La Mano de Dios No Es Corta Para Salvar
Maria Hernández

Isaías 59:1-2, 4 (NVI)
“La mano del Señor no es corta para salvar ni es sordo su oído para oír. Son las iniquidades de ustedes las que los separan de su Dios. Son estos pecados los que lo llevan a ocultar su rostro para no escuchar. Nadie clama por la justicia; nadie va a juicio con integridad. Se confía en argumentos sin sentido y se mienten unos a otros. Conciben malicia y dan a luz perversidad."
Isaías 59:12 (NVI)
“Tú sabes que son muchas nuestras rebeliones; nuestros pecados nos acusan. Nuestras rebeliones no nos dejan; conocemos nuestras iniquidades."
Efesios 4:25 (NVI)
“Por lo tanto, dejando la mentira, hable cada uno a su prójimo con la verdad, porque todos somos miembros de un mismo cuerpo."
Isaías 1:15-20 (NVI)
“Cuando levantan sus manos, yo aparto de ustedes mis ojos; aunque multipliquen sus oraciones, no las escucharé. » ¡Tienen las manos llenas de sangre! » ¡Lávense, límpiense! ¡Aparten de mi vista sus obras malvadas! ¡Dejen de hacer el mal! ¡Aprendan a hacer el bien! ¡Busquen la justicia y restituyan al oprimido! ¡Aboguen por el huérfano y defiendan a la viuda!». «Vengan, pongamos las cosas en claro», dice el Señor. «Aunque sus pecados sean como escarlata, quedarán blancos como la nieve. Aunque sean rojos como la púrpura, quedarán como la lana. ¿Están ustedes dispuestos a obedecer? ¡Comerán lo bueno de la tierra! ¿Se niegan y se rebelan? ¡Serán devorados por la espada!». El Señor mismo lo ha dicho."
Señor les bendiga hermanos, que bueno es el Señor, ¿Amén? Él es bueno y nos permite disfrutar de su presencia. ¿Cuántos pudieron disfrutar de la presencia de Dios? ¿Y cuántos podemos creer en nuestro corazón que no hay un lugar mejor donde hoy podamos estar? Que no hay otro lugar donde podamos recrearnos más que en la presencia del Señor. Por eso David decía, mejor es un rincón en tu casa, mejor es un lugar en la puerta Señor, mejor es un lugar ahí en tu casa, que estar en el palacio de un rey. David había entendido que no había lugar más grande, que no había lugar mejor para él, aún él siendo un rey. No le importaba el lugar donde pudiera estar, pero disfrutaba de la presencia de Dios, ¿Amén?
Y quiero que vayamos a la palabra y vamos a ir a Isaías 59. Una palabra que el Señor ha estado hablando a mi corazón, 59:1, dice la palabra, “La mano del Señor no es corta para salvar ni sordo su oído para escuchar.” Vemos aquí en este primer pasaje, que nos habla de que el Señor no tiene límites, que para el Señor no hay nada imposible, que la mano del Señor no es corta para salvar, que la mano del Señor no es corta para hacer la obra en nuestras vidas. ¿Cuánto lo creemos? Él está hablando y el salmista está diciendo, que la mano del Señor no es corta para hacer la obra. Porque muchas veces hay gente que le echa la culpa al Señor de las cosas que están pasando alrededor del mundo, verdad. Mucha gente dice, “¿Por qué hay niños huérfanos en la calle? ¿Por qué tanta pobreza en este mundo? ¿Por qué si Dios existe pasa esto?” Y mucha gente le echa la culpa al Señor, pero el salmista aclara en este pasaje y esto nos ayuda a nosotros para poder ayudar a otros. A decirles, que no es Dios el problema, ¿amén? Que el problema no está en Dios, que la pobreza del mundo no está en Dios.
Y ya vamos ir viendo a dónde está el problema, porque aquí el salmista le está diciendo al pueblo, “La mano de Dios no es corta para salvar, ni su oído es sordo para no escuchar.” No es que el Señor no escuche las oraciones, no es que el Señor no esté atento a las oraciones que se elevan a Él, pero dice aquí en el 2, “Son las iniquidades de ustedes las que los separan de su Dios.” Son estos pecados los que los llevan a ocultar su rostro para no escuchar. Entonces vemos que aquí Isaías está diciendo? ¿Cuál es el problema? Aclara primero y dice, “No es la mano de Dios corta para salvar.” ¿Cuántos lo creemos? ¿Cuántos creemos que el Señor tiene poder para cambiar todas las cosas? Porque para Él no hay nada imposible. Pero vemos aquí que el escritor especifica, que no está en Dios el problema. Yo quiero que mire a su hermano que está al lado y que le diga, “No es Dios el problema. No es Dios el problema.” ¿Verdad? Y aquí especifica cual es el problema. Mire dice, “Son las iniquidades de ustedes las que los separan de Dios.” ¿Que nos separa de Dios? El pecado.
La palabra dice también en Romanos que nosotros estábamos destituidos de la gloria de Dios por causa del pecado. Eso pasó desde el principio, cuando Adán y Eva pecaron. Entonces, entró el pecado y vino la separación entre Dios y el hombre. ¿Y eso sigue pasando hoy, hermanos? Sí. Sí nosotros tenemos una vida de pecado, eso nos separa de Dios. ¿Amén? El pecado nos separa de Dios y aunque nosotros podamos estar en la iglesia, pero si nosotros tenemos una vida de pecado, ese pecado nos separa de Dios. Y es una barrera para que nosotros podamos comunicarnos con Dios, eso hace una barrera entre Dios y nuestras oraciones. Porque dice aquí que el Señor, Isaías aclara y dice, “Son sus pecados.” Pero no está hablando de pecados cualquiera, está hablando de iniquidad, y yo no entendía lo que era iniquidad. Y yo le decía, Señor, “¿A qué te refieres cuando dices ‘pecados de iniquidad’?” Y cuando estaba leyendo la palabra, el Señor me fue, ya la pastora una vez nos estuvo explicando también lo que es la iniquidad, se refiere a una maldad profunda, a una perversidad moral, que va más allá de un simple error o acción. La iniquidad es un pecado que está en el corazón. La iniquidad, es algo que está arraigado adentro del hombre. La iniquidad, son nuestras acciones que muchas veces están fuera de las normas de Dios.
