Dichosos los Que Necesitan de Dios

Ronald Ayala

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Mateo 5:3
Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece."

Isaías 66:1-2
Así dice el Señor'El cielo es mi trono, y la tierra, el estrado de mis pies. ¿Qué casa me pueden construir?¿Dónde estará el lugar de mi reposo? Fue mi mano la que hizo todas estas cosas; fue así como llegaron a existir', afirma el Señor.

Yo estimo a los pobres y contritos de espíritu, a los que tiemblan ante mi palabra.

Salmos 51:16-17
Tú no te deleitas en los sacrificios ni te complacen los holocaustos; de lo contrario, te los ofrecería. El sacrificio que te agrada es un espíritu quebrantado; tú, oh Dios, no desprecias al corazón quebrantado y arrepentido.

Salmos 23:1-3
El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes pastos me hace descansar. Junto a tranquilas aguas me conduce; me infunde nuevas fuerzas. Me guía por sendas de justicia haciendo honor a su nombre.

Mateo 5:3 (NTV)
Dios bendice a los que son pobres en espíritu y se dan cuenta de la necesidad que tienen de él, porque el reino del cielo les pertenece.


Texto del sermón
Dichosos los Que Necesitan de Dios
Sermón predicado por Ronald Ayala - Iglesia de Fe Unida, Honduras


Que Dios les bendiga, hermanos, es bueno estar en la casa del Señor donde podemos encontrarnos con Él, Amén. El Señor está hablando en estos días porque Él es bueno, porque Él ya viene hermano, Él ya viene y Él está hablando a su iglesia. El Señor ha estado hablándonos en estas semanas acerca del poder del Evangelio. Acerca de lo que dice su palabra y no de lo que nosotros creemos que es el Evangelio, el verdadero Evangelio como Jesús lo describió. Había personas que le preguntaban, “Jesús, ¿cómo vamos a heredar el reino de los cielos?” Y Jesús les explicaba muchas veces por parábolas. Hermano, hoy no se predican muchos mensajes de Jesús o de los mensajes que predicó Jesús porque la gente anda buscando sus propias cosas. Cada quien anda en lo suyo, cada quien anda buscando sus propias metas, sus objetivos en la vida y desde los púlpitos se predica eso también. De cómo conseguir los objetivos y las metas en su vida, ¿y sabe? Yo creo que hasta inconscientemente cada uno de nosotros cuando quiere conseguir una meta o un objetivo en la vida inconscientemente lo que quiere alcanzar es la felicidad. Quiere obtener algo de felicidad, y el mundo y la sociedad, ¿verdad? Nos dice, “Mire, la felicidad es esto, se puede obtener de esta manera, con dinero”, ¿verdad? Por ahí dicen, dicho, que el dinero no compra la felicidad, pero igual estaría más feliz si tuviera dinero.

Pero nosotros estamos en un tiempo, ¿verdad? Donde la palabra del Señor está viniendo a nosotros y a pesar de que nosotros nos llamemos cristianos, aunque nosotros nos llamemos cristianos, igual andamos persiguiendo esas cosas allá afuera. Igual queremos conseguir, obtener, o experimentar la felicidad a través de las cosas que ofrece este mundo, de todo lo que hay. Que hay que disfrutar de la vida, que hay que salir, que hay que hacer esto y lo otro. Pero Jesús se sentó con sus discípulos y les explicó cómo era el reino de los cielos y cómo debían de ser ellos y lo que Él esperaba de sus discípulos hasta el día de su venida. De cómo debe ser el carácter de su discípulo, de cómo debe ser la personalidad y el estándar de moralidad que Él esperaba de sus seguidores. Eso lo encontramos en el Sermón del Monte, que hemos estado hablando en estas semanas un poco acerca de ello pero, ¿sabe? El Sermón del Monte empieza con algo bien increíble, porque si bien es cierto, son las cosas que espera Jesús de nosotros, Él no está añadiendo cosas a la ley, Él simplemente está interpretando la ley correctamente. Él está diciendo a la gente cómo era la ley, no es solo una imposición, porque muchas veces salimos de la iglesia, ¿verdad? Y leemos la palabra, “¡Ay! me dicen que tengo que hacer esto. ¡Ay! Jesús dice que deje esto y tengo que hacer esto otro”, y sentimos como una carga y sentimos como algo pesado y yo no puedo hacer esto pero ¿sabe cómo empieza el sermón del monte? Empieza con las bienaventuranzas, empieza con bendiciones, así empieza el mensaje de Jesús.

