No Pierdas de Vista a Jesús
Maria Hernández

Lucas 24:13-32
“Aquel mismo día, dos de ellos se dirigían a un pueblo llamado Emaús, a unos once kilómetros de Jerusalén. Iban conversando sobre todo lo que había acontecido. Sucedió que, mientras hablaban y discutían, Jesús mismo se acercó y comenzó a caminar con ellos; pero no lo reconocieron, pues sus ojos estaban velados.
—¿Qué vienen discutiendo por el camino? —preguntó.
Se detuvieron, cabizbajos. Uno de ellos, llamado Cleofas, le dijo:
—¿Eres tú el único peregrino en Jerusalén que no se ha enterado de todo lo que ha pasado recientemente?
—¿Qué es lo que ha pasado? —preguntó.
Ellos respondieron:
—Lo de Jesús de Nazaret. Era un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo. Los jefes de los sacerdotes y nuestros gobernantes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron; pero nosotros abrigábamos la esperanza de que era él quien redimiría a Israel. Es más, ya hace tres días que sucedió todo esto. También algunas mujeres de nuestro grupo nos dejaron asombrados. Esta mañana, muy temprano, fueron al sepulcro, pero no hallaron su cuerpo. Cuando volvieron, nos contaron que se les habían aparecido unos ángeles quienes les dijeron que él está vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron después al sepulcro y lo encontraron tal como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron.
—¡Qué torpes son ustedes —les dijo—, y qué tardos de corazón para creer todo lo que han dicho los profetas! ¿Acaso no tenía que sufrir el Cristo estas cosas antes de entrar en su gloria?
Entonces, comenzando por Moisés y por todos los Profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.
Al acercarse al pueblo adonde se dirigían, Jesús hizo como que iba más lejos. Pero ellos insistieron:
—Quédate con nosotros que está atardeciendo, pronto será de noche.
Así que entró para quedarse con ellos. Luego, estando con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él desapareció. Se decían el uno al otro:
—¿No ardía nuestro corazón mientras conversaba con nosotros en el camino y nos explicaba las Escrituras?"
Colosenses 3:2
“Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra,"
Hebreos 12:2
“Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios."
Salmos 121:1
“A las montañas levanto mis ojos; ¿de dónde ha de venir mi ayuda?"
¿Cuántos le damos gracias al Señor? Yo le daba gracias al Señor, porque realmente no merezco estar aquí, realmente no merezco nada de lo que el Señor hoy nos ha hecho participantes. Pero su gran amor ha sido tan grande que nos ha alcanzado, y hoy podemos disfrutar de su presencia, podemos disfrutar de su amor, podemos disfrutar de su compañía. ¿Cuántos disfrutan de la compañía del Señor? Y es algo tan maravilloso porque el Señor nos llama para eso, para que podamos disfrutar de su presencia, para que podamos disfrutar de los beneficios que Él tiene para aquellos que confían en Él, ¿Amén? Él nos llama porque quiere llenarnos, porque quiere suplir lo que nosotros necesitamos, ¿Amén? ¿Y cuantos aquí tenemos necesidad? Yo creo que todos, diferentes necesidades, pero para el Señor no hay nada imposible, Dios puede llenarlo todo, Dios puede suplirlo todo, pero hay algo que nosotros tenemos que hacer y es mantener nuestra mirada en Él ¿Amén? Mantener nuestra confianza puesta en Él, porque sin Él nosotros nada podemos hacer.
Y hoy vamos a ir a una palabra, y vamos a ir a Lucas 24:13. Esta palabra, es una palabra que ya la hemos compartido, y yo creo que casi todos tenemos conocimiento de este pasaje y quiero que vayamos allí al 24:13, desde el 13 y aquí dice en el título “De Camino a Emaú” ¿Cuántos hemos sido llamados para estar en el camino del Señor? Hemos sido llamados para estar en el camino del Señor, y vemos que aquí van los discípulos, van dos de los discípulos de Jesús y dice que después de la crucificción de Cristo y usted va decir, “pero ya pasó la crucificción.” Pero realmente el Señor sigue hablando a nuestros corazones, ¿Amén? A través de su palabra y dice que ellos, vamos a leer para entender un poquito.
