Una Nueva Alianza, Una Nueva Vida
Ronald Ayala

Romanos 6:16 (NVI)
“¿Acaso no saben ustedes que cuando se entregan a alguien para obedecerlo, son esclavos de aquel a quien obedecen? Claro que lo son, ya sea del pecado que lleva a la muerte o de la obediencia que lleva a la justicia."
Romanos 7:1-6 (NVI)
“Hermanos, hablo como a quienes conocen la Ley. ¿Acaso no saben que uno está sujeto a la Ley solamente en vida? Por ejemplo, la casada está ligada por ley a su esposo solo mientras este vive; pero si su esposo muere, ella queda libre de la ley que la unía a su esposo. Por eso, si se casa con otro hombre mientras su esposo vive, se la considera adúltera. Pero si muere su esposo, ella queda libre de esa ley y no es adúltera, aunque se case con otro hombre.
Así mismo, hermanos míos, ustedes murieron a la Ley mediante el cuerpo crucificado de Cristo, a fin de pertenecer al que fue levantado de entre los muertos. De este modo daremos fruto para Dios. Porque, cuando nuestra carne aún nos dominaba, las pasiones pecaminosas que la Ley nos despertaba actuaban en los miembros de nuestro cuerpo y dábamos fruto para muerte. Pero ahora, al morir a lo que nos tenía atados, hemos quedado libres de la Ley, a fin de servir a Dios con el nuevo poder que nos da el Espíritu y no por medio del antiguo mandamiento escrito.”
Génesis 17:1 (NVI)
“Cuando Abram tenía noventa y nueve años, el Señor se apareció y dijo:
—Yo soy el Dios Todopoderoso. Anda delante de mí y sé íntegro.”
2 Corintios 10:3-5 (NVI)
“pues aunque vivimos en el mundo, no libramos batallas como lo hace el mundo. Las armas con que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas. Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para que obedezca a Cristo.”
Santiago 4:4-10 (NVI)
“¡Oh, gente adúltera! ¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Si alguien quiere ser amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios. ¿O creen que la Escritura dice en vano que Dios ama celosamente al espíritu que hizo morar en nosotros? Pero él nos da más gracia. Por eso dice la Escritura:
«Dios se opone a los orgullosos,
pero da gracia a los humildes».
Así que sométanse a Dios. Resistan al diablo y él huirá de ustedes. Acérquense a Dios y él se acercará a ustedes. ¡Pecadores, límpiense las manos! ¡Ustedes, los indecisos, purifiquen su corazón! Reconozcan sus miserias, lloren y laméntense. Que su risa se convierta en llanto y su alegría, en tristeza. Humíllense delante del Señor y él los exaltará.”
Cuando cantamos al Señor, tenemos que poner atención bastante en lo que estamos cantando y creer en lo que estamos cantando. Por eso, es importante escuchar música que venga del corazón de adoradores, de gente que se dedica a adorar al Señor, no de cantantes, no de artistas. Lastimosamente hoy, muchos son artistas, no son adoradores y es necesario que nosotros aprendamos eso, venimos a adorar al Señor, pero también la música nos ayuda, nos levanta. A veces, muchas veces, anima el alma, ¿Verdad? Anima el espíritu, nos levanta, ¿Verdad? Cuando ponemos atención a lo que estamos cantando y ahorita le decíamos, “Señor, quiero ser tuyo, tuyo es mi amor.” No es como una canción de amor, es una canción romántica, ¿verdad? De esas que le dedicaba usted, ¿verdad? Cuando andaba de novio, allá por los 70 's, esas canciones románticas, ¿verdad? Que se le dedican a la pareja. ¿Verdad? Tuyo es mi amor, verdad? Tuyo es mi amor Señor, soy tuyo.
Y en esta semana hemos estado hablando, de hecho, del compromiso, a los que pudieron venir el jueves, estuvimos hablando acerca del compromiso. De cómo Dios utiliza el ejemplo del matrimonio para hacernos algunos ejemplos de nuestra vida, ¿verdad? De la relación que Dios tiene con su iglesia y estuvimos hablando acerca de el pacto que Dios hizo con Abraham. Donde el Señor escogió un pueblo, al pueblo de Israel, ¿verdad? Y sabemos nosotros en la historia, que ese pueblo le fue infiel a Dios en muchas ocasiones. Y que Dios buscó otro pueblo, busco otro pueblo, y dice la palabra que ese pueblo era insensato, que ese pueblo, ¿verdad? Como dice Pablo en otro lugar, de lo vil y lo menospreciado, de allí fue a buscar Dios a otro pueblo, ¿verdad? Y básicamente el Señor fue a acoger a la más fea para darle celos a Israel, ¿verdad? La más fea, hermanos, somos usted y yo, ¿verdad? Porque es necesario entender de nosotros, de dónde venimos. Y cuando digo la más fea, me estoy refiriendo aquí, del corazón, de la mente, porque venimos de lo pagano, de lo perverso, de lo malvado, de todo eso, de lo sucio, de allí nos sacó el Señor. ¿Para qué? Para darle celos a su pueblo.
Pero como también dijimos, ¿Verdad? El Señor agarró a Israel, a su pueblo, lo levantó, lo prosperó, lo limpió, ¿verdad? Hizo muchas cosas en medio de ellos, así también el Señor lo hará con su iglesia. ¿Amén? ¿Cuántos creen eso? ¡Amén! ¿Y eso qué quiere decir entonces? Que usted y yo no podemos ser los mismos de cómo venimos a este lugar. ¿Cierto? Que no es posible porque el Señor lo hace, porque Dios lo hace, porque Dios no va a hacer lo mismo, que no puede ser que yo entré hace 20 años aquí y salga después de 20 años siendo la misma persona. Si creemos en la palabra, eso no puede suceder, porque él está trabajando en su iglesia. ¿Y qué palabra nos han dado en este tiempo? Que tenemos que trabajar para él, ¿amén? Que tenemos que trabajar en su reino, para Dios, no para nuestras cosas. Nosotros tenemos la historia de Israel como un ejemplo para no cometer los mismos errores. Y como vimos en el viejo testamento, él le hacía ver su infidelidad a Israel constantemente. Era un pueblo infiel, era una pareja infiel. El Señor ha estado hablando. ¿Verdad? Porque, vamos a hacer solo un pequeño paréntesis aquí.
