Los Obreros Son Pocos
Maria Hernández

Mateo 9:35-38 (NVI)
Jesús recorría todos los pueblos y aldeas enseñando en las sinagogas, anunciando las buenas noticias del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Al ver a las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban agobiadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. «La cosecha es abundante, pero son pocos los obreros —dijo a sus discípulos—. Por tanto, pidan al Señor de la cosecha que envíe obreros a su campo».
Mateo 20:8 (NVI)
Al atardecer, el dueño del viñedo ordenó a su capataz: “Llama a los obreros y págales su salario, comenzando por los últimos contratados hasta llegar a los primeros”.
1 Reyes 19:19-21 (NVI)
Elías salió de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando. Había doce yuntas de bueyes en fila y él mismo conducía la última. Elías pasó junto a Eliseo y arrojó su manto sobre él. Entonces Eliseo dejó sus bueyes y corrió tras Elías.
—Permítame despedirme de mi padre y de mi madre con un beso —dijo él—, y luego lo seguiré.
—Anda, ve —respondió Elías—. Yo no te lo voy a impedir.
Eliseo lo dejó y regresó. Tomó su yunta de bueyes y los sacrificó. Quemó la madera de la yunta, asó la carne, se la dio al pueblo y ellos comieron. Luego partió para seguir a Elías y se puso a su servicio.
Dios les bendiga, hermanos. ¿Cuántos le podemos dar gracias al Señor porque él ha puesto su mirada en nosotros? Nosotros que no merecemos nada. ¿Y sabe? Le daba gracias al Señor en este tiempo que estábamos adorando, y le daba gracias por eso. Porque es que un día Él puso su mirada en mí, es que un día él vino a buscarme, es que un día él sabía mi necesidad y él me encontró. Y por eso le doy gracias, porque él me alcanzó, ¿amén? Porque Él tuvo misericordia de mi vida, de mi familia, y por eso hoy estoy aquí.
Y quiero que vayamos a la palabra en Mateo, Mateo 9:35. Y el tema de esta palabra dice, "Son pocos los obreros”. Y dice el 35, “Recorría todos los pueblos, aldeas.” “Jesús recorría todos los pueblos y aldeas, enseñando en las sinagogas, anunciando las buenas nuevas del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Al ver a las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban”, ¿cómo estaba la multitud? “...agobiada y desamparada.” Me encantó este pasaje, porque miraba cómo Jesús ve la multitud. Jesús no ve a la gente, ¿verdad? Como algo molesto, porque era mucha gente la que lo seguía. Era mucha gente la que andaba detrás de él, pero dice que Jesús, “Al ver la multitud, tuvo compasión de ellas, porque estaban agobiadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. ‘La cosecha es abundante, pero son pocos los obreros, dijo a sus discípulos. Por tanto, pidan al Señor de la cosecha que envíe obreros a su campo”.
Podemos ver aquí, Jesús ve la necesidad de la multitud. ¿Y qué dice que andaba haciendo Jesús? Vamos a ir desde el 35. “Jesús recorrió todos los pueblos y aldeas.” ¿Qué hacía Jesús? Enseñaba. ¿Cuál era el trabajo que hacía Jesús? Enseñar, ¿verdad? Y Jesús, al ver la necesidad, no se quedaba sin hacer nada, sino que algo lo movía. ¿Y qué era lo que lo movía? La compasión. ¿Amén? La compasión lo llevaba a aquellos lugares. Él no esperaba que los enfermos llegaran a él, él iba donde muchos enfermos estaban, él iba a los pueblos. Imagínese Jesús en este tiempo. En aquel tiempo no había mototaxi para ir a la 17, no habían aviones. Entonces, Jesus, las cosas que pasaban o las limitaciones que habían, no le impedían que él pudiera llegar donde había necesidad. Pero hoy, me llamaba la atención porque, ¿Cuáles eran las necesidades en ese lugar? Si me ayudan un poquito ustedes. ¿Cuáles eran las necesidades? Dice que Jesús andaba en las sinagogas anunciando las buenas nuevas del reino. Y dice, ¿que hacía? Sanaba toda enfermedad, no había enfermedad que Jesús no pudiera sanar, y no hay una enfermedad que Jesús no pueda sanar. Dice, “...y toda dolencia.” Al ver la multitud, Jesús sintió compasión.
