No Te Dejes Engañar

Ronald Ayala

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Juan 10:10
El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia."El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia."

Mateo 13:19
Cuando alguien oye la palabra acerca del reino y no la entiende, viene el maligno y arrebata lo que se sembró en su corazón. Esta es la semilla sembrada junto al camino.

1 Pedro 5:8
Practiquen el dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar.

Juan 10:27-28
Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano.

1 Juan 5:11-12
Y el testimonio es este: que Dios nos ha dado vida eterna y esa vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida. 

Juan 8:32
y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres." 


Texto del sermón
No Te Dejes Engañar
Sermón predicado por Ronald Ayala - Iglesia de Fe Unida, Honduras


Y hemos estado hablando acerca del Evangelio y el Señor Jesús les compartía a toda la gente del Evangelio y por medio de parábolas, por medio de ejemplos de cosas sencillas, comparaba el reino de Dios con cosas sencillas que la gente pudiera entender, que la gente se pudiera identificar. Y muchas veces el reino de Dios y nosotros fuimos comparados con unas plantas, por ejemplo. Fuimos comparados con un terreno donde se planta la semilla de Dios y vemos eso en muchas parábolas, en muchas historias, lo vemos en la parábola del sembrador. Donde compara el reino de Dios con una semilla y con una planta que tiene que crecer y el propósito de esa semilla es que dé fruto. El propósito de esa parábola no es que la semilla brote o que la semilla de hojas o que la semilla salga simplemente, sino que de fruto. Y ese es el propósito de una planta. Cuando nosotros plantamos algo, cualquier cosa, esperamos que esa planta pues que de el fruto que estamos esperando. Nadie planta algo y lo deja y dice, bueno, no creo que de nada, pero lo voy a plantar de igual manera. Entonces el propósito de esa planta es dar fruto, ese es el propósito. Muchas veces ¿verdad? El Señor nos compara con esas plantas porque Dios está esperando de nosotros también que demos fruto, que demos algo, ¿verdad? 

Y la palabra de Dios dice, el hombre puede dar dos clases de frutos, solo dos, no hay tres, no hay nada en medio. La Biblia es clara en esto y nos dice que no hay nada en medio, o es fruto espiritual o es fruto de la carne, o es de Dios o no es de Dios, o es de la carne. Y se nos compara con esa semilla porque usted sabe que cuando usted planta, esa planta no crece por sí sola por arte de magia. Hay que cuidar esa planta, hay que regar la planta. Muchas veces ocurren cosas en una planta que pueden, ¿verdad? Secarla, que pueden marchitarla, que pueden impedir que dé el fruto. Tal vez usted la está regando, pero tal vez se llena de una plaga, tal vez hay un gusano, tal vez hay algo, tal vez el sol está muy fuerte y hay que meterla a la sombra por un momento. Hay muchas y diversas razones por las que una planta no da su fruto. Y así lo explica el Señor, ¿verdad? Acerca de nosotros, que por muchas razones, nosotros no damos frutos. En la parábola del sembrador menciona unas cuantas de esa forma, en la que la semilla es sembrada, pero al final no da fruto. Porque hay varias razones y nosotros tenemos que entender la palabra del Señor, porque el enemigo va a utilizar muchas cosas en nuestra vida para detener el crecimiento, suyo y mío. El crecimiento espiritual, el crecimiento, ¿verdad? Que queremos fruto. Al enemigo no le interesa que nosotros estemos aquí de cuerpo presente. Mientras no demos fruto para el Señor, eso está correcto. A él no le interesa eso, él quiere detener el crecimiento nuestro, de nuestro corazón, de nuestro espíritu. Quiere detener las bendiciones de Dios, hacia usted. Quiere detener, que ustedes, que nosotros podamos caminar en santidad. Él quiere contaminar nuestra vida, el quiere tratar de detener lo que Dios está haciendo en cada uno de nosotros. 

¿Y cómo lo hace? Vamos a ver un par de ejemplos, ¿verdad? Porque dice la palabra del Señor, nos dice el apóstol Pablo que nosotros no ignoramos las artimañas del enemigo. Pero muchas veces parece que sí, muchas veces, verdad, no es necesario que el enemigo ponga la trampa y nos esté llamando a caer en la tentación sino que nosotros mismos salimos corriendo hacia la tentación y nos tiramos de cabeza hacia ella. Pero vamos a hablar un poco de lo que hace el enemigo y cómo lo hace. Juan capítulo 10:10, se describe la obra del enemigo. Juan capítulo 10:10 dice, “El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir”, en este pasaje Jesús se está comparando a sí mismo con los falsos maestros de ese tiempo. Y está hablando específicamente de los falsos maestros. Pero estoy seguro que podemos utilizar este verso también para resumir la obra del enemigo en la tierra. Esto resume la obra del diablo en la tierra porque él quiere destruir, él quiere detener lo que Dios está haciendo. Así como la planta cuando no recibe la lluvia, se seca, así el cristiano cuando no recibe esa lluvia, también se seca. Así como no recibe lo que viene de Dios, también se marchita y deja de dar fruto. Por eso Jesús en Juan capítulo 15 dice, “Estén pegados a mí, como esa ramita que está injertada no se despegue para que puedan dar fruto.” Pero el enemigo viene a robar, a matar y a destruir, dice ahí. 

