La Verdad que Liberta a Los Hombres

Ronald Ayala

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Juan 1:11-13 (NVI)
Vino a lo que era suyo, pero los suyos no lo recibieron. Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hechos hijos de Dios. Estos no nacen de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana, sino que nacen de Dios."

Juan 8:31-41 (NVI)
Jesús se dirigió entonces a los judíos que habían creído en él, y les dijo:

—Si se mantienen fieles a mis palabras, serán realmente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres. 

—Nosotros somos descendientes de Abraham —le contestaron—, y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo puedes decir que seremos liberados?

—Les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado —afirmó Jesús—. Ahora bien, el esclavo no se queda para siempre en la familia; pero el hijo sí se queda en ella para siempre. Así que, si el Hijo los libera, serán ustedes verdaderamente libres. Yo sé que ustedes son descendientes de Abraham. Sin embargo, procuran matarme porque no está en sus planes aceptar mi palabra. Yo hablo de lo que he visto en presencia del Padre; y ustedes hacen lo que de su padre han escuchado.

—Nuestro padre es Abraham —replicaron.

Entonces Jesús les contestó:

—Si fueran hijos de Abraham, harían lo mismo que él hizo. Ustedes, en cambio, quieren matarme a mí, que les he expuesto la verdad que he recibido de parte de Dios. ¡Abraham jamás hizo algo así! Las obras de ustedes son como las de su padre.

—Nosotros no somos hijos ilegítimos —le reclamaron—. Un solo Padre tenemos y es Dios mismo."

Juan 8:43 (NVI)
¿Por qué no entienden mi modo de hablar? Porque no pueden aceptar mi palabra."

Juan 8:51 (NVI)
Les aseguro que el que cumple mi palabra nunca morirá."


Texto del sermón
La Verdad que Liberta a Los Hombres
Sermón predicado por Ronald Ayala - Iglesia de Fe Unida, Honduras


Dios les bendiga a todos hermanos. Sean bienvenidos a la casa del Señor. Es bueno estar en su casa, es bueno que todos estemos aquí, estamos aquí por su misericordia. Amén. La gracia y la misericordia de Dios lo ha traído a este lugar. Bendito Dios que nos permite escuchar su palabra. Hay bendición en su palabra. Amén. Hoy quiero predicar con el tema, la verdad que liberta a los hombres. La verdad que liberta a los hombres. Y es que hermano, muchas veces nosotros desde los púlpitos o cuando hablamos con otras personas, siempre hablamos de Dios, siempre hablamos de los milagros de Dios, siempre hablamos de lo bueno que es Dios y es cierto Dios es bueno, amén. Dios hace milagros, amén. Él sigue haciendo milagros claro que sí, Dios es bueno pero Dios no solo es eso. Dios no solo sigue haciendo milagros no solo, es que Dios es fiel. La verdad de las cosas es que la mayoría de los cristianos no conocen a Dios, porque no conocemos su palabra.

La palabra es la que nos revela a Dios. Y la mayoría de los cristianos no tienen esa comunión con la palabra de Dios. Muchas personas dicen que conocen a Dios o que son hijos de Dios. Pero nosotros creo que entendemos la diferencia de conocer a alguien o solo saber quién es alguien. ¿Cierto? ¿Quién de aquí sabe quién es Messi? ¿Verdad? Todo el mundo, si mira una foto, no tiene que decir el nombre. La mayoría de las personas sabrían decir, ese es Messi. Pero, ¿quién conoce a Messi aquí? ¿Quién sabe qué le gusta? Aparte de lo que leen las mentiras en internet, pero, ¿quién ha estado con él? ¿Quién sabe cómo le gusta la comida? ¿Quién sabe cómo le gustan las tortillas? O si le gustan o no le gustan. Solo los que están cerca de él, solo los que platican con él. Todos podemos decir, yo conozco a Messi. No, usted sabe quién es Messi. Pues esa es la diferencia entre saber quién es Dios y conocer a Dios.

Porque para conocer a alguien necesitamos tener comunión, necesitamos pasar tiempo con esa persona, de esa manera necesitamos conocer a Dios y lo conocemos a través de su palabra.

