Más de lo que Esperaba
Ronald Ayala

Lucas 19:28-38
“Dicho esto, Jesús siguió adelante, subiendo hacia Jerusalén. Cuando se acercó a Betfagué y a Betania, junto al monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos con este encargo: «Vayan a la aldea que tienen enfrente y, al entrar en ella, encontrarán atado un burrito en el que nadie se ha montado. Desátenlo y tráiganlo acá. 31 Y si alguien pregunta: “¿Por qué lo desatan?”, díganle: “El Señor lo necesita”».
Fueron y lo encontraron tal como él les había dicho. Cuando estaban desatando el burrito, los dueños preguntaron:
—¿Por qué desatan el burrito?
—El Señor lo necesita —contestaron.
Se lo llevaron, pues, a Jesús. Luego pusieron sus mantos encima del burrito y ayudaron a Jesús a montarse. A medida que avanzaba, la gente tendía sus mantos sobre el camino.
Al acercarse él a la bajada del monte de los Olivos, todos los discípulos se entusiasmaron y comenzaron a alabar a Dios por tantos milagros que habían visto. Gritaban:
—¡Bendito el Rey que viene en el nombre del Señor!
—¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!
Mateo 21:9
“Tanto la gente que iba delante de él como la que iba detrás gritaba:
—¡Hosanna al Hijo de David!
—¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!
—¡Hosanna en las alturas!
“y le entregaron el libro del profeta Isaías. Al desenrollarlo, encontró el lugar donde estaba escrito:
«El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas noticias a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a pregonar el año del favor del Señor».
Salmos 42:11
“¿Por qué estás tan abatida, alma mía? ¿Por qué estás angustiada? En Dios pondré mi esperanza y lo seguiré alabando. ¡Él es mi salvación y mi Dios!”
Lucas 19:41-42; 44b
“Cuando se acercaba a Jerusalén, Jesús vio la ciudad y lloró por ella. Dijo:
—¡Cómo quisiera que hoy supieras lo que te puede traer paz! Pero eso ahora está oculto a tus ojos.
No dejarán piedra sobre piedra, porque no reconociste el tiempo en que Dios vino a salvarte.
Dios les bendiga hermanos, que bueno estar en la casa del señor, amén. Bienvenidos a todos los hermanos que hoy nos visitan. Esta es la casa del señor, esta es la casa del señor donde venimos a gozarnos en su presencia, donde venimos a celebrar al señor, dónde venimos a gozarnos en su presencia junto con los demás hermanos que están dispuestos en su corazón. Hoy es un día muy especial, hoy es un día muy hermoso como ustedes pueden ver, verdad casi todo el mundo sabe que hoy es un día especial. En todo el mundo hoy se celebra algo, no por más que la gente crea o no crea en lo que hoy está sucediendo. Todo el mundo sabe porque hoy hay una celebración especial. Y claro que es especial y es muy especial, como estaba hablando la hermana al inicio, claro que es muy especial y es muy importante para nosotros. Y quiero que hablemos un poquito acerca de por qué es tan especial este acontecimiento, verdad, que el Señor Jesús, como nos dice en la palabra, pasó en esta fecha.
Quiero que vayamos al libro, al Evangelio de Lucas. Esta es una historia que la encontramos en los cuatro Evangelios, pero vamos a leer en Lucas 19:28, aquí enfrente van a estar los versículos para que usted los pueda leer también si no anda una Biblia. Dice la palabra del Señor, vamos a leer el pasaje dicho esto, el tema es. La entrada triunfal dice ahí en la escritura “Dicho esto, Jesús siguió adelante, subiendo hacia Jerusalén. Cuando se acercó a Betfague y a Betania, junto al monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos con este encargo: vayan a la aldea que está enfrente y, al entrar en ella, encontrarán atado un burrito en el que nadie se ha montado. Desatenlo y tráiganlo acá. Y si alguien les pregunta, ¿por qué lo desatan? Díganle: “El Señor lo necesita.” Fueron y lo encontraron tal como Él les había dicho. Cuando estaban desatando el burrito, los dueños le preguntaron, ¿Por qué desatan al burrito? El Señor lo necesita, contestaron. Se lo llevaron pues a Jesús. Luego pusieron sus mantos encima del burrito y ayudaron a Jesús a montarse. A medida que avanzaba, la gente tendía sus mantos en el camino. Al acercarse Él a la bajada del monte de los olivos, todos los discípulos entusiasmaron y comenzaron a alabar a Dios por tantos milagros que habían visto. Y gritaban, ¡Bendito el Rey que viene en el nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas! Algunos de los fariseos que estaban entre la gente le reclamaron a Jesús: ¡Maestro, reprende a tus discípulos! Pero él respondió: Les aseguro que si ellos se callan, gritarán las piedras.”