¿Cómo roba? ¿Y qué se roba el enemigo? ¿Ha escuchado una canción que cantan por aquí donde dice, verdad, ¿cómo es? Al campo enemigo yo fui, ¿y qué fui a hacer? A tomar lo que me robo. ¿Y qué le robó? ¿Qué nos ha robado el enemigo? ¿Cuáles son esas cosas que nos ha robado el enemigo? Miremos solo algunas rápidamente. Mateo capítulo 13:19, una de las cosas más importantes que nos roba el enemigo. “Cuando alguien oye la palabra acerca del reino y no la entiende, viene el maligno y arrebata lo que se sembró en su corazón.” ¿Qué hace el diablo entonces con la palabra? Se la roba. ¿Y que le roba el diablo entonces? La palabra, Jesús mismo está diciendo, este es el trabajo del enemigo, robarle la palabra de Dios. Se la roba la palabra de Dios ¿Para qué? Para evitar que haya fruto para Dios, para evitar que se cumpla el propósito de Dios. 

Si el pueblo de Dios no tiene la palabra, entonces sin la palabra de Dios no hay conocimiento de Dios. No se puede conocer a Dios sin su palabra. No se puede conocer sus mandamientos sin la palabra de Dios. No conocemos entonces su voluntad tampoco, no conocemos sus promesas, no conocemos nada. Cuando Él roba la palabra del corazón. Y no estoy hablando de que si escucha o no escucha, se la roba, dice, del corazón. Por aquí entró y por aquí salió. Y hablábamos la semana pasada que la palabra se escucha y luego se practica. Se escucha y se practica. Y cuando no se practica, el diablo fácilmente se la roba. Se la roba, ¿para qué? Para que todo el fruto que nosotros podamos dar sea de la carne. Porque la palabra es inspirada por Dios, y todo lo que es inspirado por Dios es espiritual, y si todo mi fruto es espiritual porque viene de la palabra de Dios, entonces es fruto de Dios. Si no es espiritual, entonces es fruto de la carne. 

Nosotros fuimos creados para la alabanza de la gloria de Dios. Así lo dice Pablo en su carta a los Efesios, en el Capítulo 1:3-6, y muchos Salmos nos hablan de que nosotros, nuestro propósito de estar aquí es alabar al Señor. Amén. ¿Usted sabía eso? Que el propósito de nuestra vida es alabar al Señor. Es ser de alabanza para el Señor. Y entonces podríamos decir que el diablo se roba la alabanza. ¿Se roba el diablo la alabanza para Dios? De alguna manera. ¿verdad? De alguna manera se roba, podríamos decir que sí. ¿Cómo? ¿De qué manera lo hace el diablo? Bueno, hasta de tratar de interferir con distracciones y cosas, ¿verdad? Cosías en el culto, hasta sembrar pensamientos en la mente, porque eso sí lo puede hacer el diablo. 

El diablo no puede leer la mente del hombre, ¿verdad? Ya hemos hablado de esto. Por eso cuando usted ora, muchas veces tiene que orar, si estamos orando por algo, por una batalla, por una guerra, tenemos que orar en voz alta para que el enemigo nos oiga, porque el enemigo no lee la mente del hombre. Dios sí, el diablo no, ¿verdad? Así que cuando vayan en el bus y vayan asaltando y usted, “Ay Señor cuídame”, pero en la mente, no. Tiene que hablarlo para que el enemigo lo escuche, porque cuando atamos en el nombre de Cristo se tiene que hacer en voz alta. o por lo menos que salga de nuestra boca porque el enemigo no lee. Pero el enemigo si puede empezar a poner como dice Pablo, mandar dardos en la mente y somos nosotros los que le damos cabida a eso. Y no solo en el culto, en el culto puede pasar, pero durante la semana el hace su trabajo. 

"Nosotros fuimos creados para la alabanza de la gloria de Dios."

Y si yo le doy rienda suelta a mi carne, si yo no estoy conectado con el Señor, ¿qué voy a poder venir a alabar al Señor? Es imposible, no hay libertad, no tengo libertad para alabar al Señor. Porque no he estado conectado con el Señor, sino con mi carne, con mis deseos. Entonces, ¿se roba el enemigo la alabanza? Claro que sí. Porque él empieza a hacer cosas en nosotros, cuando hay cansancio. ¿Acaso el diablo pone el cansancio? No, claro que no, tampoco le vamos a echar la culpa de eso. El diablo no pone el cansancio. El cansancio es real. ¿Sí o no? Porque el cansancio es algo del cuerpo. La gente trabaja, venimos de hacer cosas y el cansancio es real pero es lo mismo de los pensamientos cuando le damos cabida a ese tipo de cosas. La carne es débil dice la palabra y nosotros, amén si es débil. Entonces nos acomodamos en la silla. La carne es débil, “Si padre, tú sabes que soy débil y más este cuerpo decadente Señor que tú sabes que se está corrompiendo, que se está marchitando, Señor este cuerpo.” El cansancio es real, pero como hablábamos el otro día, como hablaba con unos muchachos, realmente nosotros podemos venir a la casa del Señor. ¿Y sabe?, usted puede pensar, “Hoy no quiero ir a la reunión, es que estoy cansado.” O estar aquí y decir, “Mejor me hubiera quedado allá.” Eso es normal. Eso es de la carne. Eso va a pasar. Pero estando aquí yo le tengo que decir, “Señor, Señor.” 