Entonces, aquí el pueblo no ha dejado de ofrecerle sacrificios al Señor, ellos levantan sus manos y van al templo pero su corazón se ha alejado de Él. Y por eso tiene que levantar a un profeta que le lleve su palabra y que les diga, “No es Dios el problema, son sus pecados de iniquidad.” Y hoy quiero que repitamos, cuál era el pecado que separaba al pueblo de Dios, pecados de iniquidad. Entonces, la iniquidad, es algo que no es superficial, es algo que está adentro del corazón, es algo que se está gestando dentro del corazón del hombre. Entonces muchas veces esa iniquidad está en el corazón, es un alejamiento deliberado de la voluntad de Dios. Esto se describe como un acto de justicia. La iniquidad, es una falta a las normas de Dios, a la rectitud y a la justicia establecida por Dios. Esto nos puede llevar a una rebeldía contra Dios, esto es un rechazo a la autoridad de Dios y sus normas. Entonces la iniquidad, no es un simple pecado. La iniquidad es algo que nos aleja del propósito de Dios, es algo que muchas veces podemos tener conocimiento de la palabra de Dios. Pero sí la iniquidad está en nuestro corazón, esa iniquidad nos vuelve insensibles y endurece el corazón para que nosotros no obedezcamos la palabra de Dios. Y la podemos oír, pero muchas veces hacemos caso omiso a la palabra. Pero el problema está en el corazón, porque algo ha entrado al corazón, porque algo ha venido a descomponer lo que Dios un día creó, y es el pecado.
El pecado deformó la creación de Dios porque cuando Dios creó al hombre lo hizo a su imagen y a su semejanza. Imagínese usted, con los rasgos de Dios. Y yo decía, “¿Qué difícil verdad?” Porque leía en Daniel la vez pasada, y dice que los ojos del anciano de día son como bolas de fuego. Y yo decía, “Uy, yo no tengo esos ojos de fuego.” Entonces, el Señor me estaba enseñando de que no está hablando de un parecer físico, sino de características de Dios dentro del hombre. Así como el pastor nos explicaba la vez pasada, el amor es una característica que viene de Dios. El amor es de Dios, porque Dios es amor. ¿Amen? Y si nosotros somos hijos de Dios, una de esas características que tiene que estar en nosotros, es el amor. ¿Amén?. Es el amor, es la justicia, es la santidad de Dios en nosotros, pero cuando entró el pecado, eso se perdió. Y entonces aquí vemos que han pasado miles de generaciones y el pecado sigue siendo el problema en la humanidad, dentro del pueblo de Dios. El pecado sigue separando al hombre de Dios. ¿Amén? Y muchas veces el enemigo nos hace creer que nosotros podemos vivir de la forma que nosotros queremos y que Dios está obligado a responder lo que nosotros queramos que Él haga. Pero la palabra nos especifica, que son nuestros pecados los que nos apartan de Dios. Que cuando nosotros vivimos una vida de pecado, entonces el pecado hace que Dios esconda su rostro de nosotros, no porque él quiera eso. Porque vemos que desde el principio Dios hizo al hombre para estar con él, para vivir con él, para platicar con Él. Ese fue el pensamiento de Dios cuando hizo al hombre, pero el pecado degeneró esa obra.
"El amor es de Dios, porque Dios es amor."
Pero vemos aquí, que Él manda a Isaías y le dice cuál es el problema, y esos problemas de iniquidad, ese pecado de iniquidad, muchas veces es algo que venimos arrastrando desde muchas generaciones. La iniquidad nos lleva a vivir una vida de injusticia, de maldad hacia los demás, la indiferencia del sufrimiento de los demás y a lastimar a otras personas. Cuando hay iniquidad en nuestro corazón, hay indiferencia hacia el sufrimiento de los demás, hay indiferencia hacia la necesidad de los demás, porque la iniquidad endurece el corazón del hombre. La iniquidad nos hace ser duros al sufrimiento de los demás. Y entonces yo le decía al Señor, qué importante es que Él pueda entrar a nuestro corazón y que Él pueda examinar nuestro corazón, para que esas obras de iniquidad puedan ser quitadas de nuestro corazón. Porque la iniquidad como le decía, no es un simple error, no es un simple pecado, que a veces uno comete pecados verdad, por accidente o porque fue ignorante de algunas cosas. Sino que el pecado de iniquidad, es algo que se planifica, es algo que se manipula. Es algo en lo cual nosotros intervenimos y cambiamos las cosas a nuestra conveniencia y vamos a ir viendo algunos ejemplos de pecado de iniquidad en la palabra de Dios. El pueblo aquí había dejado de practicar la justicia de Dios y el Señor les reprocha la falta de amor hacia los demás.
