Seguir el Ejemplo de Cristo
Ronald Ayala

1 Corintios 11:1
“Imítenme, así como yo imito a Cristo."
Romanos 15:5-6
“Que el Dios que infunde aliento y perseverancia les conceda vivir juntos en armonía, conforme al ejemplo de Cristo Jesús, para que con un solo corazón y a una sola voz glorifiquen al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.”
Juan 13:15
“Les he puesto el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes.”
Juan 13:34-35
“Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros. De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros.”
Lucas 23:34
“—Padre —dijo Jesús—, perdónalos, porque no saben lo que hacen.
Mientras tanto, echaban suertes para repartirse entre sí la ropa de Jesús.”
Marcos 10:43-45
“Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor, y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de todos. Porque ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.”
Lucas 4:43
“Pero él les dijo: «Es preciso que anuncie también a los demás pueblos las buenas noticias del reino de Dios, porque para esto fui enviado».”
Lucas 4:18
“«El Espíritu del Señor está sobre mí,
por cuanto me ha ungido
para anunciar buenas noticias a los pobres.
Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos
y dar vista a los ciegos,
a poner en libertad a los oprimidos,”
Juan 14:15-18
“»Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos. Y yo pediré al Padre y él les dará otro Consolador para que los acompañe siempre: el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede aceptar porque no lo ve ni lo conoce. Pero ustedes sí lo conocen, porque vive con ustedes y estará en ustedes. No los voy a dejar huérfanos; volveré a ustedes.”
El jueves hablábamos acerca del llamado de una persona, de uno de los apóstoles, y aprendíamos como muchas veces cuando el Señor llama, es imposible no seguirlo. Aquello que esa palabra llega al corazón. Esta persona se levantó de su mesa y lo siguió, el Señor le dijo sígueme y él se levantó de donde estaba y lo siguió al Señor. Lo siguió y dejó todo, dice la palabra él dejó todo y siguió al Señor Jesús. Pero saben, esta persona tenía que dejarlo todo y pasar un tiempo con Cristo, no es que se iban a ir y van a empezar a hacer las cosas de inmediato. Jesucristo lo llamó a vivir con Él por un tiempo, a quedarse con Él. Él tenía que dejar todo lo que él estaba haciendo e irse un tiempo a vivir con el Señor Jesús. ¿Sabe para qué? Una de las cosas es para borrar, para desprogramarse todo lo que él había aprendido anteriormente.
Mateo, de quien estábamos hablando, era un judío. Conocía la ley y conocía a los religiosos de ese tiempo. Pero Jesús los llamó a los discípulos a vivir con Él. Porque ellos necesitaban ver, ellos necesitaban aprender. No solo la palabra, sino algo nuevo, una manera de vivir diferente. Jesús no los invitó a los cultos de la sinagoga, no los invitó a reuniones de discipulados. Jesús los invitó a vivir como Él vivía, que ellos aprendieran de su vida, no sólo de sus enseñanzas, sino de cómo Él vivía. De cómo Él oraba, de cómo Él caminaba, de cómo Él trataba a la gente. Eso les enseñó Jesús, para eso se lo llevó. Para que aprendieran a vivir como Él vivió. Lastimosamente hoy en día, la iglesia se ha olvidado de eso. La iglesia ahora quiere parecerse, quiere entregarse a las modas del mundo. La iglesia cada vez se parece más al mundo y menos a Cristo. Queremos parecernos a los artistas, a los futbolistas, a los actores y aún a los artistas Cristianos, queremos parecernos a ellos. Se nos olvida que la palabra de Dios nos enseña que nosotros tenemos un mandato y es parecernos a Cristo Jesús. Es seguir los pasos de Cristo Jesús. Ese es nuestro mandato, ese es nuestro deber.
Ah, hermanos, pero nos hemos acomodado tanto a los horarios, a las reuniones. Se ha vuelto un hábito, se ha vuelto simplemente una manera de hacer las cosas. Nos hemos acomodado a venir a una reunión. Nos hemos acomodado a los buenos salones, a la buena música. A todas esas cosas. Y se nos ha olvidado lo más importante. La gente va ahora a las iglesias por entretenimiento, no por crecimiento. Si el Pastor o el predicador no lo hace reír, entonces no es bueno. Si el predicador lo aburre, si no lo motiva ese día, entonces no era bueno. Ya no vamos para crecer. Hemos olvidado que ser Cristiano no es asistir a un culto, porque la palabra Cristiano significa seguidor de Cristo. Eso es lo que significa ser Cristiano. Seguidor de Cristo. Aquel que sigue el ejemplo de Cristo Jesús.