La gente dice, todos somos hijos de Dios, yo soy hijo de Dios. Salimos por las calles a predicar y todo mundo dice que es cristiano. Aquí en esta colonia no hay nadie que no diga que es cristiano, o que ha escuchado la palabra, o que es creación de Dios, o que es hijo de Dios. Pero, ¿qué dice la Biblia acerca de eso? Porque yo puedo tener una opinión acerca de las cosas. Pero, ¿qué dice la Biblia acerca de eso? Vayamos a Juan, el Evangelio de Juan en el capítulo 1:11. Tenemos aquí enfrente los versículos. Juan capítulo 1:11. La verdad que liberta a los hombres, es necesario que conozcamos hoy un par de verdades, porque así como estábamos cantando, hay libertad en la casa de Dios. Amén. Y hay libertad cuando se habla la verdad de la palabra de Dios. Juan capítulo 1:11-13 dice, está hablando Juan de Jesús y dice, “Vino a los que eran suyos, pero los suyos no los recibieron. Más a cuantos los recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios. Estos no nacen de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana, sino que nacen de Dios.” Entonces, ¿quiénes son los hijos de Dios?

Dice la palabra, y probablemente, la expresión que confunde a la gente en el versículo 12, que a los que le recibieron. Y lo cierto es que la gente aquí piensa que recibir a Cristo es decir si, pasar al frente y hacer una oración y decir, “Yo recibo a Cristo, yo creo en Cristo como dice el versículo.” Si hay que creer en el Señor, “Yo creo en Jesús yo lo recibo”, pero eso no es lo que quiere decir la palabra. Eso es lo que usted y yo entendemos. ¿Pero qué es lo que quería decir Juan? Que es lo que entendían los judíos, los hebreos a leer esta palabra, recibir a alguien no es solo decir, “Si, lo recibo”, y ahí terminó. Recibir a alguien es abrazar su enseñanza, abrazar esa persona, es hacer suya su palabra. Dice ahí que no lo recibieron los suyos, no aceptaron su palabra no quisieron seguir su ejemplo. Más a los que reciben su palabra la hacen suya. Eso es recibir a Cristo, a los que creen en Jesús, creen que Él es el Hijo de Dios, que vino a pagar la culpa suya y mía. Que Él vino a morir en lugar suyo y mío. Que en esa cruz deberíamos haber estado usted y yo. Mas sin embargo, Él se hizo hombre y vino a pagar nuestros pecados para que tuviéramos vida eterna. Amén.

Eso es Cristo. Y Él vino con un propósito, vino a salvarnos, vino a pagar esa deuda pero tenemos que comprender entonces la naturaleza del pecado. Tenemos que entender qué es el pecado, porque si no sabemos que cuánto costó y por qué lo tuvo que pagar Él. Entonces, por eso muchas veces actuamos como que si no importa. Como que si no tiene valor. ¿Por qué Dios odia el pecado? Dice la palabra de Dios que la paga del pecado es muerte. La paga del pecado es muerte, pero Cristo vino a darnos vida. La paga del pecado es muerte. Y por eso hablamos de libertad, por eso cantamos de libertad y por eso hoy hablamos de que la palabra trae libertad. ¿Libertad de qué? Del pecado, porque el pecado esclaviza al hombre. El hombre cree que es libre por hacer lo que quiere. ¿Cuántos han escuchado eso? “Yo hago lo que quiero, es mi vida, es mi cuerpo. Yo puedo hacer lo que quiera.” Pero esa es una mentira porque no hace lo que usted quiere, en realidad, hace lo que el pecado quiere. ¿Entendió eso? Se lo digo de nuevo, el hombre cree que es libre de hacer lo que quiere pero en realidad es esclavo del pecado. El pecado no le permite hacer al hombre lo que quiere, más bien hace lo que el pecado quiere.

"La paga del pecado es muerte, pero Cristo vino a darnos vida."

¿Cuántas veces hemos visto personas o nosotros mismos estar en una situación donde decimos, “¿Por qué estoy haciendo esto?” ¿Por qué estoy metido en esto? Vemos que el pecado está destruyendo nuestra vida o la vida de otra persona y decimos, ¿por qué no deja de hacerlo? ¿Por qué no sale de esa condición? ¿Por qué no puede? Porque somos esclavos del pecado. Porque la mentira del diablo es decirle al hombre, “Tú puedes hacer lo que quieras”, pero en realidad estás haciendo lo que el pecado te ordena que hagas en tu cuerpo. Y ahí no hay libertad, esa es esclavitud y esa es mentira, es la mentira del diablo. La religión parece, el hombre parece que ha encontrado en la religión esa respuesta, pero no es así tampoco. Porque la religión no salva a nadie, la religión no salva a nadie. Solo en la palabra de Dios hay poder para libertad. ¿Cuántos creen que la palabra de Dios tiene poder? ¿Cuántos creen que la palabra de Dios tiene poder? ¿Cuántos obedecemos la palabra de Dios? ¿Cuántos la conocemos? Conocemos a Dios a través de su palabra, pero no somos gente de palabra. ¿O somos gente de palabra? ¿Somos fieles a la palabra? ¿Reconocemos la palabra? ¿Andamos por la palabra? No podemos decir que algo es bueno y no tomarlo. En todo lugar dirían amén a eso. ¿Cuántos creen que la palabra de Dios tiene poder? Y todos dirían amén. ¿Pero cuántos obedecen la palabra de Dios? Ahí está la situación.