Miremos ahí mismo en Isaías 59:4. Dice, “Nadie clama por la justicia, nadie va a juicio con integridad. Se confían en argumentos sin sentido, y se mienten unos a otros. Conciben malicia y dan a luz perversidad. Incuban huevos de víboras y tejen telarañas. El que coma de estos huevos”, ¿qué le pasará? “Morirá. Y si uno de ellos se rompe, saldrá una culebra.” Y esto me llamó la atención, verdad, porque es como la pastora nos enseñó, ¿verdad? Y dice la palabra, verdad, que por el fruto seremos conocidos. Entonces usted se halla un huevo botado en la calle, y usted lo recoge y dice, “¿De qué será este huevo?” ¿Será de paloma? ¿Será un gorrión? ¿Será un pollo? ¿Será una gallina? Y uno, verdad, está con la expectativa, porque tal vez no sabe qué es y de qué es ese huevo. ¿Pero qué pasa cuando ese huevo se rompe? Y sale y usted dice, “¡Guau! Es una serpiente, es un cocodrilo.” ¿Los cocodrilos son huevos verdad? Imagínese, que usted se halla ese huevito, y lo lleva para su casa, porque piensa que es un pollo. Y lo cuida, y lo está allí tratando con ternura, y cuando viene, y nosotros en la casa cuando habían pollitos y los pollitos no podían nacer.” Íbamos y empezábamos a quitarles la cascarita para que pudieran nacer, y le ayudabamos un poquito y así hacen muchas señoras que crían gallinas, cuando el pollito no puede salir, empiezan a descascararlo. Entonces imagínense lo que el Señor le está diciendo al pueblo, son como ese huevo, que está siendo cuidado, pero cuando menos se acuerda y abre ese huevo le sale. ¿A cuántos le tienen miedo a las culebras? ¿Algunas le tienen miedo a las arañas? Algunos, ¿verdad? A los pichetes, al alacrán, cualquier animal puede salir de ahí.
Entonces, el Señor les está diciendo al pueblo y les está diciendo, que es el problema. Y les está diciendo, “Es que ustedes han dejado de practicar la justicia. Ustedes no están velando por la necesidad del otro”, porque no sólo habla de necesidades físicas, sino también habla de necesidades espirituales. El pueblo se había desviado, el pueblo se había alejado de Dios, el pueblo estaba separado de Dios y nadie intervenía. Nadie hacía nada para ayudar al pueblo de Dios. Todo mundo callado, todo mundo los líderes en ese entonces se habían contaminado de una manera que miraban lo que el pueblo estaba haciendo y no le importaba. Miraban que estaban viviendo una vida de pecado, iban al templo, levantaban las manos y estaban adorando a Dios, pero salían del templo e iban a vivir una vida de iniquidad, una vida de pecado. Entonces Él Señor quiere ayudar al pueblo y Él quiere salvar a su pueblo, Él quiere restaurar las familias, Él quiere levantar los matrimonios. ¿Amén? Él quiere hacerlo y Él tiene el poder para hacerlo. ¿Cuánto lo creemos? Él lo puede hacer, pero viene el Señor y específica las cosas que pueden estar afectando para que nosotros podamos ver el poder de Dios manifestado en nuestras vidas y en nuestras familias.
La iniquidad, nos lleva a esa dureza de corazón hacia los demás. Muchas veces podemos estar aquí y podemos decir que amamos a Dios pero estar lejos de la voluntad de Dios, lejos de la justicia de Dios. Y eso es lo que el Señor les reprocha y les dice, “Nadie, nadie clama por la justicia. Nadie habla la verdad, a nadie le interesa.” Y en estos tiempos es igual. Muchas veces miramos lo que está pasando y no nos interesa que esa persona se vaya a desviar o se haya desviado del camino del Señor.
Y no tenemos el suficiente amor para irle a decir, que lo que está haciendo es incorrecto. Eso mismo pasaba con el pueblo. Entonces el Señor manda su palabra a través del profeta. ¿Para qué? Para que haya un cambio, para que haya una renovación en el pueblo y así ellos puedan ser restaurados y levantados como esos adoradores que adoran a Dios en espíritu y en verdad. ¿Amén? Nos decía la palabra al principio ha llegado el tiempo. ¿Cuántos lo creen? Este es el tiempo, esta es la hora donde Dios está levantando a su iglesia para ser esa adoradora que adora al Padre en espíritu y en verdad.
Entonces, vemos aquí y vamos a ver algunos ejemplos de iniquidad. Estos ejemplos de iniquidad pueden ser heredados por generaciones. Por ejemplo, la idolatría, es algo que nosotros podemos heredarle a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos. Aquí ya se nos ha compartido un poco de la idolatría, verdad. Nosotros venimos de culturas, de los mayas, de tantas cosas que ni nosotros tenemos entendimiento, porque ahora en este tiempo ya no hay la figura de los mayas. Pero hay otras cosas que se están adorando antes que a Dios, pero eso es algo que viene heredado de nuestros padres. Cuando nosotros estábamos chiquitos, nos dijeron que éramos católicos, pero no íbamos a la iglesia. Yo me acuerdo que fui a la iglesia cuando tenía 11 años, porque mi mamá decidió bautizarnos a los 11 años, porque nosotros no estábamos reconocidos por nuestro papá, ni por ella. Entonces ella decidió arreglar los papeles hasta que teníamos 11 años, imagínese. Éramos los niños sin nombre, sin apellido, porque nuestro papá ni siquiera nos reconoció. Solo mi hermano mayor fue reconocido por mi papá, de allí todos los demás no éramos reconocidos.
Entonces mi mami tuvo que pagar un abogado para poder reconocernos a los 11 años. Entonces en mi identidad yo salgo con 11 años menos, le cuento, soy más joven. Entonces para que mire que todavía estoy joven, pero, por las casualidades de la vida verdad. Entonces, cuando yo miraba esto, yo decía, cómo nosotros venimos de patrones, de idolatría, de nuestros antepasados. Algo que ninguno de nosotros pedimos, pero nacimos así, ya nacimos con esas virtudes. Y yo cuando miraba eso, le decía Señor, “¿Cómo no te voy a dar gracias hoy Padre? Aquella niña que creció sin un nombre, aquella niña que creció sin alguien que la cuidara, aquella niña que no estaba nadie velando por ella, porque no había un padre que la cuidara. Ahora, ahora tú llegastes a mi vida y me distes un nombre.” ¿Amén?
