La Victoria de la Resurrección
Ronald Ayala

Lucas 24:1-7
“El primer día de la semana, muy de mañana, las mujeres fueron al sepulcro, llevando las especias aromáticas que habían preparado. Encontraron que había sido removida la piedra que cubría el sepulcro y, al entrar, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras se preguntaban qué habría pasado, se les presentaron dos hombres con ropas resplandecientes. Asustadas, se postraron hasta tocar el suelo con su rostro, pero ellos dijeron:
—¿Por qué buscan ustedes entre los muertos al que vive? No está aquí; ¡ha resucitado! Recuerden lo que dijo cuando todavía estaba con ustedes en Galilea: “El Hijo del hombre tiene que ser entregado en manos de hombres pecadores y ser crucificado, pero al tercer día resucitará”."
Filipenses 3:10
“Lo he perdido todo a fin de conocer a Cristo, experimentar el poder que se manifestó en su resurrección, participar en sus sufrimientos y llegar a ser semejante a él en su muerte."
1 Corintios 15:55-57
“«¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?».
El aguijón de la muerte es el pecado y el poder del pecado es la Ley. ¡Pero gracias a Dios que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!
1 Pedro 1:3-5
“ ¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, para que tengamos una esperanza viva y recibamos una herencia que no se puede destruir, contaminar o marchitar. Tal herencia está reservada en el cielo para ustedes, a quienes el poder de Dios protege mediante la fe hasta que llegue la salvación que se ha de revelar en los últimos tiempos.”
Dios les bendiga a todos hermanos, bienvenidos a la casa del Señor. Este es un día especial, amén. Amén. Este es un día muy especial, verdad, todo mundo sabe lo que se celebra un día como hoy, lo que celebramos en todo el mundo, se está celebrando que un día Cristo resucitó. La resurrección de Cristo hermano no solo es un hecho histórico, no solo es algo que está en unos libros. Es la base, es el corazón del evangelio, es el corazón de nuestra fe. No solo es una historia, es que nuestra fe no sería nada sin la resurrección de Cristo, sin lo que hoy celebramos. Esto ha sido una semana de reflexión donde recordamos cada acontecimiento, la cruz, la traición, el sufrimiento, el llanto. Pero hermano, no todo se quedó ahí, no todo queda en la cruz el día viernes. Eso no fue lo último que sucedió, sino que algo grandioso pasó un día como hoy. El domingo, el tercer día, Cristo se levantó de la muerte.
En aquel día, como celebramos el viernes, tal vez en la noche hubo tristeza, hubo traición. En la oscuridad pasan todas esas cosas, dolor, llanto, pero en la mañana cuando hay luz, todo cambia. Cuando viene la luz, todo cambia. Y cuando vino la mañana de ese día y entró la luz, Cristo resucitó y todo cambió. Todo cambió. No solo en ese día, todo cambió en este mundo y para nosotros todo ha cambiado. Amén. Cristo se levantó de entre los muertos y hoy podemos decir que entonces usted y yo tenemos una esperanza de vida. Pero no solo una vida después de esta muerte, de la muerte que nos espera, de todo lo que pasaremos nosotros, sino aquí mismo una vida.
"Cristo se levantó de entre los muertos y hoy podemos decir que entonces usted y yo tenemos una esperanza de vida."
Así que hoy quiero compartir con ustedes un poco acerca de lo que hace la resurrección, de lo que hizo la resurrección en ese día. Quiero que vayamos a Lucas en el capítulo 24, versículo 1. Todo cambió. Lucas capítulo 24. En todos los evangelios hay algunos aspectos diferentes de la resurrección y podemos juntarlos para completar la historia. Pero miremos aquí en Lucas 24, versículo 1 en adelante dice, “El primer día de la semana, muy de mañana, las mujeres fueron al sepulcro, llevando las especias aromáticas que habían preparado. Encontraron que había sido quitada la piedra que cubría el sepulcro y, al entrar, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras se preguntaban qué habría pasado, se les presentaron dos hombres con ropas resplandecientes. Asustadas, se postraron sobre su rostro, pero ellos le dijeron: – ¿Por qué buscan ustedes entre los muertos al que vive? No está aquí, ¡ha resucitado! Recuerden lo que les dijo cuando todavía estaba con ustedes en Galilea: ‘El hijo del hombre tiene que ser entregado en manos de los hombres pecadores y ser crucificado, pero al tercer día resucitará.’”