Entonces, hablábamos de aquellos el jueves que quieren seguir a Cristo Jesús y es un mandato para nosotros. La palabra lo dice en varios versículos y no lo busque porque aquí van a estar. Voy a decir un par de versículos así rápidamente, van a estar aquí enfrente. Primera de Corintios capítulo 11, verso 1 dice, imítenme a mí, está hablando del apóstol Pablo, “Imítenme, así como yo imito a Cristo.” Es un mandato en la palabra, “...así como yo imito a Cristo.” Romano 15:5 dice, “Que el Dios que infunde aliento y perseverancia les conceda vivir juntos en armonía, conforme al ejemplo de Cristo Jesús, para que con un solo corazón y a una sola voz glorifiquen al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.” Juan 13:15, habla Jesús aquí y le dice a los discípulos, “Les he puesto el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes.” El Cristianismo no se trata del culto, de las reuniones, de la música, sino de seguir el ejemplo de Cristo. La iglesia como el cuerpo de Cristo debe reflejarlo en la tierra hasta que Él venga. Y el propósito de la iglesia es continuar con la misión de Cristo.
"El Cristianismo no se trata del culto, de las reuniones, de la música, sino de seguir el ejemplo de Cristo."
Si queremos ser como Él, debemos conocerlo. No podemos decir que vamos a imitar a Cristo si no lo conocemos. Así que rápidamente quiero compartir con usted algunas de las características, solo algunas porque no nos daría el tiempo para describir a nuestro Señor. Solo algunas de las cosas más importantes del ejemplo que Cristo nos dejó. Juan 13, este sí puede buscarlo. Juan 13, versículo 34-35, “Este mandamiento nuevo les doy: Que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros. De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros.” ¿Qué podemos ver aquí de nuestro Señor Jesucristo? Un amor incondicional. Amor incondicional. Eso caracteriza al Señor. Jesús nos amó a todos y la iglesia debe reflejar ese amor. No importa la condición de las personas. Debemos amarnos los unos a los otros. Jesús nos amó a nosotros, aún siendo pecadores. Amó a los que le rechazaron, en la cruz oró por ellos. Hermanos, no puede haber divisiones en su iglesia. No puede haber gente con indiferencia en la iglesia. Porque estamos aquí por el amor de Dios. Porque Él no nos rechazó. Porque Él nos amó, nosotros siendo malos. ¿Cómo podría atreverse alguien aquí adentro en una iglesia, en la calle donde sea, a rechazar a alguien? Por lo que sea que haga. Dice su palabra, ellos sabrán que son mis discípulos porque se aman. No porque van al culto, no porque brincan al mismo tiempo, sino porque me aman. El amor, el amor es lo que debe caracterizar a la iglesia de Cristo.
Por eso hablamos el jueves de Jesús sentado con aquellos pecadores. No porque quisiera andar comiendo. No porque simplemente quería estar con la gente malvada, sino porque tenía un propósito y era que ellos se arrepintieran. Se nos ha olvidado lo que es tener misericordia. Se nos ha olvidado que alguien alguna vez tuvo misericordia y nos amó a nosotros, porque nos compartió la palabra a nosotros. Y eso es a todo mundo. Hay algo que pasa en la iglesia. Y es que muchas veces, como hablábamos el jueves, corremos el riesgo de querernos separar del mundo, porque no entendemos bien el Evangelio. Porque el Cristiano se debe separar del pecado, es imposible que salgamos del mundo. Nosotros somos la luz del mundo. Jesús estaba ahí para predicarle a esos pecadores, para que se arrepintieran. No puedo estar yo solo con los míos, solo con mis amigos, mis amigos Cristianos. Porque eso hasta los malvados lo hacen. Hasta los ateos, cualquier persona del mundo se junta solo con los que les cae bien. Solo con aquellos que tienen algo en común. Eso no es amor, el amor de Cristo que andaba por todos lados y no solo lo demostró en el templo, sino en todo lugar donde Él andaba.