Como estaban hablando el jueves, alma mía alaba a Jehová, alma mía alaba a Jehová. Mi cuerpo no quiere. Este cuerpo no desea, no tiene ganas, “Alma mía alaba a Jehová.” Es más, “Cuerpo mío alaba a Jehová.” Me voy a obligar me voy a, ¿cómo se llama? A insistir a mí mismo en el espíritu, porque todo es espiritual. Si yo empiezo a decir, yo mismo voy a decir, “Es que estoy cansado.” ¿Acaso Dios no sabe que estoy cansado? “Es que El me conoce, cómo vivir, qué me interesa, que yo no soy así, que yo no soy así, yo soy de esta manera.” Claro, yo entiendo eso. Yo entiendo que yo soy de cierta manera. Pero dice la palabra, que todos los que han venido a Cristo son una nueva creación. ¿Cuántos creen en eso? Amen. ¿Cuántos creen eso? Amén. Los que vi que dijeron amén ya no tienen excusa.

Si creemos la Biblia, soy nuevo. “Es que yo soy así.” Si usted era asi, ese viejo hombre se murió, esa mujer se murió y si no está muerta tiene que morir aquí. Tiene que morir para que nazca lo nuevo, lo de Dios. Ese hombre espiritual, ese hombre espiritual que da alabanza al Señor, que da gloria a Dios, que no se deja robar la alabanza del Señor. Dice la palabra de Dios, “Entren por su puerta con acciones de gracias.” Acciones de gracias, con gratitud, no en la mente, con gratitud, con gratitud, acciones, que se vea algo diferente. Es que no importa lo que la Biblia dice, por eso estamos hablando lo primero y más importante, el diablo se roba la Biblia. Porque cuando lo hacemos a nuestra manera, sale como sea y puede salir y eso es de la carne, pero cuando vamos a la palabra y decimos, “Señor tu palabra dice, le dijiste al profeta, que aún los jóvenes se cansan, se fatigan, pero todo el que viene a ti, tú renovarás sus fuerzas, tú lo levantarás como las águilas. Yo creo eso Señor, que aunque esté hoy aquí Señor y no me pueda levantar Señor y tenga la rodilla chueca Señor, yo he venido a lavarte Padre hoy. He venido con mi corazón y con mis manos Señor aunque sea, como dicen, lo último que haga.” Aunque después caiga por allá, Señor he venido a darte lo que tú te mereces. ¿Cómo va a creer usted que vamos a tener la arrogancia de venir a la casa del Señor? A ofrecerle nada. ¿Cuántas veces el diablo entonces se ha robado lo que es de Dios? Porque eso es de Dios no es mío, la alabanza es de Dios pero nosotros le permitimos al enemigo hacer lo que quiere. 

Dígale Señor, “Alma mía alaba Jehová, Espíritu Santo dame fuerza Señor, levántame Padre. Levantaste aquellos huesos secos, levanta estos huesos secos también Señor.” Es necesario porque entonces cuando empezamos a alabar al Señor de manera espiritual como Él se lo dijo a aquella mujer, “Los que me adoren ahora tendrán que hacerlo en espíritu y en verdad.” Entonces cuando alabamos al Señor en espíritu, los cielos se empiezan a abrir, y entonces cosas pueden suceder, entonces milagros pueden suceder, entonces la bendición de Dios puede caer, entonces esa agua puede caer sobre esta plantita que se están secando, aquello que se está marchitando, aquella vida que no sabe que, “Hay Señor que no le encuentro sabor, es que no sé qué hacer.” Claro, alabe al Señor, que se abra en los cielos, hay una oposición espiritual. Cuando venimos a alabar al Señor, cada domingo, si cada domingo, cada día hay una oposición, hay una guerra. Y yo tengo que entrar y venir y decir, “Señor ayúdame, abre los cielos Señor, abre los cielos que caiga tu lluvia sobre mí, cae tu lluvia sobre mí Señor que se abran los cielos. Me estoy secando Señor, dame de tu lluvia Padre, dame de tu palabra Señor fresca, dame de lo que yo necesito Señor para poder crecer, para poder vivir Señor. Si no, voy a morir como la planta que no recibe nada.”