Bienaventuranza significa dichoso, significa bendecido, significa feliz, feliz, son felices. Y pensaban esto y decían wow cuantas veces hemos andado en busca de la felicidad y el Señor lo ha dejado en su palabra. Las bienaventuranzas no son una imposición, son una bendición y es como el Señor Jesús le está diciendo, “Amigos ustedes han corrido toda su vida detrás de esto, pero miren, hagan esto y verán cómo serán felices.” De eso se trata la palabra del Señor, el sermón del monte. El Señor ha estado hablando a mi corazón con esta primera característica de sus discípulos porque cada una tiene una recompensa, cada bienaventuranza tiene una recompensa para el futuro. Pero la primera bienaventuranza tiene una recompensa para hoy mismo, hoy mismo usted y yo podemos disfrutar de eso. ¿Qué le parece si vamos a Mateo 5:3. Hoy cantábamos mucho acerca de esto, qué bueno es el Señor, pero muy, muy bueno el Señor, porque la hermana estaba, ¿verdad? Animándonos a celebrar, animándonos a gozarnos, pero sabe qué hermano, no se puede, no se puede. No se puede animar a alguien y ya vamos a ver la razón de por qué, y por qué la palabra es tan hermosa y viene a votar con toda mentira del diablo. Amén. Amén. Amén. Amén. Denle un aplauso al Señor. No, no, no usted me va a regalar un par de minutos de su tiempo si se ha tomado la molestia de venir aquí, despierte. Dígale, “Señor despiértame, despiértame, despiértame, quiero ser libre.” Sea libre, venimos a la casa del Señor y venimos llenos de oscuridad a la casa del Señor pero en el nombre de Cristo Jesús hoy se cae esa mentira hoy se cae. Amen

Ya vamos, ya va a ver usted, por qué le estoy diciendo eso. Mateo 5:3, “Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos le pertenece.” Dichosos los pobres, felices los pobres, bendecidos los pobres. ¿Qué? Yo me imagino a la gente de ese tiempo un poco confundida ¿no? Bendecidos los pobres, o sea, los que no tienen nada, los que carecen de todo, ¿verdad? Porque, ¿qué es un pobre? Bueno, según un diccionario común, un pobre es una persona que carece de recursos, un indefenso, alguien que necesita de otros, que no puede valerse por sí mismo o carente de cualquier cosa. Eso es un pobre y la palabra está diciendo, dichosos los pobres, son bendecidos, son felices, pero evidentemente la palabra no está hablando de pobreza material, ¿cierto? Ni de pobreza económica, no está diciendo que son felices los que no tienen nada, no es lo que está diciendo la palabra. Tampoco se refiere a los pobres de entusiasmo, ¿verdad? A los que les falta energía, a los que son indiferentes, ¿verdad? “Ay, que yo soy pobre”, tampoco está diciendo eso la palabra, no se refiere a ese tipo de pobreza a los que son pasivos. Está hablando del pobre en espíritu y espíritu está con minúscula porque no está hablando del Espíritu santo. No está hablando del Espíritu de Dios, está hablando del espíritu del hombre. De ese soplo de vida que nos dio Dios, con el que le dio a Adán ese soplo de vida. Ese es el espíritu que cada uno de nosotros tenemos y que ha sido dañado a causa del pecado, que está dañado y que necesita volver a conectarse con Dios. Ese espíritu es el que está diciendo son felices los pobres en espíritu.