Dijo el gran predicador, Spurgeon, debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, ese es el mandamiento recuerda. Y es un poco raro porque Jesús dijo este mandamiento nuevo les doy. Que nos amemos los unos a los otros no es un mandamiento nuevo, porque es el segundo mandamiento es amar a tu prójimo como a ti mismo. Pero Jesús va ahora más allá, porque ahora dice que debemos amarnos al cuerpo de Cristo, hay una diferencia aquí. A mi prójimo lo debo amar como a mi mismo, pero a los que son de Dios, los que están aquí nos tengo que amar como Él me amó a mí. Y eso es mucho más de lo que yo me amo a mí mismo. El amor de Cristo que Él me mostró a mí, es más grande que eso. Entonces ese mandamiento es más grande todavía, que el amar al prójimo como a mí mismo. Él dice, no lo ames como a ti mismo, amalo como yo te amé a ti. Como Cristo los amó a nosotros. ¿Entendemos ese verso? ¿Estamos entendiendo eso? Que es un amor mayor.
¿Y dónde estamos nosotros ahí? ¿Qué estamos haciendo? No podemos ver, identificar en eso y decir, Señor claro que te sigo. Claro que te quiero seguir, Señor. Entonces dice Jesús, entonces ama a tus hermanos como yo te he amado. Amalos.
¿Qué otra cosa caracterizó a Jesús? Ah, el perdón. El perdón y la reconciliación. Lucas capítulo 23, verso 34, “ —Padre —dijo Jesús—, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” ¿Cuándo lo dijo esto Jesús? ¿Y a quién tenían que perdonar? ¿Por quién estaba pidiendo perdón? Por los que lo crucificaron. A mí me voltean a ver mal en la calle ya, enemigos de por vida. ¿No le vuelvo a hablar? ¿Me hacen mala cara por ahí? Uy, cuidadito. Padre, perdónalos a aquellos que lo estaban clavando en la cruz. Jesús perdonó incluso a los que lo estaban crucificando. La iglesia debe ser un lugar donde el perdón sea practicado continuamente. ¿Sabe por qué continuamente? Porque continuamente nos vamos a ofender. No a propósito, pero eso va a pasar, y no solo acá, afuera también. El perdón se debe practicar continuamente. No podemos ser personas que guardan rencor. El Cristiano no se puede permitir que en el corazón haya guardado odio, resentimiento, falta de perdón. No se lo puede permitir. Porque eso no es ser Cristiano. Porque Cristo perdonó, aun a los que lo ofendieron, a los que lo estaban humillando los perdonó.
Si yo digo ser Cristiano, seguir el ejemplo de Cristo. Este es el ejemplo de Cristo, perdonar al que me ofende y no guardar nada en el corazón por aquellos que me han hecho daño. Recordemos que Pablo en Romanos capítulo 8, donde hemos estado estudiando dice allá por los versículos veintitantos, “Ustedes fueron llamados a ser transformados a la imagen de Cristo Jesús.” A eso fueron llamados, a ser transformados a la imagen de Cristo y yo digo ¡Amén! Amén a eso porque yo no puedo perdonar, porque yo no puedo olvidar de mi pasado, porque yo soy orgulloso, porque yo soy resentido. Ah, pero la palabra dice que Él me llamó para ser transformado, claro que sí, para que el viejo yo. La palabra transformado en el nuevo testamento, la palabra metamorfosis, como la mariposa que era un gusano, un gusano oruga. Entonces, hay un par de gusanos por acá que necesitan ser transformados y como dijo Pedro, yo soy el primero de esos. Yo necesito ser transformado. Claro que sí. Yo no puedo hacer esas cosas. Pero Cristo sí. Cristo sí. A eso nos ha llamado el Señor. ¿Para qué se quedaron como los gusanos?
"A eso fueron llamados, a ser transformados a la imagen de Cristo…"
Es importante entender quiénes somos y a lo que la palabra nos quiere llevar. A ser transformados como Él. Esa es la meta. ¿Y cómo es Él? El que perdona. El que reconcilia. La iglesia no está llamada solo a participar de un culto, está llamada a perdonar. Esa es la iglesia de Cristo. ¿Qué más caracterizaba a Cristo? Marcos capítulo 10, verso 43 en adelante, “Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor, y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de todos. Porque ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.” Saben este pasaje es porque unos discípulos venían discutiendo quién iba a ser el más grande y el más importante entre ellos. ¿Quién es el más importante aquí de los discípulos? ¿Quién es el más importante en la iglesia? ¿Quién es el más importante en la vida? Y Jesús les da una palabra increíble.