Porque no solo es de creer que en la palabra de Dios hay poder. ¿De que sirve? Es como decir aquí está la cura del cáncer, esta es y yo tengo cáncer, ahí está y usted cree que, ¿que se puede sanar? Si y me camino para allá y no me la tomo. ¿Qué es eso? Ese es el cristianismo de hoy, saber donde está la cura pero caminar en el lado contrario, eso es no obedecer la palabra del Señor. Pero hay una explicación, una de muchas para esto y es que muchos vivimos, porque no es que no sabemos palabra, no es que no tenemos palabra, no es que no hemos oído predicas. Pero ¿cuál es la diferencia? Es que muchos vivimos en una palabra falsa. ¿Y cómo se sabe que tengo una palabra falsa? ¿Qué es tener una palabra falsa? ¿Qué es tener una palabra falsa? Es cuando escucho la palabra y luego la tuerzo a mi conveniencia. Esa es una palabra falsa. Es cuando escucho una palabra y luego elijo, esto si lo hago, esto no lo hago, esto si lo hago, esto no lo hago. Eso es vivir en falsedad y en mentira. Eso es tener mentira. ¿Y cómo sabemos entonces que estamos viviendo en la mentira y en la falsedad? Por el fruto, por lo que se produce. Dice la palabra, ningún árbol bueno puede producir un fruto malo, no se puede. La palabra de Dios nunca regresa vacía. Y esa palabra que tiene poder, si entra en el corazón y el hombre lo obedece. Entonces ahí pasa algo. Ahí es cuando empiezan los milagros, ahí es cuando empieza el poder de Dios a trabajar en la vida del hombre.

La palabra de Dios tiene un propósito por la cual viene a nuestra vida. Y quiero que rápidamente miremos tres cositas rápidas. En Juan capítulo 8. La palabra de Dios tiene un propósito, y es lo que estábamos cantando ahorita. Juan capítulo 8:31 en adelante. Juan capítulo 8:31. Dice la palabra, “Jesús se dirigió entonces a los judíos que habían creído en Él.” Osea está Jesús con un grupo de personas, judíos, gente que sabe de la ley, y dice que estas personas estaban comenzando, habían creído en Él, estaban interesados en la enseñanza. Se dirigió a ellos y les dijo, “Si se mantienen fieles a mis enseñanzas.” La reina Valera dice, “Si permanecen en mi palabra.” ¿Cierto así? La reina Valera, “Si permanecen en mi palabra.” Dice Jesús, “Si se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán verdaderamente mis discípulos y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.” Son libres. “Nosotros somos descendientes de Abraham, le contestaron, y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo puede decir que seremos liberados? Ciertamente les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado, respondió Jesús. Ahora bien, el esclavo no se queda para siempre en la familia, pero el hijo sí se queda en la familia para siempre. Así que si el hijo los libera, serán ustedes verdaderamente libres. Yo sé que ustedes son descendientes de Abraham. Sin embargo, procuran matarme porque no está en sus planes aceptar mi palabra. Yo hablo de lo que he visto en presencia del padre. Así también ustedes hagan lo que del padre han escuchado. Nuestro padre es Abraham, replicaron. Si fueran hijos de Abraham, harían lo mismo que Él hizo, ustedes en cambio quieren matarme a mí que les he expuesto la verdad que he recibido de parte de Dios. Abraham jamás haría tal cosa. Las obras de ustedes son como las de su Padre.” Está diciendo Jesús, este versículo que es muy famoso entre los cristianos. “Y conocerán la verdad y la verdad los hará libres.” Pero lo cierto es que la verdad, la libertad verdadera solo viene de permanecer en su palabra.