Me gusta este pasaje porque si bien es cierto, las mujeres estaban haciendo tal vez algo que no era del todo correcto y ya vamos a ver por qué. Me gusta porque dice que estaban preparadas, como decía la hermana al inicio. Estaban preparadas, iban a ver al Señor. Los demás se quedaron en la casa, los otros estaban haciendo cada quien en sus cosas. Pero estas mujeres estaban preparadas y por eso fueron las primeras en recibir el mensaje. Estaban preparadas para recibir el mensaje de la resurrección. Yo quiero saber si aquí hay alguien que está preparado para recibir el mensaje de la resurrección. Si usted ha venido preparado a la casa del Señor, ¿verdad? Es momento de sacudirse un poco la arena que trae un poco, que todavía traemos pegada aquí. Sacúdase eso y esté listo para recibir el poder de la resurrección. Porque eso es todavía efectivo el día de hoy. ¿Y sabe qué pasa con eso? ¿Qué sucedió? La resurrección es una prueba de que Dios cumple sus promesas. Todo lo que Dios dijo, lo que Jesús dijo, lo cumplió. Eso quiere decir que Dios no miente.
Miremos el versículo 6 y 7 de nuevo. Ahí los ángeles le están diciendo, “No recuerdan lo que le dijo cuando todavía estaba con ustedes en Galileo: ‘El Hijo del Hombre tiene que ser entregado en manos de hombres pecadores y ser crucificado, pero al tercer día resucitará.’” Jesús lo dijo en varias ocasiones. Y dijo Él, se lo digo ahora para que cuando ocurra, crean. Crean que no es algo que pasó de casualidad. Esas todas las promesas de Dios están aquí en la palabra. Él ya lo dijo y si Él lo dijo, Él lo cumplirá. Y la resurrección de Cristo nos garantiza que Él va a cumplir con su palabra. Él va a cumplir con todo lo que Él dijo. Pero Él ha prometido vida para nosotros. ¿Cuántos han escuchado eso? Él ha prometido una vida nueva. Así que Él lo cumplirá. Amén. Él cumplirá eso. Ahora me dirá usted, “Hermano. Yo he escuchado desde los ochentas que tengo que estar en la iglesia, que Él me dará una nueva vida.” Y a veces esas cosas no pasan. ¿Porqué será? ¿Sabe hay un elemento importante en esta historia? Y es que los ángeles le dicen a las mujeres, “¿Porque buscan entre los muertos al que está vivo? Porque buscan la vida entre la muerte, donde no hay vida. Ustedes andan buscando la vida donde no la van a encontrar.”
Hoy la iglesia, hoy el hombre anda buscando la vida en lugares donde no se pueden encontrar. La vida no se encuentra en la religión, la vida no se encuentra en la buena sobra ni en las tradiciones. Como hablaba al inicio la hermana, es muy bonito, es lindo todas esas tradiciones y esa gente se prepara y anda ahí. Pero Cristo no está ahí. Cristo no está en las tradiciones, en lo que nos enseñaron nuestros padres, en la religión, en los cantos. Él está donde hay vida y donde hay vida. Jesús le dijo a la mujer samaritana, “Es tiempo que los que me adoran me adoren en espíritu y en verdad, no en carne. En espíritu y en verdad.” Ahí se encuentra el Señor en la verdad y, ¿dónde está la verdad? En su palabra. Y Hebreo 4:12 dice, “La palabra de Dios es viva y es eficaz.” La palabra de Dios es viva, está viva. ¿Dónde encontramos al Señor Jesús entonces? ¿Dónde encontramos la vida? En la palabra, en Cristo. El verbo se hizo carne, la palabra se hizo vida. Y esa palabra tiene que hacerse vida en nosotros. Esa palabra tiene que hacerse vida en nosotros. Y por eso ha venido durante tanto tiempo a decirnos, “Iglesia, el momento de hacer viva la palabra.” ¿Y cómo se hace viva? Practicándola. Si no, solo es religión. Queremos encontrar a Dios en lugares donde Él no está. La vida no está en nada de esas cosas.
