El Poder de la Palabra de Dios

Ronald Ayala

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Nehemías 8:2-6
Así que el día primero del mes séptimo, el sacerdote Esdras llevó la Ley ante la asamblea, que estaba compuesta de hombres y mujeres y de todos los que podían comprender la lectura. Entonces la leyó en presencia de ellos desde el alba hasta el mediodía en la plaza que está frente a la puerta del Agua. Todo el pueblo estaba muy atento a la lectura del libro de la Ley.

El maestro Esdras se puso de pie sobre una plataforma de madera construida para la ocasión. A su derecha estaban Matatías, Semá, Anaías, Urías, Jilquías y Maseías; a su izquierda, Pedaías, Misael, Malquías, Jasún, Jasbadana, Zacarías y Mesulán.

Esdras, a quien la gente podía ver porque él estaba en un lugar más alto, abrió el libro y todo el pueblo se puso de pie. Entonces Esdras bendijo al Señor, el gran Dios. Y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: «¡Amén y amén!». Luego adoraron al Señor, postrándose rostro en tierra."

Apocalipsis 12:11
“Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.

Nehemías 8:9-12
Al oír las palabras de la Ley, la gente comenzó a llorar. Por eso el gobernador Nehemías, el sacerdote y maestro Esdras y los levitas que enseñaban al pueblo dijeron: «No lloren ni se pongan tristes, porque este día ha sido consagrado al Señor su Dios».

Luego Nehemías añadió: «Ya pueden irse. Coman bien, tomen bebidas dulces y compartan su comida con quienes no tengan nada, porque este día ha sido consagrado a nuestro Señor. No estén tristes, pues el gozo del Señor es su fortaleza».

También los levitas tranquilizaban a todo el pueblo. Les decían: «¡Tranquilos! ¡No estén tristes, que este es un día santo!».

Así que todo el pueblo se fue a comer, beber, compartir su comida y a celebrar con gran alegría; porque habían comprendido lo que se les había enseñado.


Texto del sermón
El Poder de la Palabra de Dios
Sermón predicado por Ronald Ayala - Iglesia de Fe Unida, Honduras


Dios les bendiga a todos, hermanos. La presencia del Señor está en este lugar, amén. Cuando la presencia del Señor desciende con poder sobre el hombre, realmente suceden cosas, amén. A eso hemos venido, le damos gracias al Señor, bienvenidos sean todos los que están hoy en la casa del Señor, amén. ¿Saben? Cuando platico con mis hermanos, con los muchachos que están aquí, ¿verdad? La mayoría de los jóvenes y a veces les cuento cosas de cuando yo era joven, cosas como cuando yo estaba en el colegio, que en mi tiempo cuando yo estaba en el colegio y me dejaban una tarea de investigación, yo tenía que ir a la Biblioteca Nacional a ir a investigar algo, porque obviamente no había internet, no teníamos computadoras ni nada de esas cosas. Así que yo me tenía que mover a la Biblioteca Nacional que estaba en el centro, no sé si existe todavía, pero sí existe nadie la usa, ¿verdad? Pero me moví hasta ahí y tuve que aprender a usar unos ficheros, le llamaban creo. Era un mueble que estaba en la entrada donde estaban todos los números de series para buscar los libros. Luego tenía que ir a donde estaban los encargados y pedirles libros porque no sabía exactamente dónde estaba la formación que yo estaba buscando, así que necesitaba pedir varios libros, leerme los libros ahí.

Y si tenía tiempo copiar y si no, sacar fotocopias y después ir a mi casa y escribir a mano lo que necesitaba. Y así se hacían las tareas en ese tiempo, ¿verdad? Obviamente ya nada de eso se hace. El internet lo ha cambiado todo, ¿verdad? Ahora le da una tecla. Es más, ahora ni siquiera hay que apretar la tecla. ahora solo tiene que hablarle para que la inteligencia artificial le responda, le haga la tarea, le haga el resumen, ¿verdad? Y le borre la bibliografía, cosa que a veces hasta los muchachos ni eso hacían después, ¿verdad? Todas esas cosas ya no se usan, han pasado ya. Eso ya pasó, la tecnología lo reemplazó. ¿Sabe? También uno de mis primeros trabajos fue, estuve en una tienda donde se revelaban fotos. ¿Quién recuerda eso? Los más jóvenes no saben qué es eso, ¿verdad? Ir a revelar fotos, ¿verdad? La gente antes compraba cámaras normales, compraba rollos y tomaba fotos.Y no era de tomarle fotos a cualquier cosa, ¿verdad? Ahora la gente le toma fotos a cualquier cosa, ¿verdad? Todo, a todo, a la comida, a lo que sea. Antes no, porque era muy especial, tenía que comprar los rollos.Y luego ir a la tienda a pagar por eso, se las revelaban. Y a veces no les salían las fotos, ¿verdad? A veces salían veladas y todo eso.

