Asegúrate de Donde Está Tu Deleite

Ronald Ayala

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Efesios 2:1-3 (NVI)
En otro tiempo ustedes estaban muertos en sus transgresiones y pecados, en los cuales andaban conforme a los poderes de este mundo. Se conducían según el que gobierna los aires, según el espíritu que ahora ejerce su poder en los que viven en la desobediencia. En ese tiempo también todos nosotros vivíamos como ellos, impulsados por nuestros deseos pecaminosos, siguiendo nuestra propia voluntad y nuestros propósitos. Como los demás, éramos por naturaleza merecedores de la ira de Dios."

Malaquías 1:12-13, 7 (NVI)
“'Pero ustedes lo profanan cuando dicen que la mesa del Señor está contaminada y que su alimento es despreciable.  Y exclaman: “¡Qué carga!”. Y me desprecian —dice el Señor de los Ejércitos—. ¿Y creen que voy a aceptar de sus manos los animales robados, lisiados o enfermos que ustedes me traen como sacrificio? —dice el Señor—...

»Pues en que ustedes traen a mi altar alimento contaminado.

»Y todavía preguntan: “¿En qué te hemos profanado?”.

»Pues en que tienen la mesa del Señor como algo despreciable.»"

Salmos 42:1-2 (NVI)
Como ciervo jadeante que busca las corrientes de agua, así te busca, oh Dios, todo mi ser. Tengo sed de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo podré presentarme ante Dios?"

Mateo 16:24 (NVI)
Luego Jesús dijo a sus discípulos:

—Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga."

Romanos 6:16 (NVI)
¿Acaso no saben ustedes que cuando se entregan a alguien para obedecerlo, son esclavos de aquel a quien obedecen? Claro que lo son, ya sea del pecado que lleva a la muerte o de la obediencia que lleva a la justicia."


Texto del sermón
Asegúrate de Donde Está Tu Deleite
Sermón predicado por Ronald Ayala - Iglesia de Fe Unida, Honduras


Gracias a Dios! Dios les bendiga! Bienvenidos todos a la casa del Señor! Es bueno compartir un domingo más, un día más en la casa del Señor, amen. Compartir con todos los que están en la lucha, con todos los que en el Señor han sido llamados. Amén. Todos los que el Señor está llamando a su presencia. El tiempo es corto, el tiempo se acerca. ¿Cuántos saben que el Señor está pronto a venir? ¿Cuántos se acuerdan de eso todavía? ¿Amén? Parece que el mundo ya se ha olvidado de que el Señor volverá pronto, que Él cumplirá su promesa, que Él cumplirá la promesa. Él no tarda en su venida, Él vendrá pronto por nosotros. Amén. Nosotros hemos estado viendo en las últimas semanas en la palabra del Señor, como repetidamente Dios está señalando algo constantemente. En la Biblia lo vemos, desde el viejo testamento hasta el nuevo testamento. Está señalando algo a su pueblo y es tener cuidado con la hipocresía. Desde el viejo testamento hasta el nuevo, Jesús le dijo directamente a sus discípulos, tengan mucho cuidado con la levadura de los fariseos. Quiero decir, la hipocresía, tengan mucho cuidado.

Y eso lo habló el Señor desde siempre. Tener cuidado con eso. ¿Por qué? Porque hemos estado viendo que el Señor viene por un fruto. Por el fruto del Espíritu Santo. Eso está en Mateo 7:16 en adelante. Él dice, tengan cuidado, no todo lo que parece como el dicho que tenemos nosotros. No todo lo que brilla es oro. ¿Verdad? No todo lo que brilla, no todo lo que parece, es. Hay que probar los espíritus, hay que probar, si el fruto es de Dios. ¿Y cómo sabemos si es de Dios? ¿Si está pegado al Señor? Y más adelante en ese mismo texto, en Mateo 7:21. Específicamente, dice la palabra, “No todo el que me dice, ‘Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos.;’” Sino, ¿quién? “Solo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo.” “No todo el que me dice Señor, Señor”. No todo el que... ¿Y de quién está hablando ahí? ¿Estará hablando de los de afuera? Estará hablando de nosotros. ¿Estará hablando de aquellos que clamaron? Más adelante dice, ‘Muchos dirán en aquel día, ‘En tu nombre hicimos esto, hicimos aquello, hicimos lo otro.’ Pero Él dirá, ‘Apártense de mí. Hacedores de maldad, que yo no los conozco. No los conoce, nunca nacieron de nuevo.’” No tenían intimidad con El Señor. Hacían las cosas por hacerlas. Entonces, por eso Jesús les dice, tengan cuidado de la hipocresía, de esa situación, de parecer, pero no ser. De hacer, pero no ser. De hacer las cosas sin ser, sin haber tenido un cambio, una transformación aquí en el corazón.