La gente de hoy quiere escuchar un mensaje motivacional en la iglesia. Quiere que les digan, hermano, usted lo puede. “Si usted lo sueña, si usted se esfuerza, usted lo puede lograr. Salga adelante, usted lo podrá hacer.” Ese es el mensaje que la gente quiere oír. Y la gente en la mayor parte de su vida se esfuerza por estudiar, por tener un título. ¿Verdad? Hay gente que dice, ustedes hermanos, no los vuelven a ver hasta que se sientan. Porque ahí se sienten bien. Porque estudian para tener un buen trabajo. Porque creen que han logrado algo en la vida cuando llegan a un puesto alto y entonces viene a su cargo y le sirve. Entonces el hombre se siente, “Lo logré, ahora sí lo logré.” Pero viene Jesús y conociendo el corazón del hombre le dice a sus discípulos, “¿Saben? Les voy a decir algo más importante que van a escuchar ustedes. Quién es el más grande, el más importante, tienen que servir a los demás.” Ese es el más importante en el reino de Dios. El que sirve, el último. Ni el Hijo del Hombre dice, “Ni aun el Hijo del Hombre vino para que le sirvan.” Ni Cristo mismo vino a que le sirvan. Él vino a servir.
Qué mensaje, ¿no? Tan innovador. Tan rompedor en ese tiempo. Y servir no solo es lo que hacemos en la iglesia hermanos. Hay muchas cosas que hacer en la iglesia, algún día vamos a tomarnos el tiempo para enumerar todas las cosas que se tienen que hacer en la iglesia. Pero ojo, el servir a Dios no solo es en la iglesia, porque hay mucha gente en todo lugar en toda la iglesia, hay gente que quiere servir en la iglesia pero en la casa no levanta un plato de la mesa. El servicio es algo del corazón, hay muchos que quieren servir a Dios pero solo si alguien los está viendo, solo si alguien los está viendo. Pero cuando estamos en la intimidad, cuando no hay nadie, ahí ya no, ahí somos otras personas. Pero el servicio está en el corazón, el servicio está en el corazón. Señor, ¿qué quieres? Hermanos necesita algo, la iglesia se tiene que caracterizar por el servicio a los demás, por el servicio al prójimo y no solo en la iglesia, que aquí se hace mucho. Muchos de ustedes trabajan muchísimo aquí y lo han hecho por muchos años, pero el servicio. Cristo fue a servir a todos, después lo que hicieron con Él, pero nadie dijo de Cristo que Él no lo sirvió. Esta fue una de las razones por las que Él no fue aceptado, por los religiosos de su tiempo, no era un líder convencional, no era un guerrero, no andaba con una espada, no le andaba dando órdenes a la gente. Él vino a servir, Él vino a servirnos a nosotros.
Llegó con humildad para servir. La humildad, el servicio y la humildad van de la mano, porque se puede servir sin ser humilde y eso es peligroso. Porque el que sirve sin humildad anda buscando que lo vea y anda buscando reconocimiento del hombre. Pero el que sirve con humildad, lo hace para el Señor y Filipenses capítulo 2 dice Pablo, que nuestra actitud debe ser como la de Cristo, que se humilló a sí mismo, siendo Dios tomando forma de siervo. Él se hizo siervo por nosotros, se humilló a sí mismo. La humildad que debe caracterizar a su iglesia es aquella que reconoce su condición ante Dios. Decía Bryan al inicio, cuando nos olvidamos de quienes somos, hemos perdido el objetivo de estar acá. Si usted se olvida de quién es, mi hermano está frito. Si se olvida porque está sentado ahí, si se olvida de la misericordia de Dios y de nuestra condición delante de Dios, hemos perdido el norte y el objetivo de la iglesia. Pero la humildad está en reconocer quienes somos delante de Dios, en reconocer nuestra dependencia de Dios para todo y darle también el valor a las demás personas por encima de nosotros mismos. No importa cuántos títulos, cuánto dinero, eso no importa.