La gente compraba cámaras, eso ya no existe, tampoco el teléfono ha reemplazado muchísimas cosas de las que nosotros antes usábamos. Yo me acuerdo cuando estaba pequeño mi mamá pagaba una membresía creo en un lugar donde alquilaban VHS, películas en VHS. Entonces, si usted tenía un VHS en su casa o un Betamax, era todo un ritual, salía de la casa, salíamos con mi mamá y había que agarrar un bus, ir hasta el lugar donde estaba la tienda. Pasábamos por todos los pasillos y ver las películas y escogíamos una, era lo que se podía, se la daban dos o tres días, regresaba a su casa, miraba la película. La rebobinaba, usted si podía porque si no le cobraban, si no la llevaba así, y luego la regresaba y así era, era un proceso. Ahora ya tampoco se hace eso, la gente está suscrita a un montón de aplicaciones y pasa media hora y pasa una hora dándole vueltas y no mira nada. Pasa una hora porque hay miles de películas y miles y miles y no mira nada. Todo eso cambió. O sea, hay muchas cosas de un pasado no tan lejano que ya no se usan porque la tecnología avanza muy rápido. Porque hay cosas que ya no usamos. Porque usted platica con alguien de mayor edad y cómo resolvemos tal cosa. Y usted sabe que con algún teléfono o lo que sea, puede resolverlo más rápido. Pero otra persona le dice, no, en mi tiempo lo hacíamos así. Y tal vez ahora ya no se hace de esa manera. Ya, ¿verdad? Tenemos mejores soluciones para la mayoría de las cosas en nuestra vida y todo ha cambiado.

Nuestros hijos ya no van a saber lo que es, verdad, las cosas que nosotros vivimos en muchos aspectos de la vida. Pero sabe que es lo más preocupante hermano, que muchas veces creemos que la palabra de Dios tampoco ya no sirve para estos tiempos. Muchas personas creen que la Biblia ya no se aplica a los tiempos en los que vivimos, que la Biblia ya no se puede aplicar en las situaciones que todos los días estamos viviendo. La mucha gente dice, no, es que la Biblia está bien para mi tía, para mi abuela, para mi abuelo, ¿verdad? Aquel que decía que Cristo ya viene y miren, no ha venido, no ha venido, pero mi abuela y ellos que vivan por la Biblia, ¿verdad? Mi tía que se viste con falda larga, para ella, para mí no. Las cosas han cambiado, las leyes han cambiado, así que la Biblia ya no, no es relevante para nosotros, pero eso es una mentira, eso es una mentira. La palabra de Dios tiene poder, la palabra de Dios sigue vigente hoy todavía. La palabra de Dios tiene poder para transformar el hombre, transformar la mente y el corazón del hombre y es vigente para todas las situaciones que hoy se nos presenta en nuestra vida. ¿Cuántos dicen amén a eso? ¿Y cuántos la usan? Pero la palabra de Dios tiene poder, amén.

"La palabra de Dios tiene poder para transformar el hombre, transformar la mente y el corazón del hombre y es vigente para todas las situaciones que hoy se nos presenta en nuestra vida."

Si vivimos por la palabra de Dios, entonces las promesas de Dios nos alcanzarán. Si vivimos por la palabra de Dios, entonces podremos ver el poder de Dios. La gente anda buscando en muchos lugares cosas sobrenaturales. Andan buscando que alguien le ponga la mano encima. Andan buscando una unción especial. Andan buscando que se derrame oro del cielo. Andan buscando que la cuenta bancaria le cambie. Pero no, si no vive por la palabra de Dios. Y eso que cae oro del cielo, bueno, eso vamos a hablar otro día de eso. Pero hoy vamos a hablar del poder de la palabra de Dios. Y quiero que vayamos a Nehemiah 8:2, el poder de la palabra de Dios en nuestra vida. El poder de la palabra de Dios en nuestra vida. Nehemías capítulo 8, si no tiene Biblia, aquí enfrente están los versículos. Leemos estos versos en la versión internacional. Solo la otra en la Reina Valera, hermano. El de Apocalipsis. Nehemiah 8:2, dice en adelante. “Así que el día primero del mes séptimo, el sacerdote Esdras llevó la ley ante la asamblea. Que estaba compuesta de hombres y mujeres, de todos los que podían comprender la lectura. Y la leyó en presencia de ellos en la plaza que está frente a la puerta del agua. Todo el pueblo estaba muy atento”. ¿Cómo estaba el pueblo? Atento a la lectura del libro de la ley. “El maestro Esdras se puso de pie sobre una plataforma de madera construida para la ocasión.” A su derecha estaban, muchas personas y dice a su derecha estaban seis personas. A su izquierda estaban otras siete personas. Versículo 5. “Esdras, a quien la gente podía ver, porque él estaba en un lugar más alto, abrió el libro y todo el pueblo se puso de pie. Entonces Esdras bendijo al Señor, el gran Dios, y todo el pueblo respondió, amén y amén. Luego adoraron al Señor, inclinándose hasta tocar el suelo con la frente.” Hermano, la palabra de Dios tiene poder.

Quiero hablarle de unos puntos rápidamente. El número uno es que la palabra de Dios es influyente. La palabra de Dios es influyente y tiene que ser influyente para usted y para mí. Quiero rápidamente recordarle que esta gente de la que estamos hablando aquí viene de estar 70 años en Babilonia. El mensaje que estamos leyendo aquí Esdras se pone en pie delante de estas personas, son israelitas que han visto una profecía cumplirse, ¿verdad? Ellos fueron llevados esclavos a Babilonia y después de 70 años ahí la profecía se cumplió y fueron liberados, fueron liberados por el rey Ciro, pero la mayoría no regresaron, la mayoría de los judíos no regresaron a Jerusalén. ¿Por qué no regresaron a Jerusalén? Hermano, esto es diferente a lo que hemos leído de la esclavitud en Egipto? Porque ellos eran esclavos, no aguantaban allá, ¿verdad? En Egipto no aguantaban la esclavitud, no aguantaban el trabajo, ¿verdad? Y todas esas cosas. ¿Qué está pasando aquí en Babilonia? Ellos ya tenían una vida hecha y era totalmente diferente. Ellos estaban cómodos, tenían casas, tenían trabajos. ¿Cómo sabemos eso? Porque ahí estaba Daniel y sus amigos. ¿Y qué eran Daniel y sus amigos? Eran funcionarios en el gobierno, alto funcionario y Nehemias, el que está en este pasaje, dice que era copero del rey, era uno de los tres puestos más importantes del gobierno. Entonces no es que estaban mal, estaban cómodos. Pero al inicio de este pasaje, del libro de Nehemias, dice que cuando Nehemias supo lo que estaba pasando en Jerusalén, su corazón empezó algo y dijo, yo tengo que regresar allá, yo estoy bien aquí parece que estoy bien aquí. Pero algo me ha pegado en el corazón y empezó a orar al Señor y tuvo que regresar a donde Dios les había dicho que los iba a prosperar, a donde Dios les había bendecido. Y solo la gente que sintió eso en el corazón regresó a la tierra de Jerusalén.