Estábamos cantando, él ungió mi cabeza con perfume, eso hacen con los niños allá en Jerusalén, cuando los niños nacen, los ungen y les ponen un nombre. Y dicen esta niña se llamará fulana de tal, porque la bendición de Dios estará sobre ella, sobre esta niña no pasó todo eso. Y entonces, ¿a dónde está la maldad entonces? Y yo por muchos años le eché la culpa a Dios de lo que me había pasado. ¿A dónde estaba Dios, cuando yo era pequeña? Pero la pregunta no era esa la que tenía que hacer. ¿A dónde estaba mi papá? ¿A dónde estaba ese padre que tenía que cuidar de mí? ¿A dónde estaba ese padre que tenía que velar por mi bienestar? ¿A dónde estaba ese padre que decidió unirse a mi mamá, para tener hijos? Y tuvieron cinco hijos y yo le digo a mi mami, “¿Mami, porque usted tuvo tantos hijos, si mi papá desde el primero no era responsable mami?” Tonto que es uno dice. ¿Cuántas hemos dicho eso? Tonto que es uno y mi mami no solo tuvo cinco. Después quiso probar por otro lado y tuvo otros tres. La vida de esos tres fue más diferente, porque ellos tuvieron un papá. Y ese papá velo por ellos, ese papá miraba si tenían comida y sin embargo nosotros, si no había para nosotros no había, porque no había quien velará por nosotros. Entonces imagínese, ese era un patrón y es un patrón que nosotros venimos trayendo, de generación tras generaciones. Hijos abandonados, hijos criados a como caigan.
¿Pero cuál es el problema? Es el pecado de iniquidad que muchas veces está de generación tras generaciones. ¿Y qué pasa? Porque imagínese, siempre le echamos y mucha gente allá afuera le echa la culpa a Dios. Pero el Señor me enseñó esto, “La culpa no es mía, la culpa no es mía, la culpa es el pecado.” El pecado entró en mi familia, mi mamá fue abandonada cuando ella estaba pequeña con sus tres hermanos. Yo no conozco mis tíos, no conozco abuelos. Yo por eso a las abuelas aquí, les digo abuelas, porque son mis abuelas. Yo nunca pude decirle a nadie abuela, abuela esto, abuela esto, tío esto, no tuve la oportunidad. ¿Y cuántos tienen tíos? ¿Y cuántos tienen papá hoy? Pero imagínese lo que pasaba en este tiempo y lo que está pasando en este tiempo. El pecado ha degenerado la creación de Dios, y el pecado hace insensible el corazón del hombre. ¿A dónde estaban esos papás? Que no pudieron sentir compasión por sus hijos, que no tuvieron dolor en su corazón de un día dejarlo votados, y que se criaran a la ley del maíz como dice. Entonces el problema no es Dios, es el pecado que ha reinado en el corazón del hombre.
Entonces, esa maldad está en el corazón del hombre sin Dios. Entonces por eso hay tantos niños huérfanos en la calle, por eso hay tantos niños pidiendo en la calle, y yo miro tantos niños en la calle pidiendo y yo digo, “¿Señor y dónde están los papás de estos niños? ¿A dónde están las mamás de estos niños Padre?” Porque no es de Dios la responsabilidad de esos niños, es de los padres. ¿Amén? Es de las madres, es de nosotros como padres enseñarles e inculcarles el temor al Señor. ¿Amén? Muchos de nosotros venimos de que nadie nos enseñó, nadie nos inculcó, pero el Señor ha venido a nuestras vidas para rescatarnos. ¿Amen? Para sacarnos de ese patrón del mundo y que ya no vivamos una vida siendo insensibles a la necesidad de los que están a nuestro alrededor. Porque muchas veces sentimos lástima por el que está en la calle, pero no sentimos lástima, no sentimos pesar por los que están en nuestra casa. Muchas veces no pensamos en nuestros hijos, en que las acciones y las decisiones que nosotros tomamos pueden afectarlos a ellos. ¿Amén? Y yo decía, ¿Señor, a dónde, a dónde están esas cosas? Y el Señor me decía, eso está en el corazón, por eso el Señor dice, “Yo voy a quitar el corazón de piedra y pondré un corazón nuevo en ustedes.” Porque el corazón de piedra es insensible, pero el corazón de carne es sensible a la necesidad de los que están a nuestro alrededor. Y ya no vamos a vivir una vida de insensibilidad, sino que vamos a ser sensibles a la necesidad de los que están a nuestro alrededor.
Y vamos a ver un ejemplo de iniquidad. La mentira, también es un pecado de iniquidad, el engaño y la manipulación. Manipular las situaciones a beneficios personales son acciones que se consideran iniquidad en la Biblia. El ejemplo de una familia que vivió en la mentira por generaciones y vamos a ver un poquito en Génesis 31:31. Y vamos a ver el ejemplo de Jacob. El nombre de Jacob, significa el engañador y este hombre vivió en el engaño por muchos años. Aquí está Jacob y han pasado muchas cosas en la vida de Jacob. ¿Cuántos conocen la historia de Jacob? ¿Cuántos no sabemos la historia de que él vio verdad, la escalera al cielo verdad? Donde bajaban ángeles y subían ángeles. Este gran hombre de Dios, tuvo que botar la iniquidad de su vida, tuvo que sacar la iniquidad de su corazón para que Dios se glorificara en él, en su familia. Pero mire que es algo, como le decía, es algo que se va arraigando y si nosotros no sacamos esas cosas de nuestro corazón. Eso puede ir de generación tras generaciones. Por eso cuando el Señor viene, trae su verdad para sacar la mentira de nuestros corazones. ¿Amén?