Jesús dijo, porque entre los discípulos había un doctor, habían pescadores, habían comerciantes. Estaba Mateo que tenía dinero. No importa, no importa eso. Aquí eso no importa. El mayor es el que sirve y Él mismo puso el ejemplo. Él mismo les sirvió a ellos, Él mismo le lavó los pies a sus discípulos y por eso dice, “Así como yo lo hago ustedes tienen que hacerlo. Si yo siendo el maestro lo he hecho, sigan mi ejemplo.” Que somos nosotros, que somos nosotros, que nos hemos creído nosotros. Que nos hemos creído nosotros en el mundo, somos los más afortunados de que la gracia de Dios nos haya traído hasta acá. Es tiempo de que el Señor abra nuestros ojos, nuestro corazón y podamos entender que para eso Dios nos ha traído a este lugar. Para servir a los demás, para ayudarlos así como Cristo lo hizo. La misión de Cristo es la misión de la iglesia. ¿Cuál fue la misión de Cristo que ha dejado a su iglesia para que nosotros la sigamos? Estas fueron características de Cristo. Ahora veamos qué hizo Cristo para saber qué es lo que nosotros tenemos que hacer. Lucas capítulo 4:43, “Pero él les dijo: ‘Es preciso que anuncie también a los demás pueblos las buenas noticias del reino de Dios, porque para esto fui enviado.’” Jesús mismo está diciendo esta es mi misión, predicar el evangelio. Y como ya sabemos también, el versículo en Mateo 28:19 dice, “Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.” Entonces, ¿cuál es la tarea de la iglesia? Predicar el Evangelio. ¿Cuál es su tarea? Predicar el Evangelio. ¿Cuál es mi tarea? Predicar el Evangelio.
Así como Jesús predicó, la iglesia tiene el mandato de predicar y hacer discípulos de todas las naciones, dice el versículo. Pero aquí entra el llamado, cuando Jesús llamó a las doce, lo siguieron y lo dejaron todo, y entraron en ese proceso de discipulado. Es bien extraño que en nuestra sociedad, hoy la gente no puede esperar a tener algo nuevo o hacer algo nuevo para ponerlo en las redes sociales. Cualquier cosa que se compren, cualquier lugar donde anda visitando. Está comiendo, y la comida mosqueada y helada pero hay que tomarle foto. No podemos esperar para decirle al mundo lo que andamos haciendo. Todo el mundo se tiene que dar cuenta de lo que andamos haciendo, de lo que andamos comiendo, de lo que andamos comprando. Esa es la sociedad. Pero extrañamente, cuando se trata del Evangelio, somos agentes secretos. Nadie se da cuenta. Nadie se da cuenta.
Hablaba con los hermanos hace poco y les decía, en todas esos conciertos Cristianos se llenan de jóvenes que son Cristianos ahí, pero en sus universidades nadie sabe que son Cristianos. Sus compañeros no lo saben. Aquellos que van a brincar a esos conciertos, los compañeros de su trabajo no saben que son Cristianos. Jamás han predicado el evangelio ahí. Así que yo no les estoy diciendo que no se tomen fotos, no publique esas cosas, no me importa. La cuestión es que hemos sido llamados a predicar el evangelio. No solo desde un púlpito. Jesús no estuvo nunca en un púlpito, predicando el evangelio. Él iba a la sinagoga, pero Él salía a la calle y mandaba a sus discípulos a predicar, aquellos que conocían con su testimonio. ¿Estamos haciendo eso nosotros? ¿Está haciendo eso usted? Quiero que me entienda algo hermano, y esto no es un regaño. ¿Ves que? Como le dije el jueves, me encanta estar aquí. Debemos estar aquí. Porque tenemos que estar aquí para aprender la palabra. Porque tenemos que crecer. Porque tenemos que renovar. Porque cuando venimos a la casa del Señor, nos renovamos nuevamente. Pero esto no es el Cristianismo, ser Cristiano no es estar sentado ahí, por año tras año, tras año, tras año, eso no es.