En la carne nadie puede ser fiel a Dios. ¿Sí o no? No podemos y nosotros decimos a Israel, “Ah qué bárbaros esos, no son fieles.” ¿Y nosotros? Pero en la carne no se puede y el Señor le dice a Israel, “Tú has sido infiel, has sido una adúltera en esta relación, has ido con otros hombres, te has vuelto hacia otros dioses.” Pero la verdad es que ningún hombre puede ser fiel y hoy vamos a ver por qué. Hoy vamos a ver, porque ningún hombre puede ser fiel, claro, así como entra el hombre por allí, así como entramos nosotros por ahí, nadie se va a poder mantener fiel. Pero el Señor ha estado hablando de una nueva humanidad, de la divinidad de Cristo, esa divinidad que habitó en la forma corporal en Cristo. ¿Qué quiere decir eso? Dios habitó en el cuerpo humano de Cristo. Y dice Pablo en Colosenses y ahora esa plenitud de Dios habita ahora en ustedes también. Habita ahora en ustedes también. ¿Qué quiere decir todo eso? Bueno, Dios nos hace partícipes a nosotros. Entonces, a pesar de que muchos siguen con sus situaciones pasadas, a pesar de que muchas personas llegan a la iglesia y lloran, podríamos decir de manera genuina, porque le fallan al Señor y dicen, “Yo quiero, pero no puedo.” Le falla a Dios, yo no quiero fallarle, no quiero, pero no puedo, no sé qué hacer. Entonces hay muchas personas pasando esas situaciones en la iglesia y Pablo nos explica con un ejemplo del matrimonio, por qué eso pasa, porque no podemos. Muchas veces muchas personas llegan a ese punto de decir yo no puedo, pero sabe hermano hay algo maravilloso aquí. Y es que usted y yo estamos invitados a participar de un milagro, de la transformación de una persona natural a una persona espiritual, a una persona divina.
Entonces, ¿Qué quiere decir eso? Que el Señor viene a cortar con mentiras, con argumentos. ¿Qué mentiras? Yo no puedo, yo quiero, pero no puedo. Ahora viene a decirle la palabra al Señor, ¿Cómo lo va a hacer? y ¿Cómo Dios ya lo ha hecho? Es evidente que el diablo no se va a quedar con los brazos cruzados. No quiere decir que recibimos al Espíritu Santo y que ahora podemos decir, “Claro, yo quiero esa nueva humanidad, yo quiero participar de la divinidad de Cristo.” Y que el diablo se va a quedar de brazos cruzados, “Ah, está bien, que vaya, que alaben a Dios, que sigan adelante, que se levanten.” Claro que no, eso no va a pasar ni el diablo ni sus demonios no se van a quedar de brazos cruzados para que usted disfrute de lo que Dios va a hacer en su vida.
Por lo tanto, voy a mencionar hoy dos obstáculos, que nosotros tenemos para participar de eso, para cumplir el llamado por el cual estamos aquí. El Jueves vimos el pacto de Dios con Abraham, y Dios le dijo a Abraham, “Camina delante de mí y sé íntegro. Anda conmigo, camina conmigo.” Hizo un pacto con él, un compromiso y cuando usted hace un compromiso, debe cumplirlo, debe ser fiel a ese compromiso, a ese pacto. Usted firma un contrato, usted debe cumplir ese contrato, un compromiso, lo que sea, ¿verdad? Usted quedó con alguien, pero, aquí hay una situación. Nosotros hermanos, venimos a la iglesia y le decimos al Señor, “Yo quiero serte fiel.” ¿Cuántos le han dicho eso al Señor? ¿Verdad? Yo quiero serle fiel Señor, yo no te quiero fallar y después a la esquina. ¿Qué pasa? ¿Qué pasa por eso? ¿Sabe por qué? Lo que nos dice la palabra del Señor, es que nosotros ya tenemos un compromiso anterior, antes de venir acá, usted y yo ya estamos casados, ya tenemos un contrato firmado con otro. Por eso queremos firmar el contrato con el Señor, pero eso no es permitido, no se puede, ¿Verdad? Usted no se puede casar con otra mientras está viva su doña, ¿verdad? Aquí no, por lo menos, ¿Verdad?
Entonces, eso no se puede, pero qué dice la palabra, vamos a Romanos capítulo 6, en el versículo 16. Aquí tiene los versículos enfrente, vamos a leer la nueva versión internacional, dice la palabra del Señor. “¿Acaso no saben ustedes que cuando se entregan a alguien para obedecerlo, son esclavos de aquel a quien obedecen? ¡Claro que lo son! Ya sea del pecado que lleva a la muerte o de la obediencia que lleva a la vida.” ¿Y a quién estábamos entregados nosotros? Al pecado. ¿Con quién teníamos un compromiso nosotros? Con el pecado, con la muerte, somos de la muerte, ¿verdad? A menos dice, que nos entreguemos a la obediencia, que eso sí, nos llevará a la vida. Pero entonces, venimos de un contrato viejo, todos venimos del pecado, todos nacemos pecadores. Entonces, antes de que naciéramos ya teníamos un contrato firmado, van al otro lado y aunque vengamos aquí y le digamos, “Señor, yo quiero serte fiel”, le pertenecemos allá, pertenecemos al otro lado. Ahh, pero entonces así nos vamos a quedar, entonces nunca nos vamos a levantar, entonces siempre le vamos a andar fallando al Señor, siempre vamos a andar ahí como que, “Bueno Señor, ni modo, tú me perdonas Señor amado.” Todos los domingos venimos y lloramos y no lloramos por la presencia del Señor, venimos a llorar porque nos acordamos de todas las maldades que hemos hecho, ¿verdad? Venimos y, “Ay, perdón Señor”, y me empiezo a recordar. ¿Verdad? Y no ajusta la adoración, no ajustan las canciones para llorar de todo lo que tengo que pedir perdón, porque cada domingo vengo y solo a eso.
