¿Somos de Frutos o Solo de Palabras?
Ronald Ayala

Mateo 7:17-20 (NVI)
“Del mismo modo, todo árbol bueno da fruto bueno, pero el árbol malo da fruto malo. Un árbol bueno no puede dar fruto malo y un árbol malo no puede dar fruto bueno. Todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego. Así que por sus frutos los conocerán."
Mateo 7:21-23 (NVI)
“'No todo el que me dice: “Señor, Señor", entrará en el reino de los cielos, sino solo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día: 'Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?'. Entonces les diré claramente: 'Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!'."
Juan 6:40 (NVI)
“Porque la voluntad de mi Padre es que todo el que ve al Hijo y crea en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final."
Somos de Frutos o Solo de Parlabras
Ya estamos todos. ¡Bienvenidos a la casa del Señor! ¡Que Dios les bendiga! Decíamos, estábamos cantando, que somos hijos de Dios. Y es el Espíritu Santo el que confirma eso en nuestro corazón. Es el Espíritu Santo que le dice al hombre. Como dice Pablo en Efesios, Él nos ha marcado con su Espíritu Santo, como un sello de que le pertenecemos, de que somos de Él. Esa es la garantía de que nosotros tenemos, de que somos hijos de Dios, su Espíritu Santo. Por eso, no todo el que dice que es hijo de Dios, es hijo de Dios. Por eso, todas las personas allá afuera que dicen que todas las personas son hijos de Dios, sabemos que no es cierto porque la palabra dice, que sólo aquellos que son marcados con su Espíritu Santo, ¿verdad? Son los que le pertenecen.
Cuando nosotros recibimos al Señor, somos sellados con el Espíritu Santo y eso nos hace hijos de Dios. “Todo el que cree”, dice Juan, “Le es dado el privilegio de ser llamado hijo de Dios.” ¡Hijo de Dios! Y el hijo de Dios, el hijo se parece a su padre, ¿verdad? En otras ocasiones hemos visto eso. La mayoría de ustedes conoce a mi hija, la ha visto, algunos de ustedes dicen, la ven y dicen, “¿Será de ella? ¿Será de él?” ¿Verdad? Porque la ven y, ¿y qué pasa? Se parece, ¿verdad? Algunos dicen que se parece a su madre y otros a su padre. Pero el hijo se parece, ¿verdad? A su padre. Y esa es la situación. Hoy quiero empezar, ¿verdad? El Señor, el otro día estaba en su palabra y el Señor me decía algo bien importante que lo hemos leído un montón de veces en la Biblia. Pero el Señor dice, “El que tenga oídos, que oiga” ¿Verdad? ¿Cuántos han leído eso? ¿Cuántos han visto eso? Y parece raro, ¿verdad? Porque el que tiene oídos, oye. ¿Sí o no? Pareciera que sí, ¿verdad? Pero por algo es, porque no todos los que tienen oídos escuchan y no todos los que escuchan, realmente escuchan. Porque aquí la palabra del Señor se da, aquí la semilla se tira, pero no todos la reciben. No todas las personas escuchan la palabra del Señor. Y yo le pido al Señor hoy, que abra los oídos, que abra nuestro entendimiento para que podamos recibir su palabra y para que podamos entender. Para que no seamos como el pueblo que decía el Señor, ellos escuchan, pero no escuchan. Escuchan pero no entienden, porque por aquí les entra y por aquí les sale. Pero que eso cambie, que él Señor y que su Espíritu Santo nos ayuden para que nosotros podamos entender, podamos escuchar. Que su misericordia, hoy les permita escuchar la palabra del Señor.
En este tiempo, los que han tenido la oportunidad de estar viniendo en estas semanas que hemos estado en fiesta, hemos estado hablando acerca de la cosecha. ¿Verdad? Que este es el tiempo en otras partes del mundo, donde se celebran las cosechas, donde ha llovido ya llovió. Y entonces pudieron cosechar la última del año, verdad, en este tiempo. Y vimos que todas esas fiestas, hablan de la cosecha de las almas. ¿Verdad? Que en la palabra lo habla así porque él está diciendo, que el tiempo es corto, el tiempo se acerca y la cosecha de las almas alma ya está, ya está. Estamos en la última, ¿verdad? Se está hablando del tiempo de la venida de Jesús, cuando hablamos de una cosecha. También dijimos, que este año es el año del fruto. Los que estuvieron allá el otro día, ¿verdad? Vieron unas frutas colgando ahí, en ese lugar. Dijimos este año, es el año del fruto, ¿verdad? ¿Se acuerda usted? En la naturaleza, no importa cuánto se tarde, un día el palito va a dar fruto, no importa. ¿Verdad? El palo va a dar fruto. Llegará y se revelará qué tipo de árbol es. Ahora, lo cierto es que hay gente, yo no soy de ese tipo de personas, pero yo aquí conozco muchos de ustedes. Me dice, “Ese es limón y ese guayabo”, solo por la hoja, ¿verdad? O sea, lo conocen el árbol sin el fruto, solo por la hoja. Y dice la palabra del Señor que, ¿cómo vamos a conocer el árbol? ¿Ah? Pero nosotros lo vemos, lo conocemos por la hoja, ¿verdad? Ahora, yo le quiero decir esto, esto lo vimos hace un par de semanas. No importa si da fruto, o sea, que dé fruto, que usted sepa qué tipo de árbol es, sino, que el árbol sea bueno o malo. Que el fruto sea bueno o malo. ¡Eso es lo importante! No que diga, “Es guayabo.” ¿Y qué pasa si toda la guayaba está podrida? ¿Y qué pasa si todo el aguacate está podrido? ¿De qué sirve? “Dio fruto.”