El texto está hablando, no está hablando de una pobreza física ni material. Pero entonces vayamos al grano que es un pobre en el espíritu, que es ser pobre en el espíritu, porque a todo esto mi hermano, por más que nosotros cantemos y le demos y que felices, porque todas las canciones se trataban de eso hoy, verdad. Somos felices, y felices, y me gozaré, y aquí, y allá, y eso no es cierto, no es cierto, no hay felicidad acá en el corazón. Puede haber un poco de movimiento, puede haber un poco de hoy, un poco de emoción, pero la felicidad no es una emoción. La felicidad es algo que está aquí en el corazón y como hablamos la semana pasada, la felicidad no depende de la circunstancia, porque la circunstancia es lo único que revela, es lo que hay adentro del corazón. Y si adentro del corazón hay felicidad, no importa lo que esté pasando alrededor. Amén. ¿Entendemos esa parte? Entonces, ¿qué es ser pobre en espíritu? Porque son felices los pobres, váyase con esto, usted y yo necesitamos entender esto y decir, “Yo quiero ser eso, yo necesito ser eso.” Porque a mí me han contado que hay en otros lugares, en otras iglesias, gente que no son felices, que cuando llegan a sus casas y miran a su alrededor, lloran. Y no está malo llorar, pero lo que está aquí en el corazón, no hay felicidad. Y por más canciones bonitas que se canten en las iglesias y más coritos que pongamos, hay algo en el corazón, hay una barrera, una atadura, una pesadez y a veces vemos las canciones y decimos, si quisiera gozarme, no es que no, pero no puedo.

"La felicidad es algo que está aquí en el corazón…la felicidad no depende de la circunstancia, porque la circunstancia es lo único que revela."

Miremos en la palabra en Isaías capítulo 66. ¿Qué es el pobre en espíritu? Isaías 66:1. Isaías 66:1 y 2 dice, “Así dice el Señor: ‘El cielo es mi trono, y la tierra, el estrado de mis pies. ¿Qué casa me pueden construir? ¿Qué morada me pueden ofrecer? Fue mi mano la que hizo todas estas cosas; Fue así como llegaron a existir, afirma el Señor. Yo estimo a los pobres y contritos de espíritu, a los que tiemblan a mi palabra.’” En la Reina Valera dice, “A los pobres y humildes de espíritu.” Miren lo que está diciendo el Señor en este pasaje, “Todo es mío, todo me pertenece. Que me pueden traer ustedes a mí, qué casa me pueden hacer ustedes a mí si todo me pertenece, la tierra me pertenece. Cómo pueden venir aquí a decirme que me traen algo”, dice el Señor. “Ah pero hay una cosa, yo estimo, yo estimo a los pobres, yo atiendo a los pobres y contrito de espíritu, a los humildes, a los que tiemblan ante mi palabra. Todo esto es mío.” Hermano, el pobre es aquel, estamos diciendo que carece de recursos, ¿no? Obviamente el pobre de espíritu es el que carece de recursos espirituales y que reconoce que depende de Dios para todos. Cuando somos pobres reconocemos que no dependemos de nosotros mismos, que no tenemos recursos y que lo necesitamos en todo. Es alguien que dice, “No tengo recursos para cambiar a mi familia, Dios. Yo no puedo cambiar a mi familia, pero tú me lo puedes dar, yo no lo puedo hacer.” Soy pobre para criar a mis hijos, no sé cómo, no es que no tenga dinero, es que no sé cómo hacerlo, pero tú me puedes enseñar. El que reconoce que necesita de Dios para todo en su vida, el humilde es pobre en espíritu.