¿Pero sabe? El Señor vino a hacer precisamente eso, para que usted y yo viviéramos de una manera diferente, como un hombre nuevo. Todas las cosas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas. ¿Cuántos conocen ese versículo? Pero, ¿qué pasa con las cosas viejas? Vamos a ir más abajo entonces, hoy quiero predicar con el título, “Una nueva alianza. Una nueva vida.” Romanos, allí más abajito, en el capítulo 7 verso 1 en adelante. ¿Lo tiene en la Biblia? Díganme amen. ¿Traen Biblia ustedes? Amén. Romanos 7, 1. “Hermanos, les hablo como a quienes conocen la ley. ¿Acaso no saben que uno está sujeto a la ley solamente en vida? Por ejemplo, la casada está ligada por ley a su esposo sólo mientras éste vive, pero si su esposo muere, ella queda libre de la ley que la unía a su esposo. Por eso, si se casa con otro hombre mientras su esposo vive, se le considera adúltera. Pero si muere su esposo, ella queda libre de esa ley y no es adúltera aunque se case con otro hombre.” ¿Okay? Solo quiero explicarles esta parte, vamos a seguir más adelante, pero ¿qué está diciendo la palabra, qué está diciendo Pablo? El, Pablo no le está dando ideas a las señoras, ¿Verdad? Pablo no les está dando ideas, está queriendo poner un ejemplo, ¿verdad? ¿De qué? Uno cuando firma un contrato, tiene una obligación y debe cumplir con esa obligación. Es como dice cuando una mujer se casa con un hombre, no se puede casar con otro, mientras su esposo esté vivo. Porque si se casa con otro es adúltera, ahora, si el esposo muere, ella se puede casar. Está poniendo un ejemplo aquí y ojo con esto, es un pequeño paréntesis hermanos, no nos desviemos, pero este no es un versículo donde Pablo está diciendo que acepta el divorcio o el recasamiento, ¿verdad? No, la Biblia, esta parte no está hablando de eso, él no quiere hablar de eso, está hablando de otra cosa, ¿Okay? Entonces está diciendo, que para que un contrato sea invalidado, tiene que morir esa persona para que se pueda hacer un nuevo contrato. Eso es todo lo que está tratando de decir, ¿verdad? No dar una enseñanza acerca del matrimonio.
"¿Pero sabe? El Señor vino a hacer precisamente eso, para que usted y yo viviéramos de una manera diferente, como un hombre nuevo."
Sigamos en el versículo 4. “Así mismo, hermanos míos, ustedes murieron a la ley”. ¿A qué murieron? A la ley. “Mediante el cuerpo crucificado de Cristo, a fin de pertenecer al que fue levantado de entre los muertos, de este modo.”¿Qué va a pasar? ¿Cuándo? ¿Cuándo? Pero para pertenecer, ¿qué tiene que pasar? Morir, okay, ya cambia la cosa ¿Verdad?, no es la doña, soy yo, entonces ahí ya cambia. Versículo 5. “Porque cuando nuestra naturaleza pecaminosa aún nos dominaba, las malas pasiones que la ley nos despertaba actuaban en los miembros de nuestro cuerpo y dábamos fruto para la muerte”. O sea, no nos podíamos controlar, y esta es la parte entienda, esta es la parte donde todo mundo dice, “Es que no puedo.” ¿Verdad? “Hago las cosas, vienen a mi mente los pensamientos y mire, siento que me jala, siento que no puedo.” ¿Correcto? Ahí está, porque dice, la naturaleza pecaminosa lo domina, lo domina, es su jefe. No podemos hacer nada, entonces, yo creo que aquí no les ha caído todavía. Cuando nosotros decimos eso, es porque estamos viviendo en nuestra naturaleza carnal. Cuando yo voy y le digo, “Señor, ¿qué pasa?” Voy y no puedo con esto, estoy viviendo en mi naturaleza pecaminosa que me domina, ¿verdad? Somos llevados por nuestros instintos simplemente como los animalitos, ¿verdad? Que hacen las cosas por instinto, por instinto nada más, no hay razonamiento, no hay, ¿verdad? En el corazón algo, no hay el Espíritu Santo hablando y dirigiendo al hombre y diciéndole, “Por aquí y por allá, no por instinto.” “Ah es que yo creo, es que a mí me parece, es que todo el mundo lo hace.” Okay, yo lo entiendo, pero entienda algo, Pablo le está diciendo, es que lo domina las pasiones, lo domina su cuerpo, lo dominan los deseos de la carne. Aún así, somos cristianos, aún así, nos vamos ir al cielo, decimos nosotros. Pero lo cierto es que la palabra del Señor está diciendo, “Ustedes eran eso y no se van a quedar así.”
Versículo 6. “Pero ahora, al morir a lo que los tenía subyugados, hemos quedado libres de la ley a fin de servir a Dios con el nuevo”, ¿Qué? Conocimiento, actitud, ¿con qué vamos a servir a Dios? El otro día miré un anuncio de una conferencia de una iglesia, decía, el título de la conferencia era, “Saca la mejor versión de ti mismo.” Y eran los temas, todos eran cuestiones motivacionales, cuestiones de de ser bueno. Pero la palabra no está hablando de ser bueno, ni de hacer las cosas bien, está hablando de poder, de servir a Dios con poder, pero vamos a llegar a eso. El poder que nos da el Espíritu y no por medio del antiguo mandamiento. Este versículo dice ahí mire, que es, ese poder nos tenía subyugados, que quiere decir eso o sea atrapados, presos, detenidos, ¿Verdad?