Mire, el otro día me dijo una hermana, le digo, “Hermana, ¿son aguacates esos?” Está llenito viera. Uy, qué rico, ¿verdad? “Están podridos todos”, me dice, no sale ni uno bueno. Aquel árbol, ensuciándose todo el terreno ahí, ¿verdad? Cayendo aquella cosa podrida. Entonces, ¿de qué sirve ese árbol? ¿Verdad que no? No sirve. Entonces, no importa si da fruto o no da fruto. Nosotros somos de las personas que nos quedamos en lo exterior. Es de guayaba, ¡Uy, qué bonito! ¡Qué bonito! Y así nos vemos entre nosotros. Pero dice la palabra que hay que ver el fruto. Que el fruto se tiene que conocer. Conocer si es bueno o es malo. ¿Verdad? Y para eso, principal objetivo que quiero, que no voy a terminar hoy. Pero el principal objetivo es que él Señor nos permita escuchar, que el Señor nos permita escuchar. Dice la palabra, que sólo los que el Padre le da chance son los que llegan a Jesús. Sólo los que el Padre le permite. Y yo pido al Padre que hoy le permita escuchar su palabra. Para qué cómo así dijo Jesús, que ninguno de los que me has dado se pierda Señor. Ninguno de los que escucha tu palabra se pierda. Pues el fruto dice la palabra, se conoce, se debe conocer.
¿Y cuál es ese fruto entre nosotros? El fruto para nosotros, para usted y para mí, que nos llamamos cristianos, se revela en el carácter, en el carácter. El fruto no es tocar, no es predicar, eso no es fruto. El fruto no es evangelizar, el fruto no es hacer cosas en la iglesia. Eso no tiene que ver nada con el fruto del Espíritu Santo, eso se revela en el carácter, en el día a día. En lo que hacemos en nuestra casa, en nuestro trabajo. Ahí se revela el fruto del Espíritu Santo, y para eso hay que conocerlo. Porque el Señor dijo, por el fruto lo van a conocer, lo van a ver cuando esté ahí. Entonces, hay que conocerlo. Y por eso Pablo decía en el Nuevo Testamento, que nosotros somos como cartas leídas. ¿Qué quiere decir eso? ¿Que la gente se tiene que dar cuenta de todo lo que hago? No. Pero si se quiere dar cuenta, no hay problema. No se trata de andar divulgando todo lo que hacemos como hace la gente ahora, ¿verdad? Pero lo que hace la gente es divulgar, ¿verdad? Usted ha visto eso. En una mesa hay un montón de gente. Aquí con la familia y se toman la foto. Y luego, una hora cada quien con el teléfono y no hablan entre ellos, ¿verdad? ¿Pero estamos divulgando que? Algo que no es cierto. No se trata de eso, se trata de conocer el carácter. ¿Y qué significa eso? Cuando viene la dificultad y viene el problema, sabemos quién es quién. Ahí nos conocemos, ¿verdad? La gente dice, ¿verdad? En los problemas se conocen los amigos, dice verdad, porque lo dejan botado a uno. Okay, ¿verdad? Cosas así. Pero es cierto, porque ahí se ve el carácter de la gente. Ahí nos conocemos nosotros, en las dificultades, aún en los momentos buenos, ¿verdad? Todo eso. No es aquí, no es cuando brinco. ¡Uy! Pero nosotros nos quedamos en las hojas. ¿Cuáles son las hojas? Es cristiano porque está brincando aquí en la iglesia. Es cristiano porque se sabe los coritos. Es cristiano porque yo pasé el otro día y tiene alabanzas ahí. ¡Uy! Como retumban las alabanzas y cuando yo me doy la vuelta ponen las rancheras. Pero no importa, porque no se trata de esas cosas. Esas solo son hojas. Eso solo es lo que la gente se ve por fuera.
“Cuando viene la dificultad y viene el problema, sabemos quién es quién."
Pero el Señor dice, hay que conocer el fruto. Lo que viene, lo que es producido por el Señor. Y así como el agricultor está preocupado y trabajando para obtener buen fruto. Porque no tendría sentido, si no estuviera esperando buen fruto, ¿verdad? O que alguien se pone a sembrar y dice, ojalá salga podrido ese lote. ¿Verdad que no? Nadie se pone a sembrar cuatro manzanas de frijol, y dice, “Bueno y si sale podrido, ni modo.” ¿Verdad que nadie hace eso? Todos esperan que salga buen fruto, si no, no tiene sentido. Entonces, así el Señor espera, y nosotros deberíamos ser como ese agricultor que está ocupado, no solo preocupado, ocupado, trabajando por dar buen fruto. Que podamos analizar y reflexionar nosotros y decir, “¿Estoy dando buen fruto o mal fruto?” Lo que está saliendo de mí, porque la palabra dice que no pueden salir las dos cosas de un palo. No puede salir un buen fruto y un mal fruto de un mismo palo. Claro, no es que se trate de que yo voy a hacer el, quiero dar buen fruto, quiero dar buen fruto, quiero dar buen fruto y de la nada va a salir un buen fruto, ¿verdad?