Y es aquella luz que mostramos. Jesús le dijo a la gente, ustedes son la luz del mundo, y una luz no se esconde debajo de una mesa. Usted es la luz de Cristo. Usted refleja la luz de Cristo. La iglesia refleja la luz de Cristo. Eso es el Cristianismo. Eso es ser Cristiano, seguidor de Cristo. Por eso dijo Pablo, “No te averguences del Evangelio, porque es poder de Dios. Es poder de Dios.” Jesús le dijo a los discípulos, “Cualquiera que se averguence de mí, delante de los hombres, delante de mi Padre. Pero todo el que me reconozca delante de los hombres, yo lo reconoceré delante de mi Padre.” Yo tengo mucho tiempo de estar aquí y eso no me hace más Cristiano o menos Cristiano. Jesús se presentó como la luz del mundo y la iglesia debe reflejar esa luz, pero no solo en la iglesia. No se deje engañar por el enemigo, no se deje engañar por falsas doctrinas, no se deje engañar por sus propios pensamientos. No, no hay que ser tan fanático, ese ser lo que usted quiera ponerle. Si la palabra nos llamó a ser como Cristo, ¿cómo podríamos describir a Cristo? ¿Como fanático? Creo que no, ¿verdad? Esto no se trata de ser una iglesia activa o no, de que vamos a salir ahora y todos los domingos y vamos a andar predicando y vamos a andar evangelizando a todo el mundo. No se trata de esas cosas, se trata de ser Cristiano y de hacer lo que el Padre nos ha mandado hacer. Hermanos el tiempo es muy corto, el tiempo es muy corto.
"Usted es la luz de Cristo. Usted refleja la luz de Cristo. La iglesia refleja la luz de Cristo. Eso es el Cristianismo."
El Señor vino a sanar a los enfermos y a liberar a los oprimidos. Lucas 4:18. Esto es parte de la misión de Cristo y de la iglesia también, “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas noticias a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos.” A eso vino Cristo, a sanar, Jesús sanó los cuerpos y las almas de la opresión, del pecado y yo estoy seguro que muchos de los que estamos acá podríamos dar testimonio de eso. Amén. De que el Señor nos ha liberado, de que el Señor nos ha sanado. Amén. Y yo sé que el Señor lo sigue haciendo y lo seguirá haciendo. Por eso no debemos dejar de orar. A mucha gente no le gusta orar, pero la iglesia está llamada a sanar, a liberar y todo eso empieza en la oración. Eso está en la oración, porque yo estoy llamado a sanar como parte del cuerpo de Cristo. La iglesia es como un hospital, este lugar es un hospital donde vienen los enfermos y necesitan ser sanados en su corazón, en su mente. ¿Cuántos de nosotros hemos llegado a este lugar enfermos de la mente? Que contundente, pero es cierto. Es cierto. Con pensamiento, lo que usted quiera y eso seguirá así. Porque eso sigue viniendo, enfermos del corazón, llenos de amargura, de odio, de resentimiento, de soledad, pero Cristo ha sanado muchas cosas de eso. Amén. Y lo seguirá haciendo. ¿Y cómo se hace eso? Orando. Orando. Por eso mi trabajo, no solo es tocar, mi trabajo es proclamar libertad desde ahí.
Eso estábamos cantando al inicio, el Señor está en este lugar, para sanar, para liberar, para romper las obras del enemigo. Para romper lo que el enemigo está haciendo, por eso la música es tan importante, son declaraciones, son oraciones. No es la música en sí, son los corazones, son aquellos que se guardan, los que se guardan durante toda la semana, durante todo el tiempo para traerle una ofrenda al Señor. Para decirle Señor aquí está mi vida, haz lo que tienes que hacer, porque tú tienes que sanar, tú vas a liberar, entonces yo me guardo. Yo no puedo hacer nada, pero yo voy a orar y voy a orar creyendo, y como creo me guardo Señor. Ese es mi trabajo, ese es el trabajo de la iglesia.
