La Manifestación de Dios en Sus Hijos
Pastora Patricia

Juan 14:15-21 (NVI)
“Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos. Y yo pediré al Padre y él les dará otro Consolador para que los acompañe siempre: el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede aceptar porque no lo ve ni lo conoce. Pero ustedes sí lo conocen, porque vive con ustedes y estará en ustedes. No los voy a dejar huérfanos; volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá más, pero ustedes sí me verán. Y porque yo vivo, también ustedes vivirán. En aquel día ustedes se darán cuenta de que yo estoy en mi Padre, ustedes en mí y yo en ustedes. ¿Quién es el que me ama? El que hace suyos mis mandamientos y los obedece. Y al que me ama, mi Padre lo amará; y yo también lo amaré y me manifestaré a él.”
Mateo 4:1-4 (RVR)
“Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia; por medio de estas cosas nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas lleguéis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de las pasiones.”
Que bueno nuestro Dios, amén. Que bueno es nuestro Dios. Me gusta un Salmo, yo lo he tomado para mí realmente. Es un Salmo precioso, verdad de David y dice, “El Señor es mi fuerza y mi escudo, mi corazón en Él confía.” ¿Cuántos confían en el Señor? Y bueno todos decimos verdad, “Amén.” Realmente pero a veces nos desviamos un poquito por las circunstancias y dice, “De Él recibo ayuda.” ¿De dónde recibe su ayuda usted hermano? ¿De dónde? Oh, casi no se oye mucho. ¿De dónde recibimos la ayuda? De nuestro Dios. Mi corazón salta de alegría. Por eso hay algunos, ¿verdad? Que están saltando, pero están saltando de alegría y con cánticos le daré gracias. Cada vez que nosotros venimos a la casa de Dios y le cantamos a Él, le estamos realmente agradeciendo a Él por todo lo que Él ha hecho, y por todo lo que Él está haciendo, y por todo lo que Él hará. ¿Cuántos creen que Dios hará cosas maravillosas? Él seguirá haciéndolo, Él lo seguirá haciendo porque Dios es el mismo ayer, hoy y por los siglos.
Y vamos a ir a la carta de Juan, al Evangelio de Juan capítulo 14, verso 15 en adelante. Y vamos a leer estos versos tan conocidos pero tan preciosos - ok yo tengo la versión internacional pero ahí dice un poquito diferente - vamos a leerlo de ahí entonces, “Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos”, 16, “Y yo le pediré al Padre y Él les dará otro Consolador para que los acompañe”, un mes, para que los acompañe un año, ¿Cuánto tiempo? ¡Siempre! “Para que los acompañe siempre.” El Espíritu de verdad - hemos oído mucho hablar, ¿verdad? Hay muchos espíritus, muchos, muchos espíritus, pero solo hay un espíritu de la verdad y es el Espíritu Santo. Es el Consolador que Cristo prometió a la iglesia. ¿Para qué? Para que nosotros viviéramos en la verdad, no en la mentira de los espíritus del mundo. Dice el espíritu de verdad a quien el mundo no puede ver, el mundo tiene muchos espíritus, pero el Espíritu de la verdad no lo tiene y no lo puede ver, “ No puede aceptar porque no lo ven ni lo conoce.” No lo conoce. “Pero ustedes”, ¿qué dice?, “Sí lo conocen.” Ustedes sí lo conocen. Porque fue dado a la iglesia, fue dado a los hijos de Dios. ¿Cuántos hijos de Dios hay aquí?
Entonces, fue dado para nosotros. Ustedes sí lo conocen porque vive con ustedes y estará en ustedes. Para que esté, dice, siempre con ustedes, para que Él esté siempre. Pero muchas veces, esa promesa, porque es una promesa, a veces no se cumple porque nosotros, a veces no obedecemos la palabra. Porque dice, si me aman, obedezcan mis palabras, entonces yo les enviaré el Espíritu Santo. Y a veces lo contristamos, ¿por qué? Porque no obedecemos su bendita palabra. Y a veces tenemos un pie acá adentro, ¿y el otro adónde? Como nos decía la palabra el otro día, un pie adentro y un pie afuera, pero la promesa es que El Espíritu Santo estará, ¿cuánto tiempo con nosotros? ¡Siempre! Siempre. Y esta es una gran promesa que el Señor nos ha dejado y dice, “No lo voy a dejar huérfano, volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá más, pero ustedes sí me verán.”