Entonces muy pocos de ellos decidieron regresar. Es más, yo creo que muchos de ellos, de los que regresaron, no todos, ¿verdad? Porque tal vez había un padre de familia, ¿verdad? Que decidió regresar y tal vez los Cipotes no querían irse con ellos o la esposa, ¿verdad? Un par de ellos iban obligados, pero tal vez alguno decía, “¿Para qué regresar si estamos bien aquí? ¿Para qué? ¿Para qué desacomodarse si hemos vivido toda nuestra vida? Hemos vivido nuestra vida aquí, hemos crecido.” Y esto me recordaba a nosotros un poco, porque es la mayoría de la gente que regresó nunca habían vivido en Jerusalén. Quiero ponerle un ejemplo rápido. Es como que si en este momento nos hubiesen llevado a nosotros de esclavos en otro país, y nos dijeran dentro de 70 años los van a liberar. ¿Ustedes creen que yo llegaría? ¿Ustedes llegarían? Algunos, ¿verdad? Bueno, de aquel tiempo tal vez sí, ahora no, no llegamos.

Pero nuestros hijos sí. Nuestros hijos que han nacido aquí y han vivido poco aquí, pero que la mayor parte de su vida la vivirían allá. Esa es la gente que regresó. Yo me los imagino diciendo, “¿Por qué desacomodarse? Si estamos bien, estamos bien así. ¿Para qué desacomodarse?” Y sabe hermano, a eso venimos aquí a la iglesia. Y yo oro, yo estuve orando ayer para que el Espíritu Santo lo desacomode, lo desacomode porque para eso hemos venido aquí, para que desacomode nuestra vida. Aunque la verdad es eso, no es que venimos a desacomodarnos, venimos a acomodarnos aquí. El Señor viene a acomodar nuestra vida, nosotros creemos que estamos bien, pero Él viene a acomodarle su vida. Y yo he orado para que el Señor, para que el Espíritu Santo lo inquiete y no se sienta cómodo, no sienta que ya tiene la vida hecha y no sienta que está bien así como está. Porque cuando la palabra de Dios viene algo tiene que pasar en el corazón, algo se mueve. Esta gente tenía casa, tenía carro, tenía de todo y dijo voy a ir a aquella ciudad que está destruida, pero vamos a ir a levantar algo porque ahí está Dios, ahí está la presencia de Dios, ahí es donde yo necesito estar. Babilonia era el lugar más increíble de ese mundo, de ese tiempo, el imperio más desarrollado de ese tiempo. ¿A qué van a ir a Jerusalén? Ese lugar que estaba quemado, 70 años abandonado. Tenían que ir a reconstruir casas, el templo, todo eso. Imagínense. Pero ellos no es que no vieron milagros tampoco en ese tiempo. Claro que vieron milagros. Miraron como el Señor los ayudó a pesar de la oposición para levantar la muralla, para levantar el templo, muchas cosas. Pero este pasaje que estamos leyendo ocurre hasta después de todo eso. Después de que han visto la mano de Dios.

De repente, algo empezó a influenciar a estas personas. La palabra de Dios. Porque hermanos no se trata solo de escuchar. La palabra de Dios no es de solo escuchar. El Evangelio no solo es escuchar y hablar versículos. No solo es hablar como cristiano. Una persona que está influenciada es una persona que ha cambiado. Que ha sido movida de como estaba. Y eso es tan increíble en este pasaje. Vemos aquí, dice, más adelante usted puede leer. Que dice que estuvieron escuchando la palabra por seis horas. Seis horas. A nosotros no podemos ni prestar atención. Veinte minutos seguidos. Veinte minutos no podemos prestar atención. Y esta gente estuvo escuchando por seis horas. Pero no porque el sermón era más interesante, o por la palabra. Es que la palabra había tocado ahí. Es que ellos tenían hambre y sed del Señor. Ellos habían llegado ahí. La palabra entró en su corazón. Hay que dejar. Hay que pedirle al Señor, “Entra con tu palabra Señor. Yo quiero cambiar. Yo quiero, necesito cambiar.” Y saben, porque digo que la palabra de Dios es una influencia, esa palabra es común para nosotros ahora, va, tal vez en aquel tiempo no. De dónde la he escuchado usted, esa palabra, influencia, la palabra influyente. Porque, miremos en el versículo 3, en el versículo 3 dice, “Y la leyó en presencia de ellos”, la palabra, “En la plaza que está frente a la puerta del agua y todo el pueblo estaba atento.” Todo el pueblo estaba atento.

