diablo, el mundo, la carne, todas esas cosas. Su presencia, en ella encontramos refugio y paz para nuestras almas, amén. Todas las personas andan buscando algo. Todos andamos buscando algo en esta vida. Y como dicen por ahí, todo tiene un precio también. ¿Has escuchado esa expresión? Que todo tiene un precio, todo en esta vida tiene un precio. Y es cierto en la mayoría de los casos. La verdad, es que debemos pagar por todo o casi todo. Lo hayamos consumido o no. Y lo peor de todo esto, es que no importa si es bueno o es malo, si usted lo consumió, igual lo tiene que pagar. Le guste o no le guste, no hay en ningún lugar una cláusula donde diga que si a usted no le gusta una comida en un restaurante no la paga. No existe eso, ¿verdad? Se la comió, la tiene que pagar. Usted compra algo en una tienda, no importa si cuando llega a su casa usted dice esto no sirve, no me gusta. Igual la tiene que pagar. Así es la vida, en la mayoría de las cosas. Y generalmente, muchos de nosotros andamos buscando como una oferta, algo barato que encontrar por ahí, algo que sea un poco más accesible, a los bolsillos y casi todo en la vida es así. Y a veces hasta en la iglesia andamos buscando cosas baratas también. Pero, ¿sabe, hermano? Dios tiene algo muy especial para nosotros. Dios tiene algo muy especial, pero no es barato.
Las cosas del Señor, ¿verdad? Algunas cosas tienen precio, y hay que pagarlas, porque son muy especiales, porque no son como el mundo lo dice, no son cosas botadas, no son cosas desechables, ¿verdad? Tienen un valor y muy alto. La mayoría de nosotros hemos leído, o por lo menos hemos escuchado acerca de esto, de que, hay cosas en este caminar que tienen un precio. De hecho, en nuestra Biblia, en la Reina Valera o en la versión internacional hay un pedazo donde dice, “El costo de seguir a Jesús”, o, “El costo del discipulado”, “El precio del discipulado.” Lo cataloga con esa expresión y vamos a estar hablando un poquito de eso, voy a estar mencionando, un poco esas expresiones, el costo, o el precio de algunas cosas, porque en nuestra Biblia así lo dice.
"El enemigo se ha encargado de cerrar los ojos del mundo, para no ver el precio que se está pagando por no seguir al Señor."
Generalmente lo habla del costo de seguir a Jesús, pero ¿sabe? Muy poco se habla del costo de no seguir a Jesús, del precio que se debe de pagar por no seguirlo, de ese precio que se paga por decidir seguir nuestro propio camino, nuestros propios deseos. Y sí, la Biblia es clara, hermanos. La Biblia habla de ese precio que hay que pagar en la carne por seguir a Jesús. Y muchas personas dicen, ese precio es muy alto, que van a venir a la iglesia hasta que cambien o muchas veces, no entienden ese valor o sienten que no vale la pena pagar ese precio por seguir a Jesús. Pero yo le quiero decir algo hoy, y es que vale la pena. Todo lo que deja, todo lo que se hace, todo el precio que se paga y el costo por seguir al Señor, vale la pena. Y vale tanto que lo que Él nos pide realmente no es lo que cuesta, lo que Él nos regresa a nosotros, lo que Él nos da a cambio. Y eso lo vamos a ver un poco, pero, ese precio, hablaremos un poco de ese precio, que también se tiene que pagar, por no seguirlo. El precio que se paga por seguir nuestro propio camino, y no obedecer la palabra del Señor. Y parece, parece hermanos, que el enemigo se ha encargado de cerrar los ojos del mundo, para no ver el precio que se está pagando por no seguir al Señor. Ponen en un lado, como si fuera un estante. Cristo, este es el camino, esto vale. La gente mira a Cristo y dice: “¡Wow, qué caro!’ , ‘Uy, esto vale demasiado’. Este es el mundo y esto hay que pagar, y pareciera que ese precio está oculto, pero tiene un precio. Pero el mundo también tiene un precio, y es muy alto, no está escondido, para nada.