Lo vamos a ver así cómo nos vemos nosotros, lo vamos a ver así, ¡No! Está hablando de una visión espiritual, está hablando de algo espiritual dentro de nosotros porque Él habita dentro de nosotros. “Pero ustedes sí me verán. Y porque yo vivo, también ustedes vivirán.” Él está hablando no de una vida normal, no es una vida como la que vivimos algunos ya grandecitos como yo en el mundo. Él está hablando de la vida en la tierra que demuestre, que estamos vivos en Él y también de la vida eterna que vamos a vivir con Él. Pero dice que si Él vive, Cristo está vivo y Cristo no está muerto, Amén. ¡Cristo está vivo y si Él está vivo, la iglesia tiene vida! Pero tiene la vida de Cristo, la vida que el Señor ha traído a través del Espíritu Santo. Pero Él quiere que nosotros demostremos esa vida, para que el mundo vea que Dios es real. Para que el mundo sepa que Cristo vino, pero que no es solamente una película que se ve en semana santa todos los años, sino que es real. Porque usted y yo lo demostramos porque vivimos a través de Él.
"¡Cristo está vivo y si Él está vivo, la iglesia tiene vida!"
“Si yo vivo”, dice Cristo, “Ustedes vivirán también”, pero no cualquier vida, ustedes no van a tener cualquier vida. No significa que no vamos a tener problemas, que no vamos a tener situaciones difíciles. Significa, que a través de esas cosas que vengan a nosotros, el Espíritu Santo nos dará la fuerza para seguir demostrando que Cristo está vivo en nosotros y que nosotros tenemos promesas que Dios nos ha dado para poder vivir esa vida diferente. Una vida diferente, una vida que demuestre a Cristo en nosotros. Amén. El 20, “En aquel día ustedes se darán cuenta de que yo estoy en mi Padre, ustedes en mí y yo en ustedes.” ¿Cómo se oye? En aquel día, ustedes se darán cuenta que yo, dice Jesús, “Estoy en mi Padre, que ustedes están en mí y que yo estoy en ustedes. Que ustedes están en mí y que yo estoy en ustedes.” No sé a cuánto les pega esto, Jesús dice que ustedes están en mí y yo en ustedes. ¿Para qué? Para hacer las obras por las cuales hemos sido llamados. Hemos sido llamados para hacer el trabajo de Dios.
Jesucristo cuando caminó en la tierra, Él vino a hacer las obras de su Padre y Él instruyó a sus discípulos, para que sus discípulos cuando el Espíritu Santo descendiera se multiplicaran. Y hubieran muchos Cristos, muchos Cristos. Si hubieran muchos Cristos y desde hace más de dos mil años, todavía el Señor sigue haciendo lo mismo, todavía el Señor sigue haciendo lo mismo. Él quiere multiplicarse en este lugar, Él quiere que este lugar esté lleno de Cristos, pequeños Cristos. ¿Y cuántos de nosotros podemos hoy decir Cristo está en mí y yo estoy en Él? Porque eso es lo que me está enseñando aquí. Y yo estoy en ustedes, Él está en nosotros para multiplicarnos, para ser esos pequeños Cristos que hacen la obra, que hace más de dos mil años Él vino a ser. Y nosotros hemos sido testigos, amén. De lo que ha pasado últimamente, pero de lo que ha estado haciendo el Señor en este tiempo, en todo este año ha sido un tiempo muy bueno, muy bueno. Y Dios vino a demostrarnos que realmente si Dios y el Padre, el Hijo y el Espíritu están en nosotros, que Él puede hacer algo a través de nosotros.