El recibir muchas veces depende de lo que nosotros hacemos porque hay una oposición espiritual adversa hacia nosotros. La religión es vacía y la música, yo estoy hablando de alabanza, no de música. La música puede mover los sentimientos porque usted puede llorar con una alabanza, como la que estábamos cantando, pero también puede llorar con una del Buki. No quiere decir que ese hombre este ungido o que se parezca a Jesús físicamente, porque la música mueve los sentimientos. Pero los sentimientos, si nos dejamos mover por los sentimientos, es otra cosa que se roba lo que Dios quiere hacer. Como decía la palabra el jueves, el que se deja llevar por la ira. ¿Cómo qué? Se roba lo que Dios va a hacer, ¿cierto? Todo lo que Dios va a hacer. ¿Cuántas veces se ha robado entonces? ¿Cuántas veces hemos permitido que el diablo se robe la alabanza de nuestra boca? 

El enemigo también se roba la confianza, se roba la confianza en Dios. ¿Cómo? Así como lo hizo con Eva, sembró dudas en su corazón acerca de la palabra, acerca de lo que Dios le había ordenado. Dijo, “¿Será?” Dios dijo que no moriríamos. Eva dijo, Dios dijo que moriríamos. Y el diablo, “No, no morirán.” Entonces, “Wow si, no morire", y en ese instante Eva salió de la autoridad de Dios. Al dudar de la palabra, al dudar de obedecer. Cuando no obedecemos hermano, está hule. Cuando no se obedece la palabra del Señor somos apartados de la autoridad de Dios, de la cobertura de Dios. Cuando no se confía en la palabra y el diablo siembra. Y es lo que le estoy diciendo, el diablo puede sembrar pensamientos, pero en ese momento donde nosotros tenemos que ser más inteligentes, es tiempo de que nosotros podamos abrir los ojos y ser inteligentes y decir, “Esto que estoy pensando, lo estoy pensando. Es inevitable.” Cualquier cosa que se le venga a la mente, esto que estoy pensando, pero es de Dios o no es de Dios. Es de Dios, no es de Dios y ya vamos a ver más adelante cómo poder hacer eso. 

El diablo nos roba el tiempo. ¿Será capaz el diablo de robarse el tiempo? Mucha gente dice, no el tiempo como concepto. Mucha gente dice, “Wow, cómo me robó el diablo mi niñez, o mi juventud.” Aquellos que anduvieron en vicios o tuvieron una vida muy difícil, “El diablo me robó mi niñez y mi juventud.” Y es cierto, pero no es que el diablo se lo robó a esa persona y lo tuvo escondido durante mucho tiempo, ojalá hubiera sido así. Sino que sucedieron muchas cosas en la vida. Y estas personas que dicen esto lo que sienten es, que han desperdiciado su vida, que han perdido el tiempo, que no hicieron nada. Que quisieran más bien borrar esas etapas de su vida por lo que sufrieron. Entonces podemos decir esa expresión, “El diablo se roba el tiempo por lo que hace, por lo que permitimos que haga en nuestra familia.” Cuando permitimos que él se meta y empieza a engañarnos y empiece a robar y destruir cosas en nuestra casa. Entonces crecemos y de viejo decimos, “El diablo se robó mi vida, por lo que dejamos que él entrara.” Él es un mentiroso, él mediante engaños nos roba las cosas. Cuando hablamos del tiempo, sustituyendo unas cosas por otras, ¿verdad? Sustituyendo cosas que decimos, estoy disfrutando de esto, esto es disfrutar. Pero eso es un engaño del enemigo. Estoy disfrutando de esto, estoy aprovechando el tiempo con esto. Y cuando pasa la vida y pasan los años nos damos cuenta que en realidad lo desperdiciamos. 

No voy a dejar de hablar de esto porque lastimosamente, nosotros tenemos que entender que el diablo es, a veces, bien violento cuando hace las cosas que hace, pero a veces también es bien sutil. Y a él no le importa que las iglesias estén llenas con tal de que él esté adentro, contaminando desde adentro nuestras vidas, nuestras mentes, nuestros corazones, robándonos las cosas. ¿Qué son dos horas para el diablo? Usted le da, dice, ah, yo le vengo a dar dos horas al Señor, pero le ha dado 500 a ese teléfono. Así que, ¿qué? ¿Cuál es? Y yo quiero preguntarles a estas personas. Que pasan metidas en redes sociales. Muéstrenme los frutos que han dado para Dios. Que me muestren aquellos que pasan en TikTok y en todas esas redes. ¿Qué frutos para Dios están dando ahora? ¿Qué fruto tienen para darle a Dios? Díganmelo, podemos decir que algo de ahí nace para Dios. Que de ahí, invirtiendo tiempo en eso, podemos dar fruto para Dios. Y si no es para Dios, entonces, ¿para quién es? ¿Para quién es? Para la carne, para el diablo. La gente dice, “No hermano pero yo sé que hay muchas maldades ahí pero yo no caigo en esas cosas.” Dice la palabra en Santiago porque la gente, “¿Cuáles frutos hermano? Yo no tengo que enseñarle nada a usted.” Yo amo a Dios y dice Santiago “La fe sin obras es muerta.” Hay gente que dice, “Yo tengo fe”, y como se puede ver. No, no, no, muéstrame tu fe a través de tus obras, a través de lo que haces, a través de lo que vives. Ahí podemos ver tu fe, ahí podemos ver tus frutos, ahí podemos ver si realmente quieres algo de Dios, quieres dar fruto de Dios o quiere dar fruto de la carne. 