Hemos estado hablando acerca de la voluntad de Dios. Ya que ese versículo dice, que sólo los que hacen la voluntad de Dios entrarán en el reino. Así que es muy importante para nosotros conocer la voluntad de Dios. ¿Amén? ¿Le parece que es importante entonces conocer? Porque dice, que sólo los que hacen la voluntad de Dios, entrarán en el reino. Sólo los que hacen, entonces debemos conocerla. Y en esta semana hemos ido viendo, qué es la voluntad de Dios. Porque la voluntad de Dios, no siempre es como nosotros queremos o como nosotros queremos. Muchas veces queremos que nuestros deseos, que nuestros propósitos, ¿verdad? Y llamarlos la voluntad de Dios. Queremos que Dios haga las cosas a nuestra manera, pero no siempre es así. Y la palabra específicamente nos ha estado diciendo, cuál es la voluntad de Dios. La voluntad de Dios, es que seamos santificados. Que seamos santificados. Esa es la voluntad de Dios. ¿Qué más dice la palabra acerca de la voluntad de Dios? Que la voluntad de Dios dice, que quiere que vivamos siempre gozosos. Imagínese usted. Esa es la voluntad de Dios. Que tengamos gozo en toda situación. Que oremos en todo momento y que demos gracias en todo momento. Esa es la voluntad de Dios.

Tesalonicenses capítulo 4 y capítulo 5. La voluntad de Dios es esa. ¿Y qué más es la voluntad de Dios como Padre que es nuestro? La voluntad de Él es vernos crecer, es vernos madurar. No quedarnos en la misma, de hace 20 años, en la misma situación, en lo mismo de siempre, es imposible. Hablamos hace algunas semanas, si nosotros tenemos un niño y después de 20 años sigue así de chiquitito, nosotros diríamos, “Hay un problema ahí”, ¿verdad? Porque esa es la vida, se nace y se crece. Y la voluntad de Dios, es que todos crezcamos. ¿Hasta qué punto? Hasta parecernos a Cristo Jesús. Esa es la meta, parecerse a Cristo Jesús. ¿Entonces cuál es la voluntad de Dios? “La voluntad de Dios, es que yo me case, que yo trabaje, que yo tenga una casa, que yo tenga un carro.” ¿Esa es la voluntad? No. La voluntad de Dios, es que todo hombre conozca a su Hijo Jesucristo y lo siga. Esa es la voluntad de Dios. Y lo siga. Pero Jesús dijo también, “Todo aquel que busca primero el reino de los cielos, mi Padre le dará todo lo que necesita.” Ah, eso es diferente. Pero la voluntad de Dios es seguir a Cristo Jesús. La palabra es clara y su voluntad nos es dada siempre. Imagínese usted que no solo eso, sino que el Padre nos da su Espíritu Santo.

Y dice la palabra que el mismo poder que levantó a Cristo de entre los muertos, ahora habita, ¿en quién? ¿En quién? En mi, diga. El Espíritu de Dios, diga, Espíritu de Dios, habita en mí. ¿Y qué puede hacer ese Espíritu? Levantó a Cristo de entre los muertos. ¿Qué no podrá hacer entonces? Ese es el poder de la iglesia. Ese es el poder de la iglesia. Por eso cuando la gente dice, “Es que no puedo esto, es que no puedo lo otro”, Claro, nosotros no podemos pero el Espíritu Santo sí puede. Sea lleno del Espíritu Santo, porque él levantó a los hombres de entre la tumba, de entre los muertos. Entonces, ese mismo Espíritu transforma al hombre. Lo saca de cualquier condición, no importa lo que sea. Mire, es tal el Espíritu santo, que cuando Cristo resucitó, la gente que anduvo con él no lo reconocía. Los que anduvieron con él, dice la palabra que llegaron las mujeres y le preguntaron, “Señor, ¿usted ha visto al maestro? Se lo llevaron.” Y Jesús yo me imagino, como bromeando con ella, “Fíjese que no, no lo he visto”, esperando ver. Pero algo pasaba, se le presentó a los discípulos. Y a lo largo estaba Pedro y Juan en la barca. Y hay alguien ahí, hay alguien cocinando un pescadito, ¿quién será? No lo reconocían, ¿por qué? Yo creo que se miraba diferente, porque ahora tenía el cuerpo glorificado qué dice Pablo. Y era diferente. Él hasta su aspecto, creo yo que era diferente. Algo había en ese hombre, que ellos no lo podían reconocer. ¿Y sabe? Yo creo, que esa es la iglesia de Dios. Que cuando recibe el Espíritu Santo y es transformado, allá afuera no lo pueden reconocer a usted tampoco. Y sus amigos, usted va adelante y habla con ellos y se quedan viendo y dicen, “¿U este quién es? Y este me lo cambiaron. ¿Por qué hablas así? ¿Por qué haces esto? ¿Por qué ya no haces aquello?” Ah, porque mi amigo es resucitado de entre los muertos. Antes estaba en oscuridad, pero ahora Cristo me ha dado vida. Esa es la iglesia de Dios. Ese es el verdadero cristianismo, ese es el verdadero nacer de nuevo. Es otra persona.

¿Va a creer usted, como creen en otras religiones? De la reencarnación, ¿verdad? Ellos creen que si hacen algo bueno en esta vida, van a reencarnar tal vez en otra persona mejor. Pero si hacen algo malo, van a reencarnar en algo feo, ¿verdad? En un animal o algo, qué sé yo. Imagínense usted, volver a nacer para vivir peor. Vivir mal dos veces, no. Cristo vino para que tengamos vida y vida en abundancia, pero una nueva vida. Pero esa vida, como hemos estado diciendo. Es una vida por otra, es la mía por la de Él. Es darle mi vida, es rendir mi vida para tener la vida de Dios. Ese es el poder. Dice la palabra de Dios, “No me avergüenzo del Evangelio, porque es poder de Dios para la salvación de todos los que creen.” La salvación de todos los que creen. Y la salvación, mis amigos, no es al final, la salvación empieza hoy. ¡La salvación es poder! Y esa empieza hoy. La salvación, es un camino que se corona al final, pero empieza hoy. Así que la transformación y esa nueva vida empieza hoy. Empieza hoy. El Señor empieza a actuar hoy. Hoy usted está aquí para tomar la decisión más importante de su vida, responder al llamado de Dios. Seguirlo o no seguirlo. ¿Sabe? Hasta los ateos han tomado su decisión. Todo hombre tiene que tomar la decisión, crea o no crea en Cristo. Crea o no crea en Dios. Ellos han decidido no creer, tomaron su decisión. Y ponerse en medio, también es tomar una decisión. Pero hoy estamos aquí, para tomar la decisión más importante de nuestras vidas.