Hay varios detalles diferentes en los evangelios, pero más o menos tenemos una idea de lo que está sucediendo, Jesús viene de otro pueblo y se dirige hacia Jerusalén. En Jerusalén hay una colina, por decirlo así antes de la entrada no, está como en una hondonada y hay una colina entonces Jesús está y sus discípulos que lo acompañan porque mucha gente venía con Jesús. ¿Verdad? No solo es que los que estaban en Jerusalén, sino que los que venían con Jesús del pueblo anterior porque antes de este suceso, Jesús, dice la palabra en Juan 11, había resucitado a Lázaro y muchas de esas personas venían acompañando a Jesús y también había muchas otras personas que se le estaban uniendo en el camino porque era la víspera de la Pascua ese día, entonces había mucha gente llegando a la ciudad y dice que cuando antes de llegar en esa colina Jesús se detiene y manda a pedir el burrito, ¿verdad? Para que Él llegue en ese momento no es que Jesús no podía llegar caminando, no es que Jesús no podía entrar en un caballo o en otra situación era necesario que Jesús entrara en el burrito porque hay una profecía en el libro de Zacarías, donde dice que el Mesías iba a entrar en Jerusalén montado en un burrito. Dice aquí tu rey viene humilde sobre un asno en el libro de Zacarías, entonces era necesario para que la profecía se cumpliera que Jesús entrara en un burrito ahora, es interesante porque nadie de los que estaba ahí se dio cuenta de eso en ese instante, en otro evangelio dice que los discípulos se dieron cuenta de que esta profecía se cumplió hasta que Jesús subió al cielo o sea, ellos no fue por eso que estaban gritando, no era por eso que ellos iban alabando porque vieron a Jesús y dijeron, wow, este es el cumplimiento de la profecía. No, ellos no se dieron cuenta en este momento, pero algo pasó en ese instante, dice ahí que se entusiasmaron algo, se apoderó de ellos.
Jesús necesitaba entrar en ese burrito, verdad, porque en ese tiempo, si alguien entraba en un caballo a la ciudad era otra situación, era otro mensaje distinto, generalmente entraban los comandantes, aquellos que venían de la guerra y el pueblo los recibía. ¿Y sabe cómo los recibía el pueblo? Con palmas también, con ramas de palmas, ¿Verdad? Y recibían al comandante porque venían de una guerra y habían triunfado, no porque venían de una guerra y estaban derrotados, no eran recibidos porque habían triunfado, habían triunfado y era aquel recibimiento de la gente y levantaba sus palmas y todo y ¿sabes lo que me gusta de esto? Es porque Jesús tiene ese recibimiento y la Biblia le llama la entrada triunfal. Le están celebrando su triunfo ya en ese momento, porque él ya sabía a lo que venía, Él ya sabía a lo que venía y Jesús no entró con guerreros, Jesús no entró en un caballo, no entró con guerreros, no entró con armas.
Entró en un burrito y entró con campesinos y pescadores a esa ciudad. Las personas que estaban ahí a su alrededor se despojan de sus mantos y los tiran al suelo, van a cortar ramas de los árboles, ¿verdad? Para darle esa ovación al rey y van gritando hosanna. ¿Verdad? Como si fuese un comandante que viene de ganar una guerra. ¿Pero qué está pasando en ese instante en Israel? La gente estaba pasando un momento difícil, era un momento bien difícil para el pueblo de Israel, ellos estaban bajo una opresión política y militar, estaban bajo el dominio de Roma en ese tiempo y ellos querían un Mesías, ¿verdad? Que los fuera a liberar de esa opresión, ¿verdad? Entonces estaban esperando, tal vez algo difícil, tenían ciertas expectativas acerca de lo que Jesús iba a hacer pero las expectativas eran acerca de lo que ellos querían que Jesús hiciera y sabemos que no pasó de esa manera. Que Jesús no hizo lo que ellos creían pero Jesús lo que hizo en esta semana hermano mío es más de lo que yo esperaba y eso quiero titular el tema hoy de esta prédica fue más de lo que yo esperaba la gente tiene ciertas expectativas acerca de lo que quieren o creen que Jesús puede hacer nosotros tenemos ciertas expectativas acerca de la iglesia, acerca de los pastores, acerca de los cristianos y muchas veces todo eso falla y por eso la fe, ¿verdad? Se cae, ¿verdad? Porque hay gente en ese tiempo, hay pastores que dicen que esta misma gente que estaba alabando al Señor en ese instante el viernes estaban gritando crucifíquenlo. ¿Por qué? Porque sus expectativas habían sido defraudadas, porque Jesús no hizo lo que ellos creían que iba a ser o lo que ellos querían que fueran pero Jesús vino a hacer algo mayor, algo mejor, algo más alto, algo más profundo, algo más importante todavía y eso tenemos que entenderlo hermano, porque muchas veces las cosas a nuestro alrededor van a fallar y creemos que la gente que nuestros padres, que la iglesia, que debe ser de cierta manera.