Y Él dice, “¿Quién es el que me ama? ¿Quién es el que me ama? El que hace suyos mis mandamientos y los obedece. Y al que me ama, mi Padre lo amará y yo también lo amaré y me manifestaré a él.” Esta unidad de la Trinidad nos permite participar de la vida divina, de la vida divina de Dios, que es lo que nos hemos recibido en este tiempo, hemos aprendido en este tiempo. ¿Por qué se quiere manifestar en nosotros el Señor? ¿Cuál es el propósito de que Él se quiera manifestar? Y Él lo ha querido y esto está escrito hace dos mil años, desde ese tiempo para acá. El Señor se ha manifestado en miles de personas, pero también en usted lo quiere hacer, ¿verdad? Aprendimos que el Señor no está solamente en una persona. El Señor está en cada uno de nosotros. Él lo está diciendo, porque yo vivo, ustedes viven, porque yo estoy en ustedes. Amén. ¿Cuánto creen esa palabra? Porque es de tener esa fe que muchas veces nos ha faltado. Y lo digo, porque sí ha faltado, pero hoy el Señor quiere que cada uno de nosotros podamos entender que Él está en nosotros. “Porque yo estoy en ustedes”, dice, “Y ustedes están en mí.” Qué privilegio, qué privilegio, qué misericordia de Dios cuando nosotros no merecíamos eso. Pero Él está en nosotros y nosotros estamos en Él, estamos unidos, ¡estamos unidos! Como el matrimonio, cuando se une, ¿verdad?, la pareja. Así estamos con el Señor, así quiere Él que siempre estemos unidos a Él.
¿Por qué Él se quiere manifestar? ¿Por qué dice? Y yo, dice, el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré, y me manifestaré a Él. Una manifestación es diferente a que solamente esté dentro, a que nosotros digamos, “Él está aquí, Él está aquí. Y si Dios está aquí, no hay problema, no hay nada, yo vivo mi vida tranquilamente.” ¡No! La manifestación, y todos sabemos que es, es dar a conocer algo. Jesucristo vino a manifestar el poder del Padre, el poder del Espíritu Santo. Se manifestó y entonces Él quiere manifestarse a través de nosotros. Me manifestaré para que así el mundo pueda creer que hay un Dios verdadero y un Dios poderoso, un Dios que sana, un Dios que salva, un Dios de promesas, hay promesas para su pueblo. Hay promesas para cada uno de nosotros, entonces este Cristo quiere manifestarse. Él demostró, Él manifestó ese poder, los discípulos lo manifestaron, y muchas, miles de personas han manifestado ese poder y nosotros aquí, también somos testigos.
Nosotros fuimos escogidos para demostrar que tenemos vida a través de Cristo. Pero no cualquier vida, no cualquier vida, no la vida que yo llevaba antes esa no era vida realmente. Sino una vida que demuestra el poder y la divinidad de Dios a través del Espíritu Santo. Y esto significa una participación en su vida divina. Esto significa eso, ¿verdad? Que nosotros ahora vivimos por Él. Que ya no vivimos, como decía Pablo, “Ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí.” Y cuando Cristo vive en nosotros, las cosas viejas pasaron y todas son hechas nuevas. Versículos que hemos estado escuchando estos días. Todas las cosas son hechas nuevas en nosotros. Todo, todo, en nuestro interior, en nuestro corazón y se va a reflejar en nuestras vidas. ¿Por qué? Porque nosotros no lo hemos realmente experimentado. Y cuando experimentamos algo del Señor, cuando experimentamos su presencia, cuando la palpamos, ya no queremos otra cosa sino seguirlo haciendo, sino seguirlo tocando, sino seguir diciéndole, “Señor, ven y toca mis manos, ven y lléname Señor.” Eso es lo que hemos visto y lo que tenemos que hacer y lo que podemos hacer, no porque nosotros podamos, sino porque el Señor lo puede. La divinidad es la capacidad dada por Dios, dada por Dios, no por el hombre, el hombre no puede, pero Dios sí puede porque Él lo ha prometido. La divinidad es la capacidad dada por Dios para reflejar su carácter y su propósito.
"Nosotros fuimos escogidos para demostrar que tenemos vida a través de Cristo."
Hermanos, necesitamos reflejar ese carácter del Señor. Necesitamos buscar el propósito por lo cual fuimos escogidos cada uno de nosotros. Necesitamos trabajar en su obra. Porque nadie quiere hacerlo en el mundo, usted va y mire y le habla y nadie quiere. Pero aquí hay una iglesia y Dios tiene gente, tiene pueblo que están viviendo por Él y para Él. Será que aquí hay un pueblo que quiere vivir para Dios y por Él y por medio de Él. Será que aquí hay pueblo que va a guardarse para el Señor, que va a amarlo cada día más. Si me aman, obedecerán mis palabras y entonces no los voy a dejar solos. Así que usted no está solo, nosotros no estamos solos, no estamos solos, está el Espíritu Santo con nosotros. Que lo podemos sentir, que lo podemos palpar, que podemos hacer lo que Él nos mande a hacer.
