Hazlo y Vivirás

Ronald Ayala

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Lucas 10:25-37
En esto se presentó un experto en la Ley y, para poner a prueba a Jesús, se puso de pie y le hizo esta pregunta: —Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?

Jesús respondió: —¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo la interpretas tú?

Como respuesta el hombre citó: —“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente”, y “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.

—Bien contestado —dijo Jesús—. Haz eso y vivirás.

Pero él quería justificarse, así que preguntó a Jesús: —¿Y quién es mi prójimo?

Jesús respondió: —Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones. Le quitaron la ropa, lo golpearon y se fueron, dejándolo medio muerto. Resulta que viajaba por el mismo camino un sacerdote quien, al verlo, se desvió y siguió de largo. Así también llegó a aquel lugar un levita y al verlo, se desvió y siguió de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba el hombre y viéndolo, se compadeció de él.  Se acercó, le curó las heridas con vino y aceite, y se las vendó. Luego lo montó sobre su propia cabalgadura, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos monedas de plata y se las dio al dueño del alojamiento. “Cuídemelo —le dijo—, y lo que gaste usted de más, se lo pagaré cuando yo vuelva”. ¿Cuál de estos tres piensas que demostró ser el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?

—El que se compadeció de él —contestó el experto en la Ley.

—Anda entonces y haz tú lo mismo —concluyó Jesús."

Santiago 1:22
“No se contenten solo con oír la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica.

1 Juan 4:20-21
Si alguien afirma: «Yo amo a Dios», pero odia a su hermano, es un mentiroso; pues el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios, a quien no ha visto.  Y él nos ha dado este mandamiento: el que ama a Dios, ame también a su hermano.

Deuteronomio 30:19-20
Hoy pongo al cielo y a la tierra por testigos contra ti, de que te he dado a elegir entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición. Elige, pues, la vida, para que vivan tú y tus descendientes.  Ama al Señor tu Dios, obedécelo y aférrate a él, porque de él depende tu vida, y por él vivirás mucho tiempo en la tierra que juró dar a tus antepasados Abraham, Isaac y Jacob.


Texto del sermón
Hazlo y Vivirás
Sermón predicado por Ronald Ayala - Iglesia de Fe Unida, Honduras


Que Dios les bendiga a todos. El Señor es bueno. Bienvenidos a la casa del Señor. Damos gracias al Señor porque su presencia está en este lugar, porque Él nos visita. Dios les bendiga a todos, es bueno estar en la casa del Señor, ¿amén? ¿Sabe por qué? Porque Él ya viene, el Rey ya viene, nuestro amado está en camino. ¿Cuántos lo saben? El Señor está cerca y su iglesia lo está esperando. Y como hemos estado aprendiendo, lo estamos esperando, preparándonos para encontrarnos con Él, así como una novia se prepara para el día especial, para el día de su boda.

Pero, ¿sabe? Por muchas razones, por muchas razones, nosotros muchas veces creemos que estamos en el camino correcto, que nos estamos preparando bien para ese día. Pero como nos ha estado enseñando la palabra, necesitamos creer en ella, en el poder de la palabra, necesitamos creer en ella y ser diligentes en estar revisando nuestro caminar. Si estamos verdad, por ese camino, por el camino del Señor y no por uno que yo crea que es el correcto. Es muy importante que usted y yo entendamos que como dice la palabra, hay muchos caminos que al hombre le parecen correctos pero su final es la muerte. Entonces nosotros tenemos que venir a la palabra y revisarnos en ella y decir, okay sí, estoy en el camino del Señor.

Quiero que vayamos hoy a Lucas capítulo 10. Lucas capítulo 10. Hoy utilizaremos este pasaje para que podamos revisar en nuestra vida, si estamos en el camino correcto o nos hemos equivocado y podamos decir, wow, este no es el camino. Lucas capítulo 10, verso 25 en adelante. Lucas capítulo 10, verso 25 en adelante. Todos conocemos la parábola del buen samaritano. La voy a leer, en la versión internacional dice,

“En esto se presentó un experto de la ley y, para poner a prueba a Jesús, le hizo esta pregunta: ‘Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?’ Jesús replicó, ‘¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo la interpretas tú?’ Como respuesta el hombre citó, ‘Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente’, y ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo.’ ‘Bien contestado’, le dijo Jesús, ‘Haz eso y vivirás.’ Pero él quería justificarse, así que le preguntó a Jesús, ‘¿Y quién es mi prójimo?’ Jesús respondió, ‘Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de unos ladrones. Le quitaron la ropa, lo golpearon y se fueron, dejándolo medio muerto. Resulta que viajaba por el mismo camino un sacerdote, quien al verlo se desvió y siguió de largo. Así también llegó a aquel lugar un levita y al verlo se desvió y siguió de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó a donde estaba el hombre y viéndolo se compadeció de él. Se acercó, le curó las heridas con vino y aceite y se las vendó. Luego lo montó sobre su propia cabalgadura, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos monedas de plata y se las dio al dueño del alojamiento. Cuídelo, le dijo, y lo que gaste usted de más, se lo pagaré cuando yo vuelva. ¿Cuál de estos tres piensas que demostró ser el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?’ ‘El que se compadeció de él’, contestó el experto de la ley. ‘Anda entonces y haz tú lo mismo’, contestó Jesús.”