Pero si nuestra esperanza está puesta en Cristo, Él no defrauda. Pero claro vamos a ver qué es lo que Jesús va a hacer, qué es lo que Jesús está haciendo, Jesús nunca aceptó ningún título mesiánico durante su ministerio. Él nunca, ¿verdad? Cuando la gente le preguntaron, “¿Tú eres el Mesías?,” él siempre se alejó de esa plática, Él nunca aceptó, nunca dijo, sí, yo soy. Nunca hasta ese momento, Él tampoco fue diciendo yo soy el Cristo, yo soy el Mesías, pero en ese momento cuando los fariseos le dijeron cállalos, miran lo que están diciendo, él dijo déjenlos, déjenlos que sigan ese día fue diferente, ese día totalmente fue diferente. Ese día él sabía por qué estaba yendo a la ciudad, no parecía que estaba retrasando la caminata, no parecía, no era que él se iba a quedar otro día en la ciudad, Él no estaba con su corazón temblando y diciendo, no, no quiero ir a la ciudad, lo que me espera parecía más bien que tenía deseos de llegar a esa ciudad porque estaba dispuesto a morir en la cruz por usted y por mí.
"Pero si nuestra esperanza está puesta en Cristo, Él no defrauda."
Él sabía lo que le esperaba y estaba dispuesto a salvarnos, hay algunas cosas que empleó la gente, como leímos en estos versículos, que quiero que discutamos brevemente, dice, la gente empleó, ¿verdad? Estaba diciendo, hosanna como estábamos cantando y como leímos al inicio, ¿verdad? Eso se encuentra también en Mateo 21:9 Yo se los leo aquí. “Tanto la gente que iba delante de él como la que iba detrás, gritaba, ¡Hosanna al hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! Un poquito diferente a lo que nos dice Lucas. La gente iba diciendo Hosanna, Hosanna, ¿verdad? Y como cantábamos ahorita, Hosanna significa ven y sálvanos. Recordemos, algo esta gente no está diciendo Hosanna porque se sabe un corito, ¿verdad? Porque ellos saben qué significa porque ellos están sufriendo algo, ellos están sufriendo una opresión militar y política y entonces de corazón y de verdad ellos están diciendo, ven y sálvanos y lo ven a Jesús y dice, sí, sí, sálvanos Jesús, sálvanos, en un pueblo oprimido, hermanos, ¿cómo necesita hoy el mundo ser salvado por Cristo? ¿Cómo deberíamos estar nosotros? ¿Cómo debería el mundo recibir a Cristo hoy? Con ese mismo entusiasmo, con ese mismo fervor, ven y sálvanos, Señor ven y sálvame. ¿Verdad? Porque estamos en un mundo lleno de esclavitud y de opresión, También, no de este gobierno, ¿verdad? Sino de otras cosas que nosotros ya sabemos. Durante el ministerio de Jesús, Él fue despreciado y rechazado por muchos, muy a menudo la gente lo seguía y le adoraban únicamente para obtener algo de Él y la mayoría de las personas rechazaba cualquier compromiso personal con Jesús, ellos solo estaban buscando algo para ellos y hermano hoy no es diferente, hoy la gente anda buscando algo de Jesús obtener algo de Jesús. ¿Verdad? pero algo material, algo material, algo para usted, algo para mí, la gente verdad y lastimosamente la iglesia de hoy contribuye a eso en que en que le dice si vienes a Jesús vas a tener tu casa, tu carro, verdad tu dinero esto y lo otro y eso es lo que la gente quiere de Jesús creen que eso es lo que van a obtener y yo no le digo que no va a obtener yo no le digo que esas cosas no las va a obtener pero mucha gente va donde Jesús solo por obtener eso sin ningún compromiso personal.
Eso sigue pasando hoy en día, seguimos buscando a Jesús pero lo cierto es que durante el ministerio de Jesús, en todo su ministerio Él le dio a la gente lo que necesitaba. Él sabe muy bien lo que nosotros necesitamos. ¿Y qué necesitamos nosotros? Un ejemplo que vimos hace poco, llegaron aquellos hombres con el paralítico y lo pusieron delante de Jesús. ¿Qué necesitaba ese hombre? Ser sanado. Poder caminar. ¿Y qué le dijo Jesús? Tus pecados te son perdonados. ¿Por qué? ¿Ese hombre necesitaba caminar? Claro que sí. Pero de qué le servía a ese hombre salir caminando por esa puerta e irse a perder al infierno, ir a caminar y salir al mundo y disfrutar la vida e irse a perder, de nada. Entonces Jesús sabe lo que el hombre necesita, necesita el perdón, necesita esa paz en el corazón, necesita reconciliarse con su Padre, necesita ser perdonado y ser salvado en su alma. Eso es lo que el hombre necesita, no necesitamos un carro, una casa, son cosas materiales que un día están y mañana ya no están.