Que hemos ganado, díganme usted, ¿que ha ganado metido en eso? Que gana la gente que pasa metido en eso. ¿En que ha crecido ¿En que fruto hay para Dios? La gente que pasa metido en eso, sabe lo que yo he visto, la gente que pasa en eso. Yo lo he visto en todos lados, en todos lados, yo solo he visto fracaso, indiferencia, enfermedades, los niños que se vuelven incapaces de comunicarse, los adultos que viven en otros mundos, porque empiezan, se meten a las redes. Y otra mujer empieza a escribir, “Ah te acordás, yo soy tu compañera del kinder.” “¿En serio?” “Si”, y empieza a ver la foto, “Uy, uy y vos como estas”, “Yo bien y vos”, “Yo, fíjate que estoy peleando con mi esposa, vos.” Y se mete a los videos y mira a las hermanitas moviendo las caderas. No es que hay que hablar lo que es, y como le llama eso a la Biblia, el fruto de la carne se conoce bien y es adulterio, fornicación, idolatría, chisme, mentira.  ¿Qué encuentra en eso usted entonces? Encuentra algo de Dios o encuentra solo fruto de la carne. 

Entonces que se está metiendo usted, invirtiendo tiempo en su carne y cuando viene la iglesia, que será, ay equivocan esos muchachos. No desciende la unción, verdad, porque aquí, pero yo he estado invirtiendo tiempo en mi carne y no en el espíritu. Y luego nos preguntamos, “ ¿Porqué será que sigo igual? ¿Por qué será que mi casa está como está?  ¿Por qué será que mis hijos están rebeldes? ¿Por qué será que yo no puedo obedecer la palabra? ¿Porqué será que me entra por aquí y me sale por allá? Porque yo no le doy tiempo al espíritu, solo a la carne.” Y dirá usted, “Hermano, usted es bien intenso con eso.” Fíjese que no, según vaya a leer pereme lo copio por aquí, el Instituto de Neurociencias Aplicadas, vaya a leer sus artículos. Dice, porque el otro día le estaba explicando a alguien, usted va a quedar loco por estar metido en eso, usted va a quedar loco. El cerebro produce, ¿cómo se llama la dopamina? ¿Qué es? Un neurotransmisor que se llama dopamina, la dopamina es un neurotransmisor que le dice a usted que algo le gusta. Es algo que lo hace sentir bien, gratificación, es una sensación de gratificación. Entonces cada vez que a usted le dicen, “Bien hecho”, o algo bonito, “Que bonito andas hoy.” Entonces ya el cerebro produce dopamina y lo que hacen las redes, las redes sociales están diseñadas para producir dopamina en el cerebro. Entonces como los chinos son bien inteligentes y nosotros somos bien brutos utilizamos las redes que ellos no usan, porque los videos cortos producen dopamina instantáneamente. Entonces mira un video de 12 y siente la satisfacción. Ya nadie es capaz de prestar atención por eso. Y mira el otro video y otra vez y mira el otro y otra vez y mira el otro y otra vez y otra vez y otra vez y se pasa una, dos, tres horas produciendo eso. Es como un hombre que está ingiriendo cocaína. Y luego le pasa el efecto y queda como tonto y necesita más. Porque ya no siente esa sensación de gratificación. Entonces tiene que volver otra vez y agarrar el teléfono. Y no sabe por qué hasta le vibra la pierna y no anda el teléfono y siente que le vibra. Ahí Dios mío. “¿Y dónde está? ¿Y qué hago?” ¿Verdad? Y tiene que andar. ¡Está adicto! 

Un artículo de esta revista, asocia el uso de las redes sociales con la hiperactividad, la impulsividad, la depresión, la ansiedad, la soledad y el miedo a perderse algo. La adicción a las redes sociales reduce la materia gris. Ahora todo tiene más sentido. Acorta la capacidad de atención, debilita la memoria y distorsiona los procesos cognitivos. Pero como nosotros somos unos burros, esto es como la coca, ¿verdad? Usted sabe que puede limpiar, ¿verdad? Que puede limpiar el inodoro con coca, ¿verdad? O puede limpiar un motor pero igual se la va a ir a, acuérdese de eso cuando está almorzando hoy. El diablo nos está robando, el diablo no se presenta aquí con cachos, y le dice, “Me voy a llevar a tus hijos.” No los necesita usted, no le pone atención por estar en ese teléfono usted mismo se los está dando. ¿Me entiende? Nosotros mismos le estamos entregando nuestro tiempo, nuestra juventud, todo al diablo. Y cuando vienen los problemas decimos, “Ay Dios mío ¿y ahora qué hago?” Aquí está en la Biblia,  “Pero es que yo no sé la Biblia, solo tengo 48 años de ir a la iglesia, pero no sé qué hacer porque no sé la Biblia.” Ahí está nos ha robado su palabra, el tiempo.