Y esa es la diferencia entre nosotros y cualquier religión del mundo. Que Cristo resucitó. Que nuestro Dios está vivo. Que nuestro Dios está vivo y por lo tanto tengo que encontrarme con Él, esa es la diferencia. ¿Por qué muchas religiones son multitudinarias? ¿Por qué hay tanta gente en otros lugares? ¿Por qué las iglesias están llenas? Porque es fácil y aparentemente mejor llegar a un lugar, ver a su Dios ahí, mostrarle reverencia al Dios que está ahí y luego salir y seguir con nuestra vida como si nada pasó porque ese Dios no nos puede ver allá afuera. Ese Dios quedó ahí, pero mi Dios está vivo. Mi Dios está donde yo estoy, mi Dios tiene ojos, mi Dios tiene oídos, y para muchos eso, “Uy, nos está viendo claro.” Bendito Dios que Él nos ve. Que Él nos oye. Que oye nuestro clamor. Que oye el clamor de su pueblo. Y es necesario que la iglesia se encuentre con ese Dios vivo. Ese es el propósito principal de nosotros. Encontrarnos con ese Cristo resucitado.
Cristo dijo, “Yo he venido a buscar y a salvar lo que se había perdido, y lo hizo.” ¿Acaso no cumplirá entonces las demás promesas que Él ha hecho? La resurrección es el poder que transforma vidas. La resurrección es el poder que transforma vidas. Jesús no resucitó para sí mismo. No sólo para Él tener una nueva vida. Lo hizo para darnos una vida nueva a nosotros también. No una vida religiosa y aburrida y llena de costumbres. Qué es lo que hemos convertido nosotros en el Cristianismo, la vida Cristiana. Y son costumbres y momentos y ritos y cosas así. Eso no es la resurrección. La resurrección es una vida transformada, ese es el poder del Evangelio.
Quiero que vayamos rápidamente a Filipenses capítulo 3, verso 10. Filipenses capítulo 3, verso 10. Todos los versículos están aquí. Dice Pablo, “Lo he perdido todo a fin de conocer a Cristo, experimentar el poder que se manifestó en su resurrección, participar en su sufrimiento y llegar a ser semejante a él en su muerte.” Es un pasaje donde Pablo está dando un poco de su testimonio y él nos está diciendo, recuerdan lo que yo era, recuerdan lo que yo hacía. Él era un fariseo, él trabajaba en la religión y dentro de su pensamiento, él creía que estaba haciendo lo correcto. Él andaba persiguiendo a los Cristianos. Y él, tanto él como su pueblo, como su religión creían que eso era lo correcto. Pero dice, un día pasó algo, se encontró con Cristo resucitado. Él tuvo un encuentro con el Señor Jesús. Y de repente, algo cambió, algo cambió en su vida.
Pero él no solo cambió de costumbres, porque el cristianismo no es cambiar de hábitos. No somos una sociedad, ¿verdad? De como alcohólicos anónimos. Esas cosas que no están mal. Pero no está, el evangelio no es para que el hombre cambie de hábitos. El evangelio tiene poder para transformar al hombre. No cambiar su hábito. Transformarlo. Transformar su corazón. Porque cambiar hábitos muchas personas lo hacen. Muchas personas en Navidad estaban comiendo y haciendo de todo. Y el primero de enero dijeron, vamos a salir a hacer ejercicio y se levantaban temprano y cambiaron de hábito. Y la gente deja de tomar y puede dejar los vicios y puede dejar muchas cosas. Pero el corazón, solo Cristo, puede transformarlo. Lo que hay en la mente, esos pensamientos que nos torturan, ese corazón que está lleno de amargura, que está lleno de falta de perdón. Eso no se puede cambiar, solo cambiando de hábitos. Ese es el poder del Evangelio, una vida nueva, una vida transformada.