“Cristo vino para que tengamos vida y vida en abundancia…"

Pero como hemos estado hablando, el mundo está juzgando a la iglesia. Y así debe ser, está bien. Porque la Biblia, la palabra de Dios, el mensaje de Jesús es el estándar de la justicia, de la moralidad, del amor. Entonces, la iglesia obviamente es atacada. No otras religiones, ni nada. La iglesia pura de Dios siempre va a ser atacada, por esa misma razón. Por el enemigo y por el mundo. Pero claro, como hemos estado viendo, también la iglesia de hoy, no es que es atacada porque eso no son ataques, es criticada. Y vamos a hablar específicamente de nuestro país, pero yo no puedo hablar de otros lugares. Honduras, un país que clama ser, 50% católicos y 49% cristianos. Donde hay iglesias en cada esquina, donde hay más iglesias que pulperías. Pero qué es el tercer país más violento del mundo, que tuvimos por muchos años la ciudad más violenta del mundo, por delante de Irak y Afganistán. El tercer país más corrupto de Latinoamérica, el tercer país con la desigualdad social más grande de Latinoamérica. Pero somos cristianos todos. Pero la corrupción usted la ve en la calle. En cada esquina, la mentira, la violencia, el robo, todo eso. Pero todo mundo es cristiano. Todo mundo va a la iglesia. Todos conocen de Dios.

Entonces, ¿qué está pasando? ¿Por qué la gente ya no confía en la iglesia? ¿Por qué la gente critica a la iglesia? Dicen, “Porque ustedes son igual que nosotros”, y tienen razón. Por eso dice la palabra, “Guárdense de la hipocresía. “Porque ustedes no hacen lo que predican”, le dice el mundo a la iglesia, y tienen razón. “Ustedes hablan de santidad en la iglesia. Ustedes hablan de hacer el bien. Ustedes hablan de hacer el amor”, pero allá afuera, usted no sabe quien es cristiano, no lo sabe. Yo le he dicho siempre, usted va a salir en un video de esos agarrándose con alguien porque chocó el carro y seguro los dos son de la misma iglesia. Uno y el otro de la iglesia y agarrándose con bates ahí en la calle. No se sabe, no hay diferencia. No hay amor, no hay tolerancia, no hay paz. No hay paz en esta sociedad. ¿Y cuál es uno de los frutos del espíritu? Paz, amor, gozo. ¿Ve usted eso en las calles? ¿Lo percibe? ¿Percibe amor? ¿Dónde está entonces? Tengamos cuidado.

Ahora, ¿por qué pasa esto? Quiero, una razón. Hablar de una de esas razones, ¿por qué pasa esto? Porque, la palabra está para advertirnos, y si alguno se encuentra en ese camino, poder enderezar. El profeta Isaías le decía al pueblo, enderecen. ¿Verdad? Que su pie cojo, enderecen ese pie cojo. ¿Verdad? Y caminen por la senda derecha. Entonces, ¿por qué muchas veces pasa esto en las iglesias? Yo le voy a decir con un ejemplo. ¿Sabe? A veces cuando un niño va creciendo, no conoce muchas cosas, ¿verdad? Los padres lo saben. Sus experiencias y sus hábitos dependen de lo que hacen sus padres, ¿verdad? Mientras está pequeño, mientras está en su casa. He visto niños que no comen cosas, solo porque a sus padres no les gusta. Por ejemplo, a la mamá no le gusta la papa, entonces no le da papa al niño, ¿verdad? A la mamá no le gusta el pataste, entonces no le da pataste al niño. Solo porque sí. Aunque sea bueno, aunque sepa que es bueno, no se lo da. Entonces el niño aprende eso, ¿cierto?

Entonces, cuando están pequeños aprenden lo que ven en la casa, lo que les dan en la casa. Entonces, por gustos personales de los padres, los niños agarran esos hábitos. Ahora, esto es cuando están pequeños y no tienen muchas opciones, ¿cierto? Pero a medida que van creciendo, ya tienen más opciones. Porque hay gente que le ofrece otras cosas, fuera de su casa. Antes, solo podía lo que tenía en la casa, pero luego, ya sale con los amiguitos. ¿Verdad? ¿Y qué comprará con sus amiguitos en la calle? Seguro van a la pulpería a pedir un brócoli, ¿verdad? Seguro van a la pulpería a pedir un pataste cocido. No verdad. Entonces, en la calle, lo que sea. Y ahí aprenden, si es que no lo aprendió en la casa ya, ¿Verdad? Casi siempre son dulces o chucherías. ¿Quién sabe qué es lo bueno para el cuerpo? ¿Quién sabe qué es mejor, una manzana o un churro? Más sano. Vamos a hablar de sano, no de más rico. ¿Qué es más sano? Okay, mantengámonos ahí. Porque si usted me dice, “No, a mí me gusta más el churro.” Efectivamente. ¿Verdad? ¿Qué es más sano? ¿Un plato de vegetales o un pollo chuco? Está hablando de saludable. Pero nosotros, verdad que sabemos esas cosas. Pero a la hora de elegir, ¿qué elegimos? A mí, no. Yo he estado con personas que eligen la lechuga, pero es porque después en la noche, a medianoche están sacando el pollo chuco en la casa, lo están recalentando. ¿Sabe por qué le cuento esto? ¿Por qué hablamos de esto?