Entonces vimos antes, ¿cuáles eran las necesidades? Las enfermedades. ¿Qué más? Las dolencias. ¿Qué más? Estaban agobiados, dice, ¿verdad? Que la gente que lo seguía estaba agobiada. Agobiados tal vez por las enfermedades que tenían, ¿verdad? Con las que estaban luchando. Tal vez muchos iban por otro tipo de necesidades, pero se acercaban a Jesús. Y ante esas necesidades, Jesús no es indiferente. No importa cuál sea nuestra necesidad, cuando nos acercamos a Jesús, Jesús ve nuestra condición y ve nuestra necesidad, ¿amén? Entonces vemos que Jesús al ver, y yo quiero que todos repitamos, ¿Qué hizo Jesús?, “Al ver, al ver la necesidad.” Pero hay otra necesidad en este pasaje. ¿Cuál era la necesidad que había en ese lugar? Más que las enfermedades, más que la sanidad, había falta de obreros que quisieran trabajar en la obra de Dios. Dice que Jesús, al ver la multitud, sintió compasión. Pero dice que en el 37 les dijo, “La cosecha es abundante, pero son pocos los obreros, les dijo a sus discípulos.” Entonces, ¿cuál era la necesidad más grande en ese lugar? Habían muchos enfermos, o sea que había mucha necesidad. Y Jesús andaba de un pueblo a otro pueblo y llegaba a otro, iba, pero no habían muchos, aunque eran multitudes las que andaban detrás de Jesús, eran pocos los que querían trabajar en la obra de Dios.
Pero viene el Señor y les dice cuál es el problema. Es la falta de obreros, la falta de personas que se comprometan en el reino de Dios, que quieran despojarse así como los discípulos lo hicieron. Cuando el pastor nos predicaba la vez pasada, que ellos dejaron sus redes, dejaron lo que ellos estaban haciendo para poder seguir a Jesús. Pero en este pasaje no eran muchos los que andaban detrás de él .Pero Jesús le dice a sus discípulos, “¡Oren! ¡Oren!” ¿Para qué? Oren al dueño de la viña, oren al dueño de la cosecha para que él envíe obreros a su viña”. ¿Cuántos tenemos necesidad de un trabajo? Hay muchos que ya tenemos trabajo, ¿verdad? Pero hay otros que no tienen. ¿Y cuántos algún día hemos tenido necesidad de trabajo? ¿Y cuántos le hemos orado al Señor por un trabajo?
Y cuando yo leía esto, el Señor me recordaba que una de las cosas por las cuales yo salí de mi casa, fue por las necesidades que nosotros pasábamos. Y eso me llevó a salir de mi casa, ir a buscar un trabajo. Y empecé a trabajar desde los nueve años. Empecé a cuidar dos niños. ¿Se imagina una niña de nueve años cuidando dos niños? ¿Qué cree que hacía con esos niños? Jugar. La señora nos dejaba la comida, todo hecho, yo solo me encargaba de jugar con los niños. Ese era mi trabajo. Pero eso me empezó a generar un ingreso en mi vida. Alguien que había venido desde un pueblo donde pasábamos hambre, donde pasábamos necesidad. Donde muchas veces no teníamos qué comer, porque había veces que nos acostábamos sin comer, porque no teníamos qué comer. Y la necesidad me llevó a buscar un trabajo. Yo, sin entender, porqué era solo una niña, pero mi mamá decidió que era tiempo de que fuera a trabajar. Y fui a trabajar. ¿Y sabe cuánto era mi sueldo? 60 lempiras. Así empecé ganando, 60 lempiras al mes. Era una niña, yo en ese tiempo no entendía, solo quería comer churros y todo lo que podía comprar con esos 60 lempiras. Pero la señora me administraba el dinero, no me lo daba todo, sino que ella me decía, “Le voy a comprar una ropita esta semana, este mes, y el otro mes le voy a comprar unos zapatitos”. Entonces, para mí el trabajo era un ingreso, era algo que me empezó a generar beneficios para suplir mis necesidades. Y cuantos creemos que un trabajo suple nuestras necesidades, y no solo las nuestras, sino las de nuestra familia también, es necesario.