Nosotros conocemos, ¿verdad? La historia del buen samaritano, y hay varios personajes que es necesario que nosotros, verdad, analicemos en esta mañana. Dice que hay un maestro de la ley, se levanta un maestro de la ley a hacerle unas preguntas a Jesús. Está Jesús enseñando, verdad, y en ese tiempo era costumbre, verdad, que si un rabino estaba enseñando, todos estaban sentados. Entonces una persona se levanta, no para hacer una aclaración, una pregunta para que todos los demás lo escuchen. Y se levanta esta persona que dice que es maestro de la ley, ¿verdad? Alguien que sabía mucho de la Biblia, alguien que sabía mucho de la ley, que se dedicaba a estudiar la Biblia y que por lo tanto la gente pensaba o asumía que vivía según la Biblia, porque esta persona sabía mucho de la Biblia y su vida estaba enfocada en la palabra del Señor. Y dice la palabra que él quería tenderle una trampa a Jesús al hacerle una pregunta. Y la pregunta es, en el versículo 26, que está escrito, perdón, en el 25, “Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? ¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?” Qué buena pregunta la que le está haciendo este maestro.

Por mucho tiempo, en la historia, se ha preguntado el hombre qué tenemos que hacer para heredar la vida eterna. ¿Sabe? En algún tiempo no, muchos años atrás, la iglesia romana decía que para heredar la vida eterna, teníamos que hacer obras. Que éramos justificados por las obras, eso hace algunos años, bueno y todavía la iglesia sigue pensando eso. Pero muchas iglesias modernas dicen ahora, “Salvo siempre salvo”, también, ¿verdad? Salvo por gracia, usted puede hacer lo que quiera y será salvo. Así que la gente hoy en día se sigue preguntando, ¿cómo puedo ser salvo? ¿Cómo puedo heredar la vida eterna? Y es más, si lo preguntáramos ahora mismo en la iglesia de hoy, muchas personas no sabrían cómo contestar esto. ¿Cómo heredamos la vida eterna? ¿Y sabe?, esta parábola no va o no vamos a concluir hoy, que la vida eterna se gana por hacer el bien al hermano, ¿verdad? Porque al final la gente lee esta historia y dice, ah, es que Jesús estaba hablando de hacerle bien al prójimo y no va de eso. La vida eterna, la salvación no se gana por hacer el bien, por las obras, no es lo que Jesús le está diciendo, pero es interesante esta palabra porque nosotros muchas veces no sabríamos contestar.

Así que miremos qué contestó el hombre que sabe de la Biblia. Dice que el maestro contesta de la siguiente manera, nombrando los dos primeros mandamientos. Eso se encuentra, no lo busque, está en Deuteronomio 6:5 y en Levítico 19:18, y dice él, que está escrito en la ley, y él contesta bien. “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con todas tus fuerzas y a tu prójimo como a ti mismo.” A tu prójimo como a ti mismo. ¿Cómo se hereda la vida eterna le está diciendo el hombre? Cumpliendo los dos primeros mandamientos. Está claro que el nuevo testamento no quiere decirnos que la vida eterna se hereda haciendo buenas obras, no vamos, esa no es la interpretación. Pero lo cierto es, que este pasaje tiene una importancia, porque en cierto sentido, la iglesia de hoy se parece un poco a este hombre, se parece un poco a este hombre y a otros personajes que parecen. Así que si le parece vamos a ver, verdad, en qué se parece la iglesia de hoy a este hombre y qué nos enseña Jesús, verdad. Por qué el camino al hombre le parece correcto, qué camino a usted y a mí nos ha parecido correcto, pero gracias a Dios. Bendito el Señor que dejó su palabra, para que hoy usted y yo podamos rectificar nuestro camino y podamos decir, wow, yo pensé que estaba en lo correcto, yo pensé que estaba haciéndolo bien, yo pensé que me estaba esforzando, pero dije, Jesús, este no es el camino, el camino es este otro, y veremos cuál es.

En el versículo 28, Jesús le dice, “Bien contestado. Bien contestado”, Jesús le dice al maestro, pero también le dijo, “Haz eso y vivirás.” ¡Wow! ¿Qué significa eso que le está diciendo Jesús? Que no lo está haciendo. Lo sabes, pero no lo haces. Sabes los versículos, sabes la teoría, sabes todo, pero no lo practicas. Entonces le dijo Jesús, Jesús no le estaba diciendo que solo eso, no, pero le dijo, ya que lo sabes, hazlo, practícalo, porque no lo haces, no lo haces le está diciendo Jesús. En Santiago capítulo 1, en el versículo 22 dice, “No se contenten solo con escuchar la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica.” En el viejo testamento, en Éxodo capítulo 18, usted puede leer más adelante, que cuando Dios le dio a Moisés los mandamientos, le dijo, “Aquí está la ley, prácticala y vivirán.” Desde aquel tiempo Jesús le está recordando otra vez la palabra, la ley a este hombre, “Hazlo y vivirás.”