¿A qué estamos atentos nosotros ahora? A todo, porque con la tecnología estamos atentos a todo, nada se nos escapa ahora. Ahora usted se da cuenta de las noticias en toda parte del mundo estamos tan atentos. Y quiero decirle la palabra, “influencer", ¿verdad? Todos hemos escuchado eso, ¿verdad? Todos hemos visto a alguien que se llama así. La palabra “influencer" viene de una persona, o sea, literal para la definición es, la persona que tiene la capacidad de influir en la opinión y en el comportamiento de otras personas. Una persona que es capaz de influir en la opinión y en el comportamiento y tiene razón. Y le voy a dar un ejemplo sencillísimo, no nos vamos a ir a muchos extremos. Acaso no vamos por la calle nosotros y usted está con el teléfono y mira la nueva sensación, verdad, de las redes y usted va por la calle y todo mundo habla, verdad. Yo creo que, no sé cada cuánto, no sé si es algo programado aquí en nuestro país, pero cada mes, cada dos meses hay alguien famoso, ¿verdad? Por una frase que se dice en los noticieros o lo que sea. Y usted va al trabajo, y usted está en la universidad, ¿verdad? Y usted hace algo y su compañera le dice, “¿Cómo sos va?” Y usted ya sabe de dónde viene eso, usted ya lo ha escuchado, ¿sí o no? Eso es algo bien hondureño, eso es algo de nosotros. Y usted va a la universidad y está ahí, ¿y por qué no hablo? Se ríe porque sabe de dónde viene eso, ¿va? Es obvio, es obvio. Y muchas otras cosas. ¿Qué le quiero decir con esto? Estamos atentos a todas esas cosas y si influencian, nos influencian a tal manera que cambian nuestro vocabulario. Cambian la manera en que nos comportamos, cambian la manera en que nos expresamos. Si la gente, cuando la gente del futuro lea cosas que hemos escrito en este tiempo, tal vez no entiendan verdad, porque no van a tener el contexto de esas cosas. Nos cambia el vocabulario. Pues eso es un influencer. Eso es algo que influye, algo que le cambia su manera, algo que ha cambiado su vocabulario, algo que ha cambiado su manera de pensar. Y las influencias no solo están en esas cosas que uno parece que son tonterías, sino que cambian nuestra opinión en cuanto a comprar un producto o el otro. O hasta elegir un candidato presidencial o el otro. Todas esas cosas nos influencian en nuestra vida.

Pero cómo ha influenciado la palabra de Dios en su vida. ¿Cómo ha cambiado la palabra de Dios su vocabulario, su manera de dirigirse a las personas? ¿Cómo ha influenciado la palabra? Pero yo le voy a decir algo, eso es lo que hace la palabra de Dios, cambia a la persona, lo influencia de tal manera que cambia su vocabulario. Que ahora la gente ya no lo reconoce. Que ahora la gente dice, “Ve y este, ¿qué estará hablando?” Está hablando de lo que dice la palabra del Señor. Está hablando la palabra del Señor. Ya no está hablando de sus opiniones. Ya no está hablando de sus deseos. Está hablando de los deseos de Dios. Está hablando del corazón de Dios. Si hay alguien que ha sido influyente en la vida, ha sido Jesucristo. Cristo de Nazaret. Él es el personaje más influyente en todos los tiempos. Él cambió la historia. Y la gente puede decir, no, es que aquel tiene cuantos seguidores y que este, Cristo tiene millones de seguidores y ha cambiado millones de vidas a lo largo de los siglos y lo sigue haciendo. La palabra de Dios tiene poder. Tiene que dejarse influir de la palabra de Dios y no de otras cosas. Tiene que dejarse influir por la palabra de Dios. Tiene que dejarla entrar esta gente dice estaba atenta, atenta la palabra del Señor.

La palabra es tan influyente, que puede hacer que un simple pescador, aquel pescador que el Señor lo llamó cuando no podía ni pescar. El Señor lo llamó y era una persona de aquel Pedro. Era un hombre humilde pero era terco, ese hombre era terco, ese hombre era impulsivo, ese hombre era enojado, ese hombre caminaba armado. Y de repente la palabra del Señor lo volvió uno de los mejores oradores que ha visto la Biblia. En su primer discurso se convirtieron miles de personas porque así es la palabra del Señor. Aquel hombre que le sacaba el machete a otro, aquel hombre que le decía tonterías a Jesús. Ese hombre se paró un día frente a miles de personas y ellos conocieron el poder de Dios ahí. Así es la palabra de Dios, así cambia la palabra de Dios la vida de los hombres, así ha cambiado la palabra de Dios su vida, así la ha cambiado, así lo ven los demás. Pero es que esa es la cosa, ¿cuál es el poder de los influencers? ¿Cuál es el poder de la influencia? Que otros lo vean, no es influencer si nadie lo ve, verdad. Si tiene dos seguidores eso no es, verdad que no. Nadie lo ve, quien lo ve, quien lo esta siguiendo. Porque ese es el discipulado, esa es la iglesia. Quien me sigue, me siguen por mi ejemplo no por mi palabrería, porque esa es la palabra de Dios. No por lo que hablamos, no por los versos que sabemos, sino por lo que vivimos, por lo que hacemos. Esa es la, la influencia de la palabra de Dios en nosotros, pero cada uno de nosotros tenemos que estar dispuestos a que algo pase en nuestros corazones con la palabra del Señor.