Bendito sea Dios que nos ha escogido a nosotros, no porque seamos buenos sino por su gran misericordia. ¿De quién ha tenido misericordia el Señor? Tal vez, no aquí en otro lado, creemos que por hacer cosas es que merecemos que Dios tenga misericordia. No, usted puede hacer todo lo que quiera, igual yo, pero es la misericordia de Dios la que nos ha atraído hacia Él. Dice con cuerda de amor te atraje hacia mí, con cuerda de amor, el amor de Dios. Entonces, ¿Cómo no corresponderle al Señor? “Si me aman, imagínense. Si me aman, entonces no los voy a dejar huérfanos y ustedes van a tener vida y yo voy a estar en ustedes y ustedes van a estar en mí.” Qué privilegio que nosotros tenemos, bendito sea Dios. Si alguno está en Cristo, ¿que es? Una nueva creación, amén.
"Bendito sea Dios que nos ha escogido a nosotros, no porque seamos buenos, sino por su gran misericordia."
Vamos a ir a la segunda carta de Pedro, capítulo 1, verso 3, bueno leeremos aquí. Segunda de Pedro, capítulo 1, versos 3 y 4. Dice, “Su divino poder, al darnos el conocimiento de aquel que nos llamó por su propia gloria y potencia, nos ha concedido”, ¿el qué? “Todas las cosas que necesitamos para vivir como Dios manda.” El verso 3, “Así Dios nos ha entregado sus preciosas y magníficas promesas para que ustedes, luego de escapar de la corrupción que hay en el mundo, debido a los malos deseos, lleguen a tener parte en la naturaleza divina.” El tema de esta mañana - la manifestación de Dios en sus hijos. Dios quiere manifestar su divinidad en nosotros, que es lo que hemos estado aprendiendo. Dios quiere manifestar su divinidad y por eso dice que nos ha dado grandes promesas. Yo les voy a leer la otra versión, que por título tiene partícipes de la naturaleza divina. “Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia; Por medio de ellas nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas ustedes lleguen a ser participantes de la naturaleza divina, puesto que han huido de la corrupción que hay en el mundo por causa de los malos deseos.”
Dios es el que llama, Él es el que abre camino, Él es el que nos da el conocimiento de quién es Él por medio del poder del Espíritu Santo y este poder nos hace partícipes de la divinidad de Dios. De la divinidad de Dios. Y me gusta, como Pedro aquí quiere enseñarle al pueblo, aquel pueblo que está siendo perseguido, aquel pueblo que lo están metiendo a la cárcel, los están aserrando, los están matando, están siendo perseguidos. Hay una persecución terrible en este tiempo pero Pedro les está diciendo, que por esas promesas, que por el poder de Dios, aún en medio de la persecución, ellos han recibido todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad. A la vida de Dios y la piedad, la piedad que significa amor, devoción, honra, reverencia, santidad, y hacia Dios y amor hacia el prójimo.
Pero ellos están siendo perseguidos, ellos están recibiendo una persecución terrible. Muchos de este pueblo no podían ni tan siquiera estar en sus casas. Nosotros disfrutamos de nuestros hogares. Nosotros disfrutamos de nuestras familias, ¿verdad que sí? Pero esta gente no. Pedro les está hablando a ellos y les está diciendo, ustedes han recibido todo lo necesario para que tengan una vida para todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad. Y todas esas cosas nos han sido dadas por su divino poder, por su divino poder. Dios nos dio y Dios nos entregó el Espíritu Santo, Jesucristo vive en nosotros y aquí cuando habla de que todas las cosas nos han sido dadas. Las cosas que nosotros muchas veces buscamos que no es malo. Y se ha dicho siempre desde aquí, hay que trabajar, sí, hay que hacer que hacerse en la casa, sí, pero esas no son las cosas de las que habla aquí. Sino de las cosas de las celestiales, de las cosas que traen ese poder en nuestra vida para vivir a través de la circunstancia. Si este pueblo perseguido puedo recibir esa palabra, cuanto más nosotros. Nosotros nos estamos siendo perseguidos de esa forma, si hay cosas que vienen a nuestra vida, pero nosotros, muchas veces, nos apartamos por seguir las cosas de afuera, porque a veces eso es más importante.