Pero al pasar de los tiempos, el Señor me llama. Y ahora, ya no solo ganaba 60 lempiras. Sino que ahora entregaba tortillas en un lugar, donde ganaba un poquito de más. Pero ese trabajo no me daba chance para congregarme. No podía congregarme todos los días como lo hacían aquí en la iglesia. Empecé un miércoles y empecé a escuchar la palabra, y empecé a escuchar los planes de Dios, y empecé a oír que había algo más para mi vida, más que trabajar, más que desgastarme día y noche trabajando para darle de comer a mi hijo y a mi hermano. Y entonces el Señor empezó, ¿verdad? Primero empecé un miércoles viniendo a la iglesia. Los domingos no podía venir porque yo tenía que entregar tortillas, y muchos que me conocen saben esa historia. Teníamos que entregarlas. Nos levantábamos a la una de la mañana, dos de la mañana, y molía hasta las diez de la mañana. Después no era que ya terminaba, ahora tenía que ir a entregar las tortillas. Era un trabajo esclavizado, pero tenía que hacerlo porque había una necesidad. Y ese trabajo generaba algo para mi vida, y no solo para mí, sino para mi familia. Ni siquiera yo pensaba en que había trabajo en la casa de Dios, que había necesidad. Yo venía, porque yo tenía necesidad. ¿Y cuántos hemos venido así? Pero él Señor quiere cambiarnos ahora un poco la mentalidad, de que muchas veces no solo nosotros tenemos necesidad, sino que hay otros que tienen necesidad. Y no es de comida física, es necesidad de una palabra de vida eterna. ¿Amén?
Entonces, Dios llama a sus discípulos y les dice, “Oren, oren, porque la cosecha es abundante.” O sea que la cosecha no era el problema, la necesidad no era el problema, habían muchas necesidades. Lo que hacía falta, era gente que se comprometiera en el reino de Dios. Y vemos hoy en día que es el mismo problema. Muchos venimos a la casa de Dios y qué bien, porque venimos por una necesidad. Y qué lindo cuando él Señor suple esa necesidad, y nos sacia y nos llena. Pero qué bonito es poder ser un instrumento de Dios para bendecir a otra persona. Entonces, me encanta porque él les dice: “Oren, oren al Señor”. Aquí dice “pidan”, pero en otra versión dice. “Oren al Señor, oren al dueño de la viña para que él levante obreros que trabajen en su viña.” Hay necesidad hermanos, hay mucha necesidad. Y hay muchas personas que así como usted y yo están perdidos en el mundo, están perdidos sin esperanza, atados a muchas cosas que nos separan del Señor.
"...La necesidad no era el problema, habían muchas necesidades. Lo que hacía falta, era gente que se comprometiera en el reino de Dios."
Yo estaba atada a mi trabajo, y yo decía. “Yo no puedo dejar de moler porque nadie me va a dar de comer”. ¿Cuántos lo hemos dicho? “Yo no puedo dejar de trabajar para servir al Señor porque tengo hijos que mantener”. Y yo no le estoy diciendo que deje su trabajo. Porque él Señor no siempre llama a personas que están desocupadas, él llama a personas que están trabajando, para que trabajemos en el reino de Dios. ¿Amén? Pero en ese tiempo yo tenía que moler, y empecé a venir. Y me acuerdo que pasaba por aquí y los hermanos estaban cantando y alabando al Señor, y yo tenía que bajar con mi canasto de tortillas a dejarlos. Y cuando regresaba, ellos seguían alabando al Señor, y yo solo miraba y decía. “Algún día voy a estar ahí. Algún día voy a estar ahí”. Pero no podía dejar de moler. ¿Y sabe? Me tuve que enfermar, hasta el punto que tuve que dejar de moler. Y entonces empecé a orar diferente y le empecé a decir. “Señor, dame un trabajo para que yo te pueda servir, dame un trabajo que sea de medio tiempo para yo poder servirte y poder empezar a congregarme”.
Y en ese tiempo estaba enferma y andaba buscando trabajo. Y me acuerdo que venía en un bus y me encontré con una muchacha. Y me dijo, “¿Está trabajando?” No, fíjese que no estoy trabajando. “Fíjese que hay una señora que necesita a alguien para que le ayude en la casa.” ¡Ay, qué bueno! Le digo yo ¿Y cómo es? “Pues mire, paga esto y es medio tiempo. Era lo que yo le estaba pidiendo al Señor. Y entonces eso me despertó un poquito, y yo dije, pero fíjese que estoy enferma. Porque es cierto, estaba enferma. Dígale a la señora, dígale que si me espera una semana, que me recupere, yo voy a llegar. Y así fue, me recuperé y fui esa semana. Y cuando llegué ella me dijo, lo que yo puedo pagar son 1500 lempiras. Y yo le dije, está bien, me interesa. Porque es medio tiempo y voy a poder empezar a recibir el discipulado, voy a empezar a poder ir más días a la iglesia. Y entonces eso me gustó. Y así empecé a conocer un poquito más de la palabra del Señor.