“Aquel mismo día, dos de ellos se dirigieron a un pueblo llamado Emaús, uno a unos kilómetros de Jerusalén. Iban conversando sobre todo lo que había acontecido.” ¿Qué había acontecido en ese momento? Aquí ya había pasado el tiempo de la crucificción de Jesús y todos ellos estaban desesperanzados, porque ellos tenían puesta su esperanza en Jesús, pero ya habían pasado tres días y Jesús no había resucitado. Jesús, ellos creían que no había resucitado, pero realmente Jesús cumplió su palabra y Él dijo que al tercer día Él iba a resucitar y así pasó ¿Amén? ¿Cuántos lo creemos? Así pasó, porque la palabra así lo dice. Pero ellos, dice que iban rumbo a Emaú, y iban conversando ellos verdad por el camino, y dice que iban diciendo de lo que había acontecido.
Y vamos a seguir leyendo, dice en el 15, “Sucedió que, mientras hablaban y discutían.” ¿Qué iban haciendo esos dos? Hablando y discutiendo, ¿Verdad? Llevaban una gran tertulia verdad en el camino, e iban platicando, me imagino que asustados y muchos, pero dice allí que iban discutiendo, por lo que había pasado, me imagino que uno le decía, “no pero es que dijo así, no pero es que dice que dijo así,” yo me imagino, parafraseándole un poco el pasaje, entonces dice que ellos iban discutiendo, “y Jesús mismo se acercó y comenzó a caminar con ellos; pero no lo reconocieron, pues sus ojos estaban…” ¿Cómo estaban los ojos de ellos? “Estaban velados.” Yo quiero que todos lo repitamos para que miremos qué era lo que pasaba con ellos. ¿Cómo tenían los ojos? Estaban velados, ellos no podían reconocer a Jesús y aunque les dijeron que Jesús había resucitado, ellos no creían, ellos no podían creer. Dice que las mujeres llegaron a donde ellos estaban y les dijeron, unos ángeles nos aparecieron y nos dijeron, “¿Por qué buscan al que vive entre los muertos? Él está vivo” ¿Amén? Él está vivo, pero dice que ellos no creían, pero no era porque ellos no querían creer, era que sus ojos se habían velado. Imagínense que poquito tiempo había pasado y ellos habían dejado de creer en el Señor Jesús, ellos habían dejado de creer en las promesas del Señor y se habían olvidado de lo que el Señor les había dicho. Y dice la palabra que Jesús ya les había dicho, “yo me voy, pero luego volveré, y esto tiene que pasar, porque el Hijo del Hombre tiene que ser crucificado, pero también ser levantado al tercer día.” ¿Amén? Y muchas veces nos quedamos verdad, con el dolor de la crucificción de Jesús. ¿A cuánto nos ha pasado? Que seguimos llorando porque Cristo murió en la cruz, pero realmente que el sacrificio en la cruz tenía un propósito, y era también que Cristo muriera, pero también resucitara. ¿Amén?
Entonces vemos ahí que ellos han perdido la esperanza, pero me encanta como es Jesús y dice que van ellos de camino y van caminando, y van discutiendo, y Jesús interviene mientras ellos van en el camino, y se mete en la conversación y les dice, “¿De qué están hablando? ¿De qué están discutiendo ustedes?” Y vienen ellos verdad y como no lo reconocían, le dicen uy, eres el único que no se da cuenta de lo que ha pasado. ¿Usted cree que Jesús no sabía? Si era el autor de la historia, era el autor de esa gran historia de la que ellos iban hablando. Pero muchas veces nos puede pasar a nosotros, que estamos hablando de Jesús, pero muchas veces no comprendemos en nuestro corazón lo que Jesús ha hecho por cada uno de nosotros, y yo le decía Señor muchas veces me ha pasado eso a mí, he hablado, he discutido con alguna gente Señor, de lo que aconteció en la cruz del calvario. Pero muchas veces nos puede pasar como a estas personas, a estos dos que van caminando con Jesús pero no lo pueden reconocer. Pero vimos, ¿Cuál era el problema que ellos tenían? Sus ojos estaban velados, no podían reconocer a Jesús, ellos conocían a Cristo, el que había andado con ellos, el que había hecho milagros, el que le había dado de comer, el que había sanado enfermos, pero no conocían a Cristo resucitado, ¿Amén? No conocían a ese Cristo resucitado, y por eso la palabra dice, que si nosotros creemos, que Dios lo levantó de entre los muertos, entonces seremos salvos, ¿Amén?