Dice, “Mediante el conocimiento de aquel que nos llamó.” ¿A cuántos ha llamado Dios aquí? Él nos ha llamado, no fuimos nosotros. No fui yo la que dije, “Voy a ir a la iglesia”, “Oh tengo ganas de ir a la iglesia ya, ya no quiero esta vida”. No, fue Él que me llamó por su gloria y excelencia y por medio de esas preciosas promesas. Esa es otra promesa, esta es una promesa que Él está hablando. Cuando nos habló en la carta de Juan, es la promesa del Espíritu Santo, es la promesa de que Cristo está en mí y yo estoy en Él y que puedo vivir a través de Cristo, puedo vivir a través de Él y Él en mí, la esperanza de gloria. Amén.
Por medio de ellas nos ha dado preciosas y grandísimas promesas. ¿Sabe cuál es el problema, iglesia? Dicen los estudiosos que hay más de tres mil promesas en la Biblia, pero ¿cuántos conocemos esas promesas? Las conocemos las más importantes o quizás las que de repente están más a la vista, pero tenemos promesas, preciosas promesas, le llama Pedro aquí. Por ellas ustedes lleguen a ser participantes de la naturaleza divina. Cada vez que nosotros leemos y nos apropiamos de una promesa, entonces esa promesa entra a mi corazón, me toca y comienzo yo a grabarla en mi mente para vivir por medio de ella. Pero, ¿por qué no ha pasado? Porque nosotros muchas veces estamos bastante ocupados en lo de nosotros.
Pero Dios, nos vino a decir hace dos semanas, tres semanas, que era la semana de qué? De la palabra de Dios. Pero no solo era la semana, ¿verdad? Porque en esa semana bajó Moisés con las tablas de los mandamientos, en esa semana bajó con las tablas que Dios mandó con su palabra, por eso era. Pero las semanas, todas las semanas son la semana de la palabra de Dios para que conozcamos también sus promesas y todo aquello por lo cual nosotros tenemos que obedecer al Señor. Hay cosas que no sabemos y lo hacemos, decimos, “No yo no sabía”, pero la palabra de Dios me puede enseñar. Él es el que llama, Él es el que llama, Él es el que da la promesa, Él es el que nos da el conocimiento de quién es Él. Él es el que nos ha dado una vida diferente para que podamos practicar la piedad, para que podamos vivir esa vida, que Él nos ha dado. Preciosas promesas, preciosas y grandes promesas. Otra versión dice, “Él por su propia acción nos ha dado todo lo necesario para vivir una vida verdaderamente buena.” No cualquier vida, no cualquier vida. No porque usted tenga una mansión y la tenga llena de cosas y tenga la refri llena, significa que esa es una vida buena. La vida buena es vivirla con Él y Él con nosotros. Esa es la vida buena, esa es la vida buena.
Permitiéndonos, dice, conocer a quien nos ha llamado. El Señor ha permitido y permite que nosotros podamos conocer a su Hijo por su misericordia, su Hijo amado, aquel que vino al mundo a pagar por nosotros, por nuestros pecados. Él es el que lo permite porque Dios es santo, Dios es santo. Entonces al vivir nosotros la vida en Cristo y a través del Espíritu Santo, Él viene a traer esa santidad, porque sin santidad nadie verá al Señor. Es a través de Él que las mayores y más preciosas promesas de Dios se han hecho accesibles, accesibles a los hombres, permitiéndonos escapar de la lujuria y codicia que hay en el mundo y participar de la naturaleza divina de Dios.