Tengo que estar dispuesto a que la palabra me hable a mi. Cada domingo, cada domingo hermano tengo que venir a la casa del Señor pensando, “El Señor me va a hablar. El Señor cambia algo en mi corazón señor. Si no venimos a la casa del Señor de esa manera hermano, quiero decirle que ha perdido el tiempo por muchas ocasiones. Pero la palabra de Dios no importa quien la hable, no importa quien se la diga. Tiene algo para usted, tiene algo para su corazón, tiene algo para su mente, y tenemos que venir dispuestos a decirle, “Señor cambia algo aquí, cambia algo aquí Señor. Haz algo en mi.” Solo así va a cambiar lo que está a mi alrededor. Número dos: La palabra del Señor tiene poder para transformar, la palabra de Dios tiene poder para transformar. Leamos el versículo 5 y 6 de nuevo, dice “Esdras, a quien la gente podía ver porque él estaba en un lugar más alto, abrió el libro y todo el pueblo se puso en pie. Entonces Esdras bendijo al Señor, el gran Dios. Y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: amén y amén! Luego adoraron al Señor inclinándose hasta tocar el suelo con la frente.” Cuando vemos la historia de Babilonia, ellos hicieron cosas increíbles en el tiempo que estaban los judíos ahí, eran la potencia mundial.

Si usted lee un poco de historia se va a dar cuenta de las maravillas que habían ahí, de los avances tecnológicos que habían en ese tiempo en cuanto a la cosecha, la siembra, en un montón de cosas. Los jardines de Babilonia, una de las siete maravillas del mundo. La tecnología que tenían en ese tiempo, la infraestructura que tenían en ese tiempo. Y yo me imagino la gente llegando a Jerusalén. Aquellos jóvenes que venían de ver aquellos grandes palacios y aquel ejército llegan a Jerusalén, y las casas quemadas, el templo caído, todo destruido. Hay mucha gente dentro de las iglesias, que no creen que algo pueda suceder, en las iglesias me refiero. Qué más, qué más va a hacer Dios. ¿Qué puede hacer Dios? Que no haya visto de lo que veo yo, hay tantas cosas ahora no. Ahora la gente habla con la inteligencia artificial, sabe usted que hay divorcios a nivel mundial porque hay hombres que tienen una relación con la inteligencia artificial y sus esposas se dieron cuenta de eso. A ese punto hemos llegado en la tecnología. El hombre es capaz hoy de hacer cualquier tipo de vehículo, cualquier estructura, cualquier edificio, naves, aviones la gente ya estaba viajando al espacio dentro de poco. Algunos hermanos me van a pedir permiso porque el domingo tienen un viaje al espacio, van a dar un viajecito al espacio, hasta ese punto, a ese nivel y hay alguien. Entonces el hombre se siente inteligente, se siente poderoso ¿verdad? Se siente que, ¿y qué más? ¿Y qué voy a lograr en esta vida?

Pero le digo una cosa, la palabra de Dios tiene poder. Es la única que puede transformar al hombre y es la única que puede traer al hombre de las garras del infierno. La palabra de Dios es la única que tiene poder, para quebrantar el pecado, las garras del pecado que lo tienen atado en su corazón. Usted podrá ver muchas cosas allá afuera, pero no hay nada que lo pueda librar del pecado. No hay nada que lo pueda librar de la angustia y del infierno, solo la palabra de Dios. Ese es el poder de la palabra de Dios. Y lo más irónico de todo eso es que la gente piensa que logrando todas esas cosas, buscando la felicidad. Hay una película que así se llama, ¿cierto? Y toda la película se trata de un trabajo, buscando la felicidad a través de un trabajo, y la gente llora, pobrecito. Pero es real porque la gente anda buscando la felicidad en muchas cosas. En una persona, en una pareja, en un trabajo, en el dinero ¿Y qué es lo único que trae felicidad al corazón? No sé yo, si los cristianos saben eso, no lo sé. Siempre le he comentado, verdad, que en la mayoría de los trabajos donde estuve, los más amargados eran los cristianos. Los que decían ser cristianos. Entonces si alguien me dice que en el Señor hay felicidad, ¿porque vivían ellos amargados porque? Porque, la palabra tiene poder para transformar, pero hay que dejarse. Hay que verlo no solo es de hablarlo, “El Señor es mi fortaleza, el Señor es mi alegría. Amen. Aleluya.” Pero claro yo entiendo esto, me va a decir, “Y cómo me voy a alegrar con todo lo que me está pasando, si yo le contara.” Y es cierto, si usted me contara porque es cierto todas las cosas que está pasando, pero qué dice la Biblia acerca de eso. Creemos o no creemos en la palabra del Señor y le voy a adelantar algo, para otra semana. Sabe que somos tercos, bueno, otra palabra, em. Porque nosotros sí creemos en las palabras que se nos dicen, sí creemos en las palabras, porque cuando usted de pequeño le dijeron que era tonto, cuando le dijeron que no podía, eso sí lo creyó. Pero cuando la palabra le dice, todo lo puedes en Cristo, todo lo puedes en Cristo. En medio, como leímos la semana antepasada, el salmo,“Señor en medio de la angustia, en aquella tormenta, ahí te puedo ver.” Porque no creemos esa palabra, pero yo le digo si usted cree esa palabra. Entonces se va a hacer realidad en su vida.

"No hay nada que lo pueda librar de la angustia y del infierno, solo la palabra de Dios."