El Señor está diciendo, “Yo atiendo al humilde.” El pobre en espíritu se le refleja por la humildad que tiene ante Dios. David entendió el secreto de ser humilde y de tener un espíritu quebrantado y depender del Señor para todas las cosas. Muchas veces hasta que perdemos algo, lo entendemos. Porque muchos de nosotros, cuando el Señor nos empieza a bendecir, cuando tenemos un poquito de cosas, cuando tenemos un trabajo, cuando tenemos familia, cuando todo está bien, empezamos a depender de esas cosas, empezamos a confiar de esas cosas. Y no es malo disfrutar de las bendiciones que Dios nos da, pero cuando empezamos a depender de eso, y Dios nos enseña. ¿Cómo sabemos que dependemos de eso? Cuando Dios lo quita, cuando Dios nos quita algo, y con eso se va la felicidad también. Entonces podemos decir, no dependía de Dios, dependía de eso, dependía de esa persona, dependía de ese trabajo, dependía de ese dinero. “Porque ahora lo tenía y era feliz, ahora no lo tengo, ya no soy feliz.” “Ahora esta persona estaba a mi lado, claro que soy feliz, ya se fue esta persona, ¿cómo voy a ser feliz si se fue?” Dependía de esta persona para ser feliz, pero el Señor dice felices son si ustedes dependen de mí. “Cuando ustedes dependan de mí, van a encontrar la felicidad”, que cosa.

Muchas personas hoy están predicando que Dios va a bendecir su vida y lo va a prosperar y la gente cree que ahí está la felicidad. Dice la Biblia, la Biblia, “Si ustedes dependen de mí, aprenden a depender de mí, encontrarán la felicidad.” Yo no sé usted si anda buscando otras cosas, pero como dicen los cipotes. Esto lo he aprendido de los señores mayores, porque ya ni un cipote lo dice, pero los cipotes mayores, los señores mayores si decían cuando se iban a robar una cipota, no tenían nada pero eran felices. Si o no se tenían el uno al otro, y aunque durmieran ahí en un catre, en una alfombra, no tenían nada pero eran felices porque se tenían el uno al otro. Su felicidad no dependía de otras cosas. Hoy la felicidad parece que depende de muchas cosas a nuestro alrededor, y el Señor dice, “Si usted aprende a depender de mí”, vamos a ir viendo lo que el Señor va a ir haciendo. La humildad que va con la pobreza de espíritu.

Salmo 51:16 y 17. Dice David, “Tú no te deleitas en los sacrificios ni te complaces en los holocaustos; De lo contrario, te los ofrecería. El sacrificio que te agrada es un espíritu quebrantado; Tú, oh Dios, no desprecias al corazón quebrantado y arrepentido.” David entendió que había algo más elevado que los sacrificios, algo mejor que era un corazón que sabía que le había fallado al Señor. ¿Cuál es ese sacrificio que él entendió? El corazón quebrantado, el que reconoce sus debilidades. El que entiende que sin Dios no puede vivir. Ese es el sacrificio que entendió David. Pobre de espíritu es aquel que ha perdido confianza en todo lo que puede hacer, en su propia fuerza y reconoce que depende totalmente de Cristo y del Espíritu Santo. Y David le está diciendo, “Yo sé, yo te pudiera traer cualquier cosa, yo pudiera hacer cualquier cosa por ti. Yo soy el Rey, yo lo tengo todo, pero nada de eso te agrada Señor. Lo que te agrada es que yo venga con un corazón quebrantado. Eso es lo que te agrada Señor.”

Recuerda usted la parábola del fariseo y el publicano que contó Jesús. El decía que llegaron al templo dos personas, un fariseo y un publicano, el fariseo se paró a orar en voz alta y decía, “Señor, gracias te doy porque no soy como este publicano pecador, porque yo ayuno, porque yo oro, porque yo diezmo, porque yo hago esto, porque yo hago lo otro. Gracias Dios porque yo soy así y no soy como esta persona.” Mientras que el otro estaba arrodillado, dice que ni siquiera podía alzar la vista al cielo, y para sí mismo él decía, “Señor perdóname porque soy pecador. Perdóname porque soy pecador.” Jesús dijo, “¿Quién se fue, de ahí perdonado?” El que hacía todas las cosas o el que fue con un corazón quebrantado. No quiere decir que es malo hacer cosas, pero la actitud es muy importante. Es evidente que el fariseo llegó ahí con todo lo contrario a lo que es, la humildad. Haciendo alarde de todo lo que hace, pero es que habemos algunos de nosotros que siempre andamos diciendo todo lo que hacemos bien. “Es que yo hice esto, es que yo hice lo otro. Es que el Señor me pasó por esta prueba. Es que yo hice aquí, yo hice allá. El Señor me sostuvo y esto y lo otro”, y no está mal dar testimonio, pero llega un momento donde el hombre tiene que reconocer que sin Dios no puede hacer nada, absolutamente nada, el espíritu quebrantado.