Pero muchas veces no podemos participar de las promesas porque tenemos un pie adentro y un pie afuera, porque estamos buscando cisternas rotas, cisternas que no tienen agua verdadera. Pero acá adentro, en el Señor, no acá adentro de las cuatro paredes, en el Señor, podemos tener esas aguas de vida eterna. Podemos buscar las aguas verdaderas, no cisternas rotas. Él tiene agua de vida para nosotros. Él tiene promesas, grandes promesas para nosotros. ¿Por qué? Creo que esta pregunta debemos hacérnosla cada uno. ¿Por qué no estoy participando de las promesas que ya están acá? Que ya las tenemos. Él dice que Él las ha dado. ¿Por qué? ¿Por qué razón? Y esa es una pregunta de cada uno de nosotros. A veces nuestros deseos carnales buscan en el mundo lo que podemos tener en Dios, lo mejor. Allá no lo va a encontrar. Allá puede encontrar cosas, sí. En el mundo puede encontrar cosas, pero en el Señor lo podemos encontrar a Él. Y si lo tenemos a Él, lo tenemos todo, todo, todo, todo, si lo tenemos a Él. Pero si estamos buscando las cosas materiales solamente, no lo vamos a encontrar. Porque Él no vino a decirnos, yo vengo a darles cosas materiales primero. Él vino a decirnos, “Yo vengo a darles al Espíritu Santo. Yo vengo a darles a mi hijo. Mi hijo estará en ustedes, Él está en mí, yo en ustedes y es una.” ¿Cómo se le llama eso? Una increíble, es algo increíble, pero nosotros tenemos que buscar que Él esté en nosotros y que nosotros estemos en Él. Amén.
Dios tiene aguas de vida eterna. Esa es una de sus miles de promesas. Son promesas preciosas. Esto describe aquello que es valioso, ¿verdad? No busque perlas allá afuera, que son carísimas, busque la perla en Cristo. Es valioso, es muy apreciada las promesas del Señor, son deseables y son costosísimas, costosas, porque costó la vida de Cristo. ¿Amén? Es como una piedra preciosa y así describe la Biblia las riquezas espirituales de las promesas de Dios. Son preciosas porque su valor es incalculable, su valor es incalculable y nos la ha dado a nosotros. Se la dio a usted y me la dio a mí. Que nos dijeron hace dos semanas, no tengo oro ni plata, pero lo que tengo te lo doy. Amén. Eso estuvo diciendo nuestra amada Pastora, no tengo oro ni plata, pero lo que tengo te lo doy y aquí ha quedado oro y plata. Yo lo creo, yo lo creo. ¿Cuánto lo creen? Porque Cristo ha quedado con nosotros, está aquí Dios, estará Dios en usted, estará Dios en mí. Entonces tenemos que manifestar a Cristo, esa vida divina. Porque cuando no la tenemos, cuando no la tenemos, lo que se manifiesta es nuestra carnalidad.
"Dios tiene aguas de vida eterna."
Ustedes saben y conocen todo, hace tres años, cuatro años, ya casi, ya vamos a cumplir cuatro años. Y la Pastora lo ha dicho, ¿verdad? Nosotros, ella, mi hermana y yo, estuvimos tiradas en la cama con COVID. Estuvimos internas y estuvimos bastante mal. Y nos quedamos con muchas cosas a consecuencia del COVID. Y yo puedo hoy verdaderamente decirles que fueron muchas cosas y ustedes saben, aún en mis pensamientos, aún en mi mente, muchas cosas difíciles. Que no podía superar, mi familia es testigo. Mi cuerpo, mi salud, ha sido bastante golpeada, fue golpeada bastante, mi hermana también, ha sido a causa de lo del COVID. Pero hay algo importante, Dios ha querido todos estos años tratar esas partes mentales y de corazón en mi. Porque tal vez lo físico va a seguir pero en el corazón y en la mente Dios ha querido darme sus promesas y me las ha dado pero yo no las había visto. Por la mentalidad, por qué pasó esto, por qué aquello, pero Dios sabe todo y Dios lo conoce todo. Y Dios sabe porqué hace las cosas, para que salga lo que hay. Pero en este tiempo yo le doy tantas gracias a Dios por lo que Él hizo. Por lo que Él hizo, no solamente en mí, y yo sé que en muchos Dios hizo algo. Pero Dios vino a liberar esa mentalidad, a tocar mi corazón, a llenar mi vida de su presencia, y hoy anhelo de su presencia, más que nunca, más que nunca el anhelo.