Quiero que me acompañe a Lucas 4:17. Está Jesús en el templo, le entregan un rollo del libro de Isaías, dice el 17, “Y le entregaron el libro del profeta Isaías. Al desenrollarlo, encontró el lugar donde está escrito: ‘El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres.’” ¿A quiénes? A los pobres[Respuesta la audiencia] ¿Y quiénes son los pobres? ¿Quiénes son los pobres? Los que no tienen dinero, a esos iba Jesús. No, ¿verdad? La semana pasada vimos quiénes eran los pobres, los pobres son los que necesitan de Dios. Son los pobres en espíritu, bienaventurados los pobres. ¿Y a quiénes ha venido el Señor a entregar el mensaje de salvación? ¿A quién? A los pobres, o sea, al que lo necesita. Al que sabe, al que ha entendido que lo necesita. Sigamos leyendo, “Me ha enviado a proclamar prosperidad a la gente” ¿Eso dice ahí, “Me ha enviado a multiplicarle al 10 por 1 las ofrendas”? ¿Eso dice ahí? ¿Eso es lo que necesita el hombre? ¿O qué dice? ¿Qué es lo que necesita el hombre? “Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a pregonar el año del favor del Señor.” Él ha venido a proclamar libertad a los cautivos y a los oprimidos. Amén.
Ellos estaban oprimidos en un plano físico, militar, político, pero el evangelio hermano es poderoso. El evangelio es poderoso, el evangelio es poderoso. ¿Para que? Para liberar de opresión espiritual. Para libertar de la esclavitud del pecado porque todos los que venimos aquí somos esclavos del pecado, esa es nuestra condición, de esa manera venimos nosotros delante de Dios. Oprimidos, esclavos del pecado y dice el Señor, “Esto es lo que yo vengo a hacer por ti.” Yo no sé usted a qué ha venido hoy, yo no sé qué andaba buscando cuando vino a la iglesia, no sé qué andaba buscando la familia cuando andábamos visitando, pero yo le digo algo, el Señor es poderoso y Él viene a libertarnos del pecado. De la esclavitud, de esas cosas que clavizan el corazón, de ese espíritu, de esas cosas, de esa soledad, de esa tristeza que se siente en el corazón, que nada que usted tenga en la vida se lo va a quitar. Por muchas cosas que usted tenga, por mucho trabajo, por mucho dinero, nada de eso le va a quitar el vacío que tiene en el corazón. Ni la tristeza que siente, ni la soledad, ni ese impulso de hacer lo malo, de estar pecando, a pesar de que alguien diga, Señor, yo no quiero, yo quiero servirte, yo quiero agradarte, pero no puedo dejar de hacer esto, Señor. ¿Cómo hago? Hay una esclavitud aquí y dice el Señor, “He venido a proclamar en esta hora que somos libres, he venido a decirle al mundo pueden ser libres.”
Jerusalén siguió siendo oprimida por los romanos, pero todo aquel que cree en Jesucristo puede ser libre en su corazón. Y eso dice la palabra que ha venido Cristo a ser en nuestras vidas. “Bendito el que viene en el nombre del señor”, gritaba la gente, “Hosanna en las alturas”, eso es un canto que está, no lo busque, pero eso está en el Salmo 118. Y la gente cantaba eso verdad en el Salmo 118, era un ruego dirigido hacia el cielo, verdad. Un ruego dirigido a Jesús pero que lo escuche el cielo, “Venga y sálvanos, hosanna en las alturas”, “Escúchenos allá arriba, escúchenos por favor. Miren en la condición en la que estamos, que el cielo nos escuche. Hosanna en las alturas. Miren como gritamos, necesitamos ser salvados. Estamos oprimidos, estamos desesperados, sálvanos Dios, sálvanos.” Y aquí vemos a este profeta realmente es el que viene a libertarnos, hosanna, hosanna en las alturas, es un clamor del corazón que se eleva hasta el cielo. No solo vienen a decirlo, vienen realmente a aclamarlo de una manera bien exuberante. Y me encanta porque estaban esperando tanto ese momento, le dieron aplausos, cortaron las ramas, pusieron los mantos en ese tiempo y era un momento de una opresión bastante grande donde la gente vio esperanza y elevó su clamor.