El fruto, es obra del Espíritu Santo. Por eso me detuve hoy, para que repitiéramos esa canción. Porque a veces lo hacemos sin entendimiento. Si el Espíritu de Dios se mueve, déjalo que se mueva adentro. Porque cuando Él se mueve, hay libertad. Si Él se mueve, se produce fruto espiritual. Y esa debería ser nuestra ocupación, decir Señor, si hemos estado hablando de la cosecha, Él viene a recoger lo que es de Él. Él viene a recoger fruto, Él viene por palos que tienen fruto. Y vamos a ir a la palabra. Porque mire, hay un problema hermano. Muchas personas creen que por estar en la iglesia ya son salvos. Muchas personas creen que están dando fruto bueno. Otras personas, ni siquiera les interesa si dan fruto o no dan fruto. Y hay otro grupo pequeño, que lleva mucho tiempo queriendo dar fruto. Porque entiende todo esto que estamos hablando, pero no han podido dar fruto. Hay personas dentro de las iglesias que conocen todo esto que estamos hablando y quieren dar fruto para el Señor, pero no han podido. Y no saben por qué. Y en el transcurso de este tiempo vamos a tratar de explicar por la Biblia, por qué suceden todas estas cosas, ¿verdad? ¿Por qué? Es necesario que, no que estemos hoy brincando acá, el que llegue hasta el final, es el que recibirá la corona de la vida. El que persevere hasta el final. La salvación no es, hoy acepté al Señor, es un camino y la salvación usted la tiene hoy. La salvación es por gracia y únicamente por gracia, por creer en el nombre de Cristo Jesús, pero se llega hasta el final. La salvación es un camino y se obtiene hoy y también el último día. No es hasta el último día, ni es hoy y nos olvidamos de todo, ¿verdad?
Entonces hemos estado hablando de la venida del Señor. Y vamos a ver todos estos aspectos en la palabra del Señor. Porque la palabra nos aclara todo esto y nos dice todo lo que necesitamos saber. Hoy lo vamos a dividir en dos secciones. Quiero que vayamos a Mateo capítulo 7, en el verso 17. Una palabra bastante conocida para los que tienen tiempo de estar aquí. Mateo capítulo 7, verso 17. Jesús está hablando y es bien interesante, porque Él está terminando el sermón del monte y Él le está diciendo a la gente. “El camino al reino del Señor es un camino angosto”. Ustedes, ¿verdad? La mayoría de gente se va a ir por un camino ancho. Pero el reino de Dios es como un camino muy, muy, muy angosto. Muy, muy, muy difícil. Y después les dice, “En ese camino ustedes van a tener un problema. Porque van a ver mucha gente falso, muchos falsos maestros, mucha gente que es de mentira. Que va a estar al lado suyo diciendo que es cristiano, pero no lo son. Mucha gente que les va a poner tropiezo al lado suyo, porque van a decir que son cristianos. Porque muchos pastores, muchos falsos profetas van a estar ahí hablándoles cosas que no son ciertas.”Pero dice el Señor, “Pero hay una forma de saber quién es y quién no es. Hay una forma de saber quién está conmigo y quién no está conmigo.”
En el verso 17 dice, “Del mismo modo, todo árbol bueno da fruto bueno, pero el árbol malo da fruto malo. Un árbol bueno no puede dar fruto malo, y un árbol malo no puede dar fruto bueno. Todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego.” Para esos aguacates que están podridos ahí mire hermano, mejor para el fuego, verdad, el arbolito. Aunque no siempre es así. Ya les voy a explicar más adelante. Así que, miren el 20, así que, ¿por la hoja lo vamos a conocer? Así como nosotros, no es por la hoja, ¿verdad? Es por el fruto. “Por el fruto se conocerá.” ¿Y qué, cómo es el fruto? Jesús es bien sencillo para hablar, verdad? Bueno, el árbol bueno da buen fruto, el árbol malo da mal fruto. ¿Por qué un árbol puede ser malo? ¿Por qué un árbol puede dar mal fruto? ¿Por qué un árbol que cree que es bueno da mal fruto? ¿Verdad? Todas esas cosas, todo eso lo encontramos en la palabra del Señor. Pero en el verso 17. Regresemos ahí, ¿verdad? Que el Señor está hablando de algo bien sencillo. Él dice, “Sólo el árbol sano puede dar buen fruto.” Esto lo sabemos y los que me han ayudado, allá abajo, teníamos un palito enfermo, ¿verdad? Teníamos un palo enfermo que estaba creciendo y empezó a dar fruto, pero el fruto estaba podrido. Yo estaba, “¡Está dando fruto! ¡Wow! ¡Y vamos a comer!” ¿Pero qué pasó? Estaba enfermo, fui donde una persona, un experto en eso y me dijo, “Está enfermo, el árbol está enfermo, pero se puede sanar.” Y empezamos a darle tratamiento, y algunos de ustedes ya han comido de ese árbol que estaba enfermo, pero que fue sanado. Y ahora el fruto de ese árbol es bueno, y no solo es bueno, es muy bueno. Pero hace poquito ese árbol estaba enfermo, daba fruto, pero estaba enfermo, fíjese.