Entonces Jacob, y no voy a leer mucho, verdad, porque es bastante la historia de él. ¿Pero cuántos conocemos la historia de esta familia? Jacob era hermano gemelo, eran hermanos. En el tiempo de, en Israel acostumbraban que la herencia se le daba al hermano mayor. Entonces, como eran dos hijos y la mamá tenía preferencia para Jacob, Issac para su otro hijo, entonces había una rivalidad entre ellos. Y entonces la mamá de este hijo decidió engañar a su esposo y hacer pasar a su hijo Jacob como el hijo mayor y entonces la herencia cayó sobre el hijo menor. Entonces en esta historia, la mamá engañó al papá y el hermano engañó al hermano. Y de ahí si nosotros vamos viendo la historia y si ustedes la pueden leer en su casa, busquenla y la leen para que miren como fue la vida de este hombre. Entonces como él engañó a su hermano, se fue huyendo porque el hermano lo quería matar. O sea que la mentira le generó problemas verdad.
Y este hombre salió huyendo y se va a vivir y se encuentra verdad, en el lugar de Labán. Su suegro, que llega a ser su suegro, se enamora de una muchacha, Jacob. El yerno pues, le cae bien y dice, “Un buen muchacho, yo creo que es apropiado para mis hijas.” Y entonces, le dice, “Bueno, si tú quieres una de mis hijas, vas a tener que trabajar siete años por ella.” Y vino Jacob y empezó a trabajar y a trabajar y a trabajar y a trabajar y se quemaba e iba al sol, iba todos los días a cuidar las ovejas y llegaba. ¿Qué era la motivación de Jacob? Que un día se iba a casar con esa muchacha. Y llega y cumplió, trabajó siete años ese joven por esa muchacha. Y cuando llega el tiempo, de consumar su relación con su esposa, porque en ese entonces la muchacha cuando iba al altar iba tapada, iba tapada y no la podían destapar. Y vino el suegro de Jacob y le cambió la muchacha y le dio la menos agraciada, porque a él no le gustaba la Lea, a él le gustaba la otra. Y entonces vino y cuando él destapa, se encuentra con la sorpresa que su suegro lo había, ¿qué le había hecho? Lo había engañado, le había mentido. Imagínese el enojo de Jacob, pero yo no trabajé por esta, sino que trabajé por Raquel. Y entonces este hombre enojado porque alguien le había mentido. ¿A cuántos les cae mal la mentira? ¿Pero cuántos hemos mentido? ¿A cuántos les cae mal la rebeldía? ¿Y cuántos hemos sido rebeldes? Muchas veces, y entonces muchas veces a veces verdad, pero debemos ir un poquito atrás. Y Jacob se le había olvidado lo que él había sembrado desde antes, y la mentira lo siguió de generación tras generación.
Dice que cuando ya Jacob ha trabajado, tiene dos esposas ahora. Porque terminó trabajando otros siete años por la otra, porque él quería la otra, y él dijo, yo voy a trabajar por esta. Y tuvo hijos con Lea, y tuvo hijos con Raquel y la historia no queda ahí. Entonces, de ahí Jacob empieza a ver que su suegro no lo trata como lo trataba antes, y dice, es tiempo de irnos. Y entonces las esposas le dicen pues, nosotras nos vamos contigo, no le estoy contando toda la historia porque es bastante, la estoy un poquito verdad. Entonces dice, que él decide irse, con sus dos esposas y con sus hijos, su ganado y todo lo que, porque había prosperado ahí. Y entonces se van y cuando van saliendo, Raquel decide llevarse los ídolos de su papá. Y se va y todos van de camino, el suegro no estaba y se fueron a escondidas. Y entonces cuando Laban se da cuenta que Jacob se ha ido con su familia, con sus dos hijas y sus nietos, sale corriendo a buscarlo.
¿Pero sabe que le enojó al suegro? Que se había llevado sus ídolos, que Raquel se había robado los ídolos de su padre. Y dice que él no fue a buscar ni a las hijas sino, que fue a buscar los ídolos que su hija le había robado. Y entonces dice que llega y le dice, “Jacob. ¿Por qué has hecho esto conmigo? ¿Por qué te llevaste mis hijas? ¿Por qué hicistes esto?” Y entonces, “Y no solo eso, te las trajiste y ni siquiera las pude besar. ¿Pero por qué te robaste mis ídolos?” le dice. Y vino Jacob y le dijo, “Yo no he hecho eso.” Ahí Jacob no tenía la culpa, sino que la esposa se había robado sus ídolos. Y entra el papá a buscar, y dice que Raquel se dio cuenta que llegó el papá a buscar lo que se había robado y corrió ella y los metió debajo de la montura del camello. Y sabe que hizo ella se sentó ahí y el papá buscando por todos lados. Es que alguien me trajo los ídolos, alguien me trajo mis ídolos y ella le dijo, “Mire papá discúlpeme, discúlpeme que no me pueda levantar de aquí, pero es que ando con mi periodo.” ¿Y era cierto? Era otra mentira, ¿y una mentira lleva? A otra mentira.