"No se trata solo de creer que Él puede sanarnos… sino también que puede resucitarnos…"
Porque no solo es creer que Él nos puede dar de comer, que Él nos puede sanar y que puede sanar todas nuestras dolencias, sino que también Él nos puede resucitar. ¿Amén? Que Él nos puede resucitar, que no importa nuestra condición en la que estemos, cuando Él llega a nuestras vidas y abre y quita la venda de nuestros ojos empezamos a ver y empezamos a contemplar las maravillas que Él puede hacer. ¿Amén? Pero vemos que ellos no podían verlo, aunque estaba caminando con ellos, Él estaba a la par de ellos, iba hablando con ellos, Él estaba allí. Mire a su lado vea no sea que Jesús está sentado a la par suya, si o sea así de, entonces imagínese, imagínese que así nos puede pasar, estar sentados con Jesús y no reconocerlo. Y no conocer de quien es ese Jesús al que nos hablan, del que muchas veces hemos oído, pero me encanta como Jesús se da a conocer y Él empieza a caminar con ellos por el camino y empieza a hablar con ellos y les empieza a decir, “¿Que es lo que ha pasado?” Les dice, y miren el 19 y mire aquí está hasta con signos de interrogación, cuando Jesús les dice, “¿Qué es lo que ha pasado? Les preguntó, lo de Jesús de Nazaret. Que era un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo.” En el 20 dice, “Los jefes de los sacerdotes y nuestros gobernantes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron; pero nosotros abrigábamos la esperanza de que era quien redimiría a Israel.”
¿Cómo van hablando ellos? Ya han pasado tres días, y ellos dice, que han perdido toda esperanza y van diciendo, es que nuestra esperanza estaba en Él, ya no está en Él en ellos, ya esa esperanza ya no está en Jesús, han perdido la esperanza. Nuestra esperanza era que Él nos redimiría, nuestra esperanza es que Él liberaría a nuestro pueblo, pero ya hace tres días que murió y no ha pasado nada. Y dice, mire lo que sigue diciendo en el 22, también las mujeres, “También algunas mujeres de nuestro grupo nos dejaron asombrados.” O sea que sí se sorprendieron, ¿Verdad? Cuando oyeron la noticia, pero todavía no podían creerlo, todavía dudaban de que Jesús hubiera sido resucitado, y yo meditaba en esto y le decía, Señor ¿Cuántas veces me cuesta creer lo que el Señor hace o lo que Él puede hacer? Pero el tema que yo le puse a esta palabra es, “No pierdas de vista a Jesús”.
Ellos ya lo habían perdido de vista, ya habían perdido la esperanza ¿Pero por qué? Porque lo habían dejado de mirar, ya no lo miraban porque sus ojos estaban velados, dejaron de verlo, ¿Porque? Porque ahora Cristo había resucitado con un cuerpo glorioso y ahora Él era Espíritu y sólo aquellos que andan en el Espíritu lo podemos ver, ¿Amén? Porque Él dice que nos tenemos que acercar a Él por medio del Espíritu y la verdad, no hay otra forma en lo que lo podamos ver, entonces pero ellos no lo podían ver, estaba frente a ellos, estaba caminando con ellos, estaba hablando con ellos y ellos no lo reconocían. Mire el 23 y dice, “Pero no hallaron su cuerpo. Cuando volvieron, contaron que les habían aparecido unos ángeles que les dijeron que estaba vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron después al sepulcro y lo encontraron tal y como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron.” Y mire Jesús que le responde en el 25, “Tan torpes son ustedes, les dijo, y tardos de corazón para creer todo lo que han dicho los profetas, ¿Acaso no tenía que sufrir el Cristo estas cosas antes de entrar en su gloria? Entonces, comenzando desde Moisés y por todos los Profetas, explicó lo que se refería a él en toda la escritura.”