Le voy a contar una historia. Esta semana a mi hija le regalaron dulces, confites y de todo. Mi hija que tiene 5 años. Nosotros tratamos de comer saludable, lo más saludable posible en la casa. Así que toda su vida ha comido frutas y verduras, no ha comido chucherías. Ella nunca ha probado las sodas, los refrescos de soda. No ha probado el café, no ha probado nada de esas cosas. Obviamente, el dulce sí porque todo tiene dulce. ¿Verdad? Hasta los jugos. ¡Ay que, un juguito dulce! Pero todo tiene azúcar. Es la que está riéndose. Mi hija se ha acostumbrado a comer vegetales, tanto así que come cebolla, cebolla cruda. Se la come así. ¿Okay? Eso es, para que usted entienda más o menos lo que está pasando. Así que esta semana le regalaron una bolsa de dulces y ella no está acostumbrada a comer dulces. No le compramos confites, nunca. Y los que ella ha comido, se los han regalado. Pero como se los regalaron y ella sabe que están ahí, ni modo. Hay que darle de a poquito. Así que la mamá le da uno cada día. Porque ahí están. Entonces, ni modo. Ella no está acostumbrada a comerse un dulce cada día, no. Eso es, uno así. Un dulce cada día, ha estado en esta semana.

Así que llega el fin de semana, nos sentamos a la mesa. Y en su plato como de costumbre, hay una porción de vegetales. Vegetales que siempre ha comido, con otras cosas que siempre ha comido. Lo probó y dijo, “No me gusta, no lo voy a comer.” Y lo dejó ahí. ¿Acaso los vegetales estaban diferentes? ¿Acaso los habían hecho malos? ¿Acaso la mamá había usado otra receta? No. ¿Qué cree usted que pasó? Ya su gusto, ya está diferente, ¿verdad? Ya probó otras cosas. Y las culpables son otras personas, correcto. Es correcto. Y quiero decirle esto hermano, así es el mundo. Así es el pecado. Porque ella ya probó, de poco, de a poco. Entonces su gusto, su gusto, su deseo, lo que su cuerpo desea, ya cambió. Ya su cuerpo le está pidiendo otras cosas. Ya ve los vegetales ahí y dice, “¿Esto qué es?” Ya no los ve apetecibles, ¿por qué? Porque no son dulces. Y el dulce, ¿verdad que el dulce hace que segregue dopamina el cerebro? ¿Así es? Estoy preguntando ¿verdad? Al hermano que sabe esas cosas. Y eso hace que se sienta bien, que se sienta bien el cuerpo. Unos vegetales, no creo yo que hagan lo mismo, ¿verdad? Pero le hace bien al cuerpo. Entonces, así es el pecado, así es el mundo y así es el cristiano. La semana pasada estábamos cantando, verdad, que él es nuestro deseo, que él lo llena todo. Pero el pecado trabaja así mis hermanos, cambiando todo lo que Dios ha diseñado. Todo lo que Dios nos da para nosotros. Dios le dio vida al hombre y el pecado lo ha transformado en muerte. Eso es lo que le ofrece el pecado, muerte, así como el azúcar también. Así como todas esas cosas, ¿no? ¿Quién no sabe qué es perjudicial para la salud? Pero igual, lo seguimos consumiendo. Así es el pecado. La palabra dice claramente, que la paga del pecado es muerte. No hay nada en medio. No hay nada.

Miremos en Efesios capítulo 2, verso 1 al 3. Dice la palabra, la vida en Cristo. En otro tiempo, estamos leyendo la nueva versión internacional, aquí están enfrente los versículos, si usted tiene otra versión. “En otro tiempo, ustedes estaban muertos en sus transgresiones y pecados.” Esos éramos nosotros, ¿amén? Dice, que en otro tiempo, allá atrás, está hablando la iglesia, ¿amén? “En otro tiempo, ustedes estaban muertos en sus transgresiones y pecados.” Esto confirma lo que estamos hablando, ¿si? ¿Qué trae el pecado? Muerte. Versículo 2, “En los cuales andaban conforme a los poderes de este mundo, se conducían según el que gobierna las tinieblas, según el espíritu que ahora ejerce su poder en los que viven en desobediencia.” ¿Quién gobierna sobre los que desobedecen la palabra? Dios no es, ¿verdad? Dios no es. Versículo 3. “En ese tiempo…”, en aquel tiempo, antes, mucho tiempo atrás, “...Todos nosotros vivíamos como ellos.” ¿Cómo quiénes? Como los que están en oscuridad. Como los que practican el pecado deliberadamente. Como los que no han sido redimidos, como los que no han tomado la decisión de seguir a Cristo. Como los que no han sido alcanzados, los que no han nacido de nuevo. Antes vivíamos como ellos, ¿y cómo viven ellos? Impulsados por nuestros deseos. Imagínese usted. O sea que esto es el viejo hombre, el que vive impulsado por sus deseos. Y dice ahí, que esos deseos son pecaminosos. Porque así es el hombre. Así es el corazón del hombre. “...Siguiendo nuestra propia voluntad y nuestros propósitos.”