Entonces, Jesús dice, es que solo el árbol bueno, el que está bueno, el árbol que está sano, puede dar buen fruto. Porque el árbol que está enfermo, da fruto malo, da fruto podrido. Los árboles están enfermos, los que están marchitos, los que están enfermos, los que están atacados por insectos, ¿verdad? Que todo alrededor ahí. Eso le pasaba también a ese arbolito, todos los insectos estaban encima y se comían lo que estaba el pobre árbol sacando, todo se lo devoraba. Y este es uno de los aspectos más importantes tal vez de esta enseñanza. Porque hoy los árboles están enfermos, la tierra es estéril, la tierra es maldecida. ¿Cuántos saben de esto? Aquí un montón yo les he preguntado. ¿Verdad? Que no se puede sembrar un árbol en cualquier lugar. ¿Verdad? La gente me dice, “No, eso es tierra buena”, me dice, “Es tierra fértil.” Pero si la tierra no es fértil, ¿verdad que no da nada? Tampoco puede dar nada. El Señor Jesús dijo, que Él venía a sanar los corazones heridos. El hombre enfermo no puede dar fruto bueno. ¿Por qué? ¿Cuál es el fruto del Espíritu? ¿Cómo dice la Biblia que es el fruto del Espíritu? Es amor, gozo, paz, paciencia, bondad, mansedumbre. Ese es el fruto, ¿verdad? Del Espíritu Santo.
Entonces, un corazón enfermo. ¿Cuál es un corazón enfermo? Un corazón lleno de amargura. Un corazón lleno de amargura. ¿Puede dar gozo? ¿Puede producir gozo? ¿Cómo es eso? Pasa una situación. ¿Quién tiene problemas aquí? ¿Verdad? Uy qué poquito, bendito Dios. Yo quiero ser amigo de ustedes, de esos que no tienen problemas. Ahí le voy a llegar a su casa, cuando finalice el culto me da ahí para llegar. Cuando viene el problema, la respuesta que usted y yo tenemos, es donde se revela el fruto del Espíritu. Todo el mundo tiene problemas. Viene la misma situación y una persona puede decir, okay pasó esto, pero el gozo del Señor es mi fortaleza. Nada de lo que está pasando me va a robar el gozo. Y además, porque tiene paciencia y guarda la paz y no importa lo que esté pasando, nada de lo que esté pasando me va a robar lo que el Señor está haciendo. Mientras que al lado, la otra persona que le está pasando lo mismo, está pero ahh y maldiciendo a todo mundo, y esta, “Ay ustedes, esto es culpa suya y por aquí y quejándose y esto y lo otro.” ¿Entonces que? Ahí se ve el fruto cuando suceden las cosas. Entonces, si el árbol está enfermo, si el árbol es odioso. Pero no odioso de…está lleno de odio, ¿puede demostrar amor? ¿Verdad que no?. Entonces, ¿qué necesita el árbol? Ser sanado. El árbol necesita ser sanado. Y por eso hay muchos árboles, por eso hay mucha gente en la iglesia que quiere dar fruto, pero no se da cuenta que está enfermo. Que todavía están esas enfermedades. Por eso, el Señor Jesús se paró en aquella sinagoga y dijo hoy se ha cumplido esta palabra. “Hoy he venido a sanar el corazón enfermo, he venido a sanar el corazón enfermo, para que pueda dar fruto bueno.” Porque si el árbol sigue enfermo, no puede dar fruto. Y ese árbol de ahí que le estoy contando yo, por años estuvo enfermo. Y por años y daba fruto y todo podrido, hasta que empezó a sanarse. Pero no se sanó solo. ¿Verdad? No se sana solo, hay que hacer un proceso. Hay que meterle mano a eso, hay que detectar qué es exactamente la enfermedad, para poder atacar esa enfermedad.
Así es nuestra vida, hermano. Nosotros no podemos seguir adelante, porque el Señor viene por fruto bueno. No puedo yo, seguir aquí como si nada. Sabiendo yo, después de tantos años sabiendo yo, que tengo odio en mi corazón. Que tengo resentimiento en mi corazón. Que soy, ¿verdad? Amargado. Que todo lo que hay en mí, me causa quejas. Yo no soy amargado, pero todo lo que le pasa, se queja de eso, eso es amargura mi hermano. Todo lo que nos pasa, se está quejando, eso es amargura. Todo eso tiene que ser sanado. “Es que yo así soy, es que así era mi papá, así era mi mamá. Y es que mi papá me pasaba dando y yo por eso soy así.” Correcto, necesita ser sanado. Está bien, usted es así por lo que usted quiera. Porque su papá, porque su mamá, porque su jefe, porque sus hijos, lo que usted quiera. Porque el diablo. Lo que usted quiera, pero necesita ser sanado.
No podemos seguir el camino de esa manera, porque siempre va a estar brotando fruto malo. Eso es lo que va a estar siendo revelado. Si mi corazón todavía está enfermo, entonces, va a seguir saliendo fruto malo. Necesito ser sanado primero. Y bendito Dios, ¿verdad? Que estamos aquí. ¿Usted conoce alguna persona amargada? No diga amen. Aquí si, ni la voltee a ver. ¿Conoce usted una persona amargada? Y voltea a ver a la que está al lado. No, no haga eso. ¿Conoce usted una persona resentida? Dentro de la iglesia estoy hablando yo. Hablo rápido, porque ya se le empiezan a venir nombres a usted, ¿verdad? ¿Se le vino su nombre? ¿O pensó en todos sus vecinos, en todos sus hermanos que están aquí? ¿Sabe? Bendito Dios si hay gente odiosa, si hay mentirosos, si hay resentidos en este lugar. Le dijo Jesús a los fariseos, yo no he venido por los sanos, el médico vino por los enfermos y este es el hospital del alma. La casa del Señor, es un hospital, Él ha venido a sanar. Claro, si usted tiene conmigo de estar aquí 48 años y seguimos siendo mentirosos mi hermano, necesita algo un poco más fuerte. Pero bendito Dios que estamos acá, porque venimos a buscar al maestro, venimos a buscar al único que puede sanarnos. Esas cosas no salen así nomás. Y no vamos a ser cambiados por nosotros mismos, la tierra está maldecida. Eso sí.