Me llamó la atención esto, porque vemos la paciencia y el amor de Jesús, aún en nuestras torpezas ¿Cuántos aquí son torpes? ¿Y tarda para creer? ¿A cuántos nos cuesta creer muchas veces? Y algunos dicen, “Sí, sí, es torpe, y sí lo acepto, soy bien torpe, en muchas cosas.” Pero me encantó ver esto del Señor y le daba gracias por eso, porque aun cuando a mí me cuesta creer, Él con su amor y con su paciencia, muchas veces se sienta a enseñarnos, y a explicarnos muchas veces esas cosas que no logramos comprender. Y yo miraba y decía, Señor, qué maravilloso que tú te sientes con nosotros y muchas veces tengas que explicarnos algunas cosas que no tienes que hacerlo, porque no merecemos ninguna explicación. Pero Jesús se toma el tiempo y empieza a decirle, imagínese todo lo que pasó en ese camino, imagínese todo lo que pasó mientras iban de camino. ¿Cuántos han ido a un viaje, alguna vez? ¿Y cuántos se duermen cuando van en el viaje? Algunos verdad, yo no eso si no tengo, no me duermo, no puedo dormir cuando voy en un bus, no puedo, todos van dormidos y yo voy con los ojos pelados, pero ¿Cuántos cuando vamos de viaje, por ir distraídos nos perdemos de las cosas bonitas que hay en ese camino? Les pasa que, ¿Y qué paso dice? Y ya llegamos al pueblo verdad muchas veces, pero por ir distraídos muchas veces en el teléfono, muchas veces distraídos, dormidos en el camino, nos podemos perder de momentos tan excepcionales, tan maravillosos que están en el camino.“Hay muchas cosas que podemos experimentar mientras vamos de camino, pero hay algo que usted y yo no podemos hacer y es perder de vista a Jesús."
Así es nuestra vida cristiana, vamos de camino, vamos en el camino. Hay muchas cosas que podemos experimentar mientras vamos de camino, pero hay algo que usted y yo no podemos hacer y es perder de vista a Jesús. Yo quiero que usted repita, ¿Qué es lo que no tenemos que hacer? Perder de vista a Jesús. Entonces para eso no tenemos que distraernos, no tenemos que dejar que nada nos distraiga, no podemos dormirnos, porque si no nos podemos perder de tener un encuentro con Jesús. Porque hoy usted y yo podemos tener un encuentro con Jesús, pero ¿Cuántos estamos aquí y nuestra mente está en la casa? Esto con las mujeres verdad, “No barrí, cuando llegue tengo que ir a lavar los trastes, uuy, tengo aquella canasta de ropa está llena, uy, qué relajo que dejamos en la casa”. Y el predicador está dele y dele con la palabra y nuestra mente está lejos, estamos de cuerpo presente, pero muchas veces nuestra mente está lejos. Entonces, hay algo que debemos retomar y es poner nuestra mirada en Jesús. Amén.
Si algo nos ha distraído, es momento de decir no es tiempo de estar distraído, la iglesia no puede estar distraída. ¿Amén? Porque si no, nos podemos perder algo que pasa en el camino, y decir usted ¿Y cuándo pasó eso? Y pasó un milagro, y nosotros, “yo no me di cuenta de eso.” Pero el milagro es que usted y yo estamos aquí. ¿Amén? Y ni cuenta nos dimos cómo llegamos a este lugar, pero el Señor nos atrajo con sus cuerdas de amor. ¿Amén? Entonces, imagínense lo que le pasó a estos dos hombres, iban con Jesús resucitado, pero no lo podían reconocer. Y hoy la pregunta es, ¿Cuántos de nosotros hemos perdido de vista a Jesús? ¿A cuántos las cosas de este mundo nos han distraído? ¿A cuántos por ir discutiendo en el camino nos hemos perdido la oportunidad de tener un encuentro con Jesús?
Porque hay muchas cosas que nos pueden distraer, y una de las cosas que miraba que los distrajeron a ellos era la discusión, ellos iban discutiendo, iban peleando, iban alegando, no sé qué iban haciendo. Pero Jesús tiene que intervenir y les dice, “¿Que es lo que están diciendo? ¿Acaso no tenía que pasar eso? ¿Acaso el Hijo del Hombre no vino para dar su vida, para que otros tuvieran vida juntamente con Él?” Y yo quiero que usted me ayude un poquito, dice que Jesús les explicó, desde Moisés hasta los profetas, todo lo que se decía de él, y todo lo que significaba que cuando Cristo lo hiciera, se estaba cumpliendo. ¿Amén? Entonces me recordaba el sacrificio de la pascua, ¿Verdad? Cuando sacrificaban aquel cordero, imagínese que Jesús tuvo que explicarles todo eso en el camino, y enseñarles ¿Se acuerdan de cómo dice en Éxodo? Cuando el pueblo de Israel salió del desierto y ellos tuvieron que sacrificar un cordero y tuvieron que poner la sangre del cordero en los dinteles, eso tenía que pasar para que ellos fueran liberados. Un cordero tenía que ser sacrificado, un cordero tenía que ser ofrecido de una vez y para siempre, para poder liberar a la humanidad, para poder liberar a aquellos que creen en Él. Amén.