Entonces, ¿qué es lo que nos detiene? ¿Qué es lo que nos atrapa? Los dos obstáculos. Rápidamente que vamos a ver, cómo está diciendo ahí la ley, número uno, que nos detiene. ¿Qué es un obstáculo hoy? Y aquí esto que voy a hablar es interesante. Los que tenemos más tiempo en la iglesia probablemente nos podemos identificar con uno y los que son más nuevos se pueden identificar con el otro. Dice el primero, es la ley, ¿de qué trata esto? ¿De qué está hablando Pablo? De la letra, de la autojustificación, de buscar agradar a Dios por medio de las cosas. De los rituales, de todo lo que hacemos, ¿verdad? Porque esto es importante, porque así como hablamos el Jueves acerca de la circuncisión, el hombre empieza bien, pero luego termina haciendo las cosas solo por obligación, sólo por hábito. El hombre empieza a hacer las cosas solo para que lo vean, solo le importan las cosas que otros ven. La gente no le gusta hacer las cosas que nadie ve. ¿Y cómo se yo eso? ¿Cómo estoy tan seguro de eso? Porque a la gente, no en todos lados, pero a la gente le gusta cantar, ¿verdad? Le gusta predicar, le gusta enseñar, le gusta hablar, pero, ¿a quién le gusta orar? ¿A quién le gusta ayunar? Esas son cosas que usted hace en los secreto, que lo hace con Dios. Pero a la gente no le gusta participar de esas cosas, de las cosas que no se ven y dirán, “Hermano, yo no ando buscando eso, no ando buscando fama.” Pero, ¿dónde está ese tiempo? Y esto para los que tenemos más tiempo, nos ha pasado mil veces, ¿verdad? Que creemos que podemos sustituir la relación que tenemos con Dios, con lo que hacemos, con estar en la iglesia, con pasar tiempo en la iglesia.
Pero la palabra nos hablaba que es tiempo de trabajar en el reino, no de hacer cosas de iglesia, sino escuchar la voz de Dios y estar dispuesto a hacer lo que tenemos que hacer donde sea que estemos. A Abraham le dijo Dios, anda delante de mí, caminemos juntos, caminemos juntos, ya no camines solo. No le dijo ve, arma una iglesia y haz esto y lo otro, no le dijo nada de eso, caminemos juntos y se integró. Que la gente te vea y diga, uy ese hombre tiene algo diferente, ese hombre no es como nosotros, qué será que ese hombre prospera y se levanta. ¿Por qué? Porque es honrado, porque es íntegro, porque es diferente. No en la iglesia sino afuera, estamos muertos, hemos quedado libres de la ley, hemos quedado libres de la ley. ¿Sabe por qué? Porque la iglesia de ahora anda buscando la salvación mediante la ley y la ley no lo lleva a la salvación. No hay salvación en la ley, no hay salvación en los rituales, no hay salvación en el servicio, Aunque más adelante él dice, que Él nos da poder para servirle. Pero es aquí donde nosotros nos confundimos, porque empezamos a servirlo y creemos que ahí está la salvación, ¡No! Okay eso estamos bien, eso lo hemos hablado muchas veces, pero realmente pega en mi corazón, realmente eso. ¿Por qué? Porque como hablamos el otro día, el servicio a Dios es con poder.
Él le da poder al hombre, por eso el hombre es transformado a través del poder de Dios, para poder hacer la obra de Dios, porque si él es llamado a hacer algo, va a tener el poder de Dios. ¿Para tener qué? Fruto, para poder tener fruto en lo que está haciendo, no solo predicar, no solo cantar y quiero volver a decir esto porque lo hablamos el jueves pero, no se trata de enseñar, se trata de tocar los corazones y cambiar los corazones de los niños, de las personas, de aquel que usted está hablando de la palabra del Señor. ¿Verdad? Y no se trata solo de cantar, se trata de tocar el corazón de Dios, de alabarlo, de ministrar su presencia. Pero no solo de los que se paran aquí al frente, sino de cada uno de los que venimos a la casa del Señor, de ministrar el corazón del Señor, a eso venimos, ese es el propósito ven y anda delante de mí. Los que vienen a adorar al Señor no son los que se paran aquí enfrente, no son los que están ensayando nada más. Usted y yo venimos a adorar al Señor también, venimos a ministrar su presencia, venimos a alabarlo, venimos a darle gracias por lo que Él ha hecho, y no en la carne sino. Como dijo Jesús a la samaritana, ha llegado la hora que lo haga en espíritu y en verdad, para eso necesitamos, ¿que? Haber muerto a eso, haber muerto. Ya no, muchas veces caemos en esa hábitos. Ya no es por justicia ni la misericordia, como vimos en Génesis 17, 1 cuando Dios establece ese pacto con Abraham le pide andar con él y ser íntegro, ser íntegro delante del Señor.