Así que vamos a ver un poquito en la Biblia, vamos a ver los dos. Rápidamente no vamos a entrar en demasiada profundidad, eso lo vamos a hacer en los días de semana, pero quiero que ustedes, que entendamos hoy, que todo lo que hagamos aquí para el Señor, tiene una recompensa, pero todo lo que no se hace para Dios, también tiene una recompensa. Todo se paga, todo tiene un costo en la vida. Hebreos capítulo 12, verso 15. Hay alguien, conoce a alguien, que alguna vez haya escuchado el evangelio, que alguna vez haya escuchado la palabra de Dios. Y dijo, “No es mi día, no es mi momento todavía, yo creo que, hoy no. Tal vez en otro momento.” Si usted conoce a alguien, si ha estado en esa, en esa situación, déjeme decirle, que Dios está llamando y está dando la oportunidad. Porque los intereses en el otro camino siguen corriendo, y se los van a cobrar, se lo van a cobrar bastante altos, por cierto. Hoy es el día en que tenemos que decir, “Señor, sí quiero, sí quiero, sí quiero responder a tu llamado.” Capítulo 12, verso 15 en adelante dice, “Asegúrense de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios, de que ninguna raíz amarga brote y cause dificultades y corrompa a muchos. Y de que nadie sea inmoral, ni profano, como es aún quien por un solo plato de comida vendió sus derechos de hijo mayor. Después, como ya saben, cuando quiso heredar esa bendición, fue rechazado: No se le dio lugar para el arrepentimiento, aunque con lágrimas buscaba la bendición.” Hermanos la amargura tiene un precio, vivir con amargura tiene un alto costo en la vida. Dice el escritor de Hebreos, que nos puede sacar de la gracia. En el versículo 15 hermano, si ponemos el 15 dice, “Asegúrense de que nadie deje de alcanzar la gracia, a causa de eso.” Estamos hablando de esa amargura aquí en el corazón.
¿Cuántos conocen eso? ¿Cuántos han visto una persona amargada? ¿Cuántos la han visto? ¿Cuántos han visto eso? ¿Pero, por qué viene la amargura a nuestro corazón? No vamos a entrar en muchos detalles en esto, pero en la historia de este versículo. Pero la amargura viene a nuestro corazón. ¿Por qué? Porque generalmente, por algo que pasó con otra persona por un conflicto, porque nos sentimos ofendidos. Lo que sea, y entonces eso va generando esa falta de perdón, va generando rencor, va generando odio, hasta que llega aquella amargura en la vida. Y es aquello que se le pega en el corazón, es una cosa que, verdad, está allí que no lo deja que uno siente que no puede vivir con eso. Y el escritor dice ahí que hay que tener cuidado, que eso no pase, porque eso contamina, dice ahí, eso causa dificultades y corrompe a muchos, contamina el corazón, la amargura contamina el corazón, y pasa de muchas maneras, si alguien se va, si alguien se va de nuestras vidas, si alguien nos falla, si alguien nos ofende, si alguien nos desilusiona, si alguien nos calumnia, si anda hablando de usted, si hay violencia. O en muchos casos si hay ausencia. Cuando hay ausencia, cuando sentimos que alguien nos ha dejado, cuando crecemos y dice aquella cosa, me dejó, se fue esto, lo otro, estoy solo. Y empieza a pegarse en el corazón, aquella amargura. Dice que esta condición le causará muchas dificultades.
Habla de una raíz. Y una raíz es algo que está debajo de la tierra. La raíz muchas veces no se mira. Es como la semilla. Usted no sabe que es que hay ahí, pero hay algo, porque está debajo, no se mira. ¿Hasta cuándo? Hasta que brota y da el fruto. Y dice ahí que es un fruto amargo, pero es algo que al principio no se mira. Las cosas no pasan de un día para otro. La gente no se va de un día para otro. La gente no le sale amargura de un día para otro. Es algo constante que vamos guardando, alguien nos hizo algo allá en los 80, y nosotros lo guardamos, lo dejamos ahí, no perdonamos, dijimos bueno, esto ya va a haber ahí se va a quedar, lo voy a guardar no, yo ya perdoné, no voy a volver a hablar de eso, pero eso simplemente lo hemos guardado en el cajón, ahí. Pero en el momento, eso es como la raíz, cuando usted tiene un poquito de tierra. ¿Ha visto aquí? En el verano, todo pelado, pero viene el invierno, dos, tres lluvias y que pasa, parece ser, aquí, en esta comunidad, parece que vivimos en medio del Amazonas, porque, porque las raíces ahí siguen. Nosotros vamos, a vamos, a chapear, y que hacemos, y que nos dicen los hermanos que saben. Nosotros vamos con machete a cortar las ramitas, pero nos dicen no, hay que llevar a sadom para arrancar de raíz, porque si queda la raíz, eso va a volver a levantarse, siempre.