Qué increíble este versículo, ¿verdad? Porque ahora, es como una nueva filosofía. No sé cómo, se me escapa la palabra. ¿Verdad? Que eso es lo que se está predicando, ¿verdad? Motivando a la gente. Y esa filosofía carnal y humanista ha entrado a la iglesia, ¿verdad? Y esos conferencistas le andan diciendo a la gente, “Siga sus deseos”. ¿Verdad? Los sueños que usted tiene los logrará alcanzar. Solo propóngaselo y usted logrará todo lo que su corazón ha deseado. Pero dice la palabra de Dios, que lo que mi corazón desea es pecaminoso. Que todo está alejado de la voluntad de Dios. Que todos aquellos que siguen su propia voluntad y su propios deseos, sus propios propósitos, son gente que todavía viven en desobediencia en la oscuridad. ¿Por qué? Porque la palabra del Señor dice, venga tu reino, hágase tu voluntad, no la mía. Que se haga la voluntad de Dios y no la nuestra.

Entonces, cantamos la canción, “Te deseo, eres mi plenitud.” No es cierto, ya no te deseo. Porque cuando le ponen el plato, si se lo come, se lo come de mala manera. ¿Me entiende iglesia lo que estoy diciendo? Cuando nos permitimos ciertas cosas en la semana, viene el plato fuerte. Lo que usted debería comer y ya no lo ve apetecible. Y ya no encuentra deleite en eso, ya no encuentra deleite en la presencia del Señor. Y la gente se encuentra en las iglesias y dice, “Las iglesias están muriendo. Es que los pastores no están ungidos. Es que los de la alabanza no oran.” ¿O es que usted ha cambiado su deseo? Es que usted ha venido lleno, ya vino lleno de afuera. Cualquier cosa que se le dé, ya no lo va, ¿cómo se va a recibir de la misma manera? El domingo pasado específicamente estuvimos hablando de eso, el deseo que hay en nosotros. Pero si yo estoy probando cosas, otras cosas. si me meto cualquier cosa durante la semana. Entonces, hemos abierto una puerta al enemigo. Es más difícil entonces, volver a lo que antes estábamos haciendo.

Malaquías capítulo 1, versículo 12. Este es el momento en que el pueblo le está reclamando a Dios, le está reclamando a Dios. Malaquías capítulo 1, versículo 12, dice, pero ustedes, está teniendo una conversación el Señor con el pueblo y le dice, “Pero ustedes profanan cuando dicen que la mesa del Señor está mancillada y que su alimento es despreciable. Y exclaman, ‘¡Qué hastío!’ Y me tratan con desdén.” Si usted mira en su Biblia más atrás, en el versículo 7, dice lo mismo, dice, “Pues en que ustedes traen a mi altar alimento mancillado, y todavía preguntan: ¿En que tenemos masillado? Pues en que tienen la mesa del señor como algo despreciable”. Tienen lo del señor como algo despreciable. Y en el 13 dice, qué hastío, qué barbaridad, qué aburrido. Que feo, ya no me ya no me hace nada. Ya no es como antes. Es que en los tiempos de antes si, ¿verdad? Las iglesias y esto y lo otro. Y tiene razón, ¿sabe? En parte, hay un poco de verdad en eso. Porque antes. la gente oraba. Antes, la gente se entregaba. Antes, la gente vivía de rodillas. Y por eso, en las iglesias había avivamiento. Y por eso, habían milagros. Pero ahora, la gente está acomodada. Y la gente llega a las iglesias buscando algo, pero vienen con el estómago lleno. Y entonces dicen, que hastío. Ya esto no, esto que nos están ofreciendo. Ahí ya no se mueve nada. Esto y lo otro. Pero en realidad, es que lo que sea que hubiera. No lo recibo, porque ya estoy lleno. Ya estoy lleno. Mi deseo ha cambiado. Cuando una persona hermano, de verdad tiene hambre, come. ¿Ha visto a alguien usted con hambre de verdad? ¿Pero de verdad? ¿Ha estado usted en esa situación alguna vez?

Bueno, yo les he contado en otras ocasiones. Me encanta esa historia. Era allá por 1970, cuando andábamos con el hermano Pablo y el hermano Junior. Por alguna razón, no habíamos comido toda la mañana. Estábamos trabajando en el taller debajo del sol, sudando. No sé qué estábamos haciendo, estábamos cansados. Nadie había llevado nada. De repente apareció el hermano Pablo con una porción de pollo. ¡Una! Y era un muslito. Ni siquiera la pechuga, era un muslo y una pierna. Pero con una bolsa de tortillas. Y dijo, bueno es lo que podemos conseguir ahorita. El típico pollo de pollería, ¿me entiende? De cualquier lado ahí. Estábamos en la intemperie. Junior estaba pequeño, estaba todo, ya se nos desmayaba. Teníamos las manos llenas de grasa. Aquella cosa. Pero cuando abrió aquella bolsita y sentimos aquel olor. Yo le aseguro mi hermano, que jamás en la vida he comido un pollo más delicioso en mi vida. Nunca he comido un pollo más delicioso. Y vino el hermano y lo partió y nos dio unas buenas tortillas. Y cuando probamos aquel pollo, era… Dios, estábamos en el cielo. Era una cosa… Wow. ¿Por qué crees que lo sentimos así? Yo no sé dónde habrá sacado ese pollo. Pero yo le aseguro, que hasta el día de hoy es el mejor pollo de mi vida. Fue una cosa increíble. ¿Por qué? Porque tenía una necesidad. Y lo que sea que me pusieron ahí, fue glorioso. Fue glorioso. Lo mismo nos pasó, pero luego fue el doble, verdad.