¿Cuál es el otro obstáculo que tenemos? El pecado, como lo vimos en el versículo 5. El pecado, el otro obstáculo que nos impide dice, nosotros estamos vendidos al pecado, todos los deseos del cuerpo que nos destruyen, pero no solo el cuerpo, también la mente y el alma. Porque todo lo que nos pasa o lo que está pasando en el mundo es consecuencia del pecado, ¿verdad? Y nosotros podemos señalar a la gente, nosotros podemos decir y al que está en vicios, ¿verdad? Al alcohólico, al drogadicto y decimos, “Ahí hay pecado.” Pero todo, ¿verdad? Lo que destruye la mente también y el alma, también se deriva del pecado, ¿verdad? Todo lo que nos pasa. ¿Por qué tanto sufrimiento? ¿Por qué tanta gente con depresión? ¿Por qué tanta gente pasando todas esas cosas? Por algo, hay una causa y todas esas causas vienen del pecado. Entonces viene el Señor y dice, también todo eso los domina. ¿Acaso no tenemos nosotros, no hemos sido nosotros testigos porque nos ha pasado o porque alguien cercano a nosotros? Por un pensamiento, un pensamiento. ¿Verdad? Están tirados en la vida, de la vida, no se pueden levantar porque piensan esto, pasó esto y ahora por un pensamiento. ¿Se han puesto a pensar en eso ustedes por un momento? Yo no sé si le ha pasado, que por un pensamiento, muchas veces pareciera que en nuestra vida, alguien nos está poniendo un arma, nos está amenazando. “No puedo hacer esto, no puedo hacer aquello, no me puedo mover aquí, es que me están viendo, es que aquí, es que están hablando de mí, es que aquí, es que allá”, y yo estoy solo yo en la habitación. Pero está torturándonos. Esa naturaleza nos domina. El pecado nos domina, claro que sí, nos destruye. Pero dice la palabra que Cristo anuló ese poder. Cristo anuló ese poder, murió en la cruz y resucitó con un cuerpo nuevo.
"El pecado nos domina, claro que sí, nos destruye. Pero dice la palabra que Cristo anuló ese poder."
Pero, aquí vamos a entrar a la carnita. Él lo sufrió como hombre, Él fue a la cruz y murió, vamos a llamarlo de esta manera me voy a atrever a decir esto, a propósito. Él fue como hombre a morir, a propósito, a que este cuerpo sufriera, a que el cuerpo de Él dejara de existir, y lo hizo, a propósito. Entonces sufrió como un hombre y pasó ese camino, porque la palabra en un verso nos enseña, ¿verdad? Que el que muere es como la semilla, para dar fruto, que lo dice más adelante, es como la semilla, pero la semilla tiene que caer en la tierra y morir. Entonces, no hay nada que nosotros podamos hacer antes que este cuerpo no se muera, que esta carnita no se muera. ¿Verdad? Porque muchas veces esta carnita anda bien viva, anda bien viva, entonces, muchos dicen quiero, pero no puedo. Claro que no podemos, pero Dios nos ha dado armas para poder pelear.
Quiero que vayamos a Corintios, segunda de Corintios, capítulo 10, verso 3. Segunda de Corintios, capítulo 10, verso 3. “Pues aunque vivimos en el mundo, no libramos batallas como lo hace el mundo.” No libramos batallas como lo hace el mundo. ¿Y qué batallas son esas? Las que tenemos todos, no lo hacemos como lo hace todo el mundo. ¿Qué problemas tenía Pablo? La gente andaba hablando de él, lo metían preso, tenía una enfermedad, lo que todo el mundo, bueno meter preso no verdad, pero todo lo que nos pasa o pudiera pasar, a él le estaba pasando. ¿Y qué dice? No lo hacemos como todo el mundo lo hace, porque muchas veces nosotros queremos arreglar los problemas a nuestra manera, como siempre lo hemos hecho. ¿Cómo lo hacemos? A mi manera, hablando, hablando, peleando, gritando, llorando, ¿ah? Así, según nosotros, arreglamos los problemas, ¿va? A tirarse, a llorar, a patalear, hasta que a Dios, no le quedan fuerzas y según usted se resolvió el problema. ¡No! ¡No! ¡No! ¿Verdad? Como le dije a un querido hermano mío, ¿v? Muchas veces lo único que hacemos nosotros, es como cuando barremos la casa y estamos echando todo el sucio debajo del mueble, ¿va? Tirando el sucio debajo del mueble, debajo del mueble. Y todos los días barremos y echamos el sucio debajo del mueble, debajo del mueble, hasta que un día alguien va a mover ese mueble.
Así resolvemos las cosas nosotros, a nuestra manera. Pero Pablo dice, “Yo no lo hago como el mundo lo hace, no como se me ocurre a mí.” Versículo 4. “Porque las armas con las que luchamos no son del mundo, sino que tienen.” ¿Qué? ¿Qué tienen? Poder divino[Respuesta la audiencia].¿Qué tienen? Poder divino[Respuesta la audiencia]. ¿Y las armas a quién se le han dado? A mí diga. ¿A quién se le dio esas armas? A mi[Respuesta la audiencia]. ¿Y cómo son esas armas? Divinas [Respuesta la audiencia]. ¿Qué tienen? Poder[Repuesta la audiencia].Ya que por más que usted grite, no se va a resolver, ¿verdad? Por más que llore, no es a la manera, armas que tienen poder divino para derribar fortalezas, destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios y llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo. Todo pensamiento debe ser sometido a Cristo, cualquier cosa que venga a perturbar, todo pensamiento debe ser sometido a Cristo. Y aquí es donde empieza a actuar la divinidad, aquí es donde empieza a actuar el hombre nuevo. Todo pensamiento debe ser sometido a Cristo, todo pensamiento. No puede evitar usted que vengan los pensamientos, no puede evitar usted que venga la tristeza, que venga la preocupación, que venga esto, que venga el otro, pero todo pensamiento debe ser sometido a la obediencia de Cristo. Ese es el nuevo hombre, no puede ser que yo lleve mi carro que está malo, ¿verdad? Porque tiene piezas malas y lo lleve a un taller y cuando venga, venga malo todavía y le diga yo, “¿Aja y esto?” “No, le cambiamos todas las piezas.” “¿Pero el carro no enciende igual?” “Es que estas piezas están malas usted, pero se las cambiamos.” ¿Serviría eso? ¿Verdad que las piezas nuevas son para que funcione de otra manera?