Era una expresión de alegría, por lo que viene, por lo que viene y que venía la salvación, estaban alegres por lo que venía. Hermano quiero que entendamos esta parte es importante, hay mucha historia y todas esas cosas pero, la gente tenía problemas y por eso estaba alegre en ese momento. ¿Entiende esa parte? Porque vieron al Salvador. Porque tenían esperanza. ¿Verdad? Como al revés de nosotros a veces, “Es que estoy así, entonces no puedo alabar”, o “Estoy triste.” ¿Cómo quiere hermano que alabe? Eso es hipocresía. ¿Verdad? Si la gente hubiera dicho, es que es hipocresía, en medio de lo que estoy pasando. ¿Cómo voy a alabar hermano? Esta gente tenía problemas reales y serios y dijeron, “Aquí viene mi salvación, bendito el que viene en el nombre del Señor. Ahí viene mi salvación y por eso me rindo hoy, tiro mis mantos al suelo, tiró todo lo que yo soy me rindo Señor, tú eres el Rey. Hosanna en las alturas, hosanna al Rey que viene, Él me va a salvar. Oh, caminemos con Él, caminemos con Él, caminemos que viene mi salvación. Todavía no,no le veo la espada a este por ningún lado, no veo a los guerreros, pero viene mi salvación en un momento vendrá mi salvación.” Y hermano yo le quiero decir algo su salvación ha llegado ya, que es lo que nos calla a nosotros, que es lo que nos calla a nosotros. Si eso estábamos cantando verdad, “No callaré”, la canción la cantamos pero no callaré. ¿Por qué? ¿De que? ¿Qué es lo que nos calla? ¿Qué es lo que cierra nuestra boca? ¿Por qué callamos? ¿Verdad? Entendamos esto. No se trata de evadir los problemas o de decir, “No voy a, me voy a ser el que no tengo y me voy a ser indiferente a los problemas.” Es que el que ha conocido a Cristo dice, “Ahí está mi salvación. De él viene.”
"Es que el que ha conocido a Cristo dice, “Ahí está mi salvación. De él viene."
Busque el Salmo 42:11, “¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar?” Si usted lee el Salmo anteriormente, o sea lo que está atrás, el escritor está pasando por un momento bastante delicado, bastante feo, por muchos problemas. No es que no está pasando nada, pero dice, “¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!” Él nos está diciendo, hay otras partes de la Biblia donde nos llama a refugiarnos en el Señor. Llorar en la presencia del Señor si es necesario el que esté afligido mande llamar a los ancianos para que oren por él. Pero dice la palabra del Señor, “En tu momento de angustia donde crees que no puedes más, alaba al Señor, alaba al Señor, glorifica al Señor, Él es tu salvación”, pero para aquellos que han creído que Él es su salvación.
Porque mire, le voy a dar un dato interesante, la mayoría de la gente que estaba en Jerusalén, no salió a recibir a Jesús. Ellos no salieron, los que estaban ahí eran en su mayor parte los que venían con Jesús y algunos que estaban por ahí. Pero la mayor parte de las personas estaban en el templo, porque era la época de la Pascua, estaban ahí y no salieron a recibir, los que estaban en el templo no salieron a recibir a Jesús. Este evento se llama la entrada triunfante, la entrada triunfal y si el entro y triunfo al entregar su vida por nosotros. Pero Él entró humilde, entró manso, Él entró como siervo a pesar de que la gente levantaba sus palmas y tiraba sus mantos, parecía la entrada de un rey, rendían los mantos a sus pies. El Señor es rey, pero para los que se rinden ante Él. La gente venía gritando, hosanna, hosanna, sálvame. Pero sabe dentro del grupo que venía alrededor de Jesús, ni siquiera dentro de ese grupo, todos iban gritando, “¡Hosanna al Altísimo!” Había unos que estaban diciendo, “¡Cállese! ¡Ey Jesús, decile que se calle!” O sea, que ni entre ellos, no toda la gente que estaba ahí le estaba tirando sus mantos al Señor. Porque Él es Rey, pero para el que se rinde, Él es el Salvador para el que lo reconoce como su Señor y Salvador. Él es el Rey de Reyes y Señor de Señores del Mundo, de Él es la Tierra y todo le pertenece, pero Él va a reinar en el corazón que lo deja entrar. Él entró en esa ciudad y la gente, la mayoría del pueblo seguía en sus cosas, seguía en lo que ellos estaban haciendo. ¿Y qué era lo que estaban haciendo en ese tiempo? Estaban preparándose para la Pascua, para una reunión importante, y la gente aún así no reconoció al Salvador.
Será posible, será posible hermano, que en este tiempo todavía estemos más preocupados por nuestras cosas, o aún por las cosas que se hacen en la iglesia que del mismo Señor Jesús. Yo ya les he compartido esto muchas veces porque ese es mi testimonio, el haber crecido en la iglesia y el a veces el estar más ocupado porque hay dos líneas ahí. Muchos de nosotros, como decía la hermana al inicio, hay gente que hoy al salir de aquí, va a ir a preparar sus maletas, va a ir a comprar canechos al mercado y ese tipo de cosas. Pero sabe, el problema es que desde la mañana que se levantó, están pensando en eso, no están pensando en lo que el Señor podría hacer hoy. Y muchas de otras personas estábamos atareados, poniendo ramitas por aquí, ramitas por allá ensayando la música, preparando clases y haciendo esto y lo otro y dice el Señor, “Oye, aquí estoy, aquí estoy.” Y la gente preparando los cabritos, los corderos, haciendo el sacrificio y el Señor Jesús allá con un pequeño grupo de personas.