“La casa del Señor, es un hospital, Él ha venido a sanar."
Desde Génesis el Señor le dijo al hombre desde que pecó, la tierra va a ser maldecida a causa del pecado. ¿Cierto? ¿Se acuerda? En Génesis 3:17,18. Creo que está por ahí. El Señor le dijo, “Por tu causa la tierra va a ser maldecida, ahora va a producir espinas y cardos y ahora con el sudor de tu frente vas a tener que trabajar y por causa del pecado la tierra fue maldecida.” Entonces cuando la tierra está maldecida, no puede producir. Y cuando la tierra se maldice, y mire, aparte de esa maldición, en Deuteronomio capítulo 28. El Señor le dijo a Moisés, ¿Verdad? Le declaró las bendiciones para el pueblo que lo iba a obedecer. Pero también, las maldiciones para el pueblo que no obedeciera. Y una de esas maldiciones es sobre la tierra, sobre todo lo que se iba a producir. Así que tierra que no quiere obedecer, tierra maldecida. Y en el Nuevo Testamento, entonces, unamos todo esto que estamos hablando. En el Nuevo Testamento, Jesús contó una parábola, la que le llamamos nosotros, la parábola del sembrador. Y Él dijo, hay un sembrador, ¿quién es? Dios. Y el sembrador tira la semilla. ¿Qué es la semilla? La palabra de Dios. ¿Y quién es la tierra? Usted y yo. Según la palabra de Dios, según la Biblia, ¿qué es la tierra? Usted y yo, nuestro corazón.
Entonces, ¿qué es lo que está maldecido? Cuando habla de una tierra maldecida, cuando habla de un fruto que sale malo, cuando habla de un fruto que está podrido, habla de nosotros, habla de nuestro corazón y habla de nuestro carácter. La semilla fue sembrada en varios lugares y en muchos lugares sembró. Jesús le dijo a los discípulos, si ustedes entienden la parábola del sembrador van a entender todo, todo el reino de Dios. Porque la semilla alguna veces brotó, y eso es lo que vemos nosotros muchas veces en la iglesia. Pero la tercera semilla dice, que brotó tanto, se creció, la tercera semilla brotó. Pero dice que las espinas lo ahogaron, los afanes, las preocupaciones de este mundo y el dinero, ahogaron la semilla de Dios. O sea que hay tanto en contra, para que el fruto produzca. Y Jesús dice, es que hay gente que llega a la iglesia, hay gente que escucha, gente que se emociona escuchando. Sí, hay gente que por un tiempo escuchan la palabra. Hay gente que por un tiempo se emocionan con la palabra. Hay gente que por un tiempo se identifican, quieren ser parte, quieren formar parte de la iglesia, quieren hacer cosas. Es más, llegan al punto hasta de pertenecer al trabajo de la iglesia y por algún tiempo están firmes y por algún tiempo van caminando. Pero viene algo, dice el Señor, viene algo. A veces los problemas, a veces las preocupaciones, todo lo que pasa allá y sobre todo el dinero, dice. Y todo eso, marchita el fruto que iba creciendo. La tercera semilla casi daba el fruto, casi estaba a punto. Hasta que mire, hasta que su amigo el dinero se lo llevó, se lo llevó. Porque todo eso, está en el corazón. Entonces tenemos que tener cuidado, ocuparnos de todo eso para que siga creciendo buen fruto.
Por eso, Jesús sigue diciendo que no todo el que le dice Señor, Señor, entrará en el reino. No todos los que han estado, no todos los que han escuchado la palabra, no todos los que han estado en una iglesia. Entrarán en el reino de los cielos. No le parece a usted hoy, hablemos de nosotros nada más, que estamos aquí en la iglesia de Dios, escuchando la palabra de Dios. ¿No le parece que es algo a lo cual deberíamos prestarle bastante atención? No todo el que escuchó, entrará en el reino de los cielos.
Veamos en el versículo 21. Ya vimos que tenemos un largo recorrido. Versículo 21 en adelante. “No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día, Señor, Señor, no profetizamos en tu nombre. Y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros. Entonces les diré claramente, jamás los conocí. Aléjense de mí, hacedores de maldad”. Desde hace muchos años que estudiamos este pasaje, siempre nos ha asombrado, ¿cierto? Siempre hemos regresado a él porque, mire usted esta afirmación. Aquellos que estuvieron ahí, aquellos que dicen que hicieron cosas, que pertenecieron a la iglesia, que estuvieron en el camino. Dice el Señor, ustedes no entrarán al reino. ¿Cómo va a creer usted que después de 48 años de estar en esto, usted y yo nos van a cerrar la puerta en la cara? ¿Por qué? Necesitamos oídos, para escuchar lo que el Señor quiere decir al corazón. La clave está ahí. Dice, nunca, jamás, los conocí.
Será que Dios lo puede conocer y después olvidarse, ¿verdad que no? A mi si, a eso me pasa a mi, yo tengo problemas con eso. Pero a Dios no. Será que Dios lo puede conocer a usted algún día y cuando llegue allá decir, “No, yo no te conocí nunca.” ¿Verdad que eso no existe? ¿Qué quiere decir eso? Que nunca los conoció, que en realidad nunca fueron salvos, desde el inicio, nunca fueron salvos. Estos que dicen que hicieron cosas, que predicaron en su nombre. Que hablaron, que sacaron demonios, no eran salvos. Nosotros sabemos que él está hablando aquí, de conocer, de nacer de nuevo, de tener una relación con el Señor. No hay nada que lo pueda salvar a usted, estar aquí no lo va a salvar. Escuchar este mensaje no lo va a salvar, a menos que este mensaje entre en su corazón y usted reconozca a Cristo como su Señor y Salvador. Eso es lo que trae salvación al hombre. La fe en Cristo Jesús como Rey y Señor de nuestra vida, eso es lo que trae salvación al hombre.