Entonces, dice tengan cuidado que nada de esas cosas nos contamine a nosotros. ¿Cuántas personas están esclavizadas a eso? La amargura es una esclavitud, como muchas otras cosas. Porque es algo, que no podemos ver a esa persona. No puede ver aquella cosa. O tal vez es una situación, que nos mantiene, en esa esclavitud. Y eso es lo que nos enseña la Biblia, que el pecado nos esclaviza. Y en cosas así lo vemos claro. ¿Verdad? Nos aferramos a la amargura, al odio, al rencor, como que si no pudiéramos vivir sin esas cosas. Inconscientemente, y miren cómo es esto, nadie lo dice, nadie lo piensa, pero inconscientemente no soltamos el rencor, la amargura, porque creemos que con eso le hacemos daño al que nos ofende. No lo perdono. ¿Verdad? No lo voy a perdonar, porque si lo perdonó, él gana. Si lo perdono, el que me ofendió, no recibirá su castigo. Y creemos en nuestra mente, que mi rencor, por lo menos, es parte del castigo. Que esa persona merece recibir mi odio, mi rencor. ¿Verdad? Por lo menos eso lo tendrá. Y el que se está haciendo daño soy yo. El que está esclavizado somos nosotros. A todo esto no dejen que eso, corrompa su vida. Porque repetimos, dice el autor, eso los puede apartar de la gracia de Dios. ¿Cuántas personas conoce usted, que se pelearon con Dios? Que se palabrearon con Dios. Si yo conozco a uno que otro pero cuántos conoce usted que se fueron de la iglesia porque se pelearon con una persona, porque se pelearon con su papá, con sus hijos, porque tienen problemas en el trabajo, ¿verdad?
Entonces, esa raíz lo va a apartar de la gracia, de la gracia de Dios, tengan mucho cuidado. Y entonces, qué debemos hacer recortar la gracia que nosotros hemos recibido. La gracia que hemos recibido nosotros, para poder extender esa gracia a otros, y amar a los que no se la merecen. Hermano ese es el evangelio de Dios, ese es el poder de Dios, de poder, que este corazón malvado, de que este corazón dañado, que lo han dañado, un día el Señor lo pueda volver a unir sus pedacitos, y pueda amar al que le ha hecho daño. Y pueda perdonar al que le ha hecho daño. Y pueda, yo no digo tener una vida y como antes no, pero ser restaurado aquí en el corazón. Y botar esa raíz de amargura. Y miren el ejemplo que sigue diciendo ahí. Nos da el ejemplo de Esaú. Y Esaú pagó un alto precio en su vida. ¿Por qué? Por inmoral, y profano. Inmoral. Dice la Biblia que Esaú fue una persona bastante inmoral, está hablando de inmoralidad sexual. Hay muchos tipos de inmoralidades. Pero específicamente está hablando de eso.
Y profano. ¿Qué quiere decir? Profano está describiendo a alguien que desprecia lo sagrado. A alguien que desprecia lo sagrado. Tengan cuidado dice el Señor, aquí tienen el ejemplo de alguien que pagó un precio muy alto por su inmoralidad, por vivir como quiere, y por haber despreciado la bendición de Dios, por un plato de comida cambió la primogenitura. Por algo terrenal cambió algo celestial. ¿Cuántas personas cambian la bendición de Dios por un momento de placer? De cualquier tipo de placer de la carne, por un hombre, por una mujer, por un vicio. Cuántas personas cambian lo de Dios, por un momento, por algo terrenal, y eso está diciendo tengan cuidado, la gente lo desprecia, la gente desprecia lo que es de Dios. Dios nos ha dado una bendición. “Solo es una vez”, así dijo Saúl. “Bueno, ¿y qué voy a hacer yo con la primogenitura si me muero de hambre? De todas maneras, voy a cambiar lo de Dios por un plato de frijoles. Voy a cambiar la bendición de Dios, por un plato de frijoles, porque de todas maneras, “si no me como estos frijoles, me voy a morir.” Y usted dirá, “Bueno, parece que no es muy inteligente este varón”, pero esto es lo que hacemos nosotros todos los días. ¿Cuántas personas desprecia la bendición de Dios? “Es que si no, me está presionando, mi novio, mi novia, porque si no lo hago, me quedo soltera,
me quedo soltera, si no lo hago, mi amigo me está ofreciendo esto, si no lo acepto me quedo sin amigos.” Despreciamos la bendición de Dios, por lo terrenal. “Me están ofreciendo en mi trabajo este negocio, pando, el que no tranza no avanza. Como todo el mundo lo hace, hay que hacer parte.” Y despreciamos la bendición de Dios, por un momento, por un deseo carnal, por un arrebato de ira.