Dijo el hermano Pablo, sería bueno que fuéramos a hacer un trabajo a las 5 de la mañana, por hoy. Nos levantamos a las 4. Nadie llevó nada, vamos a parar por algún lado a comer. Y pues no sucedió, ¿verdad? Y para no hacerle el cuento largo. Para los que no saben. Estuvimos todo el día perdidos en un lugar, todo el día en un río. Pero había que pasar una montaña. Así que por la noche, después de no haber comido nada durante todo el día. Por la noche, Junior y yo decidimos escapar hacia la libertad. Movidos por, ¿verdad? Por muchas cosas. Atravesamos un bosque, no se miraba nada. Solo oíamos cosas que se movían a nuestro alrededor. Pero el deseo era tan grande, que yo solo le dije, “Junior, no mires. Camina, no mires alrededor.” Yo solo me imaginaba, que algo iba a jalar aquel cipote y se lo iba a llevar así, a lo profundo de aquel bosque. No mirábamos nada, pero el deseo y todo lo que nosotros teníamos, nos hacía caminar sin parar. No importaba lo que estaba alrededor, ni a quien habíamos dejado allá atrás. Los habíamos abandonado. Y llegamos al pueblo, ¿y qué compramos? Un pan verdad. Un pan blanco y una mantequilla, un pingüinito. Y me dijo Junior, “¿Regresamos?” Le dije yo, “Están en la gloria del Señor. Yo de aquí no me muevo.” Y aquel pan blanco, nuevamente se sintió a gloria. Porque cuando uno está necesitado, realmente recibe aquello con ganas. Porque lo desea, no es porque, qué bueno está. Si era un pan blanco de esos huecos, que no tienen nada. Pero era la necesidad que traíamos, ¿y sabe? Yo creo que eso se ha perdido en la iglesia ahora. Cuando hay escasez, cuando hay necesidad, se disfruta y se aprecian las cosas. Pero para disfrutar de esa manera, primero tuvimos que haber pasado necesidad. Primero tuvimos que ser quebrantados. ¿Y qué es eso? En palabras simples, despojados de lo nuestro. No teníamos nada, ya no teníamos nada.

Así que lo que vino, fue increíble. Cuando no hay alternativa, cuando no hay opciones. Recibimos cualquier cosa. Pero hoy la iglesia tiene demasiadas opciones. Hoy la gente tiene muchas opciones. Yo confío en Dios, pero si algo pasa, aquí tengo esto, aquí tengo esto, lo que sea. Cuando no hay opciones, Dios empieza a actuar. ¿Pero sabe?, lastimosamente también he visto yo, muchas personas que dicen, necesitadas. Y lo voy a hacer así, entre comillas, “Necesitadas” ¿Verdad?, que se les está dando. Y de alguna manera pues, no sé, decir cosas extrañas. ¿Sabe qué cosas hemos escuchado? ¿Verdad? Al ir a dar algo a una persona necesitada, que no tiene comida, que no tiene recursos básicos, ¿verdad? Alguien que no ha comido, que sus hijos no han comido, ¿verdad? Y darle algo y decir, “A mí no me gusta el queso, a mí no me gusta el jamón.” ¿Y sabe qué he llegado a escuchar? “A mí no me gusta el pollo.” A una persona que no tiene. Y luego decir, “¿Sabe qué? Lo de la comidita está bien, pero, ¿por qué no mejor me trae el efectivo? ¿Sabe? Es que yo tengo unos gastitos por ahí, usted sabe. Entonces no lo quiero molestar, para que usted no.” ¿Y qué son esos gastos?, ¿Adivine usted? ¿Ah? Mi hermano que contribuyó a eso, ¿La? Sí, chuchería, big cola, recargas. Para estar viendo TikTok todo el día. Para comprarse ropa y zapatos de marca. Cuando a veces no tienen ventana en la casa, pero andan unos tenis de marca. Y usted dirá, “Oh qué.” Tranquilo, seguimos hablando de la iglesia. Seguimos hablando, de que necesitamos de Dios. De que, el mundo necesita a Dios.

Y la iglesia, en lugar de pedir y ser lleno de la presencia de Dios. La iglesia viene y habla acerca de la ansiedad y de la depresión. Porque no tienen las cosas del mundo. Porque en lugar de venir y arrodillarse, y pedirle a Dios, lléname de tu espíritu Señor. Para que el mundo pueda ver que tú eres real. Para que el mundo siga viendo los milagros que se hacen en tu palabra. Se hicieron ahí, todavía los hace. Para que el mundo pueda ver que tú sigues transformando las vidas. Que el mundo pueda ver, que todavía hay amor. Que todavía una familia se puede levantar en gozo. Que en una familia puede haber paz. ¿Va a creer usted? Ese parece un cuento de hadas, es un cuento, una familia donde haya paz. Pero lléname Señor, para demostrar, para ser ese reflejo, esa luz en el mundo. Pero no, la iglesia anda pidiendo cosas materiales. Ahora la iglesia no predica la palabra, anda ayudando a la gente. De eso se tratan las iglesias ahora, de ayudar, de dar ayudas, de llevar comida. Y si, hay que hacerlo. Nosotros lo hemos hecho desde que nació la iglesia, hemos ayudado. Se ha dado comida, se ha dado ropa, todo, pero ese no es el propósito de la iglesia. El propósito de la iglesia es predicar a Cristo, es predicar a Cristo, porque solo en Cristo hay salvación. No importa que se le llene el estómago un día a una persona, si su alma se va a perder. Es Cristo el centro de la iglesia y de la predicación. Eso es lo que salva. Pero todo ha cambiado, porque nuestros gustos han cambiado, porque nos damos la chance de pellizcar por aquí y de pellizcar por allá.