Porque Cristo murió, pero murió con un propósito, y así como aquel cordero en el Antiguo Testamento fue sacrificado para que el pueblo de Israel saliera de la cautividad, así usted y yo a través de Cristo. Cristo murió para que usted y yo saliéramos de la oscuridad, para que usted y yo ya no vivamos en la mentira, para que usted y yo ahora podamos disfrutar de esa vida que Él derramó en la cruz del Calvario. Imagínese todo lo que el Señor les tuvo que explicar y yo le decía, Señor ¿Cuántas veces, mientras voy en el camino, mi corazón ha dejado de arder por tu palabra? Porque estos hombres me llamó la atención lo que pasó con ellos, cuando Jesús les dice, “¡Qué torpes son ustedes, y qué tardos de corazón para creer todo lo que han dicho los profetas! ¿Acaso no tenía que sufrir Cristo estas cosas antes de entrar en su gloria? Entonces, comenzando por Moisés y por todos los Profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura. Al acercarse al pueblo a donde se dirigían, Jesús hizo como que iba más lejos. Pero ellos insistieron: Quédate, quédate con nosotros, quédate con nosotros le dijeron, que está atardeciendo y ya casi es de noche. Así que entró para quedarse, para quedarse con ellos. Luego estando con ellos en la mesa, tomó el pan y lo bendijo, y lo partió y se los dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero enseguida desapareció. Y decían unos a otros ¿No ardía nuestro corazón mientras conversaba con nosotros en el camino y nos explicaba la Escritura?” Esto fue otra cosa que llamó mi atención en este pasaje.
¿A cuántos de nosotros, nos ha dejado de arder el corazón por la palabra del Señor? ¿A cuántos muchas veces, ya la palabra no es tan emocionante para nosotros? Pero para estos hombres, cuando lo oían dice, que el corazón les ardía, el corazón les palpitaba y decía, ¿Quién será vos? No lo conocían, pero al oír, al oír lo que Él les iba enseñando, lo que Él les iba explicando en el camino, algo iba pasando en el corazón de estos hombres, algo estaba aconteciendo en el corazón de ellos y ellos empezaron a ser movidos en su corazón. Cantábamos aquella canción ahorita, que el Espíritu Santo mueva nuestro corazón. ¿Cuántos queremos ese mover en nuestro corazón? ¿Cuánto necesitamos ese mover hoy en nuestro corazón? ¿Y cuántos hoy necesitamos volver a las Escrituras? Porque el Señor tuvo que explicarles a ellos la palabra y tuvo que empezar otra vez a decirles todo lo que tenía que pasar. Muchas veces por estar distraídos, por haber perdido a Jesús de vista, nos perdemos de esos momentos tan excepcionales con Jesús.
Yo no sé cuántos de ustedes alguna vez han perdido algo valioso, levante la mano quien ha perdido algo o a alguien valioso, algún padre algún día ha perdido a su hijo ¿Nunca lo han perdido? Nunca se les ha perdido y lo han dejado de ver. ¿Y qué hacen ustedes cuando no miran a sus chiquitines? Empiezan a buscarlo, ¿verdad? A mi me pasó algo similar, me acuerdo que cuando Junior estaba pequeño, fuimos al estadio, ahí estaban regalando juguetes y empezaron. Yo andaba entregando tortillas y él andaba con algunas hermanas, y me acuerdo que me dijeron, “¿Acaso usted no se da cuenta lo que está pasando en el estadio? Ahí están matando a los niños.” Y yo le dije, “ahí anda mi hijo.” Y salí corriendo al estadio, y llegó y me paro ahí por el Alonso Suazo, y era una nube de gente que estaba ahí. Y yo no miraba a los que andaban con él, ni lo miraba a él, y yo empecé a buscarlo entre la gente, y no lo miraba, y no lo miraba. Y entonces estaba, ¿Cómo cree que estaba? Angustiada, desesperada, pero eso no dejó que intentara de seguir buscándolo, y allá a lo lejos, estaban por el portón 8, que queda ahí, por él Alonso. Y me paro ahí y miro a una señora que me dice, “¡aquí está su hijo!” Y pues yo lo miraba, pero entre más iba avanzando el tiempo, más gente llegaba y yo quedaba más atrás y más atrás y más atrás y lo fui perdiendo de vista, y llegó un momento que no lo podía ver, y cuando miro hacia atrás, ya no podía volver atrás. Y entonces aquella multitud me fue empujando hacia adelante, y me fue empujando, pero yo quería verlo, yo quería volver a verlo, porque ya no lo miraba. Y ni miraba a la señora que lo tenía, porque cuando la miraba ella me decía, “No se preocupe, aquí está, nosotros lo estamos cuidando.” Y me hacía señas que ella lo tenía, y lo levantaban y le daban aire a los que andaban con ella, porque era tan terrible lo que estaba pasando en ese momento.