"El evangelio tiene poder para transformar al hombre. No cambiar su hábito. Transformarlo. Transformar su corazón."
Pablo decía, según él, estaba haciendo lo mejor de su vida, pero en estos pasajes él dice, “Ahora lo considero todo como basura.” Porque quiero conocer a Cristo, quiero conocerlo más y experimentar ese poder que estaba ahí el día de la resurrección. Yo quiero experimentar eso, quiero experimentarlo. Dice la palabra del Señor que nosotros, todo el que viene a Cristo es una nueva creación. Todas las cosas son hechas nuevas. Todo es hecho nuevo. Amén. Todo es hecho nuevo. Todo es hecho nuevo aquí. Adentro, todo comienza adentro y luego afuera, pero hay que desearlo. Pablo está diciendo, yo me quiero despojar de todo, todo lo de afuera lo considero por basura, porque yo quiero conocer a Cristo. Quiero experimentar ese poder. Yo lo dejo todo, me aparto de todo, porque quiero experimentar ese poder. Es que no es una varita mágica. Nadie puede tocar a un hombre y se transforma. Eso no consiste. Este hombre dejó todo. Lo dejó todo y dijo, gracias a Dios se le abrieron los ojos. Pero, ¿cómo se le abrieron los ojos a Pablo? Cuando sus ojos fueron cerrados para el mundo. Y así nos dice la palabra, cuando él, cuando Cristo se le apareció, dice que él quedó ciego. ¿Verdad? Quedó ciego y no podía ver. Entonces, ¿qué le quedó a él? Solo clamar a Dios. ¡Qué bendición la de Pablo! ¿Se ha puesto a pensar en eso? Qué bendición haber quedado ciego. No poder ver las cosas de este mundo. Porque cuando estaba en total oscuridad, la única alternativa que tenía era clamar a Dios, y pedirle, Señor, abre mis ojos. Y el Señor no sólo lo dejó ver, sino que abrió los ojos de su corazón.
En algún momento eso tiene que ocurrir. Ese es el poder de la resurrección. Cuando los ojos de nuestro corazón son abiertos. ¿Y qué pasa cuando los ojos del corazón son abiertos? Las cosas cambian y ya no vemos las cosas iguales. Lo que antes era bueno, ya no lo es. Lo que antes hacía y me gustaba, ya no de repente. Y eso es lo que pasa a veces en el corazón, que la gente no se puede explicar. ¿Por qué antes hacía esto? ¿Por qué antes me gustaba hacer? Y de repente ya no. Pero no es porque lo andan siguiendo. No es porque el Pastor anda detrás de usted, no es porque el hermano lo está viendo, ¿verdad? Que lastimosamente en esta iglesia somos vecinos aquí la mayoría, no es como en otra que viven lejos la gente. Y aquí los vecinos son los de la iglesia y lo andan viendo. No, es porque aquí hay algo en el corazón. Que ha cambiado de repente y ya no se siente cómodo haciendo lo mismo. Ya no se siente cómodo hablando lo mismo. Ya no se siente cómodo escuchando lo mismo. Porque algo ha cambiado aquí. Sus ojos se han abierto y ahora pueden ver las maravillas de Dios, y ahora pueden disfrutar de las maravillas de Dios.
Hay un tema que la gente se incomoda, en las iglesias. Aparte del perdón. Pero hay un tema que es incomodísimo en las iglesias. ¿Y sabe cuál es? El gozo. El gozo. ¿Por qué? Porque parece que eso está lejos de nosotros. Parece que eso está lejos de la vida del Cristiano. Sin embargo, dice su palabra, todo el que está en Cristo es una nueva creación y las cosas viejas pasaron. Él hace todas las cosas nuevas. Y por eso cantamos, “Has cambiado mi lamento en baile.” Claro que lo puede hacer, pero es difícil, cuando mis ojos todavía están viendo las cosas de allá afuera. Hay que decirle, Señor, entra con ese poder, cierra mis ojos al mundo y déjame ver lo que tú quieres que yo vea.