Número uno, la libertad verdadera solo viene de permanecer en su palabra. O como dice en la nueva versión internacional, de mantenerse fiel a sus enseñanzas. Jesús se dio cuenta de que esta gente que estaba empezando a seguirlo tenían una fe superficial, solo le gustaba lo que él hablaba. Dice la palabra más atrás qué le dijo a la gente, “Yo sé que ustedes me siguen solo por la comida, porque ayer les di de comer y por eso hoy están aquí.” Porque Jesús conocía el corazón y entonces les está diciendo, ustedes quieren ser mis discípulos. Entiendan esto, no solo es recibir la palabra, no solo es recibir a Cristo y decir, “Sí Cristo, Cristo dice, el que recibe mi palabra, el que me recibe a mí, abraza mis palabras, abraza mis enseñanzas, se vuelve mi discípulo, se vuelve mi discípulo, permanece en esa palabra.” Permanecer en su palabra significa conocerla, dejarla que moldee su mente y su corazón, significa obedecerla. Eso es permanecer en la palabra, no solo una parte de lo que soy, no solo los aspectos religiosos. No solo es que hemos cambiado porque ahora venimos los domingos a la iglesia, eso creemos aquí en nuestro país es que somos cristianos porque el domingo vamos a la iglesia y eso es lo que ha cambiado. Pero permanecer en la enseñanza de Cristo es dejarlo que Él moldee su pensamiento, es dejar que Él moldee sus decisiones, es preguntarle a Él, “Señor, esto te agrada, esto no te agrada Señor.” Es decirle, tú eres mi rey, no solo el domingo, sino que el lunes también, y el martes también, y el miércoles, y el jueves, el viernes, y el sábado porque no solo el domingo es el día del Señor. Todos los días son del Señor y yo le he entregado mi vida a Cristo, eso es recibir a Cristo, entregarle su vida.

Hoy te entrego mi corazón Señor. Por lo tanto puedes cambiar mi mente. ¿Cuánto vamos hacia la palabra de Dios y le decimos, “Señor cambia mi manera de pensar, cambia mi manera de caminar Señor? Como hablamos la semana pasada, ha cambiado hasta nuestra manera de hablar la palabra. Ha influido la palabra en su manera de hablar, en su manera de relacionarse con las demás personas, porque eso hace la palabra hermano la palabra de Dios. No nos dice como cantar coritos, la palabra de Dios no nos dice a que hora empezar el culto, a que hora salir del culto. Nos dice como vivir una vida agradable para Dios. Y nos dice como debemos amar a nuestro prójimo, como debemos comportarnos en nuestra casa. Todo eso dice el Señor, quieren ser mis discípulos, sean fieles a mi palabra. Que el verbo permanecer en aquí, Juan, no significa continuidad. Como decimos nosotros, estar de cuerpo presente. Permanecer en un lugar no solo es que, han visto ustedes esos juegos que antes hacían en la tele que ponían un carro o algo, una cosa muy valiosa el último que quede se lo lleva de estarlo tocando de poner la mano el que quede eso es permanecer eso es lo que entendemos, estar ahí y no hacer nada eso no es lo que la palabra nos está diciendo.

Permanecer aquí significa tener una comunión con esta palabra, hacerla mía, hacer estas palabras para mí. Que cuando escuchamos el mensaje, que cuando voy a la palabra digo Señor me estás hablando a mí. Que cuando alguien está predicando, “De seguro lo dijo por el hermano aquel. De seguro lo está diciendo por el de enfrente. No lo está diciendo por mí, bendito Dios, bendito Dios que trae palabra para mí y para usted.” Pero hay que venir deseando, deseando. La palabra necesita entrar y sacar lo que está en nuestro corazón. Nuestro corazón y nuestra mente está lleno de tradiciones mundanas, paganas. Aquí en nuestra colonia todo es tradición, todo es superstición. Pero, ¿dónde está lo que hacemos de la Biblia en nuestros hogares? Todo lo que hacemos con nuestros hijos. “Ah, porque mi abuela así hacía.” ¿Y su abuela por qué lo hacía? Porque la abuela de ella así lo hacía. Y la abuela de la abuela de la abuela así lo hacía. ¿Y de dónde viene eso? Toda la mayoría de las cosas paganas que nosotros hacemos. Vienen de la santería, de la brujería, de la idolatría. “Es que mi abuela”, si llega hasta el final, va a llegar a su abuela maya, tolteca. De ahí viene lo que su abuela hacía y lo que le hizo a su abuela y tal y tal. Hasta llegar hasta donde nosotros y así crecimos y así seguimos haciendo.

Pero dice Jesús, cambia, cambia tus tradiciones, tus cosas, tus pensamientos por los míos. Cambia tus hábitos por los hábitos que la palabra del Señor nos enseña. Si permanecen, si se mantienen fieles, hemos estado hablando de la lealtad. En los días de semana, los jueves, hemos estado hablando de la lealtad, hermanos. De la fidelidad porque Dios es fiel, pero debemos hacernos una pregunta. ¿Nosotros somos fieles a Dios? ¿Somos fieles a su palabra nosotros? La traición es algo que está, que nos rodea con lo que vivimos día a día. Ya casi entonces nos hace extraño a menos que nos lo hagan a nosotros, a menos que alguien nos dañe, a menos que alguien nos falle, ahí sí. Pero somos extraños y como les decía el otro día, somos tan raros los seres humanos que no podríamos decir, este es fiel y este es infiel solo por una ocasión. Porque el mismo hombre, el mismo hombre que es fiel a su equipo de fútbol, que no falla, que mira todos los partidos, que se sabe los nombres de todos los jugadores, de todos los entrenadores, hasta del que carga las pelotas y los tacos, ese mismo hombre que le es fiel a sus amigos le puede ser infiel a su esposa y a sus hijos. Ese mismo hombre que elige ser fiel a algo, elige ser infiel a otra cosa. Así somos, y el Señor nos conoce. Si te mantienes fiel, dice el Señor. Si te mantienes fiel. Fidelidad, fidelidad, su iglesia tiene que ser fiel a la palabra de Dios pero nosotros elegimos, por eso estaba diciéndole, hay falsedad en nosotros.