Pero muchos le dirán en aquel día, “Señor, Señor. Señor”, le dirán. Es más, cuando vuelva a Él todo mundo va a decir. “¡Señor!” ¿Se imagina usted ese espectáculo? ¿Cómo la gente no le va a decir Señor cuando Él vuelva con su ejército en las nubes? Vamos a caer ahí rendidos delante de Él. Y claro, todo el mundo le va a decir Señor, al verlo. Porque ya no viene como el cordero manso que leemos en las Escrituras, en el Nuevo Testamento. Él viene como Rey, Él viene como León. Él viene como el Hijo de Dios que viene a destruir a sus enemigos. ¡Viene a destruir a sus enemigos! Eso es lo que viene a hacer. “Hermano, no diga eso. Nooo. Dios es amor.” ¿Cómo va a creer que Él va a hacer eso? Dice la palabra del Señor en Pedro, que Él retrasa, pareciera que retrasa su venida, porque algunos creen que no va a venir. Pero él tiene tanta misericordia, que está esperando a que todos procedan al arrepentimiento. Que usted escuche la palabra y se arrepienta y pueda aceptar a Cristo como su Salvador para que no se pierda. Pero todo aquel que escuchó y rechazó a Cristo como Salvador, será destruido en ese día. La gente, hoy quiere escuchar un discurso políticamente correcto. “No diga eso, diga mejor, ‘Dios es amor y Dios lo va a salvar.’” Pero esto no es una democracia, me refiero a la iglesia. Igual que en Honduras, pero eso es otro tema. Esto no se trata de una democracia, esto es una teocracia. Aquí hay un rey y aquí hay unas reglas que usted y yo seguimos y si no, pues no. Pero el hecho de que usted crea o no, no quiere decir que no existen las leyes de Dios y que no va a ser juzgado por las leyes de Dios. ¿Cómo es eso? Aunque usted no crea que va a ser juzgado por Dios, va a ser juzgado por Dios.
En el universo existen leyes, ¿verdad? Como las leyes de gravedad, de la termodinámica, las tres leyes de Newton que hablan acerca de los movimientos, la masa y todas esas cosas. ¿Usted las conoce? La mayoría de nosotros no, ¿verdad? ¿Y solo porque no las sabemos no existen? ¿Verdad que no? Existen, y nuestros cuerpos y todo lo que nosotros vemos se rigen por esas leyes, aunque usted no lo sepa. Aunque usted quiera volar, aunque usted diga, “La ley de la gravedad es un invento de Xiomara, no existe la gravedad, es un invento de Xiomara y Mel, no existe, mire, mire, yo vuelo”, ¿verdad que no puede hacer eso? ¿Usted ve la gravedad? ¿La conoce, conoce cómo funciona? No, ¿y sólo por eso no existe? Existe, y su cuerpo depende de ella. Jamás se me olvidó en el colegio, corregirme Walter, si estoy equivocado, que la fuerza de la gravedad es 9.8 metros sobre segundo al cuadrado. Negativo 9.8 metros sobre segundo al cuadrado, es la fuerza que ejerce la gravedad sobre cualquier cuerpo. Es una fuerza que lo jala a usted al centro de la tierra. ¿Y eso qué significa? Que usted no puede salir volando aunque quiera, que aunque usted no crea en eso, no importa. No importa si no lo entiende. Todas las cosas que nosotros vemos y tenemos en nuestro mundo, hay cosas que no entendemos y nos regimos por ellas. El hombre piensa que solo las leyes de Dios son las cosas que puede decir, “Yo no creo en eso y no voy a ser juzgado por eso y no voy a vivir por eso.” Pero no quiere decir que no va a ser juzgado por Dios. ¿Por qué? Porque todo tiene sentido en la vida, todo tiene un sentido.
La gente cree, hay mucha gente que cree que venimos de la nada, ¿cierto? La teoría del Big Bang dice que salimos de la nada, hubo una explosión y usted y yo salimos de la nada. Y que luego, de una célula salió un renacuajo. Y ese renacuajo se aburrió de estar en el agua y se salió a la tierra. Y después de mucho tiempo, se convirtió en un mono. Y después en un chimpancé y de ese chimpancé salió usted. Eso cree la gente. Y la gente dice, “Charles Darwin dijo.” Charles Darwin habló de la teoría de la selección natural. ¿Ustedes creen que Charles Darwin habló de la evolución? El desmintió la evolución, imagínese. Porque aquí viene todo esto, no importa si usted cree que viene del chimpancé. Pero si Dios es real, un día usted y yo vamos a estar parados frente a Él, y vamos a dar cuenta de todo lo que hicimos. Va a creer usted, que de la nada, de una chispa se formó el universo. El cosmos entero, galaxias y millones de galaxias, que cada una tiene millones de planetas, estrellas, soles, millones y millones. Y da la casualidad, por qué es casualidad, que la energía que emite una estrella, que nosotros le llamamos sol, esa energía que está a miles de millones de kilómetros de aquí, esa energía es la que usted y yo necesitamos para vivir. Que esa es la energía que las plantas necesitan para hacer la fotosíntesis, para agarrar el dióxido de carbono, producir oxígeno. El oxígeno que su cuerpo necesita para poder vivir. Pero eso salió de la nada. Eso es coincidencia. Que todo lo que crece allá afuera tenga nutrientes, los nutrientes específicos que cada parte de nuestro cuerpo necesita para vivir. Pero eso salió de la nada, es una coincidencia todas esas cosas.