Así le pasó a mucha gente. Dice, cuando Cristo resucitó, se le apareció a unos hombres que iban camino de Maús y dice que se puso al lado de ellos y vieron a Jesús, discípulos de Jesús y no lo reconocieron. Iban hablando con Jesús y no sabían quién era, hasta que tuvieron un momento especial. Un momento íntimo con Él y Él dice que les abrió los ojos. Se les abrió el entendimiento y dije, “Ah.” Esa gente se iba ya, ya se iban, pero cuando se les abrió el entendimiento, “ Y nuestro corazón no ardía y esto y lo otro.” Dicen que se regresaron a contarle a todo mundo lo que había pasado, su experiencia, no se podían callar. Jesús no les dijo que fueran a hablar, Jesús no les dijo que fueran a predicar, pero lo que había en su corazón. Y como, vamos hablemosle a la gente de lo que acaba de pasar, tuvieron ese momento de intimidad ahí con el Señor Jesús y su entendimiento fue abierto.
En muchos pasajes de la Biblia dice que los discípulos no entendían lo que Jesús hablaba, hasta que Él resucitó. Dice que su entendimiento fue abierto y entonces entendieron las Escrituras. Muchas personas, muchos de nosotros, pasamos años y años en la iglesia sin entender nada. Pero no entender la historia, no entender los pasajes, sino que eso sea revelado. Esa mente que se abierta a decir “Por fin, wow, quiero dejar el mundo.” Ese es cuando la palabra es revelada, no cuando es entendida. Porque un montón de gente de afuera entiende los versículos, entiende la palabra, no. Cuando Cristo es revelado es cuando el hombre dice, “Yo quiero dejar esto, quiero dejar el mundo, quiero dejar mi vida atrás. Y yo quiero la vida de Cristo, yo quiero resucitar con Él, yo quiero que esta carne muera, yo es quien lo quiere. No es porque me están obligando en la iglesia, no es lo que me están diciendo ahí, es lo que yo quiero. Cuando estoy solo en mi cuarto, cuando estoy con mi familia, en la noche cuando estoy orando. Le digo, Señor yo ya no quiero esta vida, lo que quiero es tu vida Padre. Lo que quiero es lo que tú tienes para mí, Señor. Abre mis ojos, lléname de tu vida, Padre. Cuando Cristo es revelado, cuando la palabra es revelada, ese es el poder de la resurrección. Antes de eso, todo el mundo entendía la Biblia, pero estaban como estaban, y yo creo que el Señor está haciendo eso en este tiempo, en esta temporada. Amén. Está entrando a revelar su palabra para que vivamos en ella.
Dice también otro pasaje, que María Magdalena o una de las Marías en Juan capítulo 20, dice que estaba María y vio la tumba vacía, y estaba llorando, “¡Mi señor!” Estaba llorando, y en eso se le apareció Jesús y ella tampoco lo reconoció. Y le dijo, si usted se lo llevó, dígame dónde está y aquella mujer llorando de angustia. Pero cuando Cristo abrió su boca y le dijo una palabra a ella, ella en su corazón. Sus ojos no podían ver, sus ojos no lo distinguían, sus ojos solo podían ver lo que estaba a su alrededor. ¿Y qué estaba a su alrededor? Imagínense, estaba en medio de un cementerio. Estaba en medio de las tumbas. Eso era lo que sus ojos carnales podían ver. Estaba al lado de una tumba vacía, pero no lo entendía ella. Ella creía que se habían robado el cuerpo de Jesús. Era lo peor que ella podía haber estado pasando en ese momento. Pero escuchó la voz de Cristo y ella volvió a la vida. Y no dice la Biblia pero por lo que dice Jesús entendemos que se le tiró encima y ya le dijo espérate, espérate, todavía no. Porque de un momento a otro, su llanto se transformó en alegría. ¿Por qué? ¿Por qué todo cambió a su alrededor? Porque escuchó la voz de su amado, la voz del maestro.