Donde estábamos leyendo en Isaías, no lo busque, solo esa palabra que dice ahí y aquí también el salmo contrito. Humilde o contrito significa herido, mutilado, abatido, quebrantado es destrozado. ¿Qué está diciendo la palabra? ¿Cómo le gusta entonces al Señor que venga? ¿Cómo? ¿Ah? Con el pecho parado, gracias a Dios. ¿O cómo? ¿O quebrantado? ¿O desecho? ¿Mutilado? ¿Rendido al Señor? ¿Qué es lo que recibe el Señor? ¿De qué vale traer algo, hacer algo, si no se trae un espíritu quebrantado? Quiero que mediten esto por favor, un momento. ¿Qué está diciendo la palabra del Señor? David le dice, yo pudiera traerte lo que sea. Más tú lo recibirás cuando mi corazón esté quebrantado. ¿De qué sirve hacer algo, traer algo, venir y hacer y fingir? Si no hay un corazón quebrantado, un espíritu quebrantado. ¿Qué es lo que más le agrada al Señor? En esta semana la palabra nos decía, “No se engañen a ustedes mismos. No se engañen.” Tienen que practicar la palabra, tienen que cumplir lo que están oyendo. El Señor está diciendo, “Tiene que venir a mi casa con un espíritu quebrantado. Lo demás no importa. Todo lo demás no sirve de nada.” ¿Qué le traemos al Señor? ¿Qué le trae? A veces les hemos preguntado, ¿qué le trae hoy al Señor? ¿Le trae esto? ¿Le trae aquello? ¿Le trae una alabanza? Eso no sirve de nada. ¿Usted cree que a Dios le sirve su alabanza? Si Él tiene millones de ángeles en el cielo que lo alaban, que se postran día y noche, están arrodillados con su rostro en el suelo, diciéndole, “Santo, santo, santo el Cordero.” 24 horas del día, y vengo yo humano, malvado, adelante de la casa del Señor con soberbia, diciendo, “Ay es que hoy no tengo ganas, Señor. Es que hoy no me siento bien, es que hoy, es que me pasó aquí, es que me siento allá.” Carne, carne, carne, carne. Pecado, pecado, pecado.

¿Dónde está el Espíritu Santo en todo eso? Dónde está el espíritu del hombre quebrantado, para venir y darle algo al Señor. No se trata de canciones ni alabanza, ni levantar las manos, se trata del espíritu quebrantado, humilde, necesitado. Muchas veces, hemos tenido la experiencia, con algunos de ustedes que hemos ido a algunos lugares a regalar cosas, comida, ropa, cosas que se necesitan, y muchos de ustedes yo los he visto enojados, tristes, y algunos los he visto hasta llorar. Cuando han pasado situaciones donde vamos y se está ayudando continuamente a alguien, y esa persona desprecia la ayuda que se le está dando y desprecia a la persona, y aunque tenga necesidad no no da ni la gracia. Y más bien está diciendo, “Ah y solo esto me trajo hoy.” Y yo los he visto, algunos así como, “Pero esto que es.” Como nos mirará el Señor a nosotros cuando venimos a su casa. Que tiene que ver, que necesite de Dios con todo lo que está pasando allá. ¿Acaso Dios no es el que puede ayudarnos? ¿Acaso Dios no es el que puede sanarnos? ¿No parece ilógico y contradictorio que digamos con la boca que Dios es el que me puede ayudar y el que me puede sanar y el que me puede sacar de los problemas? Sin embargo, vengamos con el corazón altivo y no demostremos con todo lo que somos, “Señor yo creo que tú puedes hacerlo.” Así que aquí estoy, tirado aquí delante de ti. Me voy a derramar todo porque sé que tú puedes hacerlo, porque dejamos levantar el orgullo en nuestro corazón.