Pablo en el Nuevo Testamento, perdón, el apóstol Santiago nos recuerda a nosotros, “No se engañen a ustedes mismos.” No es suficiente con oír la palabra, no se contenten porque eso es engañarse uno mismo. Escuchar la palabra y luego no vivirla, y luego no practicarla, eso es vivir engañado. Eso es lo que estás haciendo, hombre de la ley, sabes muchas cosas, tienes mucho tiempo de estar ahí metido en el templo, haces muchas cosas ahí. Pero cuando sales del templo y vas a tu casa no vives todo lo que has escuchado, no pones en práctica. Pero, ¿sabe? Hay una cuestión aquí y yo creo que es que muchos de nosotros, muchos cristianos, no saben cómo hacerlo. Creemos, ¿verdad?, que la que está aquí escrito en la palabra es para ponerlo en práctica aquí. Que muchas veces creemos que la libertad, cuando cantamos de libertad, son tener libertad aquí o hacer cosas aquí y no allá afuera. Muchas personas, ¿verdad? Como hemos estado viendo en semanas anteriores, la palabra ha estado insistiendo porque Jesús insistió en esto. Practiquen la palabra. Cuando vimos, cuando él dio el ejemplo del hombre que construía en la roca y el que construía en la arena, ¿cuál es la diferencia? El que construye en la roca, es porque no sólo oye sino que practica. El que construye en la arena, es el que oye pero no practica. Entonces son dos personas que trabajan, son dos personas que hacen cosas, que se esfuerzan en su vida, que están ahí, que están en la iglesia, que están haciendo cosas. Pero a una se le desmorona toda y a otra no. ¿Por qué? El que está practicando la palabra. Y muchas veces pasa en nuestra vida, que llega en esos momentos, llega la tormenta y se desmoronan las cosas y la gente se va enojada de la iglesia.

Y hay gente que hasta reniega de Dios y se queja de Dios. ¿Y por qué me pasó esto? ¿Y por qué pasó aquello? Y el Señor lo dijo desde antes. “No se te vaya a caer, práctica la palabra.” Porque va a venir la tormenta, pero el que permanece en la roca, el que cava profundo, el que practica la palabra, porque la palabra de Dios es vida. ¡La palabra de Dios es vida! Pocos entienden eso, ¡La palabra de Dios es vida! ¡Es vida! ¿Sabe qué es vida? Es aquí, es aliento, es algo que me da a mi fuerza para levantarme, es aliento. Es vida a pesar de lo que esté pasando porque la tormenta va a venir pero es vida, porque yo sé que si estoy en la roca no se va a caer. La tormenta va a venir, pero la palabra me dice que no se va a caer. Entonces yo no voy a estar como esa persona, “¿Señor y que paso aquí?” Voy a permanecer en la roca y la tormenta va a seguir, y el agua va a seguir metiéndose, y el viento va a seguir soplando, pero no se va a caer, eso es la palabra del Señor.

“La tormenta va a venir, pero la palabra me dice que no se va a caer."

Habrá alguien aquí que va a decir, “Yo quiero probar de eso”, porque, ¿sabe? Muchos de nosotros hemos probado lo otro, a muchos de nosotros se nos ha caído todo. ¿Por qué? Porque no hemos vivido la palabra. Pero hoy la palabra del Señor nos invita y dice, como en el Salmo, “Pruébenme y verán que soy bueno.” Pruébenlo, pruébenlo. Que cuando venga la tormenta, van a permanecer firmes todavía y el Señor le está diciendo a este hombre, “Hazlo. Sal a la calle y vive lo que sabes, no solo lo hables.” Pero en el verso 29, el hombre, dice ahí, el hombre quería justificarse, intenta justificar la razón por la cual no cumplía a cabalidad el mandamiento. Y pregunta, “Bueno, ¿y quién es mi prójimo?” Porque ellos saben que no lo están cumpliendo a cabalidad. Entonces, para que no diga aquí la gente, o sea, yo tengo una razón por la cual no estoy cumpliendo este mandamiento. Y le voy a decir rápidamente que está pasando, verdad, para los que no saben. Los judíos, entre ellos en ese tiempo, tenían como orden solo ayudar a los judíos. Solo hacerle bien, pero no solo eso sino, a veces a los más cercanos, hasta tenían prohibido ayudarle a una mujer en labor de parto que no fuera judía. Porque decían, no vamos a ayudar a un impío a venir al mundo, verdad, hasta ese punto. Aunque una mujer estuviera en labor de parto no, verdad, porque eso no es correcto. Imagínese llegar hasta ese punto de decir, “No, porque”, entonces él se está justificando frente a la gente. “Bueno maestro”, le dice, “¿Quién es mi prójimo?” Verdad, él está interpretando la ley a su conveniencia. Me parece que a veces como cristianos, queremos interpretar la Biblia a nuestra conveniencia. Y el hombre comete un par de errores.

Rápidamente le quiero decir, el primero y quizás el mayor, fue asumir que estaba cumpliendo el primer mandamiento, el se está justificando en el segundo. Lo que quiere decir es que él está cumpliendo el primer mandamiento. ¿Y cuál es el primer mandamiento? “Amar a Dios.” Dice, “Con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente.” Él está diciéndole a Jesús, “Bueno yo esto lo cumplo.” ¿Realmente lo cumplo? Esto es una pregunta para nosotros. ¿Realmente estamos cumpliendo el primer mandamiento? ¿Recuerda usted cuál es la pregunta? ¿Cómo heredamos el reino de los cielos? Se resume en el primero y en el segundo. Realmente cumplimos nosotros en todas esas áreas, “Con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente.” Amar a Dios de esa manera, pongamos otra palabra ahí para ver porque podríamos estar horas y horas verdad, tratando de ver si realmente cumplimos esto,