Hermano, las cosas allá afuera pueden cambiar o no, pero el que escucha la voz de Cristo puede entrar en esa nueva vida. La resurrección garantiza nuestra victoria sobre el pecado y sobre la muerte. La muerte como hablábamos el viernes para los que estuvieron aquí, no solo es una muerte física, no solo es que la gente le tiene miedo a la muerte. Sino todas las consecuencias y todos los aspectos de una muerte espiritual también, del pecado que agobia a la humanidad. Vemos tanto dolor y sufrimiento en este mundo a causa del pecado. Pero la muerte que es como el final de la vida parecía que había ganado, pero Cristo resucitó y le quitó ese dominio que tenía de miedo sobre la humanidad.
Quiero que veamos en 1 Corintios, capítulo 15, verso 55. “¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado y el poder del pecado es la Ley. ¡Pero gracias a Dios que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!” Nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. ¿Por qué? No solo porque un día nos levantaremos. Sí, nos toca a nosotros cerrar nuestros ojos y partir de este mundo. No solo por eso, sino que ese dominio de la muerte que había y que hay sobre la humanidad, también hay victoria sobre eso. Hay victoria sobre el pecado. El hombre ya no está obligado a vivir en la misma condición, a vivir en la misma vida. Cristo resucitó para que yo tuviera una vida nueva. ¿Y cómo es esa vida hermano? Bueno, es que la muerte reina aquí, la muerte y sus consecuencias y el pecado. Y a pesar de que estemos en la iglesia, las cosas siguen igual, porque el dominio de la muerte sigue sobre la humanidad. Pero Cristo ya lo venció y esa victoria también es de la iglesia. Esa victoria es de aquel del cual acepta a Cristo como su Señor y su Salvador. Por eso el versículo famoso que todo mundo se sabe y ora, pero que no entiende muy bien, en Romanos capítulo 10 acerca de la salvación dice, “¿Cómo serán salvos? Si confiesas que Jesús es tu Señor y Salvador. Que Él es el Hijo de Dios y que lo levantó de entre los muertos.
"El hombre ya no está obligado a vivir en la misma condición, a vivir en la misma vida. Cristo resucitó para que yo tuviera una vida nueva."
Es que si no creemos en la resurrección, no tiene sentido nada de lo que hacemos. Nada, pero absolutamente nada. Por eso, si bien es cierto, en todas las religiones la partida de una persona querida son diferentes. En nuestro corazón se abriga una esperanza, porque solo es por un momento, porque creemos en la resurrección, porque creemos que hay algo diferente. Que esa es nuestra esperanza, esa es la base de la fe. Porque si Cristo fue levantado de la tumba, nosotros también podemos ser levantados, pero no solo el día que muramos. Aquí, hoy, la iglesia puede ser levantada de esa pesadez, de esa cosa que oprime nuestra familia, nuestra vida. De esa consecuencia del pecado y de la muerte en la cual estamos envueltos todavía. De la cual la iglesia está envuelta todavía.
Pero yo le puedo decir hoy Cristo resucitó. ¡Hay poder en la palabra! ¡Hay poder en el evangelio! Para que el hombre pueda salir de su estado. Del estado que hay en su corazón, de lo que hay a su alrededor. Las tumbas ahí van a estar, pero sabe que dice la palabra de Dios, que el día que Cristo entregó su cuerpo, dice que hubo un terremoto y las tumbas se abrieron y más de 500 personas salieron de las tumbas. Muchos creyentes salieron de las tumbas. Yo creo que yo le oró al Señor Dios mío, Padre si hay tumbas todavía que se abran Señor, que se abran, que entre tu vida. El Señor ni siquiera oró por esa gente, que él derrotó la muerte y la muerte soltó a aquellas personas que tenía cautivos. Por eso cantamos esa canción, cuando el Señor hiciere volver la cautividad, los cautivos. No son los de allá afuera, somos nosotros. Los cautivos, muchas veces están todavía en las iglesias. Pero ese es el poder de la resurrección de Cristo. Podemos ser libres de esa cautividad.No importa la condición o la situación.