Si nosotros no cortamos con la mentira en nuestras vidas, en nuestras familias, eso va a ir de generación tras generaciones. El engaño seguirá en nuestras familias, el engaño seguirá haciendo estragos en nuestras familias. Por eso el Señor, aquí vemos que tuvieron que ellos sacar el pecado de iniquidad, ¿y saben por qué son pecados de iniquidad? Porque fue algo que fue manipulado por ellos, ellos lo planificaron. Jacob y la mamá hicieron la estrategia de cómo iban a engañar al padre. Raquel corrió y escondió sus ídolos y dijo para que mi papá no los encuentre. El Señor nos da la oportunidad de salir de la mentira. El Señor nos da la oportunidad de escapar de una vida de perdición. Dios nos da la oportunidad de salir de una vida en rebeldía hacia la palabra de Dios, pero debemos estar dispuestos a sacarlo a la luz. ¿Para qué? Para que se rompa eso en nuestras generaciones, ¿amén? ¿Cuántos queremos una generación bendecida para el Señor? Debemos estar dispuestos a cortar con esos pecados en nuestra vida y vemos.
"Dios nos da la oportunidad de salir de una vida en rebeldía hacia la palabra de Dios, pero debemos estar dispuestos a sacarlo a la luz."
En Efesios dice, Efesios 4:25. Esto está hablando ya él Señor Jesús y está diciendo Pablo, nosotros somos una nueva generación, amén? Somos una nueva generación, creados en Cristo Jesús para toda buena obra, ¿amen? Pero, por lo tanto, debemos dejar la mentira y hablar la verdad cada uno con su hermano. Si tenemos la oportunidad de ser libre de la mentira, Dios nos da la oportunidad de salir de ese patrón, de que venimos de generación tras generación. Y mire es una costumbre aquí, mentir, es una costumbre. Y uno ya se mira un poquito de aprieto y llega el cobrador, ¿y qué es lo primero que le dice usted al niño? “Vení, vení, vení, vení, hay viene el cobrador. Decile que no estoy.” Y va el niño y le dice, “Dice mi mamá que no está.” Pero ya ese niño, se le sembró algo, la mentira es parte de su vida, y ahora ese niño, mira que su papá lo hace, y él también lo va a hacer. Entonces eso se va arraigando y ahí vino él, “Como mi mamá lo hizo, también yo lo hago”, y va de generación tras generaciones.
Entonces estamos viendo que el pecado de iniquidad, no es un simple error, es algo que se manipula, se usa para nuestro beneficio. Entonces muchas veces la mentira es usada para justificar lo que nosotros hicimos mal. A mí me ha tocado que me han dicho, no le digamos, mejor no le digamos, yo le digo no, mejor arreglémolo, mejor vamos y hablemos. “Pero es que mira eso no es malo, ya lo hablamos entre nosotros,” no, vamos a hablar la verdad y vamos a hacer lo correcto. Entonces pero muchas veces el Señor nos da la oportunidad de salir de ese molde, y es mejor hablar con la verdad. Aunque no nos vaya tan bien, porque si hemos hecho algo malo, se nos va a exhortar, se nos va a decir, está mal hermano lo que usted hizo, pero tiene la oportunidad de pedirle perdón al Señor, y así ser restaurado. ¿Amén?
Entonces hay otro ejemplo de iniquidad, y es el adulterio. El adulterio es algo que también se puede sembrar de generación tras generaciones. Y el ejemplo de David, es un ejemplo de adulterio. ¿Y por qué es un ejemplo de pecado de iniquidad? Porque David no solo fue que pecó, sino que manipuló la situación. ¿{ara qué? Para su conveniencia, David no solo fue que tuvo el deseo de acostarse con Betsabé, él manipuló toda la situación, ya pecó. Pero como ya no solo había pecado, sino que la muchacha estaba embarazada, y le dijeron David, “Aquella muchacha está embarazada. ¿Y ahora qué vas a hacer?” “Oh, ¿Qué puedo hacer? Si voy a hablar con los papás me van a matar, no, ¿Qué hago? Vayan a traer a Osías.” Y empezó a planificar tantas cosas para tapar lo que había hecho, y entonces, no solo llegó al adulterio, sino que llegó a mentir, llegó a matar, también.
Entonces muchas veces los pecados de iniquidad, nos llevan a hacer sufrir a otros y la sensibilidad en el corazón es tanta, que no nos importa el sufrimiento de otra persona. A David no le importó, que ese esposo, si se daba cuenta, que su esposa lo había traicionado, iba a sufrir, no le importó. No sé si Betsabé tenía hijos con Usías, pero ese hombre ni siquiera pensó en el sufrimiento de esos hijos, para que miremos lo que hace la iniquidad en nuestros corazones. Nos vuelve insensible aún a lo de nuestra propia casa, y si no sentimos compasión por los de nuestra casa, ¿cómo podemos decir que tenemos compasión por los del Señor? Cuando el Señor dice, “Si ustedes dicen que me aman, pero aborrecen al que está a su lado, son mentirosos, porque aquel que me ama, ama al que está a su lado.”
Entonces, no es de ir lejos porque a veces si decimos que amamos a la gente de afuera, pero tenemos que mirar un poquito cerca. Estamos viendo por el bienestar de nuestros hijos, de nuestras hijas. Estamos pensando más en ellos que en lo que nosotros queremos, porque muchas veces pensamos más en nosotros, en nuestras satisfacciones, que en la de nuestros hijos. Y como yo quiero esto no me importa llevarme en los pies, entonces yo le decía, “Señor, ¿a donde está la falta de justicia entonces?” Yo lo viví hermanos, desde pequeña, fuimos abandonados por el vicio del alcohol, pero mi papá quería satisfacer su vicio, más que nuestras necesidades. El nos robaba las cosas que mi mami nos compraba a nosotros. Imagínese un padre en esa condición, mi mami nos llevaba comida y él se comía la comida. Nosotros dormíamos en el suelo, porque él cuando estaba bolo nos bajaba de la cama y nos tiraba al suelo. De ahí vengo yo hermano, de esa insensibilidad, de esa maldad, de ahí el Señor me ha sacado, y por eso le doy gracias al Señor, porque ahora yo le digo, “Señor gracias, porque nadie hizo justicia por mi Señor, tú tuviste que venir y hacer justicia por mi familia. Tú tuviste que pagar el precio para rescatarme.” Y ahora, yo no dependo de lo que mi papá hizo, ahora dependo de él. ¿Amén?.