Cuántas personas fracasaron en su vida, que asesinaron a una persona por un arrebato de ira, porque no supieron controlar su vida. Él pagó el precio muy alto, porque dice ahí, que luego se dio cuenta. De lo que había perdido. Porque en un momento de la vida. El hombre se da cuenta de lo que perdió. Pero dice ahí. Ya no. Ya no hubo oportunidad para él. ¿Y sabe qué es lo peor de todo esto? Que no solo, pagó el precio él. Sino que también su familia. Sus hijos, sus esposas anduvieron rodando, y la bendición que era para él, y su esposa y sus hijos ya no la recibieron. Sus hijos no recibieron la bendición que estaba para ellos. ¿Por qué? Por un momento. El precio es alto. ¿Le parece que es muy alto? Es bastante alto. La gente cree que el evangelio es difícil. El precio que piden allá afuera por su vida es más alto todavía. El precio que pagamos por las cosas, lo que pasa es que nadie le dice lo que va a costar. Nadie le dice lo que le va a costar haber entrado en ese tipo de vida. Vemos tanta pobreza, tanta miseria en este lugar. Tanta falta de oportunidades, tanta pérdida de valores. Muchos jóvenes están falleciendo. Pero, demasiados jóvenes. ¿Por qué? ¿Por qué vemos todo esto? En nuestro país. En nuestros países. Porque nos entregamos a la perversidad. Nos hemos entregado a lo mismo que dice. A la inmoralidad. A lo profano. Ya nadie ve las cosas de Dios como sagradas. Todo el mundo profana en las cosas de Dios. El día del Señor. Todo el mundo anda pensando solo en sus cosas. Todo el mundo es inmoral, nadie piensa en el Señor y separarse en su vida y decir Dios me va a dar algo, Dios me va a bendecir, yo quiero lo que Dios tiene, pero cuando el mundo le ofrece un plato de frijoles, “Ok, no voy a esperar la bendición de Dios, me agarro el plato de frijoles.” Y entonces dice Dios, que se quede con sus platos de frijoles, y ese es un precio demasiado alto, mi hermano, muy alto, lo que perdió. En este caso, vemos a Esaú.
Y hay muchos otros ejemplos. Quiero también hablarle, por ejemplo, de la codicia. La Biblia, en la versión internacional, dice avaricia. Eso tiene un precio muy alto. ¿Qué es la avaricia? ¿Qué es la codicia? Es un deseo excesivo, de tener más de lo necesario. No es que uno no necesite cosas o no ocupe algo, pero la codicia es querer tener más de lo necesario, y especialmente riquezas o cosas materiales. Entonces este deseo, lo lleva a la idolatría generalmente, siempre, o peor aún. Bueno, no es peor, pero la codicia provoca en el corazón del hombre, una falta de contentamiento. Siempre queriendo más, siempre queriendo aquí. siempre viendo lo que tiene el otro, siempre viendo lo que tiene el otro, ¿verdad? Les he contado la historia de aquellos, aquellos vecinos que miran una ocasión en algún lugar. Quedaban viendo a ver por la ventana, y el vecino está levantando, levantó otro piso a los dos meses ellos levantaron dos, y entonces el otro de allá miraba, mirá lo que hizo aquel, entonces le ponían unos picos a la otra casa para que se mirara más alto, entonces al otro ve, el otro quedaba así, y le ponía unos árboles allá arriba, y entonces el otro venía y cada vez iba aquella cosa. Viendo lo que el otro tiene. Por eso la palabra del Señor, y mire usted que específico, en los diez mandamientos, al final, todo se trata de la codicia. No codiciarás, nada de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo. No codiciarás el burro de tu prójimo. Entonces, hoy, no codicie el carro de su prójimo. La moto de su prójimo. Los tenis de su prójimo. La casa de su prójimo. No los códices. No codicies nada de lo que ves en la calle. Porque eso, en la noche, te pone intranquilo. Y la gente pasa todos los días con aquella ansiedad. Y aquella cosa. ¿Y qué? Y en parte, por lo que pasan viendo. ¿verdad? Pasan en redes sociales viendo a aquella gente en carrazos, y con cosas de lujo, y cosas de marca, y uno se mira, y dijo no, dice, “Este mes no trajeron nada premium en el golazo, dice, pero ya van a ver el otro mes ya van a ver.”