Todo tiene sentido, porque todo fue diseñado por el creador. Todo tiene sentido y en conclusión, ¿por qué lo malo es malo? ¿Por qué el pecado es pecado? En última instancia, ¿no le parece a usted que si venimos del mono? Digamos, ¿alguna vez usted ha visto un documental de monos y cosas así? ¿Usted ha visto que los monos se comen a veces sus propias heces? ¿Ha visto eso? ¿Por qué ellos no saben que eso es malo? ¿Y porque usted y la humanidad en general tienen noción de lo que es malo y lo que es bueno? Porque, hay alguien a quien darle cuentas. Lo crea o no lo crea. Si el hombre tiene noción de lo bueno y lo malo, es porque Dios así lo quiso. Porque él dijo, esto es lo bueno y esto es lo malo. Y entonces un día usted y yo estaremos frente a él para darle cuentas de eso. Por eso él dice, hay un fruto bueno y uno malo. Si no seríamos totalmente irracionales. Y nada de lo que estamos hablando aquí tendría sentido, ¿verdad? Nada tendría sentido en esta vida. Cada acción tiene una repercusión. Ahí está hasta una ley de la física. Y eso también se aplica a usted y aplica a mí. Todo lo que hacemos tiene una reacción. En nuestro propio cuerpo, a su alrededor, en todo. En todo lo que está a nuestro alrededor.
En aquel día muchos dirán, “Señor, Señor.” ¿Sabe quiénes también lo dirán? Los blasfemos, los ateos, los malvados, los incrédulos. Todos lo dirán. No solo los que estuvieron en una iglesia. Todo mundo dirá, “Señor”, en ese día. Muchos que usaron su nombre para obtener provecho. Todos los que vieron la iglesia, el nombre del Señor, la religión como una oportunidad. Todos aquellos que trataron de sacar algo de ahí, pero que nunca conocieron al Padre. Los que solo sacaron ganancias de la religión. Los que solo miraban por su bienestar, todos esos también dirán, “Señor.” Señor estuvimos ahí. Muchos dirán en aquel día, “Lo siento.” Cuando estén frente a la presencia de Dios dirán, “Señor, lo siento. No sabía que esto era verdad, pero yo hice, mire, yo fui a la iglesia, yo estaba ahí, yo lo siento.” Pero dice la palabra del Señor, que para todo hay tiempo en esta tierra. Para todo, para reír, para llorar. ¿Y sabe para qué hay tiempo también? Para pedir perdón, para arrepentirse. ¿Sabe de qué no habrá tiempo aquel día? De arrepentirse. El tiempo se acabará. Y eso es lo que significa la fiesta de Yom Kippur. Me encanta por eso. ¿Sabe por qué? Porque la fiesta se termina, ¿cierto? La fiesta del perdón, se termina un día. Y entramos ahora, a la fiesta de la alegría. Pero el día del perdón, se termina. Y un día, ese día se terminará para todos nosotros. No habrá más. Ese día es hoy. Todo el tiempo que tengamos la oportunidad, hable de la palabra. Hable de la palabra, hable del Evangelio. Dígale a los que conoce, “Arrepiéntase. Busque de Dios, busque del Señor Jesús. Que Él es el Salvador.” Mañana cuando le pase algo, no tendrá oportunidad de arrepentirse esa persona.
Mire lo que está pasando en nuestro país, en esta ciudad. Cómo están viniendo, la gente cómo está sufriendo. Y ni aún así queremos reconocer a nuestro Dios. Queremos humillarnos delante de Dios, a pesar de todo lo que está pasando. No queremos reconocer que necesitamos de Dios. Por eso este país está como está y vienen cosas peores. Porque en todos lados, yo venía en la mañana desde muy temprano y por todos lados se escuchaba música cristiana. Habían cultos por todos lados. Se escuchaba la música, era un relajo, porque había una iglesia aquí, otra enfrente y en todos lados. ¿Pero dónde está en este país la gente que se pone a orar? Dónde vemos en la mañana los domingos, todo mundo escuchando música cristiana y en la tarde parece Sodoma y Gomorra este país. ¿Por qué? Porque no hemos escuchado, porque no hemos entendido que hay que dar fruto, fruto. Fruto que perdura, fruto que otros pueden ver. Porque no solo es el que va a la iglesia. Se imagina usted cuantas personas de las que están metidas en las iglesias ahorita, en aquel día dirán, “Señor, Señor ahí estaba yo escuchando.” Y él le va a decir, “No es cierto. Ni siquiera estabas escuchando. Pero eso no importa, porque en conclusión, nunca tuviste una relación conmigo. Nunca diste fruto, nunca se vio nada.”