Qué hace, verdad, que yo vine aquí y estaba como estos muchachos. Ay, esta semana no podía caminar porque otra vez la rodilla, no podía caminar. El tiempo se va volando, el tiempo se va volando. El diablo se roba y destruye nuestra salud, nuestra mente, nuestra paz, nuestra familia. Se roban nuestros dones, nuestra fe, nuestra santidad, la alegría y pudiéramos hablar y hablar de todas estas cosas. Y de cómo hace el diablo para robárselas de su vida. No es mi esposa, no es mi esposo, no es el vecino que está haciendo esto, es el enemigo que se está robando la paz, que se está robando la alegría, tengo que pensar bien las cosas. Destruir en la palabra, en el griego tiene unas definiciones bien interesantes. Sabe, destruir en el versículo que acabamos de leer en Juan 10, también dice, “Es arruinar y volver inútil”, volver inútil. El diablo viene a volver inútiles las cosas, que no sirvan para nada no importa, que estén ahí con tal que no sirvan, verdad. Y es como el propósito que hemos estado hablando, que no se haya fruto. Y en la sociedad hemos visto esto, cómo el diablo ha destruido los valores, ha cambiado todas las cosas, ahora todo lo malo es bueno, lo bueno es malo. 

El otro día estaba leyendo un artículo, también acerca de cómo la verdad ha surgido en el siglo 21, y se han desenmascarado, todas las opresiones que hay, que ha existido por generaciones. Y la primera que salía en la lista era el matrimonio, y decía, “Se ha desenmascarado esta mentira.” ¿Verdad? El matrimonio es una forma de opresión hacia las mujeres. Y usted dice, “Uy, yo creo que sí.” Hablaba acerca del cristianismo, de cómo el cristianismo ha oprimido a los pueblos por años y de tantas cosas. Porque ahora, verdad, todo está al revés. Cómo el diablo ha destruido desde adentro, las iglesias haciendo falsas doctrinas, decía el apóstol Pablo y el apóstol Pedro. Vienen como lobos desde adentro, se visten de ovejas y empiezan a hablar falsas doctrinas. Entonces la gente piensa, verdad, que el evangelio es otra cosa. Se está destruyendo la iglesia desde adentro. 1 Pedro 5:8, “Practiquen el dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo ronda como león rumbiente, buscando a quien devorar.” ¿Acariciar, buscando con quien jugar o que significa esa palabra que está ahí? ¿Qué va a hacer el diablo? Matar, ¿verdad? El diablo no viene a jugar, el diablo no viene a entretener, ¿verdad? ¿Está entendiendo eso? Que el diablo no quiere entretenerlo, ¿qué quiere hacer el diablo? Quiere destruirnos, quiere destruirnos, busca devorar. Entonces dice ahí, es tiempo de que abramos los ojos, que nos mantengamos alerta, alerta, alerta. Mi cuerpo no quiere, ok, oren el espíritu entonces. Mantengámonos alerta, porque el diablo anda rondando. ¿Cuándo? siempre, siempre, siempre anda buscando su presa, siempre anda buscando su presa.

Hay muchos ejemplos en la Biblia acerca de eso, verdad. El gadareno que dice que un espíritu inmundo, lo estaba maltratando. El joven que el padre fue donde Jesús y le dijo, “Mira, este espíritu lo quiere matar”, dice, “Lo tira al agua, lo tira al fuego, lo quiere matar al niño, al joven.” Vemos en el ejemplo de Job, el diablo lo quería matar y el señor le dijo no, “A él no le toque su alma”, pero el diablo se llevó a toda su familia. Mató a su esposa, bueno solo a la esposa no va, porque el diablo es malvado. Mató a todas, mató a sus hijos. Si porque la esposa lo estaba incitando, que mal pensados son ustedes, porque fue la esposa instrumento del enemigo. La esposa se dejó influir para hacer que Job blasfemara de Dios. Y por eso la dejó viva. Pudo haber sido algún hijo o lo que sea, pero ni modo, le tocó a la doña. Pero se llevó a sus trabajadores, se llevó su ganado, tocó todo. El diablo destruyó todo su trabajo. El diablo destruyó su trabajo, destruyó sus hijos, destruyó su casa. En el tiempo de Moisés y en el tiempo de Jesús, incitados por el diablo, mandaron a matar a todos los bebés. Hubo muerte, porque el diablo no anda jugando, el diablo anda buscando a quien destruir. Anda buscando destruir vidas, familias. Por eso, cuando vienen pensamientos de destrucción, de muerte, de aflicción, de separación, todas esas cosas, todo eso viene del diablo. Todo eso viene del diablo. Nada de eso viene de Dios. Y nosotros le damos cabida y empezamos a darle vuelta en nuestra mente a ese tipo de pensamientos. Pero Dios, el diablo está aquí para destruir, pero Dios ha venido para que nosotros tengamos vida. El diablo vino a matar y dice Dios, “Y yo he venido para que ustedes tengan vida.” 