Entonces yo no sé, y a mí me parece extraño pero yo conocí a alguien que yo aprecié mucho que años después nos comentó, y la mayoría de ustedes lo escucharon, que dijo que cuando se compró su primer carrito, que era un carrito así, y un carrito así, dijo que en su corazón lo que él quería era que todos lo vieran y dijeran, “¡Oh, qué caro!” Así somos. Y la palabra noticia, no se puede servir a dos señores. No se puede servir a dos señores. El principio de todos los malos es el amor al dinero. Porque la codicia lo lleva a cometer otros pecados. Por codicia, la gente miente. Por hacer un negocio pando, por hacer lo que sea, la gente miente. La gente se mete en cosas inmorales. La gente hace cualquier cosa por obtener. Y hoy lo vemos en nuestra sociedad. Los políticos hacen cualquier cosa, pero literalmente cualquier cosa con tal de tener dinero. Hombres y mujeres, la gente mira en la sociedad. Esa cipota está haciendo eso. ¿Por qué? ¿Por qué lo hace? Por dinero. Y ese cipote anda haciendo eso. ¿Por qué lo hace? Por dinero. Por codicia. Tengan mucho cuidado que el precio es muy alto, de dejar que esas cosas, nosotros sigamos por ese camino. Puede perder amistades, relaciones valiosas, perder cualquier cosa por todo esto.
Otra cosa importante, que todos sabemos es el no perdonar. Ah hermano, eso tiene un precio muy alto en nuestra vida, ¿y porque no perdonamos? Porque consideramos que nosotros somos los ofendidos, cierto, “Yo soy el ofendido.” ¿Y cuál es el precio que se paga por esto, mi hermano? Generalmente, cuando alguien nos ofende, la persona dice, pues, qué sé yo, si fue con un amigo, o el ejemplo que siempre ponemos, ¿no? Una mujer, ¿verdad? Fue desolucionada en una relación, y entonces dice, “Todos los hombres son iguales.” O el hombre también puede decir eso, ¿no? “Todas son iguales.” Y cierra su corazón. Y eso puede pasar como una amistad también. Alguien le falló. Alguien nos traicionó. “No vuelvo a tener amigos. No vuelvo a contarle mis cosas.” ¿Alguien ha escuchado eso? Lo ha escuchado en las novelas. ¿Qué pasa en esas cosas? No vuelvo a hacer esto. ¿Y qué pasa ahí? Cierra el corazón, ¿verdad? “Porque no quiero que me vuelvan a herir, no quiero que me vuelvan a herir porque antes confié en una persona y esta persona me hirió, entonces no voy a volver a confiar en nadie.” Y sabe que pasa, se cierra el corazón, hermano pero el corazón solo tiene una puerta fíjense, no tiene varias, solo hay una y si usted la cierra, se cierra todo. Se muere todo y entonces no es que ya no puede confiar en nadie, no es que ya no puede entregarse a nada, no se puede entregar a nada, y poco a poco el corazón se va endureciendo a todo. No solo a una amistad, no solo a los hombres, no solo a las mujeres, a todo, y poco a poco estas personas no pueden ni siquiera escuchar a Dios. Porque si cerramos nuestro corazón a la gente que vemos, dice la Biblia entonces cómo vamos a hacer con Dios que no lo vemos.