Ahora pongamos otra palabra ahí, alabanza, o adoración. ¿Adoramos a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra fuerza, con toda nuestra mente?, ¿Lo hacemos? ¿Lo hace? ¿Lo hago? ¿Cuándo estamos aquí?, ¿Adoramos con toda nuestra mente? ¿O escuchamos la palabra con toda nuestra mente? ¿Alabo al Señor con todo mi cuerpo, con toda mi alma, con todo mi corazón? ¿Lo amamos con todo nuestro ser, con todo nuestro corazón? ¿Qué quiere decir amarlo? A veces hasta en las cosas más sencillas, porque cuando amamos a una persona, verdad, los que son esposos lo saben ¿Verdad? Usted se casa con alguien porque quiere compartir su vida, porque quiere compartir sus decisiones, porque quiere compartir sus alegrías, todo lo que tiene quiere compartirlo por amor, no por otra cosa, por amor. Entonces toman decisiones juntos, entonces hacen cosas juntos. ¿Amamos a Dios entonces? ¿Decidimos las cosas con Dios, cuando decidimos algo?. Cuando queremos hacer algo, ¿Nos acordamos de Él, nos acordamos de Dios.?

Los padres saben que cuando salen a comer, los invitan a un lado, salen con alguien, cuando les sirven el plato de comida, ¿Qué están pensando? ¿Ah? ¿A ver si le traen otro plato? Puede ser. Pero, “Uy, voy a guardar este pedacito para llevarle a aquella cría. Se acuerda, porque aquí está en el corazón. ¿No se le olvida verdad? No es como que voy al súper y voy a comprar las cosas, ve si es que tengo esposa y hijos yo, ve. No debería traer esto yo, debería llevar otras cosas. ¿Verdad que nadie hace eso? A nadie se le olvida. Pero al cristiano se le olvida Dios. Cuando toma una decisión, cuando hace algo, se nos olvida. No que somos cristianos, es que que somos cristianos no se le olvida a nadie, se nos olvida Dios. Tomarlo en cuenta, eso es amor, no es una religiosidad. No es que, es que tengo que, porque me dijeron, es que… ¿A quién se le olvida que tiene un hijo? ¿A quién se le olvida que tiene una esposa? ¿A quién? A nadie, porque está aquí en el corazón. Y cuando anda en la calle sabe que tiene eso, porque lo tiene en el corazón. Entonces, ¿amamos a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con todo nuestro ser? Que error más grande el que está cometiendo este hombre, ¿no?

Al creer que está cumpliendo con eso, otro error fue pensar que él podía cumplir el mandamiento de amar con todo lo que tenía y posar a Dios, y posiblemente no cumplir el segundo, ¿verdad? Probablemente no cumplir el segundo mandamiento. Primera de Juan capítulo 4 versículos 20 y 21. “Si alguien afirma: yo amo a Dios, pero odia a su hermano es un mentiroso; pues el que ama a su hermano, perdón, pues el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios, a quien no ha visto.” 21 “Y él nos ha dado este mandamiento: El que ama a Dios, ame también a su hermano.” El señor dice, muchos de ustedes andan por la vida diciendo que aman a Dios, pero no aman a su hermano. la Biblia nos dice, ese no es el camino, a ustedes les parece que ese es el camino, pero no es así. El que no ama a su hermano, no ama a Dios. Hay que decirlo nuevamente, el que no ama a su hermano, no ama a Dios, no es posible, es imposible. Ese es el camino, eso es lo que está diciéndoles Jesús, el evangelio. Tratamos de interpretar la Biblia a nuestra manera, tratamos de hacer las cosas a nuestra manera, a nuestra conveniencia. ¿Quién es mi prójimo? Este, aquel, lo que sea. El que no ama a su hermano no ama a Dios. Y queremos amar a Dios y cantamos a Dios, y yo te amo Señor y yo quiero amarte, derrama tu amor. Pero dice el Señor, aprendan a amarse los unos a los otros y entonces van a ver el amor de Dios. El amor de Dios se manifiesta en las personas, se manifiesta en nosotros, en cada uno de nosotros.

“El que no ama a su hermano, no ama a Dios."

Jesús le va a mostrar ahora a él, el significado de quién es su prójimo con esta parábola. Todos la sabemos, no la parábola. Hay tres personajes aquí, ¿cierto? Cuatro, ¿verdad? En la parábola del samaritano, el que va caminando y es herido y está tendido. Y luego hay tres personas, un sacerdote, un levita y un samaritano, ¿verdad? Un samaritano es importante, para el que no lo sabe, que el samaritano es enemigo de los judíos, de Israel. Por eso es muy importante, porque ellos sabían, esto fue bien chocante para ese tiempo. Los samaritanos no se hablaban con los judíos, eran enemigos. De hecho, la palabra nos muestra en varias ocasiones verdad, esa enemistad. Los judíos ni siquiera pasaban por Samaria, verdad, rodeaban todo ese lugar.