Y yo sé que puedan venir, podrán venir, van a venir y seguirán, porque Él no prometió que el mundo iba a ser, que nuestra vida iba a ser color de rosa. Él prometió, “Yo estaré con ustedes y les daré mi paz, y les daré mi amor, y les daré mi presencia.” Entonces yo hoy puedo decirles iglesia, Dios es verdadero, y Dios es grande, y Dios es bueno, y Dios tiene misericordia de nosotros. Aleluya. Él es bueno. Él es bueno. Porque a pesar de todo lo que tenía yo, el Señor me vino, me tocó. Tocó mi corazón y llenó mi corazón. Y no hay nada más que yo quiera. Solo a Él y a través de Él, Él hará cosas, muchas cosas en mi vida, en mi familia, en cada uno de ustedes. Él lo hará. Dios es bueno y la misericordia de Dios es tan grande y pronto se van a empezar a oír esos testimonios. Porque tienen que haber testimonios de lo que Dios hace y de lo que Dios hará y de lo que Dios vino a hacer. Aleluya. Solo quiero leerles algo muy interesante, un expositor bíblico escocés hace siglos escribió, “Podemos tener tanto de Dios como queramos.” Y uno dice, pero yo lo quiero, no es lo mismo que venga un matrimonio,¿verdad? Y el esposo dice, “Yo quiero estar con mi esposa y yo quiero de mi esposa”, pero estaba con el televisor y está ahí y amanece y media noche y lo único que después le dan ganas es irse a acostar, ¿verdad? Entonces no quiere mucho con la esposa, ¿verdad? No quiere tanto con ella. Es igual con nosotros, yo puedo decir yo quiero mucho de Dios, pero depende de mí. Él es el que me llamó, Él es el que me puede sanar y me sana, Él es el que puede cambiar, pero soy yo la que lo voy a tocar, porque Él se quiere dejar tocar de nosotros. Soy yo la que lo voy a buscar. Podemos tener tanto de Dios como queramos.
Cristo pone la llave de la cámara del tesoro en nuestras manos. Ya lo puso, ya lo puso y nos invita a tomar todo lo que necesitamos. Si a un hombre se le permite entrar en la bóveda de oro de un banco y se le dice que se sirva solo y sale con un centavo, ¿de quién es la culpa de ser pobre? Amén. Nosotros podemos ser ricos, pero ricos en el Señor. No esa riqueza material que aquí se va a desvanecer, ¿verdad? Es bueno que tengamos casa, es bueno, pero todo eso va a quedar aquí. Pero Dios nunca, nunca se va a ir de nuestro lado si nosotros lo buscamos, y Él es el oro y es la plata, así que somos ricos si lo tenemos a Él.
Así que yo le doy muchas gracias a mi Dios y les quería decir esto porque es importante que ustedes se den cuenta de lo que el Señor me libró. El Señor me ha librado de esos pensamientos negativos y de un corazón que estaba dolido pero que hoy está tan alegre, tan alegre, tan alegre. Que ayer, antier creo que le estaba contando a una hermana, me acuesto y me duermo como un bebé. ¿Cuánto tiempo estuve sin? Y ustedes conocen la historia, pero ahora me acuesto a cualquier hora que me acueste. Yo me acuesto temprano, pero me acuesto pongo la cabeza y me duermo. Porque Dios ha hecho algo. Ese es un milagro. ¿Por qué? Porque en el corazón lo que hay cuando yo me acuesto, yo cierro mis ojos estos días y levanto mis manos y le digo Dios gracias por lo que estás haciendo, gracias por estar en mí. “Si Él está en mí, ¿quién contra mí?” Dice la palabra. Denle un aplauso al Señor. ¡Aleluya, aleluya, aleluya!
¡Bendito Dios, bendito Dios, bendito sea tu nombre Señor! Bendito mi Dios, bendito el poder de Dios obra en nosotros. El poder de Dios obra en cada uno de nosotros. Póngase de pie hermano y ahí donde usted está. Comience a adorar al Señor y a creer, a creerle a Él y a sus preciosas promesas. Bendito Dios, te adoramos, te adoramos y te damos gracias por lo bueno que tú eres Señor. Porque no hay nadie como tú Padre. Tú has hecho, tú has hecho y seguirás haciendo cosas maravillosas Señor. Tú has hecho que el hombre y yo quiero que escuche esto hermano, Dios ha hecho que el hombre en general, el hombre y la mujer, nosotros seamos participantes de esa naturaleza divina. El poder de Dios, Dios ha hecho que su poder obre a través de nosotros. Cuando creemos esa palabra, podemos hacer lo que Dios nos ha mandado hacer, su obra maravillosa. Gracias Señor, gracias Dios.