Es un precio muy alto, es cerrar el corazón. Lo ofendieron que nos llama la Biblia, mire lo que perdemos por no perdonar dice la palabra lo leímos, y estuvimos estudiando hace meses cierto, recuerda si vas, si llevas una ofrenda al templo y recuerdas tiene algo contra ti, deja tu ofrenda pide perdón y regresa. ¿Cuál es el precio de eso? No poder adorar al Señor. No poder adorar. Venir a la iglesia, imagínense venimos desde los ochentas a la iglesia, y el Señor no recibe eso, dice, “Déjalo ahí, arregla tus cosas, sana tu corazón, perdona al que te ofendió, sé libre, sé libre que estás pagando un precio muy alto, vives en la noche, vives en esos pensamientos, esclavizado a ese odio, esclavizado al rencor, esclavizado a esa cosa, déjalo libre, perdona, sigue con tu vida”, Dios es Dios de los vivos y todas estas cosas nos llevan poco a poco a una muerte. El precio es muy alto por seguir nuestro camino. Es demasiado alto. Estar esclavizados a la falta de perdón. Estar esclavizados a la codicia, al odio, al rencor, a la amargura. Vivir toda una vida llena de amargura. Eso no es vida. No se puede. Y eso es algo que nos mantiene esclavizados.
"La salvación es gratis porque alguien pagó un precio muy elevado. No es que la salvación no valga; es que el precio ya fue pagado con la sangre del Cordero de Dios."
Y podríamos mencionar muchísimas más. Que tienen un alto precio. Pero, lo importante aquí es que entendamos que este precio es precio de muerte. Pagamos para la muerte. Sin embargo, el precio que nos pide Jesús, es para vida. Lo que Él pide, nos lleva a la vida. Mire usted, se le había dicho eso, que ese camino que lleva, lo lleva a la muerte mientras que si usted le rinde su vida a él, si él le entrega lo que Jesús le está pidiendo lo llevará a la vida, lo llevará a la vida eterna. La salvación es gratis, es cierto, el discipulado no. Eso le va a costar todo, absolutamente todo. La salvación es gratis porque alguien pagó un precio muy elevado. No es que la salvación no valga; es que el precio ya fue pagado con la sangre del Cordero de Dios. Y el precio es muy alto. Entonces la gente mira de menos la gracia. Y la gente cree que la gracia es barata, y entonces la gente entra y sale de las iglesias. Porque creen que la gracia es barata, pero la gracia tiene un precio muy alto, que es la sangre del Cordero de Dios. Ese es el valor de la gracia que usted y yo tenemos. Ese es el valor que se pagó para que usted y yo estuviéramos aquí hoy, ese es el valor, ese es el precio de la salvación la sangre del Hijo de Dios.
“Hoy la gente quiere un evangelio barato, pero cuando usted quiere algo barato paga lo barato."
Hoy la gente quiere un evangelio barato, pero cuando usted quiere algo barato paga lo barato, los resultados son baratos: no dura, se arruina, porque es de plástico, porque en la primera, y ese es el evangelio de hoy, un evangelio barato, una gracia barata, donde le dice usted puede vivir como sea donde la gente le dice no Cristo ama al pecador, no se preocupe hermano todos somos imperfectos, solo Dios es perfecto. Pero a mi la palabra de Dios me dice que el evangelio es poder, poder para transformar el hombre. El evangelio de Dios es poder: poder para transformar la vida y salir de la muerte a la vida eterna. Ese es el poder de la palabra, ese es el poder de Dios, del evangelio, el poder como hablamos la semana pasada, donde una palabra que me dice, tienes que doblegar tu carne, tienes que someter tu carne, no te dejes llevar por los deseos de ella, sométete a Dios, sométete a Dios, sométete al Espíritu Santo. Y entonces irás en ese camino, el camino es muy estrecho, mi estimado, es muy estrecho, pero es el camino a la vida. Y el camino ancho es el camino del evangelio donde la gente cree que puede hacer todo lo que sea que podemos venir a la iglesia y seguir viviendo como vivimos y seguir encadenados. Pero alguien le tiene que decir a la gente que no tiene que vivir esclavizada. Alguien le tiene que decir a la gente “Hermano, amigo, no tienes por qué vivir en esa esclavitud, no tienes por qué vivir en esa oscuridad. Puedes salir de esa cárcel. Puedes salir de esa mentalidad.” Ese es el evangelio de Cristo, y eso le dijo Jesús a la gente, Jesús nunca le andaba con cositas a la gente, él fue claro. Dice la palabra que las multitudes lo seguían.