Ahora, déjenme decirles esto, la historia que Jesús está contando les causó un gran impacto, porque podría ser verdadera. Porque el camino que él dice, de Jerusalén a Jericó, es un camino real que todavía existe y es peligroso y lo era en ese tiempo. O sea lo que él está diciendo, de que alguien iba caminando y lo asaltaron, le podía pasar a cualquiera. O sea que no era algo, como decir, desconocido para ellos okay, eso era algo cotidiano. ¿Por qué? Porque ese es el Evangelio hermano, no hay cosas trascendentales verdad. Hay cosas místicas y cosas que aquí que no entendemos, esta es la vida diaria, de lo que nos pasa en el día a día. Y Jesús les va a mostrar algo muy importante. Este hombre va caminando por un camino, es asaltado y queda tendido medio muerto y pasan dos personas representando a la élite religiosa de ese tiempo, el sacerdote y el levita. Yo creo que hasta representando al hombre que le está haciendo la pregunta, verdad, a Jesús. Y si había alguien que usted y yo pudiéramos decir, “Uy, estos lo van a ayudar”, deberían haber sido el sacerdote y el levita, ¿cierto? En ese momento. Para ellos en esa historia, si ven a un hombre en apuros, ¿quién debía ayudarlo? El sacerdote. ¿Por qué? Hombre, tal vez debería cumpliendo la palabra, detenerse y ayudar a su prójimo. Entonces, vemos que deberían haber sido movidos a compasión, pero no. ¿Por qué? Quiero que nos detengamos en esto.

La parábola del samaritano hermano, significa otras cosas y pudiéramos hacer un estudio con una excesis exhaustiva de la justificación y del perdón y del ayudar al hermano, todo eso que es verdadero. Pero quiero detenerme en algo importante y ojalá que podamos entenderlo en esta mañana. ¿Por qué Jesús hace este ejemplo y estas personas no ayudan al hombre en apuros? Consideremos dos cosas de estos personajes, el sacerdote y el levita, verdad. ¿De por qué no lo ayudaron? Número uno, verdad. Tanto el sacerdote como el levita pasaron de largo, lo vieron y pasaron de largo. ¿Por qué tal vez no lo ayudaron? Pensemos en una excusa por la cual no lo ayudaron, por la cual no se detuvieron en el camino. Porque tal vez era sábado, pero no creo, por miedo, porque definitivamente el camino era peligroso, era algo real. Por miedo, porque tal vez dijeron, “Uy, puede ser una trampa, ¿verdad? Este solo está tirado y cuando yo me detenga me caen encima, ¿verdad? Tengo que llegar al templo, voy para el templo, ¿verdad? Y no puedo llegar tarde. Yo no sé de primeros auxilios, ¿cómo lo voy a ayudar? Verdad. Soy solo una persona. ¿Cómo lo voy a cargar aquí en medio de la nada?” Y ¿sabe? Yo creo que hasta alguno de nosotros pudiera haber dicho, “Bueno, ni siquiera está pidiendo ayuda, ha de estar tomando una siesta ahí en el medio del camino y seguir de largo.” Una excusa.

En el verso 29, como estábamos viendo. Él dice, pero él quería Justificarse, él quería auto justificarse, él tenía una excusa, él tenía una excusa. ¿Por qué no hacía lo que no hacía? Nosotros siempre tenemos una excusa. ¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¿O por qué no hacemos lo que hacemos? Siempre hay una excusa para esto. “Es que yo hice esto, porque pasó esto. Es que yo dije esto, porque me dijeron esto.” Nosotros debemos de ser sabios y la palabra nos enseña que todo lo que sale de la boca, es lo que ya está en el corazón. Las acciones que hacemos, es porque así somos. Nosotros solemos decir, “Se me escapó.” “No”, dice Jesús. “Se te escapó, porque ya estaba en el corazón.” “No hice esto porque me dijeron aquello.” Y yo compartía, verdad con unos hermanos, que acerca de esto mismo, ¿qué? Yo le voy a poner un ejemplo. Usted sabe cómo es el tráfico en esta ciudad, ¿no? Y cuando uno va, ¿verdad? Manejando, a mí me pasaba que me enojaba mucho. ¿Sabe? Pero mucho. Entonces usted pudiera decir, “Bueno es que el tráfico en esta ciudad”, o sea es una buena excusa. O sea, cualquier persona que haga lo que sea, fue provocado a causa de eso. Y yo en ocasiones, creo que hubiese caído en alguna situación fea, ¿verdad? Por enojado, por lo que sea, pero llegó un punto donde yo me dije, “Hombre. ¿Por qué hago esto? ¿Por qué reacciono así? Porque mañana voy a andar ahí, voy a salir en HCH mañana ahí, de la gente que lo graban a uno verdad. Que se estaba dando ahí en el medio del tráfico, ¿por qué?” “Ah porque la ansiedad, por el estrés, porque la gente anda, verdad, por esto”, no. Pero sabe, hay un montón de gente que ante la misma dificultad, no reacciona de esa manera, no lo hace. Entonces, ¿quién lo hace? El que tiene algo aquí y le sale en ese momento. Entonces, no es la situación, no es la situación, la situación solo revela lo que hay en el corazón.