Tenemos que venir con fe a la casa del Señor, ellos estaban atentos. Estar atentos y venir con fe a la casa del Señor y yo le aseguro, como dice el Salmo 34, prueben que el Señor es bueno, prueben que el Señor es bueno y Él va a transformar su corazón y Él va a transformar su vida yo se lo aseguro. Aquí les habla uno aquí les habla uno donde su corazón. La gente dice y por aquí y por allá. Yo les he contado aquí en mi corazón en la angustia y la soledad y la tristeza que había aquí. No hay nada en el mundo, no hay nada en el mundo que pueda quitar eso del corazón. Pero la palabra de Dios sí. La palabra de Dios sí. El poder de Dios sí, porque Él transforma los corazones. Él transforma los corazones y transforma la vida. Y eso se ve. Eso se ve afuera. Eso se ve afuera. Por eso dice la palabra del Señor, en Apocalipsis capítulo 12:11, lo vamos a leer aquí en la Reina Valera. Apocalipsis capítulo 12:11, “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio, de ellos; Y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.” Mire que increíble, donde hay poder en la sangre de Cristo y en el testimonio. ¿Por qué en el testimonio? ¿Por qué será tan importante el testimonio? Porque el testimonio es la prueba de que Dios tiene poder, de que Dios cambia vidas, de que la palabra ha transformado su vida.

Y, ¿saben? La gente, porque a los que tenemos más tiempo de estar aquí en el Señor. Muchas veces hemos hablado con otras personas. Muchas veces les hemos predicado y hay gente que se desanima porque no pasa nada, lo que sea. Pero sabe, es que no es la palabra, no solo son palabras, la gente ve. Es que la gente ve su vida, es que no solo son palabras. El evangelio no solo es de hablar, no solo es de escuchar, es que la gente ve y dice voy a seguir a este porque eso que me está diciendo el lo vive. Es que eso que me está diciendo porque yo lo he visto. Miren como vive esa mujer, miren como vive ese hombre, miren que tiene necesidad. Yo sé que pasa necesidad, yo sé que pasa enfermo, yo sé que sus hijos están aquí, sus hijos están por allá, pero miren cómo anda de feliz, miren cómo grita allá, miren cómo hace esto, yo quiero eso. La gente no dice, “Uy, yo quiero ir al seminario bíblico.” O sea, sí hay va, pero yo quiero eso. Nadie lo dice, en el fondo, ¿o no? Cuando vemos a alguien transformado, decimos, ahí eso, eso es. La palabra de Dios tiene poder para transformar. Muchos de los que estamos aquí pudiéramos dar testimonio, amén, de lo que Dios ha hecho. Y ese testimonio tiene poder porque la palabra es real. La palabra es real.

Número tres. La palabra tiene poder para salvar. Regresemos a Nehemías capítulo 8:9 en adelante. Nehemías capítulo 8:9 en adelante. Dice la palabra, “Al oír las palabras de la ley, la gente comenzó a llorar. Por eso el gobernador Nehemias, el sacerdote y el maestro Esdras, y los levitas que enseñaban al pueblo, les dijeron: ‘No lloren, ni se pongan tristes, porque este día ha sido consagrado al Señor su Dios.’ Luego Nehemias añadió; ‘Ya pueden irse, coman bien, tomen bebidas dulces y compartan su comida con quienes no tengan nada. Porque este día ha sido consagrado a nuestro Señor.’” ¿Cómo dice ahí? Lo que sigue. No estés triste[Respuesta la audiencia]. ¿Estén tristes, ah? No estén tristes, pues. “El gozo del Señor es nuestra fortaleza.” Porque no estén tristes. ¿Por qué? El gozo del Señor es nuestra fortaleza. Yo no sé si usted necesita comerse esta palabra. Que entre aquí. Porque la tristeza viene. Dice ahí que ellos estaban llorando. Pero ellos estaban llorando porque la palabra los había convencido de su pecado. Y esa tristeza es necesaria. El día que nosotros reconocemos que somos pecadores.

Hermano, hemos andado por allá. Y en el mundo nos han dicho que usted puede hacer lo que quiera porque su vida, es suya. Y hemos hecho y deshecho, y hemos venido a la casa del Señor probablemente sin ninguna expectativa sin nada, pero bendito Dios que hoy usted está aquí. Bendito Dios que hoy usted está aquí, puede escuchar la verdad, y la verdad es que la palabra dice que todos hemos pecado y estamos alejados de la gloria de Dios. Todo hombre es pecador. Y el pecado merece, la muerte. La paga del pecado es la muerte. Eso escuchó la gente, empezó a leer la ley de Dios y se dieron cuenta que estaban alejados de Dios. Hay gente en las iglesias, que por estar en la iglesia creen que están cerca de Dios. Hasta que vienen a la palabra y la palabra les dice cómo está su vida, porque la palabra es un espejo. Nadie, nadie, absolutamente nadie va a un evento especial sin verse a un espejo. Se lo aseguro, a cualquier cosa que usted vaya antes de salir de su casa, usted se mira al espejo para ver cómo está. Pues la palabra de Dios es ese espejo. Y antes de presentarnos donde Dios, tenemos que estarnos viendo cómo estamos. Y la palabra le va a decir, “Estás sucio. Has pecado, has quebrantado mi ley.” Y por eso ellos estaban llorando estaban tristes, y si, el quebrantamiento que viene del arrepentimiento trae salvación hermano.