Quiero que vayamos a Lucas 14. Rápidamente ahora veremos un poquito de la otra parte. Porque la gente generalmente se escandaliza. Lucas 14, verso 25. “Grandes multitudes seguían a Jesús, y él se volvió y les dijo”, ‘les habló la verdad en el evangelio no hay engaño hermano’, “Si alguno viene a mí, y no sacrifica el amor a su padre, y a su madre, a su esposa, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas, y aún hacia su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.’” En otras versiones, creo que la reina valera dice el que no aborrece a su padre, a su madre, el que no odia, dicen otras versiones. Pero ¿sabes qué está diciendo aquí? El Señor no está fomentando el odio, ¿verdad? La desunión entre la familia, es una expresión hebrea, quiero que entienda esto un poquito, él no está diciendo que usted tiene que odiar a su familia, la expresión hebrea de aborrecer el padre o la madre, el Señor lo que está diciendo es, el que aborrece no es que lo odia, es que prefiere otro que es mayor, en este caso a él, si tú en una decisión cualquiera, de tu vida, de tu vida, cualquier decisión en tu vida, tengo que estar yo primero, y luego, tu madre, tu padre, tus hijas, tus hermanas, y aún tu vida misma. Aún lo que tú quieres. Eso es lo que está diciendo el Señor. El Señor no está diciendo aborrezca a su hermana, aborrezca, no, en todas las decisiones que nosotros tomamos, el primero, yo voy a hacer algo, y tengo que decidir entre hacer lo correcto. Pero muchos de nosotros decimos, bueno, es que si hago esto, se va a enojar. No me va a hablar. Se va a ir. Se va a molestar. “El que no me prefiere a mí antes que a ellos.” No importa la reacción. No me puede seguir. ¿Y sabe qué hizo la gente? Se fue. ¡Wow!
Esta enseñanza es muy difícil. Todo esto está pidiendo Jesús, ¿por qué? Que extremo, vaya, que difícil, hermano. Y lo que vimos anteriormente, este camino que lleva a la vida. Él no le está diciendo que haga algo que no está en nuestras capacidades. En este camino, el Señor le está diciendo, “Venga, y ojo.” Usted dirá, “ok”, la salvación es gratis, esto es del discipulado. Pero Jesús le dijo a los doce, vayan y hagan discípulos. Así que lo que el Señor está esperando de nosotros es que seamos discípulos, no que nos salvemos. Él anda buscando discípulos. Mateo capítulo 16, versículo 24. Jesús lo dijo en un par de ocasiones. Mateo capítulo 16, versículo 24. “Luego dijo Jesús a sus discípulos: –Si alguien quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme. Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la encontrará.” Hermano, el verdadero evangelio es negarse a uno mismo. Es negarnos a nosotros. El evangelio no se trata de autorrealización. No se trata de cumplir mis sueños. No se trata de cumplir mis cosas. De levantar mi reino. Hemos estado hablando de eso porque todo el mundo quiere usar de excusa a Dios para levantar su reino. Que Dios bendiga sus cosas. Que Dios bendiga su reino, sus planes, sus sueños. Mas sin embargo, los planes de Dios ya están dados aquí. Él ya tiene un plan. Él ya tiene un reino. Y bendito Dios que me hace parte. Que me hace una invitación para ser parte de su reino. Para ser colaborador de su reino. De el reino de Él. No del mío, imagínese que increíble Dios, qué misericordia la de Dios, que él dice, “Si buscas mi reino, yo te voy a dar todo lo que necesitas aquí en la tierra, todas las cosas, si buscas mi reino, si trabajas en mi reino para lo mío, entonces el evangelio, si quieres ser mi discípulo, tienes que negarte a lo tuyo, a tus deseos, a todo lo que te llama.” Hay demasiadas cosas que nos llama, y eso es cierto.
"Pero si, por amor a Cristo, entregas tu vida y tus deseos a Él, entonces la encontrarás... Él es el Dios de los vivos."