Entonces no puede entrar el cristiano a la casa de Dios y salir de aquí e ir a resolver sus cosas de la misma manera como lo ha hecho siempre. Ir pensando de la misma manera, como lo ha hecho siempre, ¿verdad? Como dice la pastora siempre, que no es que es un dicho de la pastora, es que, verdad, así es. Solo vamos a decir, un falto de inteligencia es el que cree que puede hacer una cosa 20 veces de la misma manera esperando un resultado diferente, esperando un resultado diferente. Siempre hago lo mismo, siempre de la misma manera, pero dice la palabra del Señor, tiene que someter sus pensamientos a Cristo. Eso es algo que estamos haciendo, estamos acostumbrados nosotros a dejar las cosas a medias, a no perseverar. Pero el que se mete, le voy a decir algo, el que se mete con Dios nunca será defraudado. Siempre dejamos las cosas a medias, agarre valor y determinación, aunque no sienta fuerza, hágalo y lo miro así a ustedes ahorita como, “No sé de qué está hablando, no sé de qué está hablando.” Me parece que hay algo aquí que estamos hablando todavía de cosas etéreas, de cosas imaginables, de cosas que parece que no nos pasan a nosotros, okay.
Voy a ser un poco más específico para que entendamos. Santiago capítulo 4 versículo 4. Vamos a ser un poco más específicos, Santiago capítulo 4, verso 4. “Oh gente adúltera.” ¿A quién le está hablando? ¿A los del mundo o a nosotros? “Oh gente adúltera. ¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Si alguien quiere ser amigo del mundo, se vuelve enemigo de Dios. ¿O creen que la Escritura dice en vano que Dios ama celosamente al Espíritu que hizo morar en nosotros?” ¿Cómo es Dios entonces? ¿Qué nos está diciendo ahí la palabra? ¿Cómo es Dios? Él es, celoso y él está diciendo, “Cuidado, adúltero, te estoy viendo, te estoy viendo.” Él es celoso con su pueblo, él es celoso con su amada. ¿Acaso no hemos hecho un compromiso con él? ¿Acaso no hemos hecho un pacto con Dios? Entonces, él está viendo como cualquier hombre lo haría, como cualquier mujer lo haría, ¿ah? Usted andaría por la vida con su esposo y lo mira con otras mujeres y, “Bueno, él es bendición de Dios que bendiga a todas las mujeres.” ¿Quién haría eso? ¿Ah? Y el señor ha dicho, ustedes son míos, pero tengan cuidado, porque el que se hace amigo del mundo, el que se hace amigo del mundo, el que acepta las cosas del mundo. Estamos en el mundo, pero no somos de este mundo, el que acepta esas cosas en su casa, el que vive conforme a esas cosas, ¿verdad? El que siga practicando esas cosas en su vida, en su familia. “Cuidadito, que te estoy viendo. Soy celoso, soy celoso”, dice el Señor, “Acuérdate que has hecho un pacto conmigo.”
Y dice el Señor, en el verso 6. “Pero Él, nos da mayor ayuda con su gracia, por eso dice la Escritura, Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes. Así que, sométanse a Dios, resistan al diablo y Él, huirá de ustedes, acérquense a Dios y Él se acercará a ustedes. Pecadores, límpiense las manos, ustedes los inconstantes purifiquen sus corazones, reconozcan sus miserias, lloren y lamentense, que su risa se convierta en llanto y su alegría en tristeza, Humíllense delante del Señor y Él los exaltará.” Él los exaltará, Él nos está diciendo que la clave de todo esto es la humildad, porque hay que someterse a Dios. El que no está sometido a Dios, está sometido al diablo. En la Biblia no hay cosas en medio. O es de Dios, o es del diablo, o es de la vida, o es de la muerte, o es de la luz, o es de la oscuridad. Entonces Él dice, sométanse a Dios. ¿Por qué? Porque estamos sometidos, ¿Si no? Al diablo, como lo acabamos de ver, si no estamos en obediencia estamos en desobediencia, no hay cosas en medio, hay que someterse a Dios. Tenemos que estar bajo la influencia de Dios porque generalmente estamos bajo la influencia del enemigo. Pero, razonadamente, racionalmente y a propósito tenemos que estar influenciados por Dios constantemente, es una obligación. Someterse a Dios es una obligación, pero no solo porque nos sintamos, “Ayy okay me tengo que”, sino porque, si no nos vamos a morir. Si no nos sometemos a Dios, es una necesidad el someterse a Dios.
¿Pero sabe, cómo lo podemos ver de otra manera? A la gente le encanta el Salmo 91. ¿Verdad? La gente lo tiene abierto en sus casas, el Salmo 91. El que habita, ¿como dice? ¿Ustedes lo tienen abierto verdad en su casa? Sí. ¿Y qué creen que significa habitar debajo del abrigo del altísimo? ¿Usted cree que va a vivir debajo del abrigo del altísimo como usted quiera? El que se somete, hermano es que no puedo, claro que no puedo, claro que no puedo, eso es lo que estoy tratando de decirle, porque no podemos, entonces hay que someternos. Y como decía Pablo, golpeo mi cuerpo, porque a veces este cuerpo no quiere, a veces este cuerpo tiene ganas de hacer lo malo. A veces a esta mente vienen pensamientos y mis piecitos ya se preparan para ir, vamos a ir allá mira, no por la otra cuadra, porque por aquí vive aquel hermano, pero vamos a ir por allá mira y vamos aquí y estamos pensando y vamos y vienen las cosas.