Muchas personas tratan de agradar a Dios de diferentes maneras, pero David entendió que no servían esas cosas porque Dios mira el corazón y la intención del corazón. Él no mira lo que hacemos solamente, sino la intención por la que hacemos las cosas. ¿Cómo venimos a la casa de Dios? ¿Acaso es otro día más? ¿O otro día ordinario como cualquiera? ¿Oye otro día más para usted ordinario? Pues lo será. Cuando las cosas de Dios empiezan a ser ordinarias, su vida va a ser ordinaria, porque yo le voy a decir algo, usted puede tener dinero y todo lo que quiera, pero felicidad nunca va a tener, se lo aseguro. Porque la felicidad sólo viene de Dios, la felicidad sólo viene de Dios. La verdadera felicidad sólo viene del Padre Celestial que hizo todas las cosas en este mundo. Y Él dice, felices son cuando ustedes me necesitan a mí, porque yo les voy a responder, yo sí les voy a responder a ustedes. Pero cuando empezamos a ver las cosas de Dios de manera ordinaria, “Hoy otro culto, hoy otro, hoy no me siento bien.” Así va a ser nuestra vida, ordinaria también. La gente anda buscando cosas extraordinarias, sobrenaturales, que Dios se mueva, que haga esto, y están así. “Dios muévete, queremos ver algo sobrenatural, porque tú eres Dios.” Sigue esperando, sigue esperando. David lo entendió bien. Yo iré a tu casa con el corazón quebrantado Señor.

"La verdadera felicidad sólo viene del Padre Celestial que hizo todas las cosas en este mundo."

Lo interesante es que algunos de nosotros ya tenemos el corazón quebrado, partido, dañado, mutilado. A Dios le agrada el corazón humilde no las cosas que hago. Ahora, cuando hago las cosas con corazón humilde, son una ofrenda agradable para el Señor. Dice un comentarista, “Sacrificio es para Dios un espíritu quebrantado. No es obra liviana la que aquí se insinúa, sino la más honda, pues se trata del quebrantamiento del espíritu. No en desesperación, sino en humillación propia. En detestar el pecado, un corazón rendido y sometido en obediencia a la palabra de Dios.” Hermano, la humildad nos acerca a Dios. Pablo lo dijo en Filipenses capítulo 2. Cristo se despojó de todo aún siendo Dios, Él no consideró. Se despojó de su divinidad, se despojó de su gloria, para ser semejante a nosotros. ¿Y para qué? Para depender totalmente del Padre. Cristo se hizo humilde porque dependió totalmente del Padre. Estaba en el Calvario y dijo, “Padre, ¿qué hacemos aquí? Padre, ¿será posible que podamos hacer esta otra cosa?” Jesús, el Hijo de Dios, que podía en ese momento decir, “Señor, manda a los ángeles que hagan el trabajo. Yo me voy de aquí, yo no voy a soportar eso.” Le dijo, “Padre ¿qué hacemos?” Y el Padre le dijo, “Hay que ir a la cruz.” Y le volvió a decir, “Padre, ¿será posible, que esto se pueda resolver de otra manera?” Y el Padre le dijo, “No hijo, tienes que ir a la cruz.” Y Jesús en la cruz dijo, “Consumado es. Obedecí a mi Padre.” Esa es humildad. No es la falsa humildad de nosotros de andar con la ropa sucia. ¿La gente cree que es eso? No es la falsa humildad, de decir, “No puedo. Es que yo no puedo”, porque hemos visto gente que dice que todo lo puede y al final no puede nada pero hay gente dice, “No, yo soy humilde.” “Hermano, puede hacer”, “Es que yo no puedo.” Esa es una falsa humildad también. Eso no es cierto, eso no está hablando de eso. Humildad es depender de Dios y, ¿qué depender de Dios? Obedecerlo. Preguntarle, “Padre está bien este camino, está bien este otro camino.”