No nos olvidemos de la importancia, no de este día, de lo que significa este día. El Señor vino a triunfar, a morir en la cruz por nosotros, a darnos salvación, pero Él le da esa salvación a aquel que la ve y la reconoce. Y dice, “Sí Señor yo la quiero ven y sálvame ven y sálvame.” Si usted no la necesita no, no se preocupe, pero aquel que dice, “Ven y sálvame”, esa salvación llegará. Muchos de los que venían con Jesús dice, leímos en Lucas que venían alegres porque la euforia convenció porque ellos vieron los milagros de Jesús, los que habían visto a Lázaro resucitar y muchos otros milagros. ¿Acaso no hemos visto milagros nosotros en la casa del Señor? ¿No hemos visto milagros en nuestra casa? Y muchos dirán, “Hombre, yo he visto más cosas feas, verdad, en mi vida”, pero no hemos visto los milagros del Señor. Ellos estaban pasando un tiempo horrible, pero también vieron los milagros del Señor y entonces dijeron, “Oh, esto horrible que está pasando, este puede ayudarme, este viene a salvarme.” Y yo le digo hermano, aquí se han resucitado muertos, yo los he visto. Oh el Señor a mí me dio vida.
"El Señor vino a triunfar, a morir en la cruz por nosotros, a darnos salvación, pero Él le da esa salvación a aquel que la ve y la reconoce."
Así que yo le puedo decir, miren, miren. Así como miraban a Lázaro, miren, hay muertos que el Señor ha levantado de la tumba, miren los milagros del Señor. “Ah, pero es que hermano, es que me pasó esto, es que me pasó lo otro.” Ok, venga, venga y dígale, “Ven y sálvame Señor, ven y sálvame Señor. Yo necesito de ti Señor.” Muchos de esa gente cortaron ramas, tiraron sus mantos. Hoy es un día bien bonito porque la gente lo hace en la calle, ¿verdad? No los cristianos, lastimosamente, sino los demás, las otras religiones, andan con sus ramitos en la calle y le ponen ramitas a los carros, ¿verdad? Al transporte. ¿Por qué? Porque se está recordando de este día, ¿verdad? Que Jesús entró a Jerusalén. Entonces cuando la gente, ¿verdad? Los niños ven eso y le dicen, “Papá, papá.” ¿Por qué ese carro anda una ramita? ¿Por qué esa señora lleva una ramita? Entonces la gente le explica, si sabe. Es que está el día de Ramos, que Jesús entró a Jerusalén en ese día. Como decía la hermana al inicio, ¿qué sería del mundo hoy? Si en lugar de esas ramitas se levantara la iglesia para declarar, “Jesús ha entrado.” Si la gente pudiera ver la iglesia y decir, wow, ahí está Jesús, ahí entró Jesús. Si en cada hogar, en cada uno de nosotros, cuando vamos por la calle, aunque no lleve su ramita, como decía el hermano, nosotros somos esas ramas. Si nos pudiéramos levantar, si levantáramos la cabeza, pero yo entiendo, es un tiempo de opresión, es un tiempo de esclavitud. ¿Quién puede levantar la cabeza siendo esclavo? Pero hermano, el día de salvación ha llegado, donde se puede levantar la cabeza y decir, “Soy libre, Señor. Mírenme allá afuera, el Señor me ha liberado.” Yo clamé un día, mi salvación ha llegado a mi vida, ha llegado a mi familia, porque yo no sé usted hermano, a mí me han contado que en otros lugares, “Viera qué opresión aquí hay en las familias, en las casas, viera, en los hijos, en los matrimonios.”
Ah, es que la gente, lo político, lo militar, los precios, usted no sabe lo que se viene de aquí a fin de año. La gente, ¿verdad? Va a ir a gastar lo que no tiene ahorita y yo voy a ir a la casa de empeño después la próxima semana, ¿verdad? A aprovecharme de eso y la gente no sabe que dentro de un par de días, la cosa como está en el mundo, se va para arriba, para arriba, para arriba. Y la gente está como loca, ¿verdad? Viendo sus acciones, bajar, caer, ¿verdad? Porque los aranceles y que esto y que el otro, pero a la gente solo le interesa eso, la economía que nos afecta a todos. Pero lo que hay aquí en el corazón. Cristo no vino a libertar de esa esclavitud económica. Yo no le voy a decir que si usted aquí canta el Señor lo va a librar de esa deuda que tiene, eso no, eso es basura. Y no es que no pueda pasar, pero de qué me sirve a mi como aquel hombre salir caminando e irme a perder al infierno. Señor ven y salva a mi familia, Señor ven y salva a mis hijos, Señor ven y sálvame aun de mi propia mentalidad, aun de mis propios pensamientos que me atormentan Señor. Aun de estos sentimientos que me dominan. Que un día voy para aquí y otro día voy para allá según lo que sienta según como amanezca hoy. Esta gente dice ay hoy me pare con el pie izquierdo. Deje que el Señor lo lleve, aunque se levante con el pie izquierdo, váyase con él.