Jesús tenía un propósito claro, Pablo lo siguió y nos invitó a imitarlo. Cuando alguien está a dieta, no deja de comer por gusto, porque si hay algo delicioso en la comida. ¿Quién ha tratado de salir de esas cadenas del pan dulce con el café? Pero el que está a dieta no lo hace por gusto, sabe que lo necesita. Sabe que se está absteniendo de algo para un bien, así es el Cristiano. Yo no le estoy diciendo que no va a tener dificultades o que no va a querer hacer algo de allá, que su carta no le va a decir, “Mira, mira, así allá, por acá, que no voy a tener ganas.” Claro que sí, pero entonces yo decido no. Porque me estoy guardando para ti, Señor. ¿Para qué? Para que hagas algo, Señor. Para que cuando yo toque ahí, entonces los demonios que están aquí enfrente puedan salir, para eso. Para que cuando hablemos, entonces, todas las mentiras que venimos a este lugar, salgan de nuestra mente. Mi trabajo no solo es predicar, es guardarme para que esas mentiras puedan quebrantarse en nuestros corazones. Ese es el poder de la palabra del Señor y la iglesia está llamada a eso. Pero no solo es el que predica aquí, no solo es el que toca allá, no solo es el que se debe de guardar, se debe de guardar usted, porque usted lo da por sus hijos. Usted tiene batallas en su casa y para que usted le ponga manos a sus hijos y algo pueda pasar, usted tiene que guardarse también.
No que somos nosotros, muchas veces, los que abrimos las puertas al enemigo en nuestras casas. Nosotros mismos abrimos la puerta al enemigo en nuestros hogares, con las cosas que hacemos, con las cosas que vemos. No es suficiente con mandarnos niños a la escuela dominical, ellos tienen que ver, por eso Jesús los agarró y se los llevó a vivir, “Miren como yo vivo.” No les dijo, “Estudiamos la ley de Moisés”, “Miren como yo vivo”, ese es el evangelio. La gente tiene que ver y decir “Así es el evangelio”, así es, y todo comienza en la casa, en nuestra casa. No dejemos de orar, porque nada se moverá sin oración. Ore por su familia, ore por la iglesia. Jesús nos dejó un ejemplo claro de cómo vivir, conforme a la voluntad de Dios y la iglesia debe enseñar y practicar estos principios.
Juan capítulo 14 verso 15. Juan capítulo 14 verso 15 al 18, “Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre y él les dará otro Consolador para que los acompañe siempre: El Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede aceptar porque no lo ve ni lo conoce. Pero ustedes sí lo conocen, porque vive con ustedes y estará en ustedes. No los voy a dejar huérfanos; volveré a ustedes.” Volveré a ustedes, no los voy a dejar huérfanos, ¡wow! Debemos vivir como vivió Cristo. Y yo no sé si usted en estos minutos se ha preguntado, “¿Y cómo lo voy a hacer? No puedo ni vivir como mi mamá me dijo.” Jesús lo sabía y Él le dijo a sus discípulos, “Tienen que seguir mi ejemplo.” Y Pedro le dijo, “Mi vida voy a dar por ti”, y a las horas lo estaban negando. Pero al final de sus vidas, ellos dieron sus vidas, ellos imitaron la vida de Cristo, porque dieron su vida, su cuerpo por el evangelio o sea que si lo imitaron totalmente. ¿Cómo lo lograron? Dice ahí, “Yo no lo voy a dejar huérfanos, lo va a dar el Espíritu Santo. Él los va acompañar, Él es el que lo va a guiar, Él es el que lo va a fortalecer, Él es el que lo va a guiar en este camino”, necesitamos de la ayuda del Espíritu Santo. Yo no sé si usted lo ha intentado alguna vez solo, decir, “Si soy Cristiano y voy a hacer esto”, y se pone, y se pone, y después de algún tiempo dice, “¿Por qué esto no funciona mucho? Como que no llego, como que no cumplo las expectativas.” Porque hay que ser lleno del Espíritu Santo. Porque hay que tener la humildad para decirle Señor yo no puedo solo, pero si tú me guías. “Yo no sé qué decirle a mis hijos pero tú sí lo sabes. Llename Senor, yo no sé cómo seguir este camino Señor.”