La gente elige creer una palabra, si usted diezma, si usted da esto, si usted pone el sobre Dios le va a multiplicar. Ah elijo creer eso, Dios me va a prosperar pero la misma palabra que le dice eso también le dice en el libro de Éxodo capítulo 20, no robarás y yo mañana estoy robando. ¿Qué es eso? Una cosa las elijo y la otra no, elijo creer que el salmo 91, lo abro ahí en mi casa. “Ay el Señor me guardará, el Señor protegerá mi familia.” Pero el séptimo mandamiento dice, “No cometerás adulterio”, y yo estoy engañando a mi familia. Elijo no creer una cosa y la otra si. Eso es vivir en mentira, eso es vivir en falsedad. Fidelidad dice la palabra del Señor, fidelidad de parte de nosotros, eso es permanecer, permanecer. Y si nos duele cuando hablamos de estas cosas porque no las han hecho a nosotros, pero, ¿qué hay de las veces que nosotros le hemos sido infieles a Dios? Que pasa con el orgullo que hay en la gente de venir a la casa del Señor y decir, “No es mi día, no es mi momento. Todavía no estoy listo.” Dios te ha traído, Dios ha tenido misericordia. No hay nada que el hombre pueda hacer, el hombre no puede cambiar, el hombre no puede decir, “Hasta que cambie voy a seguir a Dios.” El hombre no puede cambiar por si solo, solo la palabra de Dios lo puede cambiar. Solo si deja que la palabra de Dios lo cambie, y no importa lo que haya hecho, la palabra de Dios lo puede cambiar. Amén. ¿Cuántos creen eso? ¿Verdad que sí?

"El ser humano no puede cambiar por sí mismo; solo la palabra de Dios puede transformarlo. Solo si él lo permite."

Número dos, aunque la esclavitud del pecado sea negada, es evidente. Aunque neguemos que somos esclavos del pecado, se puede ver. Miren el versículo 33 están alegando, nosotros no somos esclavos le dicen ellos. ¿Como puede decir que seremos liberados? Nosotros no somos esclavos de nadie somos descendientes de Abraham pero el verso 34. “Ciertamente les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado.” Porque no es cuestión de religión, de linaje o tradición, es cuestión de obediencia. Y siempre he escuchado una palabra en las prédicas, una expresión. Muchos predicadores dicen, “¿A quién le estamos sirviendo? ¿A Dios o al diablo?” Bueno, no lo dicen así, pero si dicen, “¿A quién le estamos sirviendo?” Nunca he visto yo que alguien se pare y diga al diablo. ¿Verdad? Yo creo que nadie lo haría. Es más, yo creo que podríamos ir a cualquier lugar, “¿A quién servimos?” Y cualquiera se levantaría y diría, yo sirvo a Dios. Yo sirvo a Dios. Pero no solo es lo que decimos, es lo que se ve, es lo que hacemos, es lo que hacemos. Si obedecemos o no obedecemos la palabra de Dios.

Debemos llegar al entendimiento que si no obedecemos la palabra de Dios, entonces estamos obedeciendo nuestros deseos, nuestros pensamientos. Todo lo tengo que llevar a la palabra del Señor. Queremos justificar siempre lo que hacemos. Queremos autoconvencernos de que lo que estamos haciendo está bien. Creemos en la falsedad y en la mentira. Y luego decimos que es verdad. Pero no es verdad porque Cristo dijo, “Yo soy la verdad, Yo soy el camino y Yo soy la vida.” Él es la verdad, su palabra es la verdad. Que usted tenga una verdad es otra cosa. Cada quien tiene una opinión. Y cada quien puede tener su verdad. Pero eso no quiere decir que sea la verdad. Cristo dijo, “Yo soy la verdad”, y a través de esa verdad llegarán al Padre. De esa verdad, no de la suya, no de la mía. Yo creo, que soy bueno. Yo creo que mis hijos son buenos, son los mejores, tan lindos. Yo creo que soy un siervo de Dios. Pero, ¿cuál es la verdad? Aquí está en la palabra de Dios. ¿Usted quiere saber cuál es la verdad sobre cualquier asunto en la vida? Aquí está. Su mamá le pudo haber enseñado algo, su papá, su abuelo, su tío. Su tío que era el más popular del barrio, que tenía buena fama. Pero la verdad está en la palabra de Dios, y si yo quiero andar en la verdad tengo que ir aquí para ver y decirle, “Señor, lo que estoy haciendo Padre, esto te agrada Señor, no esto no te agrada Padre.” El texto dice literalmente, “La verdad los hará libres.” La verdad de Cristo liberta al creyente. Y hay un pequeño proceso en esta libertad, cuando empezamos a comprender ciertas cosas.