Cristo hizo muchos milagros y también resucitó personas en su ministerio y todas en diferentes situaciones. Habían unos que acababan de morir, como la hija de Jairo. Habían otros que, como el hijo de la viuda que ya iba al funeral, ya llevaban en el ataúd. Y hubo otro que fue Lázaro, ya tenía cuatro días de estar muerto, que ya estaba en la tumba. ¿Qué quiere decir eso? Y dice que ya olía fuerte, ya olía fuerte y quiere decir que el cuerpo ya se estaba descomponiendo, o sea que no solo era la que se levantara. Porque si imagina usted que se levanta y está todo. Y la palabra no dice eso, ¿verdad? No dice que la gente le quitaron el vendaje y estaba lleno de gusanos o estaba con un pedazo de carne así. ¿Qué habrá pasado ahí? Fue regenerado. O sea, ese milagro fue más allá de lo que nosotros podemos entender. ¿Y cómo fue ese milagro? Fue igual al de María. Lázaro escuchó la voz de Jesús y no solo vino a la vida, fue regenerado. Fue regenerado de tal manera que no fue a asustar a la gente. Algunos de nosotros venimos a la casa del Señor poco así, ya con el brazo chan comido, ya que lleno de gusanos.
Pero Cristo hace todas las cosas nuevas. Habrá alguna situación en su casa, en su vida, que ya, ya la gente diga, eso ya no, eso no se levanta, eso ya está muerto. Pero Cristo demostró que a Él no le gustan sólo las cosas fáciles, sino hasta aquello que estaba podrido, aquello que la gente estaba llorando, aquello que la gente estaba sufriendo. Él tuvo compasión y dijo, ven, lo llamó. Por eso es tan necesario que hoy nosotros entendamos la necesidad de escuchar la voz de Dios. No solo es porque alguien le vaya a decir. “Está hecho”, porque ya está hecho hay que escuchar la voz de Dios y usted va a poder ver los milagros del Señor. El Señor dijo el que crea en mí, aunque muera, vivirá. Aunque muera, vivirá. En este mundo donde reina la muerte, el que cree en Cristo, viene a la vida. Y ese es el mensaje del Evangelio. Una vida nueva. Por eso Jesús le dijo a Nicodemo, tienes que nacer de nuevo. Tienes que nacer de nuevo. Hay mucha gente que de verdad necesita nacer de nuevo. Quieren nacer de nuevo. Quieren tener otra vida, pero no para nacer en una familia rica o en otro país, para tener otra vida nueva.
La resurrección, por último, la resurrección asegura nuestra herencia. La resurrección ha asegurado nuestra herencia. 1 Pedro, capítulo 1, versículo 3. 1 Pedro, capítulo 1, verso 3. “¡Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, para que tengamos una esperanza viva.” Es que sin la resurrección no hubiera pasado nada. Estaríamos hablando por hablar y no tuviéramos esperanza. Pero dice Pedro, es que tenemos una esperanza. ¿Y por qué? Porque yo vi a Cristo caminando. Es que yo no le estoy hablando, dice Pedro, de algo que me imaginé, que me contaron, yo lo vi. Yo lo vi clavado en la cruz. Yo vi cuando Él murió. Yo lo vi cuando lo enterraron. Y lo vi también cuando Él resucitó. Él estuvo conmigo, y por eso yo tengo una esperanza. Por eso aquellos hombres cambiaron, pero es que fue como la noche y el día. Ese Pedro, que en la noche huyó, que lo negó, que no estuvo con Él ahí cerca cuando Él estaba muriendo. Ese Pedro luego lo vio, vio el poder de la resurrección y ese hombre cambió totalmente. Cuando el Espíritu Santo vino sobre él, él fue el primero que se paró a predicar el Evangelio, a predicar del poder y de esa esperanza de vida. A decirle a la gente, yo lo vi. Sí, yo lo vi y Él nos prometió.