No ganaba el montón, pero tenía el tiempo para poder escuchar la palabra de Dios. Pasó mucho tiempo y me acuerdo que él Señor empezó a llevarnos por diferentes cosas a mí y a mi familia. Me acuerdo que dejamos de trabajar también, y la iglesia hasta nos ayudó y nos colaboró ayudándonos a poner una caseta aquí abajo. Y me acuerdo que nosotros vendíamos golosinas con unas hermanas de la iglesia. ¿Y cuánto cree que ganábamos? Solo lo que nos comíamos, porque ganancia no teníamos. Pero podíamos venir a los discipulados. Y ahí orábamos en ese lugar y le pedíamos al Señor que nos ayudará. Y me acuerdo que llorábamos juntas en ese lugar. Porque una tenía tres, la otra tenía más, y nos poníamos ¿Y ahora qué vamos a hacer? Y llegó el punto que teníamos que cerrar la caseta porque no se vendía. Y entonces, empecé a conocer al Señor. Y el Señor tuvo que sacarme de esa mentalidad de que yo dependía de un trabajo para subsistir, y que yo necesitaba estar esclavizada a un trabajo para poder tener lo que necesitaba.
Y el Señor me mostró que en esos lugares donde no había dinero, no había ingreso, pero miraba la mano de Dios cómo se movía. A veces no comíamos pollo hermanos. En esa caseta, ¿sabe qué hacíamos? Cocíamos el pollo, para vender los tacos de pollo. ¿Y qué creen que hacíamos con el agua del pollo? Sopa de pollo, pero sin pollo, solo con el agua. Y me acuerdo que nuestros niños estaban chiquitos y todos se reunían ahí en la caseta, y bebían sopa de pollo, sin pollo. Y llegaba otra gente de alrededor que también tenía necesidad, y bebían sopa de pollo. Y los tacos los vendíamos para poder sacar la ganancia, para el siguiente día volver a ir a comprar. Y por eso le doy gracias al Señor, porque me enseñó a confiar en él en ese lugar. Donde no había dinero, pero podía ver la mano de Dios moverse. Y él miraba nuestra necesidad, él miraba lo que nosotros estábamos pasando, y él nunca fue indiferente con nosotros. Siempre proveyó lo necesario, y hasta el día de hoy no ha dejado de proveer para mi vida y para mi familia. Y a veces se acaban las fuerzas, pero él Señor las renueva de nuevo.
Entonces me encanta esta palabra, porque él Señor aquí lo que está diciendo es, la necesidad es mucha, hay mucha gente que tiene necesidad de Dios. Hay mucha gente que necesita escuchar las buenas nuevas del reino de Dios, pero no hay muchos que quieran comprometerse con el reino de Dios. Porque estamos enfrascados en el trabajo, en las cosas cotidianas, y no dejamos que él Señor se glorifique en todas las cosas. Le doy gracias al Señor, porque me ha llevado día a día a poner mi confianza en él y a poner mi esperanza en él. Pero no a quedarme solo con eso, sino a querer compartir de lo que Jesús ha hecho en mi vida y en mi familia. Porque si hoy tenemos y hoy somos lo que somos, no es por nuestros propios méritos, es porque el Señor tuvo misericordia de nosotros y hoy estamos aquí. ¿Amén? Pero nos rescata con un propósito, nos salva con un propósito, y es para que ahora usted y yo seamos aquellos embajadores del reino de Dios, ¿amén? Aquellos que llevan buenas nuevas a los pobres, aquellos que van a declarar libertad a aquellos que están cautivos. Porque antes yo estaba enferma, antes yo estaba atada también, y puede ser que todavía falten algunas cosas que él Señor siga haciendo en mi vida. Pero he ido experimentando algunas cosas en mi vida.