Pero dice entonces, Pablo, sometan todo pensamiento a Cristo, sometan su cuerpo, sometan su carne. Y entonces, “Dios mío no puedo, mis pies me quieren llevar a hacer esto, dame fuerzas Señor, dame fuerzas.” Y entonces, cuando va a ser el tiempo que la iglesia se va a tirar al piso y va a empezar a orar y va a empezar a orar y pedirle, “Señor ayúdame. Señor yo no puedo, Señor ayúdame.” Y estar llorando ahí en la casa, pero no, lloramos, “Porque andan hablando de mi.” Tírese al piso, rompa con eso, rompa con las tinieblas, empiece a orar, empiece a pedirle al Señor, sometanse al diablo y él huirá de nosotros. “Ay hermano, es que viera, yo no salgo de una y me meto a otra.” Tírese, tírese al piso, empiece a pelear con el diablo, dice ahí que tiene armas con poder divino. “Hermano, lo ando en el lomo.” Y es cierto, ahí lo anda. ¿Cuándo va a ser? ¿Cuándo va a ser? Que nos vamos a tirar al piso entonces, a clamar al Señor, a pedirle, “Ay Señor en la noche me asustan. Mire Señor, aquí pasan cosas, viera que.” ¿Y cuándo entonces va a clamar al Señor? Les voy a contar esto, porque ustedes se ríen, porque les pasa, porque les pasa, eso me gusta son sinceros, se delatan ustedes solos.
El otro día estaba orando, en la noche bien tarde y le dije, “¡ Señor, Padre!, ¡Aquí estoy, manifiestate conmigo!” Inmediatamente, sentí que estaban caminando, estaba cerca de una pared, que estaban caminando afuera, y dije, “¿Señor eres tú?” No, no era el Señor, no era el Señor, porque sabe, cuando queremos ver el Señor, el otro, ¿usted cree que lo va a dejar? Así nomás, ¿Um? Estaba, así inclinado verdad, cuando supe que no era el Señor, pero bastante rápido, supe que no era el Señor. Me levanté y empecé a orar, me levanté y empecé a orar. ¿Qué va a creer usted? Que el diablo va a andar ahí cerca de mi casa, ¿ah? ¿Va a creer usted que el diablo va a andar ahí? Y claro que va a querer andar ahí, y claro que se va a querer meter ahí. Pero dice ahí la palabra y yo lo creo, Él no da poder, sus armas son poderosas, tenemos fe en Cristo que resucitó y porque Él resucitó yo también voy a resucitar. ¡Yo tengo una esperanza! ¡Yo tengo poder! No porque yo pueda, no porque yo soy bueno, sino porque el que está conmigo es más grande que todas esas cosas. Yo no sé usted, si un día va a empezar a creer que todas esas cosas que le están pasando, ¿verdad? Por fin va a decir, “Ve el diablo que está metido en mi casa”, y algún día usted se va a atrever a sacarlo de ahí. Varias veces lo he escuchado ya, me ha sorprendido, porque estaba pensando en esto. Varias veces, he escuchado últimamente gente diciendo a pastores, “¡Uy! Verdad que no fue a buscar la oveja perdida, que no se que.” ¿Verdad? Gente reclamandole a pastores, por no ir a buscar, ¿verdad? Al descarriado, y todas esas cosas.
¿Y porque me llama la atención esto? Porque algunas de esas personas las conocía y son personas que sus hijos se han apartado del Señor y ellos los han dejado. Y vienen a decirle al pastor, “Usted no busca la oveja perdida.” Hablando de otra ni siquiera de su hijo. “Usted no busca la oveja perdida.” En mi casa se puede hacer lo que sea, en mi casa pueden haber cabros, yo los dejo, no importa, ¿pero voy ir a reclamarle al pastor, de por qué no anda buscando las ovejas perdidas? ¿Pero cuándo va a ser entonces? ¿Cuándo va a ser que como familia nos vamos a unir a orar? A orar, a levantar un altar en nuestras casas, y me diran, como he escuchado toda mi vida y lo he visto toda mi vida desde pequeño que estoy en la iglesia, lo he visto miles de veces. Hermano claro que sí. ¿Y qué pasa? La gente se pelea.
Aquí terminamos el culto, denle un abrazo al hermano que está ahí, y cuando estamos en la casa, no hay ollas, no ajustan las ollas en la casa. Bueno eso me pasa a mi, yo no sé usted verdad, lo digo por mi. A ustedes no les pasa. Pero, ¿cuando va a decir usted, cuando se va a creer usted? De verdad soy de Dios, soy un hombre de Dios, soy un hombre de Dios, y no va a tomar un día, no lo va a hacer un día. ¿Quién se va a parar en medio de su casa a orar? A reprender al enemigo, a levantar un altar de adoración ahí en su casa, a levantar ofrendas al Señor en las casas, en la casa. Ahí donde está la cueva del diablo. ¡Amén! En su casa está la cueva del diablo, claro que sí, lo hemos dejado. Pero dice ahí, sométanse a Dios, resistan al diablo. Resistir no es poner el lomo, la palabra resistir es, opóngase, opongase al diablo y él huirá de ahí. Ese es el poder de la iglesia, el poder de la iglesia no es estar aguantando 20 años y poniendo el lomo por 20 años. Es resistir al diablo, es empujar con el poder de Dios. Es no estar diciendo, “Bueno, otro más que se perdió.” ¡No! Es ir y predicar el evangelio y rescatarlo por el poder de la palabra de Dios. Porque creemos realmente en la palabra de Dios, y porque ese poder está haciendo algo en nosotros.¡Amén!
Nosotros no podemos creer que vamos a salir y conquistar al mundo sin la ayuda de Dios. Ahí lo está esperando el diablo y sus demonios, ahí lo está esperando la tentación, ahí lo está esperando la falsa doctrina. Ahí lo están esperando sus amigos, ahí estás esperando toda esa gente que le dice, “Bueno, ni modo, de una o de otra manera.” Gente que le dice que se rinda, que ya no siga, el diablo, ese es el diablo. ¿Escuchó usted? Esa gente que le dice que ya no siga, que a nada viene a la iglesia, que esto, que lo otro, que usted es esto, que usted mejor hubiera parido un rollo de alambre. El diablo, el diablo es eso y aunque su mamá se lo haya dicho. El diablo, porque dice la palabra que yo he sido llamado desde antes de la fundación del mundo para cumplir su propósito. El eligió a cada uno de ustedes para llevar fruto y fruto del señor, que hoy usted esté apachurrado, no quiere decir que mañana va a estar así. ¿Entiende eso?