Y me encanta el versículo siguiente, porque él dice, “El que quiera salvar su vida, la perderá, pero el que la pierda por mí”, y miren esto es real, es literal de perder la vida, muchos la perdieron en el circo romano. En muchas partes de la historia muchos cristianos dieron su vida, perdieron su vida por el evangelio. Y hoy en día sigue sucediendo, pero usted y yo también podemos perder nuestra vida por causa de Cristo, o sea mi vida lo que yo quiero, lo que yo deseo. Entregarle nuestra vida de eso está hablando, “el que quiera su vida, el que quiera hacer con su vida, lo que quiere hacer, el que quiera salvar su vida, el que quiere hacer con su vida, lo que quiere, el que quiera ganar lo que quiera. El que quiere andar haciendo con su vida lo que quiera, la perderá. Pero si por causa de Cristo usted le entrega su vida y sus deseos, entonces la hallará." Es una contradicción, y la gente no lo entiende. Si usted le entrega su vida, su deseos, entonces ahí porque eso es lo que la gente dice, “Te hiciste cristiano, ya te arruinaste, te hiciste cristiano, ya te hiciste aburrido, ya no vas a disfrutar de la vida.” ¿Cuántos han escuchado eso? Y yo me pongo a pensar, soy aburrido, ya no disfruto de la vida. ¿De cuál vida están hablando? De la que hablamos al inicio, de esa vida de amargura, de esa vida de odio, de esa vida de rencor, de esa vida de sufrimiento, de esa vida de inmoralidad, de esa vida que nos lleva al desenfreno, de esa vida me están diciendo que pobrecito yo, que ya no voy a vivir en esa vida, que venda, no? Que venda la que tenemos y el Señor le dice, “Si tú me entregas tu vida. entonces encontrarás a Dios” Es Dios de vivos. Él es el Dios de los vivos.
Quiero que terminemos en Romanos 14, 7. Romanos capítulo 14 versículo 7, “Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo ni tampoco muere para sí. Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos.” La vida no se trata de vivir para uno mismo, ni para nuestros propios intereses sino para los propósitos divinos, si vivimos para el Señor, vivimos. Hagámoslo diferente. ¿Qué le parece si ponemos un signo de interrogación ahí? ¿Para el Señor vivimos? Pregúntele al que tiene lado, ¿Para el Señor vivimos? ¿Qué le dijo? Mire que hermosa es la palabra de Dios. No le dijo nada verdad. Mire que hermosa la palabra de Dios, mire el final así pues si vivimos, vivimos para Dios, y si morimos, alguien está listo para eso hoy, somos del Señor, somos del Señor.
La semana pasada dijimos el cristiano no tiene miedo a morir. ¿Sabe por qué? Es apenas el comienzo, es ganancia, el que ha hecho tesoros en el cielo. Ahora claro el que ha hecho tesoros en la tierra, ese si tiene miedo, el que se ha encargado de hacer cosas en esta tierra entiendo el temor. Hermano ha hecho tesoros en el cielo, o su tiempo mire usted ha pagado el precio, el mundo y el enemigo le quitaron todo el tiempo de su vida y no tiene usted ahorros en el cielo, solo aquí. Pero si morimos, somos del Señor. Por eso al inicio estaba tan alegre de la gracia de Dios que nos permite estar aquí, porque tal vez alguien puede decir, “Uy hermano dice que no, no tengo ni un centavo allá arriba, todo lo tengo en van pastillas”, todo lo tenía en continental, y se fueron, y es que así es el mundo. Se fueron y me alejaron pero el que invierte en el reino jamás será defraudado, el que invierte allá en el cielo, el que trabaja para el Señor será bien pagado.
¿Le parece a usted que es un precio muy alto? A mí me parece que no, a mí me parece que lo que me pide el diablo es demasiado alto, mi vida, mi familia, mi tiempo, todo para Él. Muchos estamos aferrados, mi hermano, a todas estas cosas que nos han hecho mucho daño dentro de la iglesia, todas estas cosas todavía suceden. Pero Dios es Dios de vida, la vida que Él da no es para estar pagando todas estas cosas. Si usted le da su vida a Cristo, él le dará una nueva. Somos del Señor, usted está seguro que es del Señor, necesita un momento para reflexionar, para rendir su vida, y para entregarle todo. Para negarse a sí mismo, y decirle al Señor, yo quiero seguirte, yo quiero seguirte. Conozco el costo, sé el precio que he estado pagando en el mundo, el costo por seguirte, y elijo seguirte a ti Señor, Amén.