La situación solo revela lo que hay en el corazón. No importa lo que me dijeron, no importa lo que me hicieron, lo que hay en el corazón es lo que sale en ese momento. Hay personas que son insultadas y responden con golpes, responden con violencia, pero esa otra persona responde ante eso mismo quedándose callado, siendo indiferente, dándose la vuelta. O sea, que la reacción que uno tiene, no depende de la situación sino, de lo que uno es, siempre de lo que uno es. Por eso es interesante cuando estamos en la iglesia, ¿verdad? Y hablamos de libertad, hablamos de esto y hablamos de gozo, ¿verdad? Y decimos, “Te alabaré Señor, porque has cambiado mi tristeza en gozo”, y decimos, “Bueno es que la verdad, la vida es tan difícil y la vida ha sido tan así y mire, ¿cómo me voy a gozar? Yo no puedo, no puedo gozarme hermano, es que viera, es que yo soy así.” Y entonces, suena la música y aunque esté alegre, “Pero es que yo soy así. ¿Cómo va a creer usted que me voy a poner a brincar con los problemas que yo tengo? No puedo.” Pero ese mismo día, juega la “H”, en la noche. ¿Somos así, o no somos así? Somos lo que somos.

Quiero que entienda, tal vez no me va a entender o van a ser muchas palabras, pero quiero que me entienda bien esto, y al salir de aquí quiero que entienda esto. No somos solo lo que hacemos aquí, no somos solo lo que hacemos allá, somos todo. Que seamos hipócritas en algún momento, o que seamos falsos, o que nos engañemos como dice Santiago, que nos engañamos a nosotros mismos, es otra cosa. Yo soy lo que soy, y si soy capaz de gritar porque un equipo mío metió un gol y saltar e insultar a los del equipo contrario, ¿qué me pasa cuando estoy aquí y no puedo decir nada, y no puedo hacer nada? Pero eso es en la vida en general, y o sea yo digo del fútbol porque es una cosa, pero un montón de cosas que ustedes le puedan apasionar en la vida, en su trabajo, lo que sea. Hemos estado hablando de eso con algunos de ustedes. ¿Acaso nosotros somos irrespetuosos con nuestros jefes? ¿Le faltamos el respeto a la gente? ¿A nuestros clientes? No lo hacemos, pero en la casa del señor si venimos a hacer eso. Falta de respeto, es falta de respeto.

Es como el mentir, soy mentiroso. Nadie está pensando soy mentiroso y voy a mentir ahorita, se le sale, se le sale porque así soy. Eso es lo que soy, soy rebelde, soy mentiroso, lo que pasa es que yo elijo por conveniencia insultar al hermano de la iglesia. Faltarle respeto al viejito de la calle, pero quedarme callado ante mi jefe. Eso sí, y eso no es ser íntegro. La integridad es ser de una sola pieza. Es ser quienes somos en todos los lugares. Y el Señor le está diciendo, “Amigo, amigo, maestro de la ley, no lo eres, no lo eres. No estás practicando la compasión, no estás practicando el respeto en todos los lugares. No estás practicando el amor en todos los lugares, estás escogiendo el lugar.” Va a creer usted que vamos a decir, que vamos a poner de excusa, “Es que otros lo hacen, es que ese también lo hace.” ¿Y qué? ¿Y qué? “Todos caen, hermano. Es que es bien difícil, la carne es débil.” Sí, pero hubo un hombre en la Biblia, que una mujer se le tiró encima y lo desnudó y él salió corriendo. Así que no todos, porque todos lo hacen. Cuando fueron llevados cautivos a Babilonia, todos los jóvenes que estaban ahí, se vendieron al gobierno por un puesto de trabajo. Pero Daniel y sus amigos dijeron, no vamos a participar de esto. Nosotros nos vamos a mantener por nuestro Dios. Nosotros nos vamos a apartar por nuestro Dios. Que todos los demás lo están haciendo. ¿Y qué? Yo lo hago por Dios. Yo me voy a guardar para el Señor. Y el Señor los recompensó a ellos, no a los otros. Y todos los demás no regresaron a Israel. ¿Qué es eso? ¿Qué es de estar poniendo excusas? Es que lo hice, no. Tenemos que llegar a la conclusión de que lo hice, “Señor, muéstrame por qué lo hice. Muéstrame por qué lo hice, Señor. Muéstrame quién soy.” Yo lo estoy haciendo, Señor, porque soy así. Pero dice Santiago, nos engañamos nosotros mismos, pero el Señor nos puede hablar la verdad.

¿Por qué pasa esto? Hay una gran venda que se llama religiosidad, religiosidad. Y que le dice a la gente que va a llegar a la vida eterna. Nos dice que estamos bien, que vamos en el camino. ¿Por qué? Por la segunda razón. ¿Cuál es otra razón por la que estos hombres tal vez no se detuvieron? Porque consideraban más importante la liturgia que cumplir la ley o las personas. ¿A qué me refiero con esto? La liturgia me refiero a las cosas, ¿no? A la que se hace en el templo. a lo que se hace en él, a todas las cosas, ¿no? Ellos eran sacerdotes, uno era sacerdote y el otro era levita. La liturgia, hermano, es todo esto que usted ve. Todo, desde que usted entra ahí, ¿verdad? Se ora, se canta, hay una prédica, hay esto, ¿verdad? Entonces, muchas veces en nuestra mente el cristianismo está definido por eso, ¿verdad? Porque hoy tenemos que ir a la iglesia y en la iglesia se canta y se escucha la palabra y nos vamos. Y eso es lo que se hace. Y esa es la liturgia. Y se hace en cierto tipo de, ¿cómo se llama? En cierto orden, ¿verdad? Si mañana arrancáramos con la palabra y después cantamos, hay algunos verdad. ¿Qué pasó? ¿Verdad? Porque a veces nos estamos arraigados a ese tipo de cosas, a eso.