Salmos capítulo 42 verso 1 y 2. “Cual ciervo jadeante en busca de agua, así te busca, oh Dios, todo mi ser. Tengo sed de Dios, del Dios de la vida.” Tengo sed de Dios. Tengo necesidad de Dios. Mi alma te anhela, mi alma te necesita. ¿Cuántos podrían decir eso hoy? ¿Cuántas personas en una iglesia pudieran decir? Mi alma te anhela, mi alma te necesita. Te necesita a ti, más que esa otra necesidad que tengo. ¿Todos tienen necesidades? Claro que sí. Todos tienen problemas, todos tienen algo, una carencia, una situación en su vida, claro que sí. Pero en medio de todo eso, el salmista dice, “Yo te necesito a ti, yo te deseo a ti. Yo deseo tu presencia, Señor. Yo quiero estar contigo.” Y eso es lo que le falta a la iglesia hoy. Por eso tenemos que tener cuidado con lo que hacemos, con lo que vemos, con lo que escuchamos. No nos dejemos engañar por esa mentira. Porque es una mentira. “Esto no te hará daño.” Eso es el diablo. Eso es el diablo. Cuando escuche, ”Esto no te hará daño.” Eso es el diablo. Porque volvemos al inicio. La voluntad de Dios es que seamos santificados.

“La voluntad de Dios es que seamos santificados.”

Romanos capítulo 6. Verso 16. Me encanta este versículo. “¿Acaso no saben ustedes que, cuando se entregan a alguien para obedecerlo, son esclavos de aquel a quien obedecen? Claro que lo son, ya sea del pecado que lleva a la muerte, o de la obediencia que lleva a la justicia.” Cuando uno empieza de a poco, dice, “Yo lo controlo.” Así empiezan todos los vicios, cierto. Todos los vicios y todo pecado. No importa si es un vicio de esos ¿verdad?, con sustancia, lo que sea. Todo vicio. Pornografía, drogas, ¿verdad? Amistad, el chisme, ¿verdad? Todo. Todo empieza de a poquito, todo. Y uno dice, “Yo lo puedo controlar”, no. Yo sé que voy a hablar. No, yo sé que voy a ver. Solo estoy viendo esto poquito, pero no. No voy a llegar hasta allá, hasta el punto, dice, ¿por qué? Vamos a dejar algo claro, con el pecado no se juega. Nosotros creemos que podemos jugar con el pecado, pero con el pecado no se juega. Dice Pablo, no saben que cuando ustedes tocan eso, se hacen esclavos. Que cuando ustedes están ahí, se hacen esclavos de eso. Entonces, cuando ustedes creen que lo pueden controlar, eso los controla a ustedes, y ya no pueden dejar de hacerlo. Ya no pueden dejar de ver, ya no pueden dejar de escuchar. Ya no pueden dejar de hablar. Ya no pueden dejar de sentir ese odio, ese rencor, todo eso. ¿Por qué? Porque somos esclavos del pecado. Todo empieza de a poco, pero nos esclaviza, nos ata, son ¿verdad? Lo que siempre, bíblicamente o no sé, en las iglesias le llaman atadura. ¿Es cierto? Cadenas que se van formando en nuestra vida.