"...El diablo está aquí para destruir, pero Dios ha venido para que nosotros tengamos vida."

Volvamos a Juan capítulo 10:10, “El ladrón viene para robar, matar y destruir, pero yo he venido a que tenga vida.” Vaya al versículo 27 de Juan, ahí mismo, versículo 27 y 28. “Mis ovejas oyen mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano.” Aleluya. “Yo vengo a darles vida eterna.” Jesús habla de vida. El diablo habla de muerte. Jesús habla de vida, de plenitud. Así como el otro día, tal vez algunos de ustedes no vinieron, pero hablamos de aquel paralítico que fue llevado ante Jesús por sus amigos. Que fue llevado y ellos, verdad, por muchos obstáculos, verdad, pasaron y se esforzaron tanto por llevar a su amigo. Y dice la Biblia que Jesús al ver la fe de ellos, era algo increíble aquella gente rompió el techo bajaron al paralítico en aquella cama y lo pusieron enfrente de Jesús y toda la gente se asombró y, “Wow lo que han hecho estos hombres.” ¿Y con qué? Porque ellos dicen que tenían fe de que Jesús lo iba a sanar. ¿Cierto? Jesús iba a sanar. Ellos tenían fe y cuando lo ponen ahí, Jesús dice, miró su fe. ¿Y qué le dijo Jesús al paralítico? Tus pecados son perdonados. ¿Era eso lo que querían escuchar ellos? ¿Para eso lo llevaron donde Jesús? Yo me imagino al paralítico, volteando a ver a los amigos así, como, “Ay y ahora, ¿qué hacemos?” Y yo me imagino a los amigos así como, no sé si se hablaron entre ellos, pero como los fariseos empezaron a cuchichear. Pero, ¿saben por qué Jesús hizo eso? ¿De qué le sirve al hombre? A ese hombre, salir caminando de esa casa, e irse caminando al infierno. ¿De qué le sirve al hombre la sanidad física? Si no recibiera lo más importante. Jesús sabe que es lo que necesitamos nosotros. Él si sabe lo que usted necesita y tal vez nosotros hemos pedido ciertas cosas, pero Él sabe lo que realmente necesitamos. Él sabía que este hombre lo primero que necesitaba era el perdón de su vida, recibir el perdón de Dios. 

Nosotros pedimos muchas cosas y nos equivocamos. ¿Necesitaba sanidad este hombre? Claro que sí, claro que sí, pero necesitaba más lo que Dios podía dar. Más que levantarse y ser regenerado de sus pies. Este hombre necesitaba vida, vida eterna. Dios sabe lo que nosotros necesitamos, Él puede suplir todas nuestras necesidades. El falso evangelio nos ha robado eso. Nos hace creer que Dios multiplica la riqueza, que eso es el evangelio, que eso es lo que Dios hace. La gente allá afuera cree que ese es Dios, el que multiplica la riqueza, el que multiplica las casas, el que multiplica las cuentas de banco, ese es Dios. Dios es el que suple todas nuestras necesidades,  desde lo más básico, desde los frijolitos, qué podemos necesitar en la casa hasta lo más profundo del corazón. Aquella mujer le dijo, “Señor, dame de esa agua para que yo no vuelva a venir aquí.” Y el Señor le dice, “Lo que yo te voy a dar va a ser tan grandioso que no van a necesitar otra cosa en tu vida. Ya no vas a necesitar andar de hombre en hombre, lo que yo te voy a dar va a satisfacer lo más profundo que hay en tu corazón.” Encontrarse con Jesús hace eso. Sacia lo más profundo. Él dijo yo te voy a dar agua de vida. 

Hay muchas personas en las iglesias que somos como esas plantitas que estamos marchitas y secas. Porque hace mucho tiempo no probamos de esa agua. Y Jesús dijo, “Yo he venido a que tengan vida.” El diablo está haciendo todas esas cosas aquí, el diablo les está robando muchas cosas y ustedes no se dan cuenta, el diablo está destruyendo desde adentro la iglesia y no se dan cuenta. “Iglesia yo he venido para que tengan vida”, para que el día de mañana podamos ver hacia atrás en nuestra vida y podamos decir como Pablo, “¡Wow! ¡He peleado la buena batalla!” Como cantábamos ahorita, ¿A que huele un guerrero? Huele a victoria porque viene, viene de pelearse, viene de echarse, ¿verdad? A unos cuantos allá afuera, viene de estar luchando, viene de estar sufriendo, viene de estar sudando, viene de estar de rodillas viene de estar llorando en la presencia del Señor, pero luego viene y canta esa canción y dice, “¡Sí Señor!” He estado luchando y tal vez no he salido de alguna cosa, pero yo sé que tú estás conmigo y sigo luchando, sigo luchando, sigo creyendo Padre, pero dame esa agua viva, que me marchito. Dame de tu agua Señor, vuelve a darme de tu palabra que el enemigo se está robando tantas cosas en nuestra vida. 