La primera es que él revela esta verdad. No yo, no usted, no lo que la gente piensa porque hoy la gente piensa que lo bueno es esto, pero hace 10 años eso era malo. Lo que hoy es bueno hace 10 años era malo y todos los días cambia lo que nosotros consideramos que es bueno. Entonces la palabra de Dios nos revela la naturaleza del pecado como algo ofensivo a Dios y destructivo para nosotros mismos también. Que es el pecado? Hermanos, maestros, aprovechó. Hoy los niños y los jóvenes no saben que es el pecado, la gente no sabe que es el pecado. ¿Saben? Si alguien le dice, esto está malo, “Okay, está malo. ¿Y qué? Lo seguiré haciendo.” ¿Por qué? Por qué sí. Porque ahora ya ni mi papá me regañan, y aunque me regañen, no importa, no hay castigo, no hay nada. Pero no entienden la naturaleza del pecado, ¿y cuál es esa naturaleza? Es que todo el que peca, y todos un día nos presentaremos ante el trono de Dios. Estaremos frente al trono de Dios. ¿Sabía eso usted? No importa si usted es salvo o no es salvo estaremos frente a nuestro creador. Todos los que vivieron una vida tratando de agradar a Cristo estarán frente a Él y Él los dejará pasar y aquellos que no lo recibieron y no vivieron conforme a su palabra, también estarán frente a él. También ellos mirarán al Dios y caerán de rodillas y dirán, tú eres Señor, era cierto, tú eres Rey, tú eres Señor. Pero recibirán el pago por haber rechazado la misericordia de Dios. Ese es el pecado que nos engaña. Creer que somos libres de hacer lo que queremos, lo que nosotros queremos.

Pero esa libertad nos hace rechazar la misericordia de Dios. La gracia de Dios. Cierra mis ojos y no puedo entrar, no puedo entender. También la verdad crea en el creyente la convicción y la fuerza moral para resistir el pecado. Aquí no vamos a decir que ya no pecamos, que ya no quiero pecar, que vamos a decir, ay, que esto no me gusta. No, pero esa verdad, todos los días, cuando usted ve algo, cuando viene la tentación, le dice, wow, y esta oportunidad. Me llama la atención, pero no lo voy a hacer. ¿Por qué? Porque yo creo, porque esa verdad que está en mí, esa verdad me hace tomar decisiones. Me hace tomar decisiones importantes en mi vida. Y me hace decidir, aunque pueda hacer esto, no lo voy a hacer. Aunque pueda robar y tenga la oportunidad, no lo voy a hacer. Aunque pueda mentir y nadie me mira y nadie se va a dar cuenta, no lo voy a hacer. Aunque tengo ganas, aunque tengo ganas, no lo voy a hacer. Esas son convicciones, es la seguridad sobre lo que se cree, pero que creemos nosotros. ¿Por qué se pelea la gente? Que es lo que creemos nosotros, las convicciones vienen de lo que sabemos, de lo que creemos. Pero aquí la gente tiene convicciones de que Cristiano Ronaldo es mejor que Messi. Eso sí, no pero Messi es mejor que el otro. Eso sí hay convicciones y la gente se pelea, por esas cosas. Por ese tipo de cosas, porque lo cree. Quiere defender lo suyo, así también es el Evangelio, así es la palabra. ¿Defendemos la palabra? ¿Defendemos lo que creemos? A pesar de que nadie diga nada. Es que yo creo que Limbert Pérez es el mejor del mundo, y lo defiende, no importa lo que los demás digan.