"...Nos rescata con un propósito, nos salva con un propósito, y es para que ahora usted y yo seamos aquellos embajadores del reino de Dios…"
Y me encanta porque el Señor les dice, “Oren.” Muchas veces tenemos problemas y tenemos necesidad, y necesitamos trabajar en nuestra vida espiritual. Este es el año del trabajo. Nos decía la palabra este año, a principio de año. Este es el año del trabajo, ¿Pero del trabajo adónde? Muchas veces aquí, en nuestro corazón. Necesitamos trabajar. Necesitamos ser enseñados. Necesitamos ser guiados por la palabra de Dios. ¿Pero cuántos estamos comprometidos? De decir, “Señor enséñame. Señor sáname.” Así como muchos llegaron al Señor enfermos, y llegaron y pudieron experimentar esa sanidad y pudieron experimentar esa libertad, y ahora ellos con toda libertad podían ir. Y me gustaba lo que decía el hermano Bryan al principio, aquel que ha sido salvado, aquel que ha recibido la salvación, aquel que ha recibido la gracia de Dios, no puede estar callado. ¿Amén? Aquel que ha visto la bondad de Dios no puede quedarse callado, porque ha visto la misericordia de Dios. Y ahora no podemos estar callados. ¿Y por qué? Porque no hay otro lugar donde nosotros podamos ser salvos más que en la presencia del Señor.
¿Cuántos tenemos necesidad hoy? ¿Cuántos necesitamos hoy que el Señor haga algo en nuestra vida, que haga algo hoy en nuestros corazones? El Señor dice, “Oren, oren.” Muchas veces queremos predicar, muchas veces queremos cantar en la iglesia, pero muchas veces no queremos orar. ¿Para qué? Para que se levante el reino de Dios, para que se levanten hombres y mujeres que se levanten a predicar el evangelio de Dios. ¿Amén? Orar es la parte fundamental para nuestras vidas, para nuestro crecimiento, para nuestra sanidad interior. Porque a través de la oración es el medio que nos podemos acercar al Señor Jesús. Muchas veces queremos otras cosas del Señor, pero orar no. Orar es lo menos que queremos. ¿Qué ministerios hay en la iglesia? ¿Qué hacen? ¿Verdad? El jueves se hace esto, el martes se ora y el martes es menos la gente que viene. Porque tal vez queremos otras cosas, pero no queremos orar. Jesús le dice a sus discípulos. “Oren, oren para que el Señor, el dueño de la viña, levante obreros que trabajen en su viña.” ¿Cuántos queremos trabajo? Y así como un trabajo provee, también el Señor, cuando usted lo pone a él como el centro de su vida, él provee todo lo que usted necesita, ¿amen?
Quiero que vayamos a una parábola, ahí mismo en Mateo. Jesús en esta parábola compara el reino de Dios con un propietario que sale de madrugada a buscar trabajadores. ¿Verdad? Y dice, “El reino de los cielos.” Vamos a leer ese primero, en el uno, “Asimismo, el reino de los cielos se parece a un propietario que salió de madrugada a contratar obreros para su viña.” ¿Qué salió a hacer ese propietario? A contratar obreros. ¿Qué hace un obrero? Trabaja. ¿Qué hace un obrero? ¿Para qué es contratado? Para trabajar. Entonces, cuando el Señor nos llama a su reino, nos llama con un propósito y es que trabajemos en su reino, ¿amén? Y no es ir a hacer cosas, es trabajar en nuestra vida. ¿Qué estoy dispuesto a hacer yo, para que el Señor haga su obra en mi vida? ¿Qué estoy dispuesto a dejar yo, para que el Señor haga Su obra en mi vida? Los discípulos dejaron sus redes, dejaron lo que estaban haciendo, ¿para qué? Para emprender el camino al que él Señor los había llamado.
Entonces, vemos aquí que él sale a buscar, y sale a diferentes horas a buscar trabajadores. Y dice que fue por las plazas y buscó a gente que estaba desocupada, y encontró a unos que no estaban haciendo nada, y les dijo, “¿Qué hacen haciendo nada?” Y dice que unos les dijeron, “Nadie nos ha contratado, nadie nos ha dicho que vayamos a trabajar.” Y entonces dice que el dueño de esa viña les dijo, “Vayan y trabajen en mi viña.” Y él les promete que les va a dar un salario, y les dice que les va a dar un denario por un día de trabajo. Ese denario era la provisión para una persona, no solo para él, sino también para su familia. El reino de Dios no nos beneficia solo a nosotros, sino que también beneficia a los que están en nuestra casa, ¿amén? El beneficio no solo es para nosotros, así como un salario, no es solo para nosotros, sino para beneficiar a los que están en nuestra casa. Así también el reino de Dios es un beneficio no solo para mí, sino también para los que están en mi casa.Y dice que él les dijo, dice en el 8, vamos a leer el 8, 20:8. “‘Al atardecer, el dueño de la viña le ordenó a su capataz, llama a los obreros y págales su jornal, comenzando por el último contratado hasta llegar al primero.’ Se presentaron los obreros que habían sido contratados cerca de las cinco de la tarde, y cada uno recibió la paga de un día.” Por eso, cuando llegaron los que fueron contratados primero, esperaban que recibirian más. Pero cada uno de ellos recibió también la paga de un día. Vemos aquí que ese dueño de esa viña sale a buscar obreros, contrata a unos en la mañana, a otros a media mañana, a otros en la tarde, a otros más tarde. Pero estos últimos fueron contratados, como que digamos que tenía una jornada de trabajo de 7 a 5 de la tarde, fueron contratados a las 4 de la tarde y sólo trabajaron una hora.