Y le doy gracias al Señor porque él ha tenido que sanar y ha tenido que sacar todas esas cosas de mi corazón, y aún le digo, “Señor, sigue sacando la iniquidad Señor, de mi corazón. Sigue sacando esa maldad, Señor, que hay en mi vida.” Yo arrastré también a mi hijo a lo mismo, y él tuvo que padecer también muchas cosas.
Tuvimos que salir también, huyendo, porque el papá bebía, mujeriaba. Cuando pasamos el proceso de la pérdida de mi hija, yo le dije, “Si vos seguís tomando, hasta aquí nomás llegamos.” ¿Sabe qué hizo? A la semana se fue para el centro a bailar con otras mujeres. Se imagina el dolor que yo estaba pasando, había perdido a mi hija y a él ni siquiera le importaba. Era su hija también, pero él no sintió el mismo dolor y no lo culpó. Ahora, gracias a Dios lo entiendo, que él también viene de esa misma iniquidad, de esa misma maldad, porque la vida de él es similar a la mía. Creció en un hogar distorsionado donde el papá se fue, dejó a su mamá y ese era el estilo de vida para él, eso era normal y es normal en el mundo hermanos. Por eso el Señor quiere rescatarnos y quiere salvarnos, ¿amén? Por eso dice Él, no es corta la mano del Señor para salvar ni su oído sordo para oír, pero son sus pecados de iniquidad los que me alejan de ustedes. Pero el Señor no se queda ahí y el Señor ha enviado a su Hijo para hacer justicia a aquellos que nadie les hace justicia. Aquellos que nadie han velado por ellos, yo sé que aquí muchos de nosotros venimos de ese patrón. Y gracias a Dios que alguien le creyó a Dios y vino a este lugar donde no había esperanza y vino a darnos esperanza. ¿Amén?
Porque muchas familias aquí hemos recibido esperanza, nosotros que nadie veló por nosotros, ahora tenemos un Padre tan bueno, que cuida de nosotros y que cuida de nuestra familia. Y aún cuando nosotros no hacemos justicia por nuestros hijos, Dios no se queda sin hacer justicia a favor de aquellos que le temen. ¿Amén? Y Dios envía a su Hijo para hacer justicia a los huérfanos, para hacer justicia a las viudas. Por eso el Señor Jesús dijo, “Por cuanto el Espíritu de Dios está sobre mí y me ha enviado a declarar buenas nuevas a los pobres y libertad para los cautivos.” ¿Amén? Ese es el propósito de Dios en nuestras vidas, estamos cautivos de la iniquidad muchas veces y hemos vivido en ese patrón de generación tras generaciones, pero Cristo fue enviado para salvarnos. ¿Amén? ¿Cuántos le pueden dar un aplauso a Él? Porque Él vino a salvar a la humanidad, Él vino a salvar a aquello que estaba perdido y ahora por medio de Cristo, por medio de Cristo Jesús, usted y yo, somos una nueva generación. ¿Amén? Lo viejo ha pasado y ya ha llegado lo nuevo. ¿Cuántos lo creemos? Ha llegado lo nuevo, y lo nuevo empieza cuando nosotros empezamos a votar ese patrón viejo del mundo. Eso es normal para el mundo, pero no para nosotros que estamos en Cristo Jesús ahora.
"...Él vino a salvar a aquello que estaba perdido y ahora por medio de Cristo, por medio de Cristo Jesús, usted y yo, somos una nueva generación. "
Cuando el Señor creó al hombre, dijo, hagamos al hombre a nuestra imagen y después le dio una responsabilidad. ¿Y cuál fue la responsabilidad? Cuidar todo lo que Él había creado. ¿Amén? La responsabilidad de nosotros como pueblo de Dios, es cuidar lo que Dios nos ha encomendado. ¿Amén? ¿Y qué nos ha encomendado?
Nuestros hijos, nuestra familia, porque son parte también de esa promesa ahora. ¿Cuánto lo creemos? Entonces es tiempo. Y me encanta porque el Señor no se queda con nada y el Señor le da la oportunidad al pueblo de arrepentirse. Y ellos empiezan a ver lo que habían hecho mal y ellos empiezan a decir, “Oh Señor, grande es nuestro pecado.” Miren el 12, ahí mismo de Isaias, dice, “Tú sabes que son muchas nuestras rebeliones; nuestros pecados nos acusan. Nuestra rebelión no nos dejan; conocemos nuestra iniquidades. Hemos sido rebeldes; hemos negado al Señor. Hemos vuelto la espalda a nuestro Dios. Fomentamos la opresión y la traición; proferimos las mentiras concebidas en nuestro corazón. Así se le vuelve la espalda al derecho y se mantienen alejados de la justicia; a la verdad se le hace tropezar en las plaza y no damos lugar a la honradez. No se ve la verdad por ninguna parte;” Aquí el pueblo está confesando su pecado y están reconociendo lo que está mal. David cuando después de haber pecado él dijo, “Señor Perdóname, porque en pecado he sido concebido.” David tuvo que reconocer de dónde venía esa maldad, venía desde su madre, que lo había tenido de una forma indebida, y le pidió perdón al Señor. ¿Cuántos nacimos en una forma indebida? Cuanto a la luz de la palabra podemos ver que nuestra vida no es un ejemplo de lo que Dios quiere, pero hoy el Señor nos da la oportunidad de decirle, “Señor, es grande mi pecado, es grande mi maldad Señor, pero tu palabra dice que si yo me arrepiento, tú eres justo y fiel para perdonarme.” ¿Amén?.