Miremos qué terrible, en el 23. Terminemos. Él le dirá, jamás los conoció, nunca tuvieron una relación con Dios. “Aléjense de mí.” Esa es la sentencia de aquel día. “Aléjense de mí, hacedores de maldad.” ¿Sabe qué significa maldad en este versículo? La palabra maldad aquí, es aquella persona que quiere estar al margen de la ley. Una persona que conoce la ley, pero no la quiere seguir. Eso es maldad. Una persona que sabe hacer lo bueno y no lo hace. Hacedores de maldad. No es el que andaba robando, no es el que andaba matando, no es el político que se está robando los millones. Es el cristiano. Aquellos que andaban en las iglesias escuchando las prédicas y cuando iban a sus casas seguían viviendo sus vidas de la misma manera. Esos son los hacedores de maldad. Los que sabían hacer lo bueno y no lo hicieron. No son los que se robaron el dinero del seguro. Son los que están metidos en las iglesias todos los domingos, escuchando la palabra pero viviendo sus vidas en desobediencia hacia la palabra de Dios. Desconocemos muchas cosas nosotros de la ley de Dios. Pero cada domingo hemos ido escuchando de a poco, de a poco. Y muchas veces rehusamos en nuestra vida. Sabemos que es lo bueno y rehusamos. Y dice el Señor, “Esos son hacedores de maldad.” No hay más que una sola manera de que se pueda demostrar la sinceridad de una persona y es su conducta. Las palabras bonitas nunca pueden ocupar el lugar de obras verdaderas. No tiene sentido decir que amamos a una persona y luego hacer cosas que quebrantan su corazón. “No todo el que me diga Señor, Señor. Sino el que hace la voluntad de mi Padre.”
Quiero terminar con esto. ¿Cuál es la voluntad del Padre? Ya que estar aquí, ya que escuchar, ya que decir, no nos hará saber. ¿Cuál es la voluntad del Padre? ¿No le parecería a usted menester de nosotros, una gran preocupación saber cuál es la voluntad del Padre si eso es lo que nos llevará al reino de los cielos? En la Biblia, está lleno de versículos que dicen, esta es la voluntad del Padre. ¿Por qué? Porque nosotros salimos y decimos, “Si es la voluntad de Dios, mañana me dan un mejor trabajo.” Esa es la voluntad que nosotros queremos. “Si es la voluntad de Dios, con este boleto me gano la diaria. Si es la voluntad de Dios, me voy a encontrar las llaves de un carro nuevo ahí tiradas. Si es la voluntad de Dios.” La voluntad de Dios ya está aquí, lo básico que necesitamos saber.
Y lo quiero dejar con esto. Juan capítulo 6 verso 40. Estamos listos. Juan capítulo 6 verso 40. Quiero que se quede con este versículo. “Porque la voluntad de mi padre, es que todo el que reconozca…” Hay otra versión actualizada en la Reina Valera y en la nueva versión internacional que dice. “Todo el que ve al Hijo y crea en Él, tenga vida eterna y yo lo resucitaré en el día final.” ¿Cuál es la voluntad del Padre entonces? Que tenga vida eterna, ¿cierto? Esa es la voluntad de Dios. La voluntad de Dios, es que tenga una casa más grande, un carro más grande, unos tenis más grandes, una cuenta de banco más grande. La voluntad de Dios, es que seamos salvos. ¿Cómo? Creyendo en Jesús. El que cree en Jesús, ¿usted cree en Jesús? ¿Usted cree que Jesús es Salvador? Hasta los judíos creen que Jesús, creen que El vino, que El es real. Pero no creen que Él es el Salvador. ¿Entienden esa parte? Los historiadores creen en Jesús, saben que Jesús existió. Mas no creen que Él es el Salvador del mundo, y eso es una diferencia totalmente grande.
No solo eso, dice, “El que lo reconozca, el que lo ve…” ¿El que lo ve? ¿Cómo? Ya no podemos. ¿Usted ha reconocido a Jesús como su salvador? ¿Se ha detenido a meditar? ¿A verlo? ¿A contemplarlo detenidamente? Eso significa esa expresión, contemplarlo detenidamente. ¿Cómo?, si Él ya no está entre nosotros. ¿Se ha detenido a contemplarlo detenidamente? La salvación está en contemplar al Hijo de Dios. Entonces, no se trata de hacer una oración y decir, “Señor, te acepto como mi Señor y Salvador.” Aquel que ha visto al Salvador y se detiene a pensar, a reflexionar en su vida, y empieza a caminar como si fuera, como si hubiera sido salvado. Como si esa persona hubiera sido salvado, así camina el que ha sido salvado. El fruto da a conocer, he sido salvado. Entonces seré sanado y entonces fruto del Señor.
“El Señor viene por una iglesia que escucha, que lo ha visto y que ha decidido en su corazón seguirlo y dejar todo por él."
El Señor viene por fruto. El Señor viene por una iglesia que escucha, que lo ha visto y que ha decidido en su corazón seguirlo y dejar todo por él. El Evangelio de Dios es poder de Dios, para transformar al hombre. Para transformar la familia. Ese es el poder de Dios. Todo el que se acerca a él no será defraudado. Pero ahorita estábamos cantando, antes de comenzar la palabra. “Yo soy hijo de Dios.” Yo le quiero preguntar, ¿caminamos como hijos de Dios? Si usted dijo que si a la pregunta, si ha aceptado al Señor como su salvador. Entonces pregúntese, ¿estoy caminando como hijo de Dios? ¿O somos como todos que al terminar el culto volvemos al lodo? Somos como aquellos que desprecian la sangre que lava nuestro pecado, nuestra suciedad. Pero cuando todo esto termina, volvemos a lo sucio. Déjese tocar por aquel que puede sanar, por el que puede limpiar. Dice el Señor, “Pruébenme. Prueben lo que es bueno.” La voluntad de nuestro Padre es que seamos salvados, usted y su familia. Que el Señor, hoy le permita escuchar. Que abra sus oídos para escuchar la palabra de Dios.