Entonces yo creo que tal vez él sacerdote lo vio y dijo, “No, voy tarde para la iglesia. Hombre, yo soy el que tengo que abrir la iglesia, yo soy el que tengo que estar en el templo, yo tengo que hacer el sacrificio.” ¿Verdad? “Yo no me puedo detener aquí a ayudarle a esta persona, tengo que ir a la iglesia.” Tal vez iba él Levita pasando y dijo, “No hombre, tal vez sería bueno ayudarle, ¿pero sabes? Es más importante porque yo voy ir a cantar al templo. ¿Verdad? Porque ellos ayudaban en esas cosas, yo tengo que ir a cantar. ¿Verdad? Tengo que ir a dar una clase a los niños entonces, eso es más importante que quedarme aquí. ¿Cómo voy a quedarme aquí perdiendo el tiempo, ayudando a estos? Perdiendo el tiempo. Porque es más importante las cosas. Pero Jesús le está diciendo, “El corazón, el corazón de ustedes.” Jesús está exponiendo la realidad de la religiosidad en ese tiempo porque sabían mucho pero no practicaban lo que sabían.

Es así como hemos estado leyendo en el sermón del monte. Jesús le dice a los discípulos, “Ustedes tienen algo en contra de alguien, dejen su ofrenda ahí en el altar, vayan y arreglen sus cosas y luego regresen y alaben al Señor.” Arreglemos nuestras cosas. Para muchos de nosotros, el culto, la alabanza, es más importante que otras cosas como orar. Y me dirá usted, “Hermano pero en el culto oramos”, y yo le pregunto, ¿usted ora en su casa? “Hermano, venimos a escuchar la palabra.” ¿Y usted agarra la palabra del Señor en su casa? Se lo voy a poner de este lado, de mi experiencia, de mi ejemplo, que he dado clases, que he tocado. Muchas veces creemos los que tenemos que hacer algo, que podemos sustituir ese tiempo con el Señor, ¿verdad? Cuando leemos una porción para dar una clase, cuando estamos acá arriba cantando, pero en la casa no lo hacemos. Cuando venimos a los cultos de oración a la iglesia, pero en la casa no lo hacemos. No oramos, no le pedimos dirección a Dios. ¿Qué es más importante? Dígame usted. ¿Qué es más importante? ¿Estar hoy en el culto? ¿O pedirle dirección a Dios por algo importante de su vida? Ah, ¿qué será más importante? ¿Qué lo va a hacer fracasar en su vida? ¿Que no venga al culto? ¿O que Dios no lo ayude? ¿Que no reciba la dirección del Señor?

Nos engañamos dice Santiago. Por eso el fracaso, porque no practican lo que saben. Eso no es una relación, eso no es una relación. Dios conoce nuestros pensamientos y las intenciones de nuestro corazón. Pero nosotros tenemos que preguntarnos, ¿por qué hacemos las cosas? ¿Por qué hago esto? ¿Por qué he venido aquí? Lo hacemos porque nos estamos preparando para la venida del Señor. Porque Él nos dejó una misión a nosotros como su iglesia, porque hemos sido comprados. Pero hermano, muchas veces amamos más lo que vemos, las cosas que vemos. Y por eso nos aferramos a estas cosas de la tierra. Y aún hasta las cosas de la iglesia, la lectura, nos aferramos a eso. Pero dice la palabra del Señor, que benditos aquellos que no lo vieron, pero creyeron en Él. Nos aferramos a estas cosas. “Si yo soy cristiano hermano, mírenme cómo cargo mi Biblia, mírenme cómo voy al culto. Pero cuando tengo que mañana tomar una decisión para mis hijos, la tomo yo.” ¿Quién? “La tomo yo. Ahí no está el Señor, ahí no hay Dios, ahí no hay nada. Cuando alguien me regañe en la calle, yo lo regaño cuatro veces más y le insulto más, porque conmigo nadie se va a meter. Ah, porque yo estoy empoderado, ¿verdad? De la palabra. Y yo soy un príncipe de Dios, y conmigo nadie se va a meter.” Nos aferramos a las cosas de aquí. Y el Señor le está diciendo, “Yo conozco tu corazón y tus pensamientos, y no solo eso, las intenciones por las cuales haces las cosas.

Yo creo que ha llegado el tiempo donde nosotros tenemos que preguntarnos, porque Dios lo sabe, quien no lo sabe somos nosotros. ¿Por qué hago esto Señor? ¿Se está preparando para la venida del Señor? Dígame si usted ha venido aquí, porque sabe que se está preparando para la venida del Señor. Durante la pandemia, una situación reveló lo que había en el corazón de muchas personas, la situación fue la misma para todos. ¿Y qué reveló en el corazón? Que si no está abierto el templo, no soy cristiano. Que si no hay una silla donde sentarse en el templo, no hay razón por la cual vivir el cristianismo. Porque el cristianismo, es entrar a la iglesia, cantar, escuchar la palabra e irse y vivir la vida como yo creo que tengo que vivirla. Pero le voy a decir algo hermano. La Palabra de Dios es poder. Y en la palabra de Dios hay transformación. El hombre que escucha la palabra de Dios es transformado. Pero no solo el que la escucha, sino el que la pone en práctica. Y a eso hemos venido, a ser transformados a la imagen de Dios. Así que, este es el objetivo de venir aquí. Hay poder en la palabra. Hay poder en la presencia del Señor. Entienda esto. El Evangelio es poder para transformar la vida del hombre, no para seguir en lo mismo. Yo le digo hoy a esos pensamientos, no para seguir en lo mismo, eso se tiene que votar. El reino de Dios ha llegado. Y dijo Jesús, arrepiéntanse, busquen el reino de Dios. Vengan, arrepiéntanse, hagan algo con su vida. Hombres, están muriendo. Pero yo he venido a darles vida y darles en abundancia. ¿Saben lo que me costó entender eso? Lo que me ha costado entender eso. “Claro, yo tengo vida.” No, no, no tiene vida, no tiene, aquel hombre que llega donde Cristo y sabe que no tiene vida, que lo necesita.