Por último, nuestra verdadera identidad se conoce por nuestras obras. Dice, miren el verso 41. Las obras de ustedes, son como las de su padre. Jesús se lo repite varias veces a la gente. ¿Sabe? Es posible ser parte de una familia creyente, de una iglesia y aún así tener un corazón lejos de Dios, porque son mis acciones las que demuestran quien soy. Ellos dicen ser descendientes de Abraham pero Jesús les dice, “Las obras de ustedes son como las de su padre.” Y ellos decían, “Somos hijos de Abraham”, pero Jesús les dice, “No, ustedes son hijos del diablo.” ¿Por qué? Y ya les empiezo a explicar, “Porque ustedes hacen esto, esto, esto, esto.” Porque no se trata de lo que decimos, sino de lo que hacemos. No se trata solo de leer versículos, sino que esos versículos hayan moldeado mi vida, mi comportamiento. Alguno dirá, “Pero yo no hago nada malo, a todo esto, no hago nada malo. No me considero una persona mala.” Pero, ¿qué es lo bueno? ¿Se acuerdan ustedes? ¿Qué es lo bueno? Solo Dios es bueno. Y lo bueno es, estar donde Dios quiere que esté. Haciendo lo que Dios quiere que haga. Eso es lo bueno. Porque la sociedad dice, “Esto es bueno, esto otro es bueno, esto otro es bueno.” Y pudiéramos hablar de muchas cosas que son buenas, que no son malas. Pero dentro de esas cosas Dios te llamó para estar ahí. Dios te llamó para hacer eso, Dios te llamó para estar ahí. Muchas cosas son buenas en la vida pero Dios quería que estuviera ahí, eso es lo bueno.

"¿Qué es lo bueno? Sólo Dios es bueno. Y lo bueno es, estar donde Dios quiere que esté. Haciendo lo que Dios quiere que haga."

Verso 43, vayamos más abajo. Verso 43 dice Jesús, ¿Por qué no entienden mi modo de hablar?” O sea es una pregunta y el mismo la responde, “Porque no pueden aceptar mi palabra.” “¿Por qué no me entienden?¿Porque no me aceptan? ¿Por qué no aceptan? ¿Por qué no cambian? ¿Porque no miro cambio yo?” Dice Jesus, “Porque no entienden lo que pasa aquí.” ¿Porqué será? Porque no hay cambio muchas veces. Y en realidad, ellos no querían aceptar la palabra de Dios por orgullo. Muchas veces el hombre no acepta la palabra de Dios por orgullo, porque quiere poner excusas de lo que está haciendo porque quiere justificarse. La palabra me dice que perdone, pero yo digo que no se puede porque lo que me hicieron fue muy feo. La palabra de Dios dice que perdone, amén. Permanece en mi enseñanza, permanece fiel a mis palabras. Entonces viene Cristo y le dice a la gente, “¿Alguien te hizo daño? Perdónalo.” “Señor no se puede, porque no es que me miraron mal, me hicieron daño, no se puede.” La palabra de Dios dice que podemos ser sanados, amén. Que viene a sanar el corazón del hombre pero yo quiero seguir odiando al que me daño. ¿Por qué? “Porque no quiero que gane. Porque si yo perdono al que me daño, voy a sentir que él ganó, que se salió con la suya.” Hay gente que piensa que perdonar es símbolo de debilidad, pero no hay nada que demuestre más el carácter y el valor de una persona que perdonar al que le hizo daño. ¡Ah! El mero macho pecho peludo no lo puede hacer porque se cree muy macho pecho peludo.

Hay que tener valor y carácter para perdonar y hay que tener un corazón quebrantado y agradecido para hacerlo. Entonces por orgullo no aceptamos la palabra, nadie dice no acepto lo que dice la Biblia pero a la hora de ponerlo en práctica, empiezo a decir, ¿y cómo voy a hacer esto? ¿Y cómo voy a hacer lo otro? Si aquí, si aquí, si allá, si allá. Cantábamos ahorita, hay libertad en la casa de Dios. ¿Y qué es lo que nos tiene esclavizados? ¿Acaso no es la falta de perdón la que nos esclaviza? ¿Acaso no es el odio el que nos esclaviza? ¿Acaso no es la tristeza? ¿Acaso no es la soledad? ¿Acaso no es la envidia, el egoísmo, lo que nos tiene esclavizados? Entonces, ¿de qué vamos a ser libres? De todo eso. Perdóne, entonces. Ame a su prójimo. Eso es lo que dice la palabra. Dejemos de poner excusas. Y entonces, dice Jesús, serán verdaderamente libres. Miren el versículo 37, va más arribita rapidito, dice Jesús, “Yo sé que ustedes son descendientes de Abraham, sin embargo procuran matarme porque no está en sus planes aceptar mi palabra.” Hermano, ¿cómo que no está en sus planes aceptar la palabra del Señor? ¿Cómo que no está en sus planes venir a la iglesia y decir en su corazón, lo que hoy se hable, Señor? Quiero que entre a mi corazón y me cambie. Quiero hoy que me dejo una palabra, Señor. Quiero, tú sabes que me siento cansado. Tú sabes cómo me siento dame una palabra, Señor, que me levante. O dame una palabra que me tumbe. Algo que me incomode.