Imagínese la angustia de un padre de perder a su hijo, y entendía a Jesús, entendía a María y a José, cuando perdieron a Jesús, cuando venían de celebrar la fiesta, y dice que Jesús se les perdió mientras iban de camino, y dice que ellos se regresaron a buscar a Jesús, yo decía ¿Cuántas veces podemos perder a Jesús de vista? Los padres lo habían perdido de vista y tuvieron que regresarse a buscarlo, y lo encontraron en el templo, y dice que ahí él estaba enseñando las escrituras, imagínese. Y cuando llegan ellos le dicen, hijo, ¿Pero por qué hiciste eso? Y él les dijo, ¿Acaso no es necesario que yo esté en la casa de mi padre? Entonces imagínese, pero imagínese la angustia que ellos tenían, la desesperación que tenían por verlo. ¿Qué cree que hicieron? Ellos le dijeron, hijo, ¿por qué hiciste eso? Pero me llamó la atención y yo decía, ¿Qué estamos dispuestos nosotros a hacer? Si hemos dejado de ver a Jesús. ¿Qué estamos dispuestos de hacer nosotros para volverlo a ver? Esta gente empezó a buscar a Jesús. Pedro cuando iba por las aguas, cuando estaba con Jesús empezó a caminar por el agua, pero cuando él quitó su mirada de Jesús empezó a hundirse. Por eso es que no debemos quitar nuestra mirada de Jesús, porque muchas veces las circunstancias pueden venir a nuestras vidas y nos pueden venir a ahogar, pero si nuestra mirada está en Él, Él nos da la mano y nos ayuda ¿Amén?
Después de mucho tiempo de estar esperando y buscando a mi hijo en ese lugar, me machucaron, me dejaron caer, miré como otra gente caía y no le podía ayudar, porque si yo les ayudaba yo también iba a quedarme ahí tendida. Pero yo llorando, yo quería salir y llegar hasta donde estaba y después cuando salí lo miré parado en una esquina llorando y corrimos y nos abrazamos y nos besamos y yo decía, “Hijo perdóneme, perdóneme, perdóneme.” Y solo le daba besos en la frente y le decía, “perdóneme, perdóneme, perdóneme.” Y eso pasa cuando nosotros hemos perdido de vista a Jesús, pero lo volvemos a encontrar y usted empieza a decir, “Señor perdóname, perdóname porque me había alejado, porque me había desviado, porque me había distraído un momento Señor, pero aquí estoy, aquí estoy hoy Señor, enfoca mi mirada, enfoca mi corazón en ti Señor, para no desviarme de nuevo del camino.” Desde esa vez nunca más me volví a separar de mi hijo, nunca más lo dejé ir a lugares donde yo no fuera, nunca más lo volví a perder de vista, pero había pasado algo tan difícil, algo que había dolido tanto. Y yo le decía, “Señor que así Señor, así como esa vez Señor cuando yo no te mire Señor, no importa si me machucan, si me empujan, pero yo quiero verte a ti Señor, yo no quiero perderte de vista nunca más en mi vida Señor, no importa lo que pase a mi alrededor Señor, yo quiero poner mi mirada en ti.” ¿Cuántos queremos mantener nuestra mirada en el Señor?