Entonces vemos que el Señor puede hacer la obra, pero lo que está Él esperando y por eso envía su palabra. ¿Cuándo podemos ser libres de la mentira? Cuando nos visita la verdad y la atesoramos en nuestro corazón y decimos esta verdad es mía, El Señor me ha hablado, el Señor ha hablado a mi corazón y yo ya no quiero seguir en esa mentira. No quiero vivir en la idolatría, no quiero vivir en la inmoralidad sexual de la que hay en este mundo, porque eso es el pan de cada día aquí en el mundo. Pero aquel que ha creído al Señor y toma la decisión de obedecerlo, su vida es cambiada y su vida es transformada.
Para terminar vamos a leer en Isaías 1, en el 15. En el 15 dice, “Cuando levantan sus manos, yo aparto de ustedes mis ojos, y aunque multipliquen sus oraciones, no las escucharé, pues tienen las manos llenas de sangre. Lávense, límpiense, aparten de mi vista sus obras malvadas. Dejen de hacer el mal, aprendan a hacer el bien, busquen la justicia y reprendan al opresor. Aboguen por el huérfano y la viuda y defiendan a la viuda. Pongan, vengan, pongamos las cosas en claro, dice el Señor. Son sus pecados como la escarlata, quedarán blancos como la nieve. Son rojos como la púrpura, pero quedarán como la lana, ¿Están ustedes dispuestos a obedecer? Comerán de lo mejor de la tierra.” ¿Cuánto queremos eso?
Me llenaba de esperanza esta palabra, porque después de que el Señor le dice, está lejos la justicia de ustedes, la verdad no ha hallado cabida en ustedes, pero vengan pongamos las cosas en claro. Si ustedes se arrepienten de su pecado y aunque sus pecados sean rojos como la grana, quedarán blancos como la lana. ¿Cuántos pueden recibir eso en su corazón? No importa cuál sea nuestra condición, cuando nos acercamos al Señor y reconocemos nuestra condición delante de él, él tiene el poder para hacer una renovación y una transformación en el hombre, ¿amén? Y pone el ejemplo, aunque sus pecados sean rojos como la grana, yo los dejaré blancos como la lana. ¿Cuántos queremos que el Señor entre y haga la obra en nosotros y siga haciendo esa obra gloriosa en nuestras vidas? Ese es el Dios, al que hemos sido llamados a servir, a adorar, a un Dios que no es corta su mano para salvar y su oído no es sordo para escuchar. Él solo está esperando que nosotros volvamos nuestra mirada a Él y como dice aquí, lávense, lavemonos, limpiémonos. Y el Señor hará su obra en nosotros, aparten de mi vista la maldad, dice. Dejen de hacer el mal, aprendan a hacer el bien, busquen la justicia y reprendan al opresor.
La iglesia es llamada para hacer este trabajo, nos decía la pastora. Somos llamados para velar por el bienestar de nuestros hijos, somos llamados para velar por el bienestar de nuestros hermanos. Y si vemos que algo está mal, somos llamados a reprender. ¿Con qué objetivo? De ayudar, de ayudar para que ese hermano no se pierda, para que ese hermano no se desvíe del camino, pero ahí tenemos que estar nosotros, listos para oír y ser lentos para enojarnos. Estábamos compartiendo ayer con los hermanos, porque muchas veces el orgullo, no deja que la palabra entre al corazón, pero cuando hay humildad recibimos la palabra y decimos, “Señor, esa es mi vida pero tú la puedes cambiar.” ¿Cuántos creemos que el Señor puede hacer la obra? Y Él lo está haciendo, Él lo está haciendo a través de su palabra, su palabra está viniendo a limpiar, su palabra está viniendo a renovar nuestros pensamientos. ¿Cuántos estamos dispuestos a obedecer? Bien pocos y esto no lo digo yo, lo dice el Señor. “¿Están ustedes dispuestos a obedecer? Comerán de lo mejor de la tierra. Pero si se niegan y se rebelan, serán devorados por la espada.” El Señor mismo lo ha dicho. ¿Cuántos creemos la primera parte? ¿Pero cuántos nos comprometemos a obedecer su palabra? Y a decir, Señor, yo quiero comer de lo mejor de la tierra. Yo quiero comer en tu presencia, Padre. Como decía la canción que cantábamos.
Él ha puesto un lugar en su mesa para que nosotros podamos comer. ¿Pero estamos dispuestos a dejar aquello que no nos edifica, aquello que no nos ayuda? Hoy es un buen día, yo no sé cuántos hoy pudieron ver su vida reflejada en esta palabra. Y pueden decir, es cierto, como mi papá vivió de esa manera, por eso también estoy viviendo de la misma manera. Como mi mamá, como mi papá hizo lo mismo, estoy siguiendo ese patrón, pero hoy la palabra. El Señor nos da la oportunidad de salir de ese molde, por eso la palabra dice, no se amolden al mundo actual. Porque si nosotros dejamos que el Señor haga su obra en nosotros, conoceremos la voluntad de Dios, que es buena, es agradable y es perfecta para nuestras vidas. Cierre ahí sus ojos. ¡Gracias Señor! ¡Gracias por tu palabra Señor! ¡Gracias amado Padre! ¡Eres tan bueno Padre!