Salmos 23:1, dice, “El Señor es mi pastor, nada me falta.” ¿Qué le falta? Nada[Respuesta la audiencia] ¿A quién? ¿A usted? El Señor es mi pastor. ¿Está hablando de qué? El que Dios es su pastor, nada le falta, nada le falta. Y se le hacen los ojos como billetes de dólar. ¿Cuántos conocen personas de dinero que son infelices? Que viven amargadas, que viven enfermas en su cuerpo, que sus hijos no los quieren, que sus familias los odian. Pero si el Señor es mi pastor, a mí no me falta nada. La cosa está, donde está tu tesoro, que cosas nosotros realmente creemos que son valiosas. Sigamos, versículo 2. “En verdes pastos me hace descansar. Junto a tranquilas aguas me conduce.” Yo no sé ustedes si habrá alguien aquí que necesita un descanso. Ya viene Semana Santa pero no estamos hablando de eso. Aquí en el alma, en la mente. ¿Cuántos enfermos? De la mente necesitamos un descanso. ¿Amén? ¿Cuántas cosas aquí? Me infunde nuevas fuerzas, aleluya. No entiende lo que está pasando aquí, no entiende, no agarra las bendiciones usted. “Me infunde nuevas fuerzas. Me guía por sendas de justicia por amor a su nombre.” Nada le falta al que está con él, es una promesa. Así está hablando el Señor en la bienaventuranza, todo esto es una promesa. Pero el que cree que ya lo ha conseguido, está difícil, va. Me conduce, me guía. ¿Lo conduce el Señor? ¿Lo guía el Señor? Nos gusta el primer versículo.

Todo el mundo se sabe el Salmo 23.1, ¿cierto? Nada me falta, el Señor es mi pastor y nada me faltará. Y usted camina por la calle, “El Señor es mi pastor y nada me faltará.” Y llegamos a la casa, “El Señor es mi pastor y nada me faltará.” Y las ollas de aquí para allá, pero ¿por qué? Porque hay que ver el otro versículo. El dos, porque dice, “En verdes pastos me hace descansar. Junto a tranquilas aguas me conduce.” Es que las aguas tranquilas, el camino se lo sabe Él, no me lo sé yo, ni se lo sabe usted. Por eso usted está en medio de la tormenta, porque usted cree que, “Aquí era señor”. No, él me conduce a esas aguas. ¿Se ha dejado conducir usted por el Señor? Eso es humildad. “Es que yo, Señor, tú me bendeciste con esto y hasta aquí llegamos.” Y dónde le preguntó al Señor si era ese su destino, si era ese lugar donde teníamos que ir. La promesa ahí está, la bendición está para el que se deja conducir. Jesús está invitando hoy, así como lo hizo Él, como puso el ejemplo de no ser autosuficientes. ¿Y qué es lo contrario a todo lo que estamos hablando hoy? El orgullo, el orgullo es la creencia errónea de que podemos vivir sin Dios. “Ay hermano, pero nadie dice yo soy orgulloso y no aceptó la palabra de Dios. ¿O acaso ha escuchado a alguien decir eso? ¿Ha escuchado alguna vez usted decir a alguien “Yo soy orgulloso”? Aquí en la iglesia, ¿verdad? “No voy a obedecer la palabra.” Nadie dice eso pero día a día tomamos nuestras propias decisiones, aún de las cosas más importantes y Dios no está en medio de eso. Así que no es necesario que usted lo diga, o no lo diga. Lo que hacemos define lo que somos y las decisiones que hemos tomado en el corazón. ¿Cómo hacemos las cosas?