Eso es lo que trae la salvación, cuando el corazón se quebranta por darse cuenta lo que somos delante de Dios, que estamos alejados de Dios. Entonces eso empieza a traer la salvación a nuestra vida. Pero dice ahí, pero no estén tristes por eso, el gozo del Señor es nuestra fortaleza. Y nosotros nos entristecemos por otras cosas, porque estamos enfermos, porque estamos pasando una necesidad pero la palabra del Señor también tiene algo para todo eso, para cada uno de nosotros. Tiene una promesa para nosotros, no estén tristes hermanos, no esté triste que el Señor es su fortaleza. Que ahí cuando usted piensa que ya no puede, el Señor está con usted. Que ahí cuando piensa que está solo, cuando piensa que otros están ahí. Que lo van a dejar abandonado y no importa dice la palabra que aunque tu madre y tu padre te deje, yo ahí voy a estar contigo, no se preocupen yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo.

Como necesitamos la palabra de Dios en nuestro corazón, amén. Él es nuestra fortaleza, y dice en verso 11, “También los levitas tranquilizaban a todo el pueblo, les decían, ‘Tranquilos, no estén tristes que este es un día santo.’ Así que todo el pueblo se fue a comer y a beber y compartir su comida, felices por la comida. Felices por haber comprendido la palabra de Dios.” Porque la palabra trae libertad. La palabra trae libertad, hermano. Ahí hay felicidad en la palabra de Dios. La obra del enemigo es robar, matar y destruir. ¿Ah? Así como le dijo a Eva, le mintió, le cambió un poquito las cosas, ¿verdad? No es cierto. Dios le dijo, si tocan de ese árbol entonces morirás. Y el diablo le dijo, “No, no es cierto, no van a morir. Más bien se les abrirán los ojos.” Era una verdad a medias. Y eso es lo que cree la gente. No moriremos. Cuando estamos allá afuera. O aún cuando estamos aquí en la iglesia. Y estamos haciendo las cosas a escondidas. O estamos haciendo nuestros pensamientos y lo que sea. No moriremos. Porque de todas maneras llevo haciendo esto y nada me ha pasado. Vienen los pastores, me ven y no me dicen nada. Me miran los hermanos, no moriremos. Pero cuando Adán y Eva tomaron el fruto, inmediatamente murieron porque fueron separados de Dios. Su cuerpo siguió, pero hermano, amigo, la muerte está en estar separado de Dios, eso es la muerte, estar separado de Dios. Y yo me decía, “Señor, ¿Cuántas veces he venido a tu casa? ¿Cuántas veces he venido aquí, Señor? A escuchar tu palabra. Solo escuchar tu palabra, pero salgo igual.” Y es más, por alguna razón sé, que estoy apartado de ti, sé que lo estoy, Señor, sé que lo estoy. Pero eso es una mentira. O sea, es mentira en lo que estamos viviendo. Porque el diablo nos ha dicho. No morirás porque ahí seguimos. Seguimos en la iglesia. Usted dele. Dele. ¿Verdad?

En la palabra de Dios, hay poder. Esta historia es increíble porque en este momento. Esta gente se sentían bien lejos de Dios, lejos de Dios. El pueblo de Dios se sentía bien, en otro lugar lejano, donde estaban lejos de Dios. Pero mi deseo, mi oración ha sido que usted nunca se sienta bien lejos de Dios. Que usted nunca se sienta bien lejos de la presencia del Señor, que el Espíritu Santo lo inquiete, lo incomode que ahí donde esté. No importa donde en su casa, en su trabajo, el Espíritu Santo lo inquiete, lo redarguya porque no podemos estar lejos de la presencia de Dios. Eso es la muerte mi hermano, eso es estar muerto estar lejos de la presencia de Dios esta gente estaba cómoda se sentía cómoda y aún estando en la tierra santa. Se sentían cómodos, pero no fue hasta que la palabra de Dios golpeó sus corazones. Dejé que la palabra del Señor entre en su corazón, no se sienta bien, eso no está bien. El otro día estaba viendo, no pude verlo, pero leí que hay un grupo que se dice cristiano, hay que tener tanto cuidado. Está bien sentirse, está bien no sentirse bien, decían, está bien no sentirse bien. Eso no es correcto, eso no es lo que me dice la palabra. “Está bien, porque todos tenemos problemas, todos tenemos dificultades.” Todos pasamos tristeza todos pasamos decepciones en la vida, pero no está bien estar alejado de Dios. Por eso hay tantos salmos de David donde dice, “En mi aflicción yo te clamé y tú me respondiste.” Porque no importa si yo estoy siendo perseguido, no importa si yo estoy pasando algo lo mejor es estar con él y no separado de él. Eso no está, eso no es lo que la palabra del Señor me dice.

Nehemías le dijo a la gente es un día de fiesta porque es cierto que estaban lejos de Dios pero lo más increíble hermano, es que esta es la gracia de Dios. Cuando el hombre se da cuenta que está lejos de Dios, entonces se acerca a Dios y esa es la gracia. Pero la gracia no es aquella que le dice, “Ok, ahora estás en Dios, ahora eres salvo, puedes seguir con tu vida y puedes seguir haciendo lo que estabas haciendo.”, no. La gracia de Dios le da poder al hombre para que pueda decir, “Señor, me has salvado y ya no tengo que vivir en el pecado en el que estaba. No tengo por qué seguir viviendo en eso.” Esa es la gracia de Dios. No es la que me permite seguir pecando, sino la que me trae conocimiento y revelación y me dice, “Ya no necesita vivir de esa manera. No es necesario. No es necesario que busque la felicidad en esas cosas, no es necesario que busque algo porque lo que te falta soy yo.”, dice el Señor.

"La gracia de Dios le da poder al hombre para que pueda decir, ‘Señor, me has salvado y ya no tengo que vivir en el pecado en el que estaba.’"