Pero vemos aquí que solo la palabra del Señor que tiene poder para hacer algo nuevo en nuestras vidas, dice que cuando Jesús partió el pan y se los dio a ellos, los ojos les fueron abiertos y entonces ellos lo reconocieron, pero Jesús no se quedó ahí sino que desapareció, se volvió a ir otra vez. Pero la vida de estos hombres después de la resurrección nunca más volvió a ser igual, después de la resurrección, estos hombres llevaron el Evangelio a otros lugares y aunque tuvieron que pasar por circunstancias difíciles, pero nunca más su vida volvió a ser igual. ¿Amén? Pero algo había pasado en la vida de ellos, Jesús se había dado a conocer, como ese Cristo resucitado, hoy Cristo está vivo. ¿Amén? Cristo está vivo, y Él tiene poder para levantar a aquellos que creemos en Él. ¿Amén? Pero vemos que aquí Jesús les dice, pero ustedes son tardos para creer, muchas veces nos cuesta creer que Jesús puede hacer esa obra en nosotros, que así como Él murió, pero también resucitó.
Y dice en Colosenses, vamos a ver Colosenses 3. Ahí empieza, “Ya que han resucitado con Cristo”, ¿Qué deben hacer los que han resucitado con Cristo? Buscar, en otro pasaje dice, “que aquellos que han muerto y han resucitado con Cristo, fijan su mirada en las cosas de arriba y no en las terrenales. Pero aquel que ha experimentado esa muerte y esa resurrección a través de Cristo Jesús, ahora ya no busca las cosas de esta tierra, sino que busca las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios.” ¿Amén? Entonces aquel que ha muerto y ha resucitado, ahora fija su mirada en las cosas de arriba. Ya no las cosas de aquí nos distraen, ya no las cosas de este mundo nos distraen. ¿Por qué? Porque nuestra mirada está en Jesús. ¿Amén?
"A veces, cuando pasamos por momentos difíciles, (debemos fijar nuestra mirada en Jesús, el autor y consumador de la fe.)."
Y vamos a ver en Hebreos 12:2. Leamos todos este pasaje por favor. Uno, dos, tres, “Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba y ahora está sentado a la diestra del trono de Dios”. Dele un aplauso al Señor, ¡Aleluya, Aleluya! Ese es el Cristo, ese es el Cristo que usted y yo alabamos, aquel que venció en la cruz del Calvario, aquel que se levantó de entre los muertos y ahora vive y está sentado a la diestra del Padre, ¡vestido de gloria y majestad! ¿Amén? A ese Cristo alabamos, pero debemos de tener nuestra mirada puesta en Jesús, no debemos dejar que las cosas de esta vida, de este mundo nos distraigan, y yo decía, era difícil lo que los discípulos estaban pasando, estaban pasando por un momento de dolor, habían perdido a su maestro, la tristeza los había abarcado, la tristeza estaba en su mente, en sus corazones y por eso ellos habían dejado de creer. Y mire, yo le decía a una persona en este tiempo, “No deje, no deje que la tristeza no le permita ver a Jesús.” A veces, cuando pasamos por momentos difíciles, dejamos de ver a Jesús y estamos viendo más el problema, la necesidad, la circunstancia, o la enfermedad por la que estamos pasando, que a Jesús. Pero, dice la palabra, puestos los ojos en Jesús, en el autor y perfeccionador de la fe. Ahí tiene que estar nuestra mirada, quien por el gozo que le esperaba.
"Porque muchas veces el Señor está a nuestro lado, pero como estamos enfocados en otras cosas, nos perdemos esos momentos maravillosos con Jesús."
Muchos dicen que la cruz de Cristo es locura, pero para los que creemos en Él, es el poder de Dios manifestado en la cruz del Calvario, es el amor de Dios manifestado a través de Cristo Jesús, ¿Amén? Entonces, para muchos les da vergüenza la cruz, pero para los que creemos en el poder de Dios, es algo poderoso lo que Él hizo en ese lugar, no solo murió sino que resucitó, y ahora él vive, él vive. Yo quiero que mire a su hermano y usted le diga, Cristo está vivo, Cristo está vivo. Y Él está haciendo una obra maravillosa en nuestras vidas. No dejemos que la mentira, que las circunstancias, que los problemas, que los pleitos, que las discusiones, no nos permitan ver a Jesús. Porque muchas veces el Señor está ahí a nuestra par, pero por estar desenfocados en otras cosas, nos perdemos de esos momentos tan maravillosos con Jesús. Y usted me va a preguntar, hermana María, ¿Pero usted a qué conferencia ha ido? ¿Qué predicador le ha predicado a usted el Evangelio, para que usted me diga que usted ha visto milagros? Yo le puedo decir, hermano, que aquí yo he visto al Señor, en mi casa he visto al Señor. ¿Cuántos lo hemos visto? ¿Cuántos podemos reconocer que es el poder de Dios en nuestras vidas? Que no es casualidad que hoy estemos aquí, que ninguno de nosotros hoy podría estar aquí. ¿Cuántos nos pudimos haber muerto en el COVID? Pero estamos vivos, hoy el Señor nos da la oportunidad de ver sus maravillas un día más, ¿Amén?