Mire la bendición del pobre de espíritu. Regresemos a Mateo 5:3, “Dichosos los pobres porque el reino de los cielos les pertenece.” Ya les pertenece. Todas las demás promesas, si usted lee las demás bienaventuranzas en los versículos que sigue, son todas cosas para el futuro. Más sin embargo la primera y la más importante dice el Señor, es para ahora, es para hoy, es para el presente y que el reino de Dios les pertenece. Dios se mueve con los humildes, su presencia está con los que se mueven en humildad, con los que caminan en humildad. La humildad es la que nos ayuda a pedirle a Dios, a ser dependientes de Dios en cualquier cosa. El mundo no reconoce la humildad, estaba leyendo un artículo de filosofía acerca de la humildad y la humildad no es reconocida como una virtud, sino como una debilidad más bien en el hombre. Mas sin embargo, Cristo está diciendo que la humildad es la más importante de todas las virtudes morales que nosotros podemos tener. Porque eso afectará tanto nuestra relación con Dios, como nuestra relación con los demás. Todas estas semanas que hemos estado hablando acerca del perdón, acerca de nuestras relaciones. Si no hay humildad en nosotros nada de eso va a ocurrir.

Nadie puede ir a pedir perdón con un espíritu altanero o orgulloso, es imposible. No se van a arreglar las cosas. Y entonces es importante para nosotros entender lo que el Señor está haciendo con nosotros. Ya basta de fingir, ya basta de creer. Como le dijo el Señor a los fariseos, “Miren ellos hablan muy bonito pero no hacen nada de lo que predican, no lo hacen nada y por eso se van a perder. Mas ustedes”, les dijo a sus discípulos, “Presten atención a la palabra. Vayan a su casa y cumplan esto y entonces heredarán el reino de Dios.” ¿Cuál será el motivo de que nosotros estemos aquí hoy? ¿Acaso esto es una campaña política? A veces parece que sí, a veces las iglesias parecen campañas políticas ofreciéndole cosas a la gente, para que acepten a Cristo, hermano. Cristo tiene muchas cosas, pero el que lo necesita soy yo. Yo lo necesito a Él y mire lo que su palabra hoy nos dice, “Serán felices.” La gente anda buscando tantas cosas y son capaces de hacer todo por conseguirlo. Uy, eso es cierto, hoy la gente es capaz de cualquier cosa por conseguir algo. La pobreza espiritual que muchos conocemos, es estar vacíos. Eso es lo que nosotros sabemos de pobreza espiritual. Estar vacíos es creer que tenemos algo y no tenemos nada. Es sentir que estamos satisfechos con algo pero cuando eso algo se acaba, volvemos a la misma sensación de estar vacío. Esa es la pobreza que nosotros conocemos que hemos vivido, el creer que estamos logrando algo cuando no. El señor le dijo que hay iglesia en apocalipsis capítulo 3, tú dices que eres rico, que tienes esto, que haces esto otro pero yo te digo a ti, sabes como te veo yo, yo te veo pobre, mendigo, desnudo. Tu dices, “Tengo esto, tengo lo otro.”

"¿Cómo caminaremos entonces? Sabiendo que el reino de Dios nos pertenece, que el reino de Dios ha llegado a este lugar."

Yo creo que muchas veces es necesario que nosotros nos preguntemos. “¿Cómo nos mira el Señor a nosotros?” ¿Se acuerda usted cuando el hermano dio su testimonio? De cómo se sintió cuando miró las cámaras aquí, se sentía observado y dijo, “Hoy me voy a portar bien.” ¿Qué tal que en lugar de unas personas detrás de esas cámaras, estuviera Dios? ¿Qué miraría Él? ¿Qué ve Dios cuando lo ve entrando por esa puerta? ¿Qué es lo que ve Él en nuestro corazón? Hoy podemos reconocer que somos pobres. ¿Alguien puede reconocer que es pobre hoy? ¿Nos podemos acercar a Dios con un corazón humilde, dispuesto a depender completamente de Él? Quiero terminar con el mismo versículo, pero en la nueva traducción viviente. En Mateo 5:3 dice la nueva traducción viviente, “Dios bendice a los que son pobres en espíritu y se dan cuenta de la necesidad que tienen de Él.” Dios bendice a los que se dan cuenta de la necesidad que tienen de Él. ¿Cuándo pasa eso hermano? Eso pasa hoy, eso va a pasar mañana, porque la promesa es para todos los días. El reino de los cielos ya les pertenece a esas personas, wow. ¿Cómo caminaremos entonces? Sabiendo que el reino de Dios nos pertenece, que el reino de Dios ha llegado a este lugar.