¿Qué hablamos hoy entonces? Quiero resumirle rápidamente las características de Cristo. Si vamos a seguirlo tenemos que conocerlo. Hablamos de Cristo, de su amor incondicional, perdón y reconciliación, eso lo caracteriza a Él. Servicio y humildad, eso deben ser características que nosotros como Cristianos debemos buscar. Y en el trabajo de la iglesia, ser luz, predicar y llevar sanidad, y libertad con la palabra de Dios. Hace muchos años, yo solo quería ejecutar un instrumento y cuando me obligaron, porque yo ni siquiera quería al inicio. Yo no quería aprender nada, pero cuando aprendí un poco de música, yo quería dedicarme a eso profesionalmente. Y yo creía que Dios me había llamado para eso, para ejecutar un instrumento, porque eso me encantaba. Pero sabe, con el tiempo me di cuenta que Dios no me llamó para eso. Y no se trata de que no vamos a hacer lo que nos guste, o lo que disfrutemos en la iglesia, porque yo sigo disfrutando de hacer eso. Pero no se trata de eso, Dios no me llamó a ejecutar un instrumento. Dios me llamó a ser como su hijo, y no solo a mi, a usted también, a ser como su hijo.
Lo demás que hacemos es porque Dios nos regaló dones y talentos diferentes a cada uno. Dios le dio un don y un talento a usted también, si todavía no lo sabe búsquelo, ore, pídale al Señor que Él se lo va a dar, porque dice la palabra que eso es para la edificación de la iglesia. Porque la iglesia tiene que crecer y levantarse para ir y predicar el Evangelio. Porque esa es nuestra tarea, predicar el Evangelio, ser como Cristo, seguir el ejemplo de Cristo Jesús. No se trata de recibir estudios teológicos, es la pasión por el Evangelio. Es la pasión por predicar, es la pasión por aquellos que se están perdiendo. Yo ya hice todo eso, y no le digo que sirve o que no sirve, cada quien encontrará su camino. Yo he estudiado la Biblia formalmente, me he preparado en un montón de cosas, pero yo recuerdo y sé de muchas personas, muchas personas y estoy seguro que usted también, de que no estuvieron en una escuela bíblica, o qué no estuvieron en un seminario, o en una universidad teológica, pero desde que conocieron a Cristo andaban predicándole a todo el mundo. ¿Se acuerdan ustedes de esos viejitos que ustedes se los encontraron en la calle y ellos les daban una palabra? ¿Verdad que sí? Porque no es lo que uno haga, es lo que uno es y lo que uno tiene acá adentro en el corazón.
Esa llama, como decía el profeta Jeremías, que hay una llama acá adentro que yo no puedo apagar. Yo no quiero hablar, pero es una llama que me consume. Es el amor de Dios. Para algunos ese momento les viene de inmediato y otros tardan un poquito más de tiempo. Lo cierto es que mi corazón, le doy gracias a Dios porque sé que nos está llamando a algo nuevo. A salir de, no voy a decir la comunidad, sino de la mentira. Es una mentira creer que soy Cristiano por estar aquí, soy Cristiano porque soy seguidor de Cristo, porque todos los días me levanto y digo, “Señor quiero ser como tú. Quiero conocerte Padre, quiero conocerte y por eso cantamos esa canción, quiero conocerte Señor.” Porque entre más te conozco, entonces más me quiero parecer a ti Señor. Más me quiero parecer a ti.
"Hemos sido llamados a una sola cosa, a seguir el ejemplo de Cristo Jesús."
Hoy el mundo no cree que Cristo regresará. Salimos a la calle a predicar, Cristo ya viene y sabe por qué la gente no cree, porque los Cristianos no viven como si creyeran que Él va a regresar. Es como que usted vaya a una persona y le dice, compre este número que salió hoy. Este va a salir, ¿y usted cuánto compro? Yo no compré nada. ¿Y entonces? ¿Me entiende? Andamos ofreciendo algo que nosotros no queremos, que no queremos. El que cree que Él va a regresar, se prepara y lo está esperando todos los días. Lo está esperando todos los días. Yo sé que hay un nuevo mover. Que el Señor está poniendo una inquietud por todas partes. Oremos para que el Señor siga llamando a todos los corazones y renueven los que están en esta carrera. Hay algunos que se han cansado, pero dice la palabra del Señor, “Yo renuevo a aquel que está cansado, vengan el que está cargado y fatigado. Aquí se va a descansar, aquí se va a renovar, para que siga adelante.” La iglesia es el instrumento por el cual el mensaje de Cristo llega al mundo. Usted es instrumento de Dios, en las manos de Dios. Hemos sido llamados a una sola cosa, a seguir el ejemplo de Cristo Jesús. Amén, ¿Cuántos creen que ese es el Evangelio? Amén.