Y hoy podemos disfrutar y yo sé que muchas veces hemos perdido algunas cosas en nuestra vida, a gente importante en nuestra vida, pero no dejemos que esas cosas no nos permitan ver lo que el Señor puede hacer hoy. Porque mire hoy al hermano que está a su lado y dígale, “Que bueno que estemos aquí, es bueno que estemos aquí, es bueno que podamos disfrutar de la misericordia de Dios.” Y la palabra nos ha estado hablando en estos días de dar gracias al Señor, de dar gracias porque hemos visto su misericordia, porque hemos visto su bondad, porque hemos visto que abundante ha sido su misericordia para nosotros. Y qué bueno es el Señor, que bueno es el Señor, que un día más estamos aquí y que podemos celebrar juntos al Señor, esas son las maravillas del Señor. Porque yo no pudiera estar hoy aquí, pero aquí estoy hermano y me alegro de verlos a todos. Me alegro de ver lo que el Señor ha hecho hasta este día y que realmente aquí han pasado milagros, milagros de vidas transformadas, familias transformadas por el poder y el amor de Jesucristo, entonces tenemos razones por las cuales darle gracias al Señor.
Pero si alguno de nosotros por alguna razón hemos dejado o hemos perdido de vista a Jesús, creo que hoy es un buen día para decirle Señor, “Quita las vendas Señor, quita eso que me está estorbando Señor, quita ese rencor Señor, quita esa falta de perdón de mi vida Señor, porque eso no me permite verte Señor, no me permite reconocer que eres tú Señor el que está haciendo la obra.” ¿Cuántos hoy queremos ver a Jesús? Bien pocos, es triste, es triste porque usted va a una conferencia y le dice ¿Cuántos quieren que su dinero sea multiplicado? Y todo mundo levanta la mano y dice, ¡amén! Y a cuántos les dicen venga, venga al altar, porque hoy el Señor le va a multiplicar su dinero, si usted necesita casa, Dios le va a dar casa y mucha gente corre por las cosas materiales. Pero no, nadie corre, nadie corre por Jesús, antes en las iglesias decían venga reciba Jesús y la gente corría a los altares y aquellos lugares se llenaban de gente que quería ver la salvación pero ahora, venga al altar, ya no se practica, porque si usted no dice, venga que el Señor le va a suplir su necesidad, entonces no. Pero ¿Cuántos queremos ver a Jesús? ¿Cuántos necesitamos tener un encuentro con Jesús en nuestra vida? y ¿Cuántos hoy queremos que el Señor quite las vendas de nuestros ojos? Y hoy le podemos decir Señor, “Quítala Señor, quita eso.”
Dice la palabra que cuando Cristo murió en la cruz del Calvario el velo se rasgó, ese velo se corta en Cristo Jesús y aquello que no nos permite ver a Jesús, puede ser quitado de nuestros ojos, puede ser quitado de nuestro corazón. Y hoy yo quiero hacerle una invitación, si usted quiere ver a Jesús, hoy es el día, hoy es el día, solo tenemos que tener fe y creer que Él está aquí. ¿Amén? Y reconocer que es Él el que puede hacer la obra en nuestros corazones. Yo quiero que cierre sus ojos ahí. El Salmo 121, dice la palabra, “Alzaré a las montañas. A las montañas levanto mis ojos. ¿De dónde ha de venir mi ayuda? Mi ayuda proviene del Señor, creador del cielo y de la tierra. No permitirá que tu pie resbale; jamás duerme el que te cuida. Jamás duerme ni se adormece el que cuida de Israel.”
Aleluya, gracias Señor, gracias amado Jesús, gracias, muchas gracias Padre, gracias Señor, gracias, gracias Padre Santo, gracias por estar aquí Señor.