Porque hermano, yo he orado, estuve orando ayer. Y dije, Señor, no los dejes cómodos. Señor, incomode. Que tu palabra los incomode. Porque el momento en que nos empezamos a sentir cómodos. Hermano, prenda la luz, prenda la luz de alerta. Dice Jesús, le dijo a la mujer, “Si tú bebieras del agua que yo te doy, fluirían de ti manantiales de agua de vida eterna. Manantiales fluirían.” No una poza que está ahí toda, toda quieta, no, un río, un río. Usted sabe lo que es el agua, el poder del agua, nada la puede detener, que la palabra del Señor lo tenga así a usted, que lo incomode de tal manera. Que el día de mañana cuando tenga que tomar una decisión, pueda ir a la palabra del Señor. La palabra cambia, cuando recibimos a Cristo, la palabra cambia, empieza a producir algo mejor en nosotros. Esa palabra empieza a combatir y a pelear con todo lo falso que hay aquí por eso no puede estar tranquilo, no se puede. Porque nosotros estamos llenos de mentiras y de falsedades y esa palabra no puede salir de aquí. “¿Como que dijo, que tenía que perdonar al que me hizo daño? No, no puede ser”, y ojalá eso no lo deje dormir. Por más que tome un montón de cosas y tecitos de valeriana en la noche, que no pueda dormir. Que la palabra del Señor empiece a pelear con lo que hay dentro de nosotros. El propósito de este mensaje que a través de la palabra, podamos conocer a Dios. Lo que le agrada y lo que no le agrada. Como dije la semana pasada y la anterior, ningún hombre, ningún hombre sabe que necesita ser salvado hasta que entiende que está perdido. Hasta que usted y yo entendemos que estamos perdidos, entendemos que necesitamos al Salvador en nosotros.

Un día, quiero terminar con esto. Un día el evangelista Paul Washer contó un testimonio. El estaba en una entrevista y le contó a la gente que cuando él estaba joven, fue con su madre al doctor. El dice que su madre era una mujer dura, era una mujer recia y a él le extrañó mucho, él sabía que era algo importante y probablemente algo delicado que su madre lo haya llevado a esa cita con el médico, no era algo normal. Así que los dos se sentaron ahí, frente al doctor, ella ya se había hecho muchos exámenes y estaban ahí para ver los resultados. Cuando el doctor entró en la oficina, le empezó a decir un par de palabras a la señora, pero la señora le preguntó, “Ok, ¿pero que tengo? ¿Cuál es el problema? ¿Porque me he estado sintiendo mal?” Y el doctor le dijo, “Señora, usted tiene cáncer.” Y la mamá quedó viendo al doctor y le dijo, “No es cierto, no tengo cáncer y no me voy a morir.” Dice Paul que en ese momento se le vinieron muchas cosas a su mente, dice que él vio a su madre ahí y por más que la miraba con aquella dureza, dice yo sé que ella estaba sufriendo y yo estaba ahí, su hijo. ¿Qué podría hacer su hijo frente a esa situación? No sé. Dice, “Hasta pensé levantarme y golpear al doctor por hacer sufrir a mi madre.” Pero la respuesta de la señora, el doctor sacó todos los exámenes que se había hecho y empezó a explicarle a la señora, “Mire señora, estos son los resultados.” Y empezó a decirle. “Si usted no sigue el tratamiento, va a morir.” Por esto, por esto, por esto, por esto, por esto. Y empezó a sacar las evidencias de por qué ella iba a morir. No era deseo del doctor que la señora muriera, algo estaba pasando, y dice Paul, “Mi mamá sufrió, pero yo le di gracias a Dios, porque si nadie le hubiera dicho a mi mamá, que tenía cáncer y que iba a morir, entonces no hubiese empezado el tratamiento, que le salvó la vida.” Esa es la palabra de Dios, así es la palabra de Dios, la palabra de Dios hace un diagnóstico de su vida y de la mía. Y sabe cuál es el resultado, vamos a morir. Todo hombre que no siga con fidelidad la palabra de Cristo morirá. Mas sin embargo Cristo les dijo a ellos, en el verso 51, “Ciertamente les aseguro que el que cumple mi palabra nunca morirá.” No importa lo que esté haciendo, cual sea su enfermedad, lo que esté pasando, la palabra de Dios tiene poder para libertar. Pero no solo es de escuchar, es de obedecer la palabra, es de seguir, es de permanecer fieles a su palabra, fieles a la palabra de un Dios fiel, amén. ¡Él es un Dios fiel!