Pero dice, que ese hombre cuando llamó a los jornaleros les dijo. “Tráiganme a los últimos”, y dice que empezó a pagarles. Imagínense nosotros como trabajadores, viene el jefe y nos contrata y dice. “Mire, le vamos a pagar esto.” Pero estos solo tienen dos días de trabajar y les está dando lo mismo. ¿Qué cree que haríamos nosotros? Por eso hay, ¿verdad? Ahora en los trabajos esos… sí, pero hay, ¿cómo se llama? Sindicatos, ¿verdad? Para defender los derechos de los obreros, es cierto. ¿Y por qué van a los derechos de los obreros? Porque sienten que es injusto lo que están haciendo con ellos. Y entonces muchas veces nosotros sentimos que lo que Dios hace con nosotros es injusto. Pero yo miraba esto y le decía, “Señor, gracias, porque yo no hice nada como esos. No hice nada para merecer lo que Tú me has dado. Yo no hice nada para merecer lo que Tú me has dado hoy.” Tal vez aquellos que habían trabajado toda la mañana se sentían con derecho y estaban reclamando sus derechos. Pero yo le decía, “Señor, gracias, porque tu gracia no me alcanzó porque yo merecía algo.” Y así como esos hombres recibieron un pago, no porque lo merecían, sino porque el dueño de esa viña es generoso. Es generoso. Si nos tuviera que pagar conforme a lo que nosotros hemos hecho, ninguno de nosotros estaría hoy aquí. Pero la gracia de Dios nos alcanzó. ¿Amén? La gracia de Dios nos encontró, y hoy podemos disfrutar de esa gracia inmerecida.
Y muchas veces podemos pensar que como estos tenían toda una jornada de trabajo, tenían más derechos que otros. Y a veces en el reino de Dios, tal vez muchos tenemos muchos años ya en el Evangelio, pero llega otra persona nueva y él Señor la levanta. ¿Y qué hacen los jornaleros viejos? Muchas veces el problema en las empresas, no es la gente nueva, son los viejos. La queja viene de los viejos. La murmuración viene de los viejos. La vez pasada alguien me decía, “Es que este trabajo, es que esto no es tan bueno.” Y yo le dije, pero si es bueno. “No es que…”, pero es bueno. ¿Y sabe por qué es bueno? Porque yo que venía de ganar 60 lempiras, de ganar 150 lempiras al mes, ahora yo miro lo que el Señor me ha dado y yo digo, “Sí es bueno, sí es bueno lo que el Señor me ha dado.” ¿Amén? Es bueno. ¿Y cuántos años tiene de estar ahí? Muchos años. Y sigo viendo la misericordia de Dios en mi vida. Sigo viendo todavía la mano de Dios. Sigo viendo el amor de Dios por todos lados. Pero muchas veces, cuando tenemos mucho tiempo en el Evangelio, somos los que andamos renegando, los que andamos murmurando, los que andamos diciendo, “No es justo lo que hacen conmigo.” Pero aquí el Señor, no es los que empezaron, sino los que llegan hasta el final. Y un día recibiremos esa recompensa. Un día el Señor dirá, “Ven, arreglemos cuentas. Ven siervo fiel, que en lo poco me fuiste fiel, en lo mucho yo te pondré.” ¿Amén?