El Señor dijo, “Te vengo a dar vida.” Es una gran necesidad, el Señor lo sabe, vida en abundancia y lo más hermoso de esto es que el Señor dice, “Yo he venido.” El mismo Dios, el mismo creador del universo, le dice, “Yo te voy a dar.” No es el pastor, no es el líder, no es su mamá, ni su dinero, es Dios, Él es el que da la vida. Estamos hablando de esa, aquí adentro, porque cuando llegamos a nuestra casa, vemos todo lo que el diablo está haciendo y eso atribula el alma. El diablo se roba la paz, pero el ha venido a traer paz y viene con un propósito. 1 Juan 5:11-12,  “Y el testimonio es este: que Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida;  el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida.” El que tiene a Cristo, tiene vida. Cuando se lee este tipo de versículos, la gente dice, “Amen, yo tengo a Cristo.” No, Cristo es la vida, Cristo es vida, es algo nuevo, es algo nuevo aquí en el corazón. Es que ni siquiera sé cómo explicarlo bien pero es algo nuevo aquí, es otra vida diferente a la que estamos viviendo. Fuera de la oscuridad, fuera de la mentira. 

Gente que llevamos aquí tanto tiempo escuchando la verdad de Dios pero seguimos en oscuridad. Deje de estar mensajeando con gente en secreto. Salga a la luz, viva la vida, viva en santidad. Que el diablo lo va a destruir, el diablo lo va a destruir, va a destruir su vida y la de sus hijos y la de sus generaciones, pero Cristo ha venido a dar vida, ha venido a dar vida. ¿Quien elegiría la muerte antes que la vida? Pero lo hacemos. Dice Pedro, estén alerta ¿Cómo me voy a morir? Solo por estarle aquí escribiendo a estas cipotas, si es la que Dios me ha dado. Si, pero es que es a las 20 a las que le escribe, no es eso. Como les digo a muchos hermanos, estamos orando para que Dios saque a la luz. Esa fue la palabra de fin de año, ¿se acuerda? Que Dios saque a la luz, porque somos de la luz. Somos de la luz porque somos de Cristo. Amén. Soy de Cristo, soy de Cristo, soy de Él y Él ha venido a dar vida en abundancia. La vida está en su palabra. Juan 8:32, este versículo lo conocen muy bien. Juan 8:32 “Y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.” ¿Y cuál es la verdad? La palabra de Dios. ¿Y cual es la palabra de Dios? Todo aquel que viene a Cristo recibe vida, una nueva vida. ¿Cómo es la vida del hombre que esta entregado al enemigo? Que esta entregado al engaño de este mundo. ¿Cómo es la vida? Algunos de nosotros sobre todo los jóvenes pudieran decir no hombre, es que la gente del mundo disfruta de la vida. Por un tiempo, pero lo que yo he visto es que la gente que dice que disfruta del mundo ha perdido su familia, ha perdido la esperanza. Mucha gente pierde hasta la esperanza de vivir, pierden sus amigos, muchos pierden todo su patrimonio. ¿Por qué? Por entregarse a los engaños del enemigo, por permitir que siga metiéndose en nuestra vida y no poner un alto. 

Es tiempo de rendirse al Señor, de rendirse a Él. ¿Sabe qué es rendirse? Más adelante lo vamos a hablar. Rendirse como cuando están peleando dos, no puedo. Ya no puedo Señor, yo no puedo. Te entrego todo aquí Señor. Pero te lo entrego, no es que aquí estoy y cuando vaya a mi casa voy a seguir haciendo lo mismo, eso no es rendición. Me rindo, ten mi vida, haz lo que quieras. Y por más que mi carne quiera hacer esto o aquello, Señor, yo necesito tu vida. El diablo ha destruido y se ha robado muchas cosas de la iglesia, pero Él es la fuente de vida eterna. La planta necesita ser regada para dar su fruto, no importa lo que haya pasado ni lo que el diablo se ha robado porque nosotros podemos ver hacia nuestra vida y decir “Wow, realmente el diablo si  ha destruido, el diablo si se ha robado.” Pero sabe, el profeta llegó a un lugar y el Señor le dijo, “¿Qué ves ahí?” “Señor, son un montón de huesos secos.” Ya estuvo. “¿Que se puede hacer con eso?” “Nada.” “Háblale la palabra”, y un viento empezó a venir sobre aquellos huesos muertos, destruidos, secos, pero la palabra de Dios le dio vida.

"Dios puede restaurar cualquier cosa, cualquier cosa, cuando somos obedientes a su palabra."

Dios puede restaurar cualquier cosa, cualquier cosa, cuando somos obedientes a su palabra. Acérquese a la fuente de vida, aquella fuente que tiene vida para nosotros, que puede restaurar. Muchos de nosotros el diablo ha podido contaminar, ha podido enfermarnos y ha podido engañarnos, pero eso no quiere decir que eso se va a quedar así. Dios ha venido a dar vida, mis ovejas me oyen y me siguen. Es tiempo de escuchar la palabra del Señor. Yo le quiero invitar que se ponga de pie, y le pueda decir, “Señor háblame a mi corazón háblame hoy Señor y dame lo que yo necesito Padre.”