La gente tiró sus mantos en símbolo de rendición, era algo que andaban puesto. Era algo que estaba sobre ellos ellos se rindieron delante de él. Lo que tenían encima para honrar al Señor. Cuánto le hace falta hoy a la iglesia, rendirse delante de Dios, cuánto le hace falta al hombre, rendirse delante del Señor, quitarse lo suyo, quitarse su orgullo, quitarse su pensamiento, quitarse todo su prejuicio. “Es que a mí me hicieron, es que yo creo, es que yo estoy.” Ahí está el Rey, el Rey iba pasando y la gente dijo, este es mi momento y se quitó lo suyo. Me rindo delante de ti. ¿Hace cuánto no pasa eso en su casa? ¿Hace cuánto no le pasa a usted? Alguien me decía, “Hermano, es que la gente ahora, yo no sé”, ¿verdad? “Antes cuando era de tierra en la iglesia, la gente se tiraba a llorar y ahora no, porque es que de seguro es muy helada la cerámica y por eso la gente no llora, ¿verdad? En la iglesia, por eso la gente no derrama sus lágrimas en la iglesia, porque la cerámica es muy helada. Pero, ¿sabe lo que le decía yo? Es que, ¿sabe? Es un problema, porque si yo no lo hago en la casa. No hay nadie, no hay nadie, que no tenga cinco minutos de privacidad en su vida, para cerrar sus ojos y dedicarle un momento al Señor. Yo no le estoy hablando que usted tenga la casa para usted solito. Tal vez nunca tiene privacidad pero está en la cocina lavando los platos, está lavando el baño donde sea y se puede arrodillar un minuto y decirle, “Señor, yo me quiero rendir, yo me rindo Señor, yo sé que tú eres mi Salvador, yo sé que tú eres mi Salvador y yo te necesito Señor.”
Jesucristo entró montado en un burrito, en un asno, dicen algunas versiones. El asno es un símbolo de nobleza. Es más, sabemos que hay 12 tribus de Israel, y esto solo es un dato interesante, la tribu de Isacar, como símbolo en su bandera tienen un burrito y esa tribu está al lado de la tribu de Judá. ¿La tribu de Judá? ¿Es un? ¿Cuál es el símbolo? Estoy hablando un poco en chino ahorita, creo, ¿verdad? La tribu de Judá, una de las doce tribus de Israel, tiene en su bandera como símbolo el león. Por eso las canciones, en verdad, dicen el león de la tribu de Judá, Jesús es de la tribu de Judá. Y la tribu que está al lado de ellos, posicionalmente en la palabra, tienen el asno como símbolo. ¿Por qué? Dirán, ¿verdad? Nadie va a un campamento, una competencia, y ponganle nombre a su grupo, los leones y los tigres y los dinosaurios y los no sé qué y los velociraptores y algo un poco así. Nadie dice, “Nosotros somos los burros”, “Nosotros somos los asnos.” Jesús entró en un burrito porque simboliza la humildad, es el símbolo de la nobleza y la mansedumbre. Porque Jesús no vino a cosechar gloria, no vino como comandante a decir, “Vamos a hacer esto. Vino en obediencia a su padre.
Y lo que le esperaba Jesús en esa semana, no era algo que decir, “Uy yo quiero llegar.” Tal vez usted y yo nos hubiéramos doblado en la esquina y nos hubiéramos hecho para otro lado, pero Jesús en obediencia al Padre apresuró su paso en obediencia al Padre. Él sabía que estaba obedeciendo a su padre, él sabía lo que le esperaba en ese momento. Era víspera de la celebración de la Pascua. ¿Y qué es la Pascua? Esto solo es un dato que le voy a dar rápidamente porque hoy en día aquí en los centros comerciales, celebran la Pascua ahora, pero la otra Pascua, ¿verdad? La Pascua es la celebración, ¿verdad? Que está en Éxodo capítulo 12, ¿verdad? Donde vemos la película, ¿verdad? Y donde hemos leído cuando Dios saca al pueblo de Israel de Egipto. Esa es la fiesta que Jesús y todos los judíos van a celebrar en esta semana. Por eso Él está yendo a Jerusalén, por eso está Jerusalén llena de personas. ¿Verdad? Y la Pascua se celebra el 14 de Nisan, el 14 de ese mes, ¿verdad? Que es el día para nosotros, eso es el jueves, ¿verdad? Por eso Jesús en la historia, y leemos en los días jueves, Él está cenando con sus discípulos. Ellos están celebrando la Pascua del Señor, ese momento cuando Dios saca a Israel de Egipto. Pero dice en Éxodo capítulo 12 que antes del sacrificio, el día 10 de ese mes, tienen que preparar el cordero y dice, tiene que ser un cordero perfecto, sin mancha. Y tienen que escoger el cordero y por cuatro días cuidarlo y exhibirlo a la gente para que la gente vea que es perfecto, que no tiene defecto. ¿Sabe cuándo era ese día? Ese día es hoy, el día que el Señor entró a Jerusalén, el día de Nisan, el día que el cordero era presentado.