Muchos empezamos a trabajar, pero muchas veces por cualquier cosita ya no queremos seguir trabajando en la obra de Dios. Me miraron, no me miraron, no me dieron la mano, y no seguimos. ¿Cuánta gente viene a lugares a buscar trabajo? Y busca, ¿verdad? Y dice, “¿Tiene una oportunidad de empleo?” Y la gente dice. “Sí.” Y le dice, “Pero mire, estas son las reglas aquí en la empresa.” Y uno, cuando tiene necesidad, dice que sí. ¿Sí o no? Y a veces le preguntan a usted. Llega un joven bien guapo, bien vestido, y va verdad, porque es graduado de la universidad. Y llega donde la persona que contrata y le dice, “Sí, fíjese que tenemos un puesto, pero en este puesto se lavan los baños.” “¿Los baños? ¿Yo, que soy graduado de la universidad? ¿Yo, que tengo una licenciatura? Uy, no, no me parece. Yo no estudié para eso.” Y había una buena oportunidad de paga. ¿Qué pasó? No tenía tanta necesidad. Entonces muchas veces él Señor anda buscando obreros que trabajen en su reino. Y mire, ni en ningún trabajo, en ninguna empresa, le van a pagar mejor, que como paga el Rey de Reyes y Señor de Señores. Nadie hermano, nadie le va a pagar mejor que como paga el Rey de Reyes. Él es el dueño de la mejor empresa. Él es el dueño de la mejor institución donde usted y yo podemos pertenecer. Gracias a Dios por los trabajos seculares, pero no hay nada que se compare como poder ser parte en el reino de Dios. ¿Amén?
Entonces, en el reino de Dios no se entra por los muchos años que tengamos, por el mucho conocimiento que tengamos, sino por la necesidad que haya en nuestro corazón, ¿amén? Es lo único que el Señor anda buscando. A alguien que tenga necesidad. A alguien que pueda experimentar el poder de Dios en su vida. A alguien en el que el Señor diga, “Yo me voy a glorificar en ti. Yo voy a hacer la obra en ti.”. Eso anda buscando él Señor. Anda buscando obreros que trabajen en su viña. ¿Amén? Por eso dice la palabra, “Así que los últimos serán primero, y los primeros serán los últimos.” ¿Cuántos años tiene usted en el Evangelio? Y a mí ni me pregunte porque pierdo la cuenta. ¿Pero sabe qué cuenta cada día? Es que a pesar de los años, a pesar que he envejecido aquí en la casa del Señor, todavía sigo disfrutando de lo que él Señor puede hacer. Y cada día, en cada reunión, lo único que traigo es necesidad de él, de escuchar una palabra de él, de que alguien, en algún momento, cuando yo me siento agobiada, cuando yo me he sentido perdida, alguien ha venido y ha puesto sus manos en mí y ha orado. Y él Señor me ha dado dirección. Eso es lo único que me mantiene cada día, saber que puedo venir a la casa del Señor y que aquí voy a encontrar lo que estoy necesitando. ¿Amén? Que puedo orar en mi casa y saber que él me está escuchando. Que no importa lo que sea, para él no hay nada imposible.
Nosotros pasamos un tiempo difícil en nuestra familia. Y me acuerdo que yo andaba tan agobiada, no sé cuántos me miraron. Me sentía tan cansada porque era arduo lo que estábamos haciendo. Eran tiempos de que había que ir a trabajar, pero había que acostarse muy tarde cuidando a mi mamá, porque estaba postrada en cama. Y había muchas veces que levantarse más temprano para poder orar y pedirle al Señor que me diera la fuerza para seguir adelante. Pero creo que un día, en un grupo de oración, alguien me miró que estaba agobiada y cansada. Tal vez yo no se lo dije a esa persona, pero esa persona empezó a orar por mí. Y yo le dije, “Señor, gracias, porque Tú sabes lo que necesito. Tal vez yo no se lo diga a nadie, pero Tú lo ves.” Y él Señor puso a esa persona que orara por mí. Y me acuerdo que lloré como una niña. Solo pude llorar. Y el Señor me dio una palabra y me dijo, “El Señor no va a permitir más de lo que usted pueda soportar.” Y eso me llenó mi corazón. Yo le dije, “Gracias, Señor, porque si esto que estoy pasando Tú lo permites, Tú sabes hasta cuánto va a durar. Gracias.” Y eso me levantó. Y seguimos con el problema, pero esa palabra llenó mi corazón. ¿Cuántos tenemos necesidad de una palabra del Señor? Cuando hay necesidad, hay que orar. Si hay alguien enfermo, hay que orar. Si hay una necesidad que necesita ser suplida, vamos y oramos. ¿Amén? Vamos y oramos.