La gente, ha visto usted, volvemos a lo mismo. No puede. El Espíritu Santo sí puede. El Espíritu Santo, le ayuda al hombre a hacer todo lo que yo no puedo hacer. Entonces, ¿quién puede dejar el azúcar? Las cosas azucaradas. Ustedes saben que siempre he bromeado con esto, ¿verdad? Pero hay niveles de vicios, pero caer en el vicio del pan dulce es una cosa, ¿verdad? El pan con café, quien se mete ahí no sale. Sí. Pero, yo conozco gente que ha salido de eso, fíjense. O sea, ha dejado el pan dulce. Ahora, conozco gente que no solo ha dejado el pan dulce, sino que toma el café sin azúcar. ¿Verdad? Está rico, dice, arrugan la cara cuando lo toman. Pero se puede. Ahora, ¿verdad que la mayoría de ustedes conocieron a mi abuela? ¿Recuerda que ella era diabética? Andaba los confites escondidos en la cartera. ¿Y sabe qué hacía a la hora del café? Ella decía, “No le voy a echar azúcar porque no puedo comer azúcar”, ¿verdad? Así que le echaba una cosita que ella compraba, que para endulzar el café, para diabético supuestamente, ¿verdad? Porque no puede tomar azúcar. Pero, con la semita al lado. No le echo azúcar al café, pero está la semita ahí al lado. Así es la iglesia de hoy. Legalista en unas cosas y permisiva en otras cosas. La gente hoy está más preocupada por decirle a un hermano o a una mujer, ¿verdad? No se vista así de esta manera, ¿verdad? Que por su corazón. Y no quiere decir que vamos a venir vestidos como queramos pero, hoy la iglesia no importa. O sea, a la iglesia usted tiene que venir que la falda le arrastre, ¿verdad? Un metro de cola para la mujer. No importa si está en adulterio, con tal que el vestido le arrastre en la iglesia. ¿Verdad? Esa es la iglesia de hoy. Que se tome el café sin azúcar, pero con la semita al lado. Y el Señor está diciendo, “Todos aquellos que quieran ser mi discípulo, tomen su cruz y síganme.” Mateo capítulo 16, verso 24. La semana pasada hablamos acerca de esto. “Luego Jesús le dijo a sus discípulos, si alguien quiere ser mi discípulo”, ¿qué tiene que hacer? “Negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme.” Muchos podemos mirar este versículo y decir. “¡Wow! Todo eso está pidiendo Jesús. Todo eso, es demasiado. Negarme a mí mismo, a lo que yo quiero, a mis planes, a mis deseos. Si todo el mundo lo hace. Es demasiado. Tomar la cruz. Si la cruz es símbolo de verguenza, de muerte. Solo los ladrones, los peores, los subían a la cruz.” Eso tal vez vino a la mente de algunos de los que estaban ahí escuchando. “¿Cómo nos puede pedir esto el Señor? ¿Cómo nos va a decir que me tengo que negar a mí, a mi familia?” Y después les dijo, “¿Ustedes creen que eso es duro? Pues el que no niega el amor a su padre, a su madre, a su hijo y a todo lo que tiene y lo deja todo.” No puede decir mi discípulo tampoco, ¿como así? Más todavía, no te fue suficiente con esto. Si todavía el hecho de que él iba a subir a la cruz los impactó y cambió su vida. Ahora él les ofrecía, ahora ustedes también carguen su cruz. ¿Pero saben? Me recuerda esto un poco a la historia del joven rico. ¿Qué tengo que hacer para heredar el reino de los cielos? La ley la cumplió toda. Vende tus cosas y dáselo a los pobres. ¿Por qué no lo hizo? Dice la palabra, que él se entristeció. Ese era su otro plato. Ese era el plato deseable para el. Su riqueza. Sus cosas. Sus propósitos. Sus deseos. Eso era el otro plato. ¿Cómo iba a dejar eso él? Para seguir a Jesús. Hay muchas personas y yo entiendo esa parte. Llegados a este punto, que dicen, “¡Wow! Me parece que es demasiado. Parece que es demasiado lo que están pidiendo ahí.” Pero cuando yo leí este versículo. No pude quedarme en esa parte, fíjense. Si, dice que hay que negarse, y que hay que tomar la cruz. Pero luego dice, “Siganme a mí.” Me está invitando a mí. ¿Y quién soy yo? ¿Me está invitando a mí, de verdad, a seguirlo? ¿Acaso lo que tengo es más valioso? ¿Acaso mis cosas son más valiosas? ¿Acaso lo que yo tengo que dejar, es más valioso que lo que Él dejó para subir a esa cruz? Que Él bajó del cielo. Y dice Efesios capítulo 2 que se despojó de su gloria. La palabra nos está diciendo, despojese del pecado que lo lleva a la muerte. Deje eso de lado. Deje las cosas que lo van a matar. Deje las cosas que le hacen daño. Sin embargo, Cristo se despojó de algo glorioso. De toda su gloria, de su majestad, de su reino. Y vino a esta tierra y murió al lado de aquellos dos ladrones, para que usted y yo hoy pudiéramos decir, “Sí Señor, yo también te quiero seguir. Yo también quiero seguir ese mismo camino.” Si el Rey de Reyes, Él no tenía necesidad de bajar de su trono y despojarse de su gloria. Y yo me siento ofendido cuando me dice, “Deja esto de lado que te hace mal.” La cruz es un símbolo de amor tan grande, que cuando vemos la cruz, el cristiano ama la cruz. En aquel tiempo era algo horrible. Pero cuando el cristiano mira la cruz, ¿sabe? Puede ver a su Salvador. Es el símbolo de negación de lo mío para lo de él. Lo que él está haciendo. Pedro no quiso ser crucificado como Cristo. A él le decretaron pena de muerte por crucifixión y él dijo, “¿Cómo voy a ser yo digno? No soy digno de morir de la misma manera que mi amado Jesús. De cabeza ¿Va a creer usted? No soy digno de lo mismo. No soy digno de que me claven de la misma manera. No soy digno de sufrir de la misma manera. Voy a seguir el mismo camino, te seguiré. Te seguiré hasta el final. Pero denme vuelta, porque no soy digno de todo esto. De seguirte.”

“Hoy tenemos una responsabilidad y es de elegir, si vamos a seguir a Cristo o no."
Hoy tenemos una responsabilidad y es de elegir, si vamos a seguir a Cristo o no. Y ese camino, es el camino de la cruz. El camino de negarse a nosotros mismos, para tener la vida en abundancia que Dios había prometido. Una vida verdadera, no la vida que nos han enseñado. No la vida absurda que han vivido nuestros padres y nuestros abuelos, y muchas veces nosotros mismos. Una vida nueva. Yo le dije, Señor, “¿Cómo que me estás invitando a seguirte?” Imposible. ¡Qué bendecidos que somos!