Él había prometido, que Él iba a morir y resucitar. ¿Y saben qué más nos prometió? Que Él iba a volver por nosotros. Es que no sólo resucitó por Él mismo. Él me prometió que iba a volver por mí. Él dijo que iba a ser morada para mí y yo le creo. Yo le creo. ¡Yo le creo! Esa es la convicción que le da poder al Cristiano. Esa es la convicción que lo mantiene firme a pesar de todo. A pesar de las tormentas, a pesar de las dificultades, a pesar de los golpes de la vida. Lo mantiene firme porque sabe que su Redentor va a regresar por él. Sabe que tiene una esperanza, que aunque las cosas no se arreglen, mi corazón lo anhela, mi corazón lo espera. Y dijo Pedro, “Yo lo vi y él dijo que iba a regresar y yo sé que va a regresar. Y ahora le voy a decir a todos, porque Él me dijo que le dijera a todos. Él viene por nosotros. Entreguele su vida, crea en Él, Él va a regresar. Él dijo que iba a morir y resucitar lo hizo, pues Él también va a venir por nosotros de vuelta y esa es la herencia que nosotros tenemos. Esa es una herencia increíble.”
Y miren, sigamos en el versículo 4, dice, “Para que tengamos una esperanza viva y recibamos una herencia indestructible, incontaminada, inmarchitable. Tal herencia está reservada en el cielo para ustedes.” Tiene una herencia, usted y yo tenemos una herencia, ¿quién me iba a decir? Que lo aquí lo de Nueva Suyapa, tenemos una herencia, pero esto es real, no es algo de lo que nos contentamos. Es una herencia real, es algo que está guardado, reservado. ¿Y qué es una herencia, hermano? Una herencia es algo que uno recibe de otra persona. O sea, que es un patrimonio que no ha sido ganado por uno mismo. Es la ganancia de otro que se lo entrega a uno. ¿Verdad? No es el esfuerzo de uno. Esa es una herencia. Esa es la misericordia de Dios.
Porque quien se subió a la cruz, no fui yo, fue Cristo. Y por eso yo tengo una herencia. ¿Y cómo es esa herencia? Dice ahí que es indestructible. O sea, que no se puede acabar. ¿Verdad? Como hay casos aquí en la vida de personas que se ganan la lotería o reciben herencia, y en un momentito se acaban todos. ¿Por qué? Porque todo en este mundo se acaba, pasa. Todo en este mundo, o se enferman. ¿Cuántos millonarios? Millonarios, se enferman y con todo el dinero del mundo, pueden añadirle un minuto de vida en su cuerpo. Pero dice que esta herencia es indestructible, o sea, que no se acaba. Es incontaminada, o sea, que no puede mancharse ni echarse a perder. Porque tal vez a alguien aquí le dejaron herencia, los zapatos de la abuela, esa fue su herencia y ya. No es como que le va a durar mucho, se pueden echar a perder. Inmarchitable, que no se puede debilitar. Y lo que más me gusta dice, que está reservada para nosotros.
"Todo aquel que se agarra de la palabra de Dios y de sus promesas tendrá vida eterna."
¿Que iba a creer usted? Que iba a tener una reservación tan especial. Algo que está guardado para nosotros. Dice la palabra de Dios, que Él tiene una piedra con un nombre escrito, con el nombre de cada uno de nosotros. Nada de eso habría ocurrido, si Él que dijo que se iba a levantar de la muerte, no se levanta, pero Él cumple lo que promete. Todo aquel que se agarra de la palabra de Dios y de sus promesas tendrá vida eterna. Yo no podía pagar el precio de esta herencia, pero ahora formamos parte de la familia de Dios. Por eso Él lo llama una herencia, porque una herencia solo se da entre familia, ¿verdad? El enemigo creyó que había ganado en la cruz, que la muerte era el fin. Pero la cruz sólo fue el precio, la tumba vacía es la señal de victoria para nosotros. Es la señal de victoria, Él ha derrotado la muerte, la tumba. Él dijo que resucitaría el tercer día y lo hizo, y Él dijo también que regresaría por los suyos y lo hará. Bendito el Señor, Amén. Que buena es su palabra. ¡Aleluya!