Él nos ha dado armas con el poder del señor y esa es la nueva normalidad. Esto me lo dijo mi esposa, me estaba hablando de esto y me gustó mucho esta expresión. Se recuerda usted del COVID. ¿Verdad? Fue tanto tiempo ya, y cuál era la “Nueva Normalidad" y cuál era esa nueva normalidad. Ya no podíamos salir a cualquier lado, a cualquier hora, había que andar con mascarilla, con esto, o sea, nuestra vida cambió por completo. ¿Si o no, quienes se acuerdan de eso? La vida cambió por completo, usted no podía hacer lo que quería, ¿verdad? Estábamos encerrados, era la “Nueva Normalidad." ¿Será que eso algún día lo vamos a entender? De que hay una “Nueva Normalidad" para usted y para mí. Una nueva vida, que no puede seguir siendo la misma. ¿Verdad? Con la que estábamos. El Señor dijo en su oración que se haga tu voluntad y no la mía, ya no son las cosas que nosotros queremos o sabemos. Antes solo pensaba en las cosas de este mundo, ¿porque sabe? No teníamos esperanza, no teníamos esperanza alguna, pero Cristo. Ahora que nosotros sabemos, verdad que, no vamos a vivir aquí por siempre. Cristo venció la muerte, y venció todo esto para que usted y yo empecemos ahora con una nueva normalidad, una vida diferente.
"Cristo venció la muerte, y venció todo esto para que usted y yo empecemos ahora con una nueva normalidad, una vida diferente."
Quiero terminar que volvamos a Romanos capítulo 7, en el versículo 6. “Pero ahora, al morir a los que nos tenía subyugados, hemos quedado libres de la ley, a fin de servir a Dios con el nuevo poder.” Hay un nuevo poder, servir bajo un nuevo régimen, ya no como antes, ya no en la carne, ya no en el legalismo, ya no en la religiosidad. Sino ¿verdad? Porque todo eso se basa en el temor, más esto, lo que la palabra nos está hablando, se basa en amor de un nuevo compromiso, de una alianza. Y quiero ser enfático en el ejemplo que pone Pablo del matrimonio, es un pacto, un pacto de fidelidad, es un compromiso. Por eso hablábamos el Jueves, el casado tiene que comportarse como casado, ¿si o no? Tiene que comportarse como casado, no puede andar ahí jugueteando, por otro lado. Tiene que comportarse como casado. Así aquel que se compromete con Dios, no anda jugueteando por otro lado. Porque quiere serle fiel a Dios.
No importa dónde usted esté, no importa los amigos que usted tenga. Daniel y sus amigos estaban en Babilonia, en la mezcla del pecado de ese tiempo de la idolatría, de la suciedad de todo, de la perversidad. Esa gente si era inmoral, pero ellos se mantuvieron fieles a Dios en medio de todo eso y ese es el tiempo que se avecina en esta época. En medio de toda la inmoralidad y toda la suciedad que hay en nuestra sociedad alrededor de nuestro. Es tiempo donde los jóvenes se levanten y puedan decir, “Sí es difícil, pero fíjese hermano, fíjense pastor, fíjense esto y lo otro, que hemos podido levantarnos, que hemos podido decirle no al pecado. Hemos sobrevivido y no solo eso, estamos llevando el mensaje de la palabra del Señor.” En todas las iglesias escucho mensajes verdad, para los jóvenes diciéndoles, “Entendemos que es difícil, cuidado, cuidado, que no le de ansiedad, que no estemos presionando.” No importa, porque el que es tocado de Dios, tiene poder para resistir al enemigo, no importa la edad que tenga. Si hoy usted le dice, Señor tocame con ese poder, usted va a salir de aquí y allá en el mundo va a poder ser como Daniel y sus amigos. Y poder decirle, no, no al mundo, no a los deseos de la carne, no a la tentación. Y cuando venga el problema, cuando venga la dificultad, a decir, “Señor, dame fuerza. Ayúdame Señor.”
Versículo 4, dice. “Así mismo, hermanos míos, ustedes murieron a la ley mediante el cuerpo crucificado de Cristo, a fin de pertenecer. Al que fue levantado de entre los muertos. De este modo daremos fruto para Dios”. Hemos muerto para pertenecer a Dios. No crea que es por nada, no es una obligación, no es, ay es que soy cristiano, hemos muerto para pertenecer y ser parte de la familia de Cristo. No del familión, no de la familia real, no de esto, la familia de Cristo. El Dios Todopoderoso, el creador de los cielos y la tierra. Así como andaba Daniel y ellos, a la gente ahora le da verguenza Decir que es cristiano, y claro como hay muchos cristianos hoy, les debería dar verguenza decir que son cristianos como lo son ahora. Un montón de gente, pero yo sé que soy de la familia del Dios Todopoderoso, que Él un día vendrá, un día vendrá por mí y por usted. Un día Él mandará a su ángel y tocará esa trompeta y su iglesia será levantada con todos aquellos que perseveraron. Con todos aquellos que le dijeron, “Señor, yo quiero pertenecer, llámame Señor, llámame.” Porque hay algunos todavía por ahí que el Señor no los ha llamado, que no sienten eso todavía. Dígale, “Señor llámame, llámame.” Y cuando eso pasa, dice ahí al final, “De ese modo, entonces empezamos a dar fruto para Dios.” ¿Quién puede decir hoy? ¡Yo pertenezco a Cristo! ¡Yo pertenezco a Cristo!