En el templo la gente estaba llenando de corderos para el sacrificio en el templo. Y Cristo entró ese día y se presentó delante de todos, como el cordero que quita el pecado del mundo y por cuatro días fue interrogado, fue probado hasta el mismo Pilato le preguntó esto, esto y esto y no fue hallado culpable. El Señor entró en ese día como el Cordero, presentándose ante el mundo y ante nosotros, como aquel que iba a quitar el pecado de nosotros. Para entrar en esa ciudad, utilizó un burrito y no es que no pudiera entrar caminando, pero se tenía que cumplir la profecía como ya hablamos. Pero sabe hermano a mí me gusta pensar algo acerca del burrito, a mí me gusta imaginarme al burrito. Dicen en otro evangelio que el burrito iba acompañado de su mamá, era el hijo donde iba montado Jesús. Algunos dicen que probablemente llevaban a los dos para que el burrito fuera más doce, para que viera, porque era más joven, entonces para que pudiera ver a la mamá y fuera más tranquilo.
A mí me gusta imaginarme al burrito caminando y viendo a la gente y viendo hacia los lados, la gente gritando y la gente alabando y diciendo, “¡Wow mamá, mira! ¡Mira cómo nos recibe la gente! ¡Wow, mira! ¡Mira cómo nos aplauden! ¡Qué bien lo estoy haciendo! ¡Mira cómo voy caminando!” Y pienso que tal vez la mamá le dice, “Hijo, no es por ti que están aplaudiendo. No es a ti a quien están alabando, pero es al que tú llevas encima, a él le están alabando. Hijo, esos aplausos no son para ti, pero lo estás haciendo bien. Tú lo llevas en tus hombros.” Me gusta pensar que ese burrito pudiera ser la iglesia de Dios con esas características de nobleza y de humildad. Dijo alguien muy querido para mí que ustedes han escuchado muchas veces, nosotros somos sus manos, nosotros somos sus pies, nosotros somos su boca . No quiere decir que los aplausos y las cosas que pasan aquí son para nosotros. Son para el rey y el salvador, cualquier cosa que hagamos. Por eso se debería caracterizar la iglesia. Porque en sus hombros no está su manto, no está su orgullo, no está su pensamiento, no están sus deseos. Sobre la iglesia está Cristo. Sobre sus hombros está el Salvador del mundo. Sobre nosotros, sobre nuestro corazón. Sobre esa iglesia que se ha despojado de lo que es, para decirle Señor sálvame, Señor sálvame.
Quiero que me acompañe a leer en Lucas 19:41. Jesús todavía está en ese momento de euforia y la gente cantando y la gente gritando y alabando al Señor. Pero dice la palabra que Él se detiene un momento. “Cuando se acercaba a Jerusalén, Jesús vio la ciudad y lloró por ella. Dijo, ‘Cómo quisiera que hoy supieras lo que te puede traer paz! Pero eso ahora está oculto a tus ojos.’” Y en el verso 44 dice. “Te derribarán a ti y a tus hijos dentro de tus murallas. No dejarán ni una piedra sobre otra porque no reconociste el tiempo en que Dios vino a salvarte.” ¿Por qué? Porque no reconociste el tiempo en que Dios vino a salvarte. Es un día de alegría y la gente está eufórica cantando, pero Jesús que ve más allá, llora de tristeza al ver a todas aquellas personas que están dentro del templo. Aquellas personas que están escuchando la palabra. Aquellas personas que están cantando los coritos y dicen, “Como quisiera que no perdiera la oportunidad. Como quisiera que supiera que hoy vine a salvarte. Como quisiera que escuchara, que tu corazón lo recibiera, que abriera las puertas de tu corazón y te diera cuenta que he venido a salvarte. He venido a salvarte iglesia.” No desaproveche la oportunidad del día de la visitación y cuando es esa visitación es hoy, es hoy que está escuchando la palabra.
"Él vino a salvar, Él vino a libertar al cautivo, Él vino a sanar al enfermo..."
Dice el escritor de Hebreo, escuches la palabra, no endurezcas tu corazón. El día de salvación es hoy, es hoy. Él vino a salvarme hoy. “No hermano yo fui salvo ya en 1985. Yo hice la oración hermano.” Él vino a salvar, Él vino a libertar al cautivo, Él vino a sanar al enfermo, a una iglesia que está enferma, que está cautiva de sus pensamientos, de sus deseos de dolor. Vino a sanar a los hijos que han sido dañados. Vino a llevarse lo que el diablo ha estado metiendo sus manos adentro, vino a restaurar lo que nosotros hemos votado. Eso es lo que ha venido a hacer el Señor, y yo creo que el Señor ha venido hoy con su palabra y cada uno de nosotros podemos decirle, “Señor, ven y sálvame, ven y sálvame.” Él viene a ser algo más grande, más valioso y más importante de lo que yo esperaba. Él vino a salvarme, Él vino a salvarlo.