Quiero que vayamos a otro ejemplo en Primera de Reyes 19. Y aquí está hablando de la historia de Eliseo con Elías. Me gusta el 19, dice así, “Elías salió de allí y encontró a Eliseo hijo de Safat, que estaba arando. Había doce yuntas de bueyes en fila, y él mismo conducía la última. Elías pasó junto a Eliseo, y arrojando su manto sobre él. Entonces Eliseo dejó sus bueyes y corrió tras Elías.” Me encantaba esta historia, porque el llamado de Dios llegó a este hombre. Llegó el profeta de Dios buscando a alguien. ¿Y qué estaba haciendo Eliseo? ¿Estaba en una loma? ¿Estaba reflexionando? ¿O andaba buscando su yo interior en una montaña? ¿Qué estaba haciendo Eliseo? Estaba trabajando. Y no era un trabajo fácil. Dice que tenía doce yuntas de bueyes, y él estaba encabezando la última. Era un hombre, imagínese, alguien que estaba trabajando la tierra, alguien que estaba arando. Y dice que Eliseo lo encontró y solo le puso el manto. Y dice que Eliseo se levantó y dejó la yunta de bueyes y siguió a Elías, y lo siguió. Y dice, “Permítame despedirme de mi padre y de mi madre con un beso, dijo él, y luego lo seguiré. Anda, ve, respondió Elías. Yo no te lo voy a impedir. Eliseo lo dejó y regresó. Tomó su yunta de bueyes y los sacrificó, quemando la madera de la yunta.” Imagínense lo que hizo este hombre ante el llamado de Dios. Dios lo llama a través del profeta. Y no es que no estaba trabajando, tenía trabajo, y arduo.
El Señor no siempre llama a los que están desocupados. Él llama a muchas personas que están ocupadas. Y les dice, “Tengo trabajo en mi reino.” Y este hombre no se negó. Simplemente le dijo, “Déjeme, déjame que me despida de mis padres con un beso.” Sus padres no fueron impedimento para que él sirviera al Señor. Su familia no fue un impedimento para que él sirviera en el reino de Dios. Y aun su yunta de bueyes era lo que le generaba dinero a Eliseo. Era lo que le generaba la comida para su casa y para su familia. Pero vino este hombre y ofreció sus bueyes como sacrificio al Señor. Ofreció lo que le generaba seguridad a Eliseo para ahora empezar a tener su seguridad puesta en el Dios eterno. ¿Amén? Él se despojó de lo que él consideraba valioso. Él se despojó de aquello que representaba un ingreso para él. Y dice que lo ofreció y asó la carne, y se la dio al pueblo, y ellos comieron. Y luego partió para seguir a Elías y se puso a su servicio.
¿Cuántos queremos trabajar en el reino de Dios? ¿Cuántos necesitamos que él Señor trabaje en nuestros corazones? ¿Cuántos hoy necesitamos que él Señor haga la obra en nosotros, para que luego de que nosotros seamos sanados podamos ser de bendición para otros? Eso hizo él Señor con Sus discípulos. Él los sanó, Él los preparó, pero él les dio autoridad para que fueran y fueran a sanar a los que estaban enfermos. Y les dio autoridad, les dio de su Espíritu Santo, para que fueran a declarar libertad para aquellos que estaban cautivos. ¿Amén? Él les dio, así como Elías le dio su manto a Eliseo, así él Señor también les dio el poder, la autoridad, lo necesario a sus discípulos, para que ellos trabajaran en la obra de Dios. ¿Amén?
"...Lo único y el único que puede saciar nuestro corazón es él Señor."¿Cuántos necesitamos que él Señor nos dé lo necesario, lo que necesitamos para que haya un cambio en nuestras vidas? ¿Cuántos hoy necesitamos algo en nuestro corazón? El Señor llamó a sus discípulos, y ellos lo siguieron. Eliseo fue llamado por Elías, y él dejó lo que estaba haciendo para poder seguir a Jesús. Muchas veces sí queremos lo que él Señor hace, pero no queremos dejar lo que ha sido nuestra seguridad, de lo que hemos dependido por muchos años. Pero él Señor nos llama a dejar y a soltar para poder recibir lo nuevo que él Señor tiene hoy. ¿Amén? ¿Cuántos estamos dispuestos hoy a dejar? Lo que nosotros hemos creído que lo necesitamos, que es necesario para que nos sintamos mejor. Y lo único y el único que puede saciar nuestro corazón es él Señor. Amén. Yo quiero que ahí cierre sus ojos.