“El hombre que escucha la palabra de Dios es transformado. Pero no solo el que la escucha, sino el que la pone en práctica."

Entonces Cristo empieza a llenarlo y empieza a darle vida de verdad. Porque aquí, algunos de nosotros ¿verdad? Hermano, ¿cómo está? “Ay, sí yo le contara.” Pero en medio de toda situación y todo problema, que lo va a seguir teniendo, tengo vida. Tengo vida, tengo esperanza, y cada mañana ¿verdad? Digo, Señor, gracias. Tengo otra oportunidad para hacer lo que me has mandado a hacer y es que no he venido a este mundo a nada, a no saber que hacer. Me has dado una esperanza Señor. He venido a prepararme Padre Santo y si miro a alguien necesitado, lo ayudamos, porque ese es el Evangelio del Señor. A estos sacerdotes no les importaba llegar al templo, solo les importaba eso. Pero donde estaba el amor, la compasión, el servicio. Nos llenamos la boca hablando de que el evangelio, el cristianismo es amor, compasión. ¿Pero dónde está la práctica de todo eso? Y todo esto es en respuesta a la pregunta, “¿Cómo puedo heredar la vida eterna?” No es que solo sea esto. Pero si, de nuevo es una advertencia que el Señor hace. No solo es de oír la palabra, es de practicarla. Jesús le dice al hombre, “Sabes lo que tienes que hacer, ahora hazlo. Porque lo que estás haciendo, no es amor ni a Dios, ni a tu prójimo.”

¿Vamos a seguir poniendo excusas nosotros? “Es que hice esto porque me dijeron, es que sigo haciendo esto por esto.” Vemos que es tan importante seguir estudiando la palabra y poner en obra lo que estamos escuchando. El enemigo quiere destruir todo lo que tocamos, todo lo que somos, todo, todo. Pero hay que pedirle al Señor, que siga abriendo nuestros ojos. Él quiere mantenernos cegados y que sigamos pensando que la religión, o que ciertas cosas buenas que hacemos, es lo que nos va a llevar al cielo. Pero después de todo esto, este hombre que hizo estas preguntas tenía la verdad, ¿cierto? ¿Pero qué hizo? ¿Qué decidió hacer con la verdad? Y esa es la pregunta hacia nosotros. ¿Qué vamos a hacer? ¿Qué vamos a decidir hacer con la verdad? ¿Usted cree que podemos llegar con una excusa delante del Señor? ¿Usted cree que podemos seguir excusando nuestras acciones y nuestras actitudes delante del Señor? ¿Qué podemos hacer? Deuteronomio capítulo 30, quiero terminar con este verso. Deuteronomio capítulo 30, verso 19. “Hoy pongo al cielo y a la tierra por testigos contra ti, de que te he dado a elegir entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición.” El Señor nos da a elegir, pero mire que, como es de bueno el Señor. “Elige pues la vida.” El Señor le está diciendo a su pueblo elijan la vida, o sea te doy a elegir la vida y la muerte, o sea te doy a elegir entre esto y lo otro pero, elige la vida. “Elige pues la vida para que vivan tú y tus descendientes.” Verso 20, “Ama al Señor tu Dios, obedécelo y sé fiel a él, porque de él depende tu vida.” De él depende tu vida. Yo no sé si usted sabía eso, de él depende tu vida.

Después de tanto tiempo en el Evangelio, de tanto tiempo en la iglesia, la palabra de Dios es fiel hacia nuestras vidas. Dios es fiel y nos dice, “Amigo, ese no es el camino que te va a llevar a la vida eterna. Ese no es el camino.” Como le dijo al hombre, ese sacerdote iba para allá verdad, iba al templo y, ¿cumplió la ley? No lo hizo. ¿Por qué? Porque no estaba en el corazón. Es fácil, esto es lo que hemos estado hablando ya por algunos días, es más fácil predicar, cantar, hacer todo esto, que rendirse delante de Dios. Que entregarle el corazón. Cualquiera de ustedes pudiera pararse aquí hoy y hacer una predica. ¿Pero quién de nosotros, cuando salgamos de aquí vamos a ir? “Señor, te llevo aquí en mi corazón y te llevo en mi mente. Y en cada decisión que voy a tomar, quiero que seas parte de ella. Porque quiero cumplir tu palabra.” Eso es cumplir la palabra del Señor. El Señor es bueno, porque aunque a veces creamos que estamos por el camino correcto, bendito Dios que nos hace reflexionar acerca de eso.