Has estado buscando la felicidad en otros lados. Pero tengo que decirte algo, lo que te falta es Dioamigo, lo que te falta es Dios porque has estado separado. Naciste y fuiste creado con un propósito, es para estar con Dios, es para estar unido a Dios, para eso Él nos creó. Esa es la gracia de Dios, que no importa donde usted venga, no importa lo que usted ha hecho y lo que esté haciendo hoy la gracia de Dios lo puede salvar. El poder de Dios, la palabra tiene salvación para su vida y su familia, ese es el evangelio. Aquel que recoge al que estaba muerto. Aquel que recoge al que estaba en vicio. Aquel que recoge al que estaba tirado en depresión. Aquel que recoge que estaba tirado en pensamientos que lo están perturbando. Aquel que era inmoral. Aquel que era mentiroso. Aquel que era ladrón, ese lo recoge Dios y lo transforma en una nueva persona. Ese es el poder de la palabra, ese es el poder del evangelio, ¿amén? Ese es el poder del Dios, al que usted y yo servimos, ese es el poder de Dios. Déjese tocar por Dios, déjese tocar por la palabra de Dios. Abra su corazón a la palabra de Dios, no deje que otras cosas le sigan llenando la mente, y dígale Señor llena mi mente, llena mi corazón.

Dejemos que la palabra nos transforme. La palabra nos confronta y la tristeza por el pecado es buena, pero ese no es el final. La tristeza no es el final. La palabra trae restauración y trae gozo. Versículo 10. La palabra trae restauración y trae gozo. ¿A qué? A murallas. Porque construyeron murallas, yo no necesito que reconstruyan murallas, que construyan otras casas. Usted y yo necesitamos restauración aquí y aquí, ¿verdad? Muchos de nosotros que Dios restaure nuestra mente. Versículo 10, “Luego Nehemías añadió, ‘Ya pueden irse, coman bien, tomen bebidas dulces y compartan y su comida con quienes no tengan nada, porque este día ha sido consagrado a nuestro Dios. No estén tristes pues el gozo del Señor es nuestra fortaleza.’” El Señor no lo va a dejar de la misma manera, téngalo por seguro. Eso no es lo que hace la palabra, si la palabra trae convicción y trae confrontación, y la palabra tiene que ser clara para que entendamos que estamos alejados de Dios. Pero todo aquel que su corazón se quebranta, ese también, ese corazón es restaurado, ese corazón es restaurado. Y no a como era antes. No. Es restaurado a la versión original, a la 1.0.

Hace poco salió algo de mi boca, con alguien y le di tantas gracias a Dios por haber escuchado esas palabras que salieron de mi boca. Alguien me estaba diciendo algo y me decía, “Es que ya no hace estas cosas de esta manera como hacía antes.” Y le dije, “Claro que no, ya no soy el mismo de antes. ¿Qué quiere?” Y lo escuché yo mismo, y me olvidé de lo que estaba hablando y dije yo, “Bendito Dios, bendito Dios.” Bendito Dios que no soy el mismo de antes. “¿Eso quiere decir que ya terminó?” No hermano estoy empezando, estoy empezando porque esto apenas comienza, este el camino apenas ha comenzado hasta que El venga. Dice El me va a perfeccionar hasta que El venga. Pero el que estaba el otro día, el que estaba el mes pasado no lo busque ese ya no existe, hay otro nuevo y así es, ¿y sabe por qué? Porque la palabra nos va transformando día a día, día a día, la palabra nos va transformando, nos vamos renovando en nuestro pensamiento día a día. ¡Aleluya! Día a día nos vamos renovando.

Qué día tan feliz decían, que día tan feliz, el día que se dieron cuenta que están alejados de Dios. Qué día tan feliz, el día que encontraron la salvación. Porque ningún hombre puede encontrar la salvación hasta que se da cuenta que está perdida, hasta que se da cuenta que no es salvo. Pero que día tan feliz, el día que Cristo lavó mis pecados. El día que Cristo lavó mis pecados, que día tan feliz. Hermano, quienes éramos usted y yo, quienes éramos. Pero le voy a decir algo, ya no queremos oír la palabra solamente, ¡ya no! Dígale, “Señor transformame. Ya no quiero solo oír. Ya no solo quiero hablar versículos, quiero que tu palabra me transforme Señor.” Mire ese verso, eso no solo es un dicho, eso es una realidad. Se lo digo yo que sentía cuando la soledad me abrazaba literal, yo sentía cuando la soledad me abrazaba. Pero un día el Señor dijo, “Ya no estés triste, ya no estés triste, mi gozo puede entrar aquí en tu corazón.” Y a veces yo estoy solo en mi casa, mi esposa y mi hija están dormidas y todo y yo estoy solo y digo que bendecido soy Señor. Yo estoy solo físicamente pero eso nunca más ha vuelto a mi vida porque el gozo del Señor ha entrado aquí en mi corazón y me ha cambiado la mente, y ahora le digo Señor en la noche gracias Señor. Gracias Dios por lo que has hecho Padre, tendré problemas y tendré necesidades pero ese sentimiento Señor lo has cambiado, porque eso es lo que hace el Señor. Ese es el poder de sus palabras, Él sigue haciendo milagros todavía, sigue cambiando, sigue transformando. Y oró para que el Señor hoy lo inquiete a usted y no deje que se acomode. Hoy es un día de fiesta. El día que la palabra del Señor puede transformar nuestra vida